Montañas rusas


"¿¡A que rusos no les gusta el viaje vertiginoso?!"

¡Estimados Señoras y Señores, existe un ruso así, si existe! Dispérsense y déjenme pasar.

Soy rusa. Mama y papa también son rusos... sin embargo, no se porque, a mi no me gusta y a veces da un poco de miedo de este "viaje veloz". Estoy hablando de los colectivos, Argentinos.

Hay que decir que los colectivos en Argentina, mas precisamente en la gloriosa ciudad Buenos-Aires, un transporte muy popular (ya que como el subte no es circulado y su líneas son cortas y exiguas, los colectivos mismos representan algo extraordinario y muy colorido.

Comencemos con las paradas de los colectivos que se destacan ligeramente, casi imperceptible, frecuentemente con alguna columnita claudicante o no están marcados totalmente. Así que para el viajero desprevenido va a costar bastante descubrirla.

Aquí se acostumbró a "cazar" al colectivo como un potro salvaje. Este gesta la corrida y se encima a usted y avistándolo de lejos, usted expone atrevidamente el brazo, como si quisiera intentar hacer un autostop (de paso digo que esto aquí no se practica). Pero, el conductor del colectivo ni siquiera piensa en bajar la velocidad. Otro segundo y va pasar volando. Pero no, con destreza sorprendente, el se frena directamente a sus pies, abriendo hospitalariamente las puertas.

¡Las monedas!

Nunca encontraría tan gran cantidad de numismáticos en un metro cuadrado. La gente, que usa el transporte urbano, está obligada en una búsqueda constante de monedas. Se las cambian en supermercados, a veces comprando cosas inútiles, soportan colas interminables en los bancos – con el único propósito –de conseguir las ansiadas moneditas.

Así que para los colectivos, un hombre sin moneda no existe.

Pero, si usted tuvo esto en cuenta y cuido con precaución la existencia de las monedas en su bolsillo – puede estar tranquillo –le van a llevar a destino.

Es característico que la forma de conducir de los chóferes argentinos es la misma para todos. Como que, recibiendo su licencia de conducir ellos enseñan de manera especial. Todos hacen actos exorbitantes, casi del circo, literalmente volando en un milimetre de los autos y de otros colectivos, y sobre la marcha abriendo las puertas de par en par y arrojando a los pasajeros (Dios sabe como ellos están orientando en esta loca calesita) en sus necesarias paradas.

Los conductores arrancan drásticamente pero frenan brutalmente en las "paradas solicitadas". Probablemente, siguiendo con el principio – "cuanto mas fuerte aceleras, mas rápido llegas". Con esto, a todos los pasajeros a quienes les faltaron asientos, con cada arranque, son lanzados de principio a fin del colectivo y viceversa. Y ellos, por asombro bien coordinado y conjuntado hacen estos saltos cortitos, pidiendo disculpas si accidentalmente pisaron pies ajenos, corriendo al lado. Esto continúa durante todo el viaje. Los no preparados pueden cansarse, pero en general, todo el colectivo acepta la temeridad del conductor como una realidad inevitable.

Sin embargo, si usted es un admirador de las diferentes atracciones, calesitas locas o "montañas rusas", este viaje, definitivamente le va a encantar. 

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