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LOS CELOS

El día estaba hermoso, no había ni una sola nube cubriendo el sol que brillaba sobre King's Landing con intensidad. Todos en la Fortaleza se vieron contagiados de tan hermoso día, la felicidad llenaba los pasillos y todos sonreían, todos menos la Mano del Rey. El hombre se encontraba de un humor terrible, el entrecejo eternamente fruncido y un aura asesina lo seguía a donde iba. Tanto que la gente lo evitaba apenas lo veían, hasta sus hijos lo evitaban. Menos Darian porque el niño amaba estar pegado a su padre. Raveena había intentado hablar con él sobre el tema, Daemon Targaryen, pero el hombre evitaba hablar sobre eso, especialmente después que el mismo Daemon le insinuara que estaba celoso. Él no estaba celoso, claro que no.

Solo se preocupaba por la imagen de su esposa y la suya.

Si, eso era.

—¿Vamos a hablar o seguirás ignorando el tema?—Raveena se plantó frente a la puerta de la habitación cuando se dispuso a salir. —Han pasado dos semanas, ya me canse.

—Pensé que estabas con Daemon—el nombre salió casi con rabia y ella puso los ojos en blanco.

—Tu y Daemon van a volverme loca—se dio la vuelta para salir de la habitación—. Si vas a seguir con esa actitud en lugar de hablar voy a dormir con Alicent de hoy en adelante.

La mujer abrió la puerta dispuesta a salir, pero antes de que pudiera poner un pie afuera una mano se cerró en su brazo impidiendo que se moviera.

—No me gusta que Daemon esté a tu alrededor todo el tiempo—cerró la puerta con su mano libre sin soltarla—, la gente...

—La gente piensa que Daemon y yo retomamos nuestra vieja amistad, dos hermanos que se extrañaron—tiró de su brazo soltándose de su agarre—, tu eres el único que ve cosas donde no las hay—se giró para mirarlo.

—Antes de casarnos la gente decía que tu y Daemon hacían una buena pareja—le recordó él—, escuché que pidió el anulamiento de su matrimonio y el Rey se lo va a conceder.

—¿Temes que pida el anulamiento de nuestro matrimonio?—levantó una ceja.

—Eso no es a lo que me refiero—se alejó de ella—, no quiero que se dañe la imagen que...

—Solo admitelo—lo interrumpió con una sonrisa divertida en el rostro—, dilo.

—¿Decir qué?

—Que estás celoso—se acercó a él—, dilo.

—Otra vez estás diciendo cosas sin sentido, pensé que ya habíamos pasado eso.

—Bien, no hay necesidad de que lo digas, todos ya están hablando de eso.

Otto iba a seguir defendiendo que no estaba celoso, pero antes de que pudiera decir algo ya tenía a su esposa besandolo. Ese día no se vió a Raveena y Daemon juntos como se había vuelto costumbre desde el regreso del príncipe y por primera vez en días la Mano del Rey no estaba molesto mientras cruzaba los pasillos de la Fortaleza.

El tiempo pasó volando para todos y cuando menos lo esperaban la boda de la Princesa Heredera ya estaba a la vuelta de la esquina. Con mucho esfuerzo, aunque sólo bastó una palabra de Daemon, el Rey aceptó a Harwin Strong como prometido de su hija. Y para evitar que los Velaryon se vieran ofendidos por saltar a Laenor como posible pretendiente el mismo Daemon se ofreció a tomar a Laena como esposa. Era una situación buena para todos. Rhaenyra se casaba como su padre quería y Daemon tenía la esposa valyria que tanto había deseado. El Rey sospechaba que su familia conspiraba a sus espaldas, pero lo ignoró para concentrarse en la boda de su hija.

Alicent y Raveena se ocuparon de la mayoría de las preparaciones, las dos felices de que Rhaenyra tuviera una boda llena de felicidad. A diferencia de ellas. Si bien sus matrimonios eran prósperos y todo estaba bien, sus bodas no habían sido exactamente felices al ser forzadas a un matrimonio que no querían.

—No puedo creer que mañana por fin acabe este sufrimiento—Alicent se dejó caer en su cama—, juro que si Rhaenyra se arrepiente voy a lanzarme por una ventana.

—No creo que se arrepienta, luce feliz con su prometido—Raveena se sentó junto a ella—, hasta Aegon lo aceptó.

—Aegon es solo un bebé, pero hace lo que sea para que su hermana sea feliz—la Reina suspiro—. ¿Qué será de él cuando Rhaenyra tenga hijos?

—Seguirá siendo un mimado, no lo dudes.

Las dos rieron. Por fortuna la misma Rhaenyra expresó su deseo de esperar un tiempo hasta que estuviera lista para tener hijos, cosa que alivio a Raveena.

—Tengo que alimentar a Pulchra—recordó Alicent—, pobre, lo deje a cuidado de Gwayne todo el día.

Raveena besó la frente de su hija y se despidió de ella. La pelinegra recorrió los pasillos deseando poder llegar a su cama para dormir, estaba cansada y lo único que quería era dormir. El día siguiente era la boda y se habían pasado gran parte de los últimos días atendiendo a los lores que asistieron al torneo que duró siete días. Para mala suerte de Raveena su padre no llegaría hasta mañana por un inconveniente que tuvieron en Winterfell y tuvo que reprimir sus ganas de ir ella misma para ver a su hermano.

Extrañaba a Cregan.

Llegó a su habitación encontrando a Darian dormido en la cama, Idalia también dormía en su cuna y Fatum la miraba desde su lugar en una esquina de la habitación. Otto estaba sentado en la mesa leyendo algo, ella no se molestó en querer descubrir qué era, sólo quería dormir. En silencio cambió su ropa por ropa de dormir y se acercó a su esposo poniendo las manos sobre sus hombros.

—Iré a dormir—se inclinó besando su mejilla—¿Vas a tardar?

—Tengo que terminar de revisar estos papeles—giró la cabeza para verla—, no tardare.

Ella asintió y dejó un beso corto en sus labios antes de separarse. Con cuidado de no despertar a Darian se metió en la cama bajo las sábanas, apenas cerró los ojos quedó rendida.

El Septo fue decorado con los colores de la casa Targaryen y la casa Strong, todo estaba perfecto. Rhaenyra se vistió con ayuda de Alicent y Raveena, siempre sonriendo. La comitiva de Winterfell llegó antes de la boda y Raveena se reunió con su familia, lo primero que hizo fue cargar a su hermano que le regaló una sonrisa cuando ella beso sus mejillas. La boda en sí fue hermosa y todos aplaudieron cuando se cerró la unión con un beso. Raveena incluso tuvo que limpiar sus lágrimas más de una vez, ver a Rhaenyra casándose le hizo recordar a Aemma, y no fue la única porque tanto Viserys como Daemon se vieron atacados por recuerdos de la mujer.

Durante toda la ceremonía Otto sostuvo la mano de su esposa para mantener la buena imagen que se habían creado, y para dejarle en claro a Daemon quién era el esposo de Raveena, y ella no se negó a sostener su mano. No fue hasta el final que se separaron, él tenía que ir con el Rey y ella se uniría a su padre con Gwayne que puso los ojos en blanco cuando su padre le pidió que no dejará a Raveena sola. Hasta Alicent le dijo que estaba exagerando. Daemon solo pudo reírse cuando se dio cuenta.

Raveena pretendió que no se dio cuenta, pero mentalmente rezaba porque los dos pudieran comportarse durante el banquete de celebración.

—Tu y Alicent se esmeraron en arreglar todo—Otto comentó cuando ingresaron al salón donde se celebraría el banquete—, hicieron un buen trabajo.

—Apreció el reconocimiento—sonrió saludando a las mujeres que la saludaban en su camino a la mesa—, nos costó mucho que todo quedará bien.

Los dos reverenciaron ante el Rey y tomaron asiento junto a Alicent que sonreía encantada al ver que su arduo trabajo era apreciado. Daemon llegó, como siempre, haciendo una entrada dramática con su típica sonrisa que significaba peligro. Todos comenzaron a murmurar cuando pasó frente a la mesa de su ex-esposa y no se detuvo a saludar. El hermano del Rey felicitó a su sobrina por su boda y tomó asiento en el extremo de la mesa sin dejar de sonreír, sus ojos yendo de vez en cuando hacía Otto.

Rhaenyra y Harwin fueron los primeros en bailar bajo la atenta mirada de todos, cuando terminaron su baile la gente se puso de pie y varios se les unieron. Gwayne se acercó a la mesa principal y sacó a su hermana a bailar ignorando sus protestas, prometiendo a su madre que regresaría para bailar con ella la siguiente canción. Ella prefería quedarse sentada, pero aceptó a esperarlo, aunque una mano apareció frente a ella y no había que ser un psíquico para saber a quién le pertenecía. Otto frunció el entrecejo mirando la mano de Daemon como si fuese una ofensa, del otro lado de la mesa Laena Velaryon subió su copa para ocultar su risa mientras veía la escena.

—¿Bailarías conmigo, hermana?—preguntó mirando fijamente a Otto, esperando que hiciera algo.

—Por los dioses—murmuró ella agarrando su mano—, solo una canción.

Viserys miró a su hermano con desaprobación, pero no hizo nada para detenerlo. Otto bebió de su copa de vino sintiendo los celos hervir en su interior. Si, ya lo había aceptado, eran celos lo que sentía al ver como Daemon y Raveena pasaban el tiempo juntos.

—Debes dejar de provocarlo—la pelinegra lo miró mal.

—Solo me divierto—Daemon sonrió guiandola a la pista de baile.

—Pues eres molesto.

Los dos se unieron a las personas que bailaban sin decir nada más. Las sonrisas y los susurros de complicidad no se hicieron esperar mientras bailaban en sincronía con los demás. Cuando la canción terminó y otra comenzó ninguno de los regresó a sus asientos, eso fue lo que llevó a Otto a su límite. El hombre se levantó y descendió hasta la pista de baile, Gwayne y Alicent lo siguieron con la mirada desde donde estaban en medio del mar de gente.

—Príncipe Daemon—el mencionado se giró para mirarlo—, me gustaría bailar con mi esposa.

—Claro—Daemon mostró otra sonrisa peligrosa—, su esposa es una buena bailarina, Lord Mano, tiene suerte.

Raveena se adelantó hasta su esposo y tomó su mano tratando de calmarlo mientras Daemon se perdía entre la gente. De verdad que era molesto.

—No le hagas caso—ella le sonrió—, ¿Realmente quieres bailar?

Sin decir nada Otto la observó por varios segundos y acabó asintiendo. Bailaron una canción juntos antes de que Alicent apareciera pidiendo bailar con su padre y Gwayne aprovechó para bailar con su madre. Para cuando el Lord de Winterfell pidió bailar con su hija a Raveena le dolían los pies, pero bailó con él hasta que el hombre decidió bailar con su nieta, Alicent no se negó. Cansada y con ganas de dormir, Raveena se dejó caer en la silla junto a su esposo otra vez.

—Más nunca voy a bailar—se quejó agarrando su copa de vino.

—No fue tan malo—Otto agarró su mano bajo la mesa.

—Mmh, no lo fue.

Cuando anunciaron que era hora que los novios se fueran a cumplir con la noche de bodas, Raveena recostó la cabeza en el hombro de su esposo y sonrió viendo como Harwin y Rhaenyra desaparecían por las puertas del salón.

Había sido una buena celebración.

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NOTA:

Otto celoso >>>

Recuerden que habrá un salto de tiempo en el siguiente capitulo para abordar los eventos del episodio 6.

Espero les haya gustado, gracias por leer, lu.

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