Miss Pandora
Entre mis almohadas escucho el sonido fuerte de la alarma de mi celular el cual dejé quieto hace unas cuatro horas, estiró las cobijas que cubren mi cuerpo y me lamento por vivir otro día más. No quiero levantarme temprano, mi salud me pide dormir más tiempo y estoy considerando todas las realidades que existirán el día de hoy si es que decido no levantarme y quizás estoy a punto de quedarme en ella y dejar que una de las catorce millones de realidades con un final triste no suceda hoy hasta que unos cables dentro de mi cabeza se conectan y me hacen abrir mis ojos inmediatamente: hoy es domingo, definitivamente hoy me tengo que levantar sin importar el montón de teorías conspirativas que mi propio pensamiento han inventado.
Con un extraño movimiento de piernas logró salir de la cama y caminar energéticamente a mi teléfono, son las seis y cinco de la mañana, duré cinco minutos más la cama pero eso definitivamente no significa que sea un problema. Hoy es domingo por la mañana, hoy definitivamente nada puede salir mal.
Prendo las luces que están cerca del único enchufe de mi cuarto y enciendo la luz, esta cala un poco en mis ojos, afuera no ha salido el sol, es obvio que no están acostumbrados a la iluminación. Paso mis manos por ellos y luego sacudo mi castaño cabello para poder estar más atento y me dispongo a tener mis tres segundos de ruido blanco en mi cabeza, escucho detenidamente la nada y cuando siento que es suficiente abro la puerta a mi lado y me doy un ligero baño.
Soy un hombre muy cotidiano, me gusta la rutina y si no hago las mismas cosas todos los días estoy seguro que moriré porque mis dedos han sacado mis propios ojos debido a la frustración, así que paseó mi vista por mi cama matrimonial la cual está hecha un desastre, al lado de ella está mi peinador el cual está lleno de todo y a la vez de nada y al final detengo mi mirada en el hermoso closet de caoba que compré hace algunas semanas... Es tan hermoso que quisiera vivir en él.
Sonrió ampliamente, no puedo verme pero sé que lo hago, estoy completamente seguro que me veo estúpido por estar tan feliz por ver un simple mueble, pero para mí... para mí es más que eso. Es un enorme mueble hecho de caoba, es oscuro como las mañanas, elegante como un ebrio vomitado en la esquina de un burdel y vacío como un bote de basura un domingo por la noche.
Son las seis treinta de la mañana, aún no ha salido el sol por la ventana pero no necesito uno porque yo poseo mi propio sol, es el que está dentro de mi armario.
Abro las puertas frente a mí y un mundo de colores y lentejuelas aparece frente a mí. Montones de trajes de colores aparecen frente a mí, preciosos tacones de diversos materiales, tamaños y colores decoran la parte alta del closet y debajo de mi aparecen hermosas pelucas de distintos tamaños y texturas. Si se pudiera describir el paraíso, ese sería mi closet.
Con calma y paciencia tomó todo lo que necesitaré hoy: mi estuche de maquillaje, uno hermoso vestido corto que me llega a la mitad del muslo junto con unos tacones de color plata que hacen juego con él, una peluca de cabello sintético de color rosa (carísima por cierto) y demás trivialidades para usar hoy.
Camino por el pequeño vago espacio que hay en mi recamara y colocó todo encima de mi cama. Definitivamente hoy será un gran día.
¿Acaso es extraño leer esto? Un hombre con cosas de mujeres en su alcoba ¿muy raro? En realidad no lo creo.
Hola, me presento ante ti, soy un hombre jovial que disfruta de un café caliente, un buen plato vegano acompañado de una hermosa película galardonada mientras la ciudad es atacada por la lluvia y si... me gusta vestirme de mujer.
Bueno en realidad no es así, detesto el café, el veganismo es una burla total ¿una vida sin carne? BE A MAN, DON'T BE A HORSE, las películas solo me dan hipersomnia y la lluvia hace que decaiga mi ánimo por completo, vaya basura. Lo de vestirme como mujer es lo único auténtico en mí.
Me llamo Baekhyun pero tú puedes llamarme "Miss Pandora", llevo alrededor de quince años vistiendo como mujer para animar a las demás personas que no pueden ser tan bonitas como yo.
Empecé como todos, primero fueron joyerías entre mis amigos, después le fui tomando el gusto a ver mis piernas delgadas adornadas por tacones altos de colores hasta que llegué al punto de disfrutar armar todo un engaño a base de cinta adhesiva y pelucas para sentirme liberado de la rutina diaria que yo mismo he formado.
Ocultar mi pene y usar un corsé no son las cosas más cómodas del mundo, pero vale totalmente la pena toda la incomodidad que tengo que soportar cuando voy al hospital de adultos mayores que está a las afueras de la ciudad. Al principio intenté como los demás, probé en unos cuantos bares por las noches pero nunca llegué a disfrutar tanto del mal olor y los gritos de hombres ebrios cuando me veían pasar.
Soy una dama que no te dirá su verdadera edad, solo puedo decirte que rebaso los treinta años, y en mi época dorada, en mis gloriosos veinte era un muchacho muy cerrado de mente que pensaba que un travesti sólo podía servir en un bar de mala muerte. La persona que me sacó del bache en el que estaba fue uno de mis primeros fans.
Un día al acabar uno de mis show musicales (porque no estás para saberlo ni yo para contarlo pero cantar se me da muy bien) salí por la puerta que daba al callejón de XBACK, el único lugar que aceptó a un afeminado hombre delgaducho como yo que intentaba hacerse de un nombre en el mundo de las vestidas. Pagaba mediocre, pero puntualmente todas las presentaciones.
Esa noche mi cuerpo se llenó de sorpresa cuando vi a una pareja de chicos esperando por mí al final del callejón, uno de ellos era alto de cabello castaño y lacio, su cara era afilada y tenía cara de no querer estar en ése lugar, podría aportar que era unos siete años mayor que yo, de lado de él se encontraba un chiquillo delgado y pálido, sus ojos eran aburridos y sus brazos se aferraban al hombre que estaba cerca de él.
Al principio tuve miedo, pero ¿qué me podrías hacer eso dos? Estaba seguro que cosas malas no serían. Caminé en dirección a ellos y cuando los tuve de frente el más alto detuvo mi paso cortésmente, el muchacho se presentó ante mí como Sehun, un médico de un hospital especializado en gente de la tercera edad y el muchacho que lo acompañaba era Yixing, su pareja.
Me explicó que habían salido a celebrar el cumpleaños número dieciocho de Yixing y un conocido suyo les había recomendado mi rutina, al parecer no había sido tan mala porque ambos parecían fascinados con mi trabajo. Resultó que ambos habían esperado por mí para una jugosa propuesta: Las pobres almas olvidadas en el hospital en el que Sehun trabajaban gritaban por tener compañía y un poco de diversión, así que pensaron que tener a alguien tan fresco como yo sería una buena idea.
Quise negarme porque estaba seguro que la gente allí no aceptaría muy bien ver a un hombre vestido de mujer, pero entre ambos me explicaron que las personas allí estaban tan desesperadas por atención que podían ignorar la realidad de mi personaje.
Acepté, por la anécdota pero lo hice. Vaya basura en la que me había metido, fue la mejor decisión de mi vida.
El primer día que fui fue una extraña combinación entre horror y felicidad, el horror comenzó cuando tuve que salir vestido como mujer durante el día, recuerdo haber salido temeroso del cuarto que rentaba, llevaba los testículos en la boca y un cuchillo en la mano dispuesto a defender mi vida pero resultó ser que nadie me molestó o agredió. Al parecer era lo suficientemente femenino como para pasar como una chica sin que nadie se diera cuenta.
La parte hermosa llegó a mí a penas puse un pie dentro de las instalaciones del hospital, sin tener que esperar nada, una mujer de altura pequeña salió de la nada de mi lado, su rostro estaba lleno de arrugas por el pasar de los años, su cabello había perdido el color y su espalda se veía jorobada, como si después de tantos años viviendo erguida hubieran sido largos y tediosos y al final se dio por vencida.
Con sus manos temblorosas tomó mi mano y me sonrió enseñado sus encías y me dijo que era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Y bueno, no soy de plástico, soy un ser que tiene emociones y obviamente la señora conmovió mi corazón. Recuerdo haber conversado largo y tendido con la señora, tenía problemas renales y dijo que su estadía allí sería larga, pero poder hablar con alguien tan llena de energía como yo hacía más amena su estadía.
Sehun me encontró luego de unas horas y sin que él me insistiera acepté ir a ése lugar todas las veces que pudiera. Al principio pensé que el dinero sería el que me movería, pero poder ver el rostro de esa mujer lleno de vida fue el mejor motor que pude tener.
A pesar de que Sehun tenía una eterna expresión que hacía que pareciera que tenía un puño metido en el culo, resultó todo lo contrario. Él era amable y risueño y ni hablar de su novio. El muchacho daba la impresión de ser calmado pero a lo largo del tiempo descubrí un montón de cosas de él tribales y sin sentido como que quería ser enfermero y trabajar en el mismo hospital que su novio o que le encantaba usar encaje debajo de su ropa.
Mira, yo más que nadie en el mundo soy el menos indicado para cuestionar sus gustos.
En realidad que de allí en adelante te puedes imaginar cómo es que mi vida fue avanzando. Me gustó ir al hospital, me gustó ver crecer a Yixing con el paso de los años, me gustó estar con él en las etapas más importantes de su vida, ver como él y Sehun se desarrollaban como una hermosa y estable pareja al igual que me gustó ser bien recibido por todos los pacientes que llegaron a entrar al hospital.
A veces me recriminé el visitar a los ancianitos de manera gratuita porque ya no generaba ingresos a mi billetera, pero encontré el balance perfecto para poder sustentar mi económica vida desde que llegué al hospital.
Como te lo había dicho anteriormente soy un hombre muy rutinario, mi itinerario semanal es ir al típico trabajo de oficinista mediocremente pagado como el hombre de treinta y tantos que soy, los sábados me dedico a comprar la despensa de mi almacén y trato de arreglar el desastre que yo solo que hecho durante la semana y mis domingos... mis domingos se van en ir al lugar que más feliz me hace en el mundo.
Y hoy, hoy es día del plátano ¡Chi cheñol!
. . . . . . . . .
Son alrededor de las diez de la mañana, parece que he llegado muy temprano, en este horario es casi extraño encontrarte con algunos de los pacientes, normalmente están dormidos o están en los rondines de supervisión que los enfermeros y doctores hacen a cada paciente diariamente.
La semana pasada llegué a estas horas y apenas entré, las hermanas Lee me tomaron del brazo y me llevaron a jugar dominó con ellas. Puedo apostar que las señoras Lee están dormidas o quizás están haciendo renegar al enfermero Kim, oh por dios amo cuando molestan al hermoso enfermero Kim, a pesar de ser moreno es gracioso sus orejas se ponen rojas cuando no pueden controlar a un par de ancianas que tienen por pasatiempo jugar juegos de azar.
Bueno, quizás debería de andar por allí.
Mis hermosos tacones comienzan a andar en dirección al escritorio de Yixing, conozco este lugar y los horarios de Yixing y Sehun como la palma de mi mano, sé que ahora debe estar allí planeando sus visitas y probablemente no ha desayunado aún. Espero que Sehun pague el almuerzo, la cremallera de mi vestido se rompió y tuve que arreglarlo en contra reloj y no pude desayunar.
Camino por los blancos pasillos del hospital y sin tocar la puerta entro al espacio de Yixing, mi sorpresa es grande cuando veo que él no está allí. Salgo de su lugar y camino a la recepción, seguro la recepcionista sabrá donde esté.
—Waneisha —llamó la atención de la chica—. ¿Sabes a dónde ha ido Yixing?
—Buenos días para ti también Miss Pandora, luces encantadora el día de hoy ¿cómo has estado?
—Golpe bajo a mis pocos modales— le contesto. Vaya esa chica no deja ir ningún error, quizás por eso está sola—. Buenos días para ti también ¿Sabes dónde está Yixing?
—Boss está atendiendo un ingreso que llegó recién hace unas horas. Está en el segundo piso en la cama ciento siete por si eso te sirve.
—Boss... Ni se te ocurra decirle a Yixing ese apodo, se volverá insoportablemente vanidoso si lo escucha— iba a darme la vuelta cuando Waneisha me detuvo.
—Oh no, creo que no será necesario que vayas por él, tu soulmate acaba de llegar.
—Aww mi bebé, sabía que no podía dejarme solo en este oscuro lugar.
Efectivamente, volteé al pasillo que era el acceso a las camas de los pacientes y vi a mi hermoso niño caminar chulamente con su bella sonrisa en su rostro. Yixing había crecido mucho en estos quince años que estuvimos conviviendo.
El chulo se volvió casi tan alto como Sehun, consiguió trabajar en el mismo hospital que él y con el paso de los años logró ser el encargado de todas las personas que trabajaban como enfermeros, lo único que no logró conseguir mejorar las cejas lampiñas que tenía.
Lo veo caminar en mi dirección y me hace sonreír como es que constantemente revisa su flequillo para evitar que se noten sus cejas despobladas. Ese muchacho podrá tener treinta y tres años pero se sigue comportando como un crío.
—Yixing, mi bebé— mis tacones no esperan a que él llegue a mí y caminan directamente hacía él.
—Baek eres justo la persona que estaba buscando—sus brazos se abrieron frente de mí y se cerraron detrás de mi espalda dándome un cálido abrazo. Lo vuelvo a decir, tendrá más de treinta años pero sigue teniendo conductas de crio.
—Yixing querido, te busqué en tu escritorio y no te vi allí.
—Si lo sé, pero estaba atendiendo el ingreso de una paciente que recién acaba de entrar— Yixing se soltó del abrazo y con sus manos sostuvo mis hombros.
—Necesito que me acompañes con el nuevo ingreso, de verdad creo que la mujer necesita verte.
— ¿Y quién no lo haría? Cariño yo soy una máquina de amor, estoy seguro que es mucho más alegre ver a un hombre vestido de mujer que el saber que estarás en un hospital por quién sabe cuántos días.
Solo vi los ojos de Yixing desaparecer a causa de su brillante sonrisa.
Me tomó del brazo y ambos emprendimos camino a la señora que necesitaba un poco de chispa para seguir viviendo.
. . . . . . . . .
Bueno cuando Yixing dijo que me necesitaba, realmente no mentía.
Llegamos a la camilla 107 y la vista que nos regaló no fue nada prometedora. Una dulce mujer, quizás de unos sesenta años descansaba recostada en la cama con su rostro cubierto por una máscara de oxígeno. De su delgado brazo se podían ver montones de moretones que parecían no tener ganas de desaparecer, por encima de ella colgaba la bolsa de suero. Se veía cansada, apagada por el tiempo, su cabello cano no tenía brillo alguno, su piel pálida parecía de cartón y a lado de ella... no había nadie.
—Santo dios Yixing ¿Y a ella que le pasó?
—Bueno... —pareció pensarlo por unos segundos hasta que respiró profundo y me miró—. Creo que su historia es algo triste, una nieta de ella la trajo hasta acá, ingresó por una fuerte neumonía, el sistema inmunológico de un niño recién nacido es más fuerte que el de ella, y su cerebro literalmente se está apagando.
Volteé a verlo sin entender lo último.
— ¿Su cerebro qué?
—Se apaga —me miró con pena, como si esa fuera la peor noticia del mundo—. Padece Alzheimer: Tiene depósitos de proteínas anormales que se fueron incrementando por el paso del tiempo y sus neuronas se mueren una por una. Al parecer es un estado muy avanzado porque no logra recordar a su familia, no sabe cómo se llama y cosas tan fáciles como tragar a veces le resultan imposibles.
—Oh, eso es muy trágico.
—Quizás lo es, y la parte más triste es que está aquí, sola como si fuera un objeto que dejó de funcionar hace mucho. Es como una niña pequeña que necesita que la cuiden pero por lo que se supo de su nieta ella, no puede cuidarla y al parecer la madre de ella está en el extranjero por trabajo, no tiene otros hijos que cuiden de ella y su esposo murió hace años. Está sola, sin memoria, si familia, sin nadie que pueda velar por ella.
Ambos quedamos en silencio por un momento mientras nos perdíamos en nuestros propios pensamientos.
— ¿Entonces, nene? No veo cuál es el problema si el alma de la fiesta está aquí.
El enfermero de la nación sonrió por mis palabras y se fue de allí. Me acerqué a la mujer y esperé a que despertara y me diera el gusto de ver sus ojos. Pude ver mejor su rostro, su piel colgaba por todos lados por lo que supuse que había perdido mucho peso, su cabello cano no tenía brillo y caía a los lados por sus delgados y frágiles hombros, brazos descansaban a los costados de su torso y sus delgadas piernas apenas podían verse por debajo de la cobija color café que la cubría.
Tomé su mano derecha y comencé a frotarla, vaya, la señora estaba realmente fría.
Supongo que la señora se despertó por el calor en su cuerpo porque quitó calmadamente su mano de las mías.
— ¿Quién es usted, jovencita?— Sus oscuros y opacos ojos me miraron fijamente, su voz sonó queda y quebradiza.
—Hola señora Lee, tu puedes llamarme Miss pandora— intenté sonar calmado y amigable para que ella no tuviera miedo de un desconocido.
—Pe-pero yo no me apellido Lee —me miró con cansancio.
—Yo tampoco me llamo Miss Pandora, pero sería divertido fingir por un momento que somos otras personas ¿No? —sonreí con picardía para contagiarla con el sentimiento.
—Si... ser alguien que no soy sería muy divertido— La máscara de oxígeno tapaba la mitad de su enfermo rostro pero aun así pude ver como sus ojos se perdían por causa de una débil sonrisa que apareció en su rostro.
—Vaya que tienes una hermosa sonrisa señora Lee, tu esposo debió ser el hombre más afortunado del planeta.
—Mi esposo... no recuerdo mucho de él pero supongo que debió de serlo.
El poco ambiente que había logrado hacer se empezaba a desmoronar. Demonios debo de pensar rápido.
—pero ¿Qué importa el pasado cuando ahora eres la señora Lee? Estoy seguro que algo que te vendrá muy bien es un poco de color a tu rostro.
— ¿Es que acaso estoy muy pálida? —fue como ver a una niña pequeña, llevó sus temblorosos dedos a su rostro como si tu tacto le diera una visión de su rostro.
—Parece que estás a nada de morir, anda deja de que tu amiga Pandora te ayude a mejorar ese rostro.
No supe cómo es que esas palabras funcionaron pero la mujer se dejó hacer todo tipo de cosas por mí. Una enorme ventaja de llevar siempre un bolso es que literalmente todo te puede caber allí, y cuando digo todo, es TODO. Durante horas me la pasé arreglando su quebradizo cabello, maquillé con colores vivos su desgastada piel y le di color a sus quebradizas uñas y literalmente vi nacer a una nueva persona.
Cuando le mostré su reflejo en el espejo, se me rompió el corazón. Era como ver a una niña que veía por primera vez su rostro, sus temblorosos dedos subieron a sus mejillas y sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas.
Oh no querida, no llores que tu maquillaje se va a arruinar. —intenté sonar ligero para contagiarle la alegría.
La señora Lee quitó sus ojos del reflejo y me miró con agradecimiento, como si yo le hubiera salvado la vida. Fue sorprendente para mí cuando vi a la mujer hacer el esfuerzo de levantarse para darme un abrazo.
—Miss Pandora, espero que la vida te regrese todo lo que has hecho por mí el día de hoy con un hombre que te ame y te proteja por el resto de tu vida.
Sinceramente al oír esas palabras sentí mi corazón caer hasta el suelo. No supe como contestar en ese momento porque una horrible sensación triste me invadió por completo.
Preferí ocultar la nube negra que estaba por formarse encima de mí y correspondí el abrazo de la señora Lee, se terriblemente acogedor, como si su cuerpo y el mío hubieran esperado años por darse un abrazo sincero.
. . . . . . . . . .
—Dejé a la señora Lee dormida en su cama, por hoy creo que hecho un gran trabajo —abandoné su cama después de haber esperado a que la señora Lee durmiera.
Me sentí algo perturbado cuando salí de allí, estaba acabado, la peluca me picaba, sentía que tenía otra cara por el pesado maquillaje que estaba a punto de colapsar y ni hablar de mi parte inferior, no sentía nada de las cintura para abajo a excepción de la vejiga que me pedía a gritos ir al baño y mis pies que dolían como si tuviera clavados miles de espinas en ellos. Jamás había pasado más de doce horas vestido de mujer así que esto era un nuevo récord para mí.
El sentimiento extraño no fue el usar tanto tiempo mi disfraz, la extraña sensación se instaló en mi cuando volteé por última vez en dirección a la señora Lee, descansaba tranquilamente en su cama, como si la vida no le hubiera jugado tan mal y en realidad ella fuera la verdadera señora Lee, la que es sana y todos los días es hermosa para ella y para el mundo.
—Oh Baek ¿qué tal te ha ido allí? —Yixing me preguntó cuando llegué a su escritorio.
—Me ha ido bien a pesar de sentir que me voy a caer del cansancio en cualquier momento —intenté bromear con él—. ¿Y tú? Es muy tarde para que sigas en el hospital, tú debiste haber ido hace unas seis horas.
Yixing estaba sentado en la extraña silla con decoración de unicornio que Sehun le había regalado hacía tres años, tenía una carpeta entre sus dedos y veía que mordía su dedo pulgar con desesperación. Algo no iba bien.
—Baek... algo no va bien.
— ¿Con quién, contigo, con Sehun, conmigo o con la leche que olvidaste meter al refrigerador en la mañana?
—En realidad no sé cómo responderte, esto de aquí— señaló la carpeta entre sus manos—. Es una carpeta donde está toda la información de la señora que fuiste a visitar el día de hoy.
Miré a Yixing como si le hubiera salido una segunda cabeza.
—Correcto, no soy ciego, ¿qué hay de malo en una carpeta llena de papeles?
—Encontré algo que creo que será interesante para ti —Yixing abrió la carpeta frente a mí y señaló una página en especial— viene el nombre de la señora y también el contacto para comunicarnos con un familiar suyo en caso de tener alguna complicación con la señora.
No entendí por qué eso sería importante para mí así que miré a Yixing y le dije con mis ojos que no entendía por qué me decía eso. Yixing me entregó la carpeta y me insistió en leerla.
De verdad que no entendí nada de lo que estaba pasando hasta que lo vi con mis propios ojos: El nombre de la señora era Lee Young-mi, tenía sesenta y ocho años, padecía Alzheimer y la persona a la que había que contactar era su hija, Park Yoo-ra.
Siento que todo está pasando. Un elefante entra por la puerta y se sienta encima de mío, mi pecho no puede sostener el aire, siento mis hombros pesados y me creo incapaz de moverme. Intento regresar a la realidad, alzo mi rostro y veo a Yixing mirándome con preocupación.
— ¿Estás bien? Quiero decir ¿Quieres que te lleve a casa? —está por levantarse pero lo detengo,
—No, yo... yo estoy bien, creo que es mo-moento para que me vaya.
—Baek, en verdad te ves mal, estuve esperando para poder decirte esto y llevarte a casa, no debe ser fácil que te enteres de esto y...
—Yixing, agradezco que me dijeras esto pero... —me acerco a la puerta dispuesto a irme—. Creo que es necesario que me vaya a casa yo solo, necesito... necesito pensar.
Yixing no replica a lo que digo y me deja irme.
. . . . . . . .
Llegué tarde a casa. Tan pronto como entro a mi habitación me quito los tacones y la peluca. Siento que los pies se me van a caer en cualquier momento. Paso directo al baño para quitarme toda la producción, diablos de verdad siento que si hiciera esto todos los días, tendría una fuerte enfermedad renal.
No tardo tanto tiempo en volver mi apariencia a la realidad. Hoy no me siento con ánimos, quizás mañana me levanté más temprano para poder bañarme decentemente. Tomo unos pantalones holgados con una playera de franela y me meto en la cama. Me siento pesado.
Intento calmar los demonios que hay en mí pero nada me ayuda. Sé que son cerca de las dos de la mañana, debería estar dormido pero me es imposible conciliar el sueño. Volteó la cabeza y veo el rostro de mi amado.
Quiero llorar, por favor Chanyeol, perdóname por todo y déjame llorar por no ser lo suficiente para ti.
Perdóname por no haber sido lo suficientemente valiente cuando me dijiste que te acompañara a decirle a madre de lo nuestro. Perdóname por ser un cobarde y dejar que tu madre te corriera de casa mientras te rompía el corazón con todas las palabras que te gritó.
Perdóname por no aceptar totalmente tu peculiar gusto de vestirte de mujer y hacer comedia sobre un escenario. Perdóname por no haberte acompañado el día de tu debut en aquel bar de mala muerte. Perdóname hablarte borracho esa noche, perdóname por hacer que te distrajeras y no te dieras cuenta de la persona que estaba esperando en un callejón oscuro.
Chanyeol, por favor perdona que no contestara tus llamadas de auxilio cuando intentaste pedirme ayuda porque ese hombre te había apuñalado contables veces en la espalda mientras te gritaba maricón. Chanyeol, perdóname por todo, el que te fuera mal es mi culpa y todos los días trato de enmendarme.
Quise hacer mucho por ti, lloré en tu tumba por diez días enteros, recuerdo como tu madre permaneció en silencio durante tu entierro, recuerdo su mirada llena de culpa y tristeza, estoy seguro que ella se siente tan culpable de tu muerte como yo.
Armado de odio por mí mismo me apreté la cinta en el cuello y traté seguir con tu sueño, no conseguí que ebrios homosexuales saltaran de su asiento por verme pero conseguí algo mejor, conseguí que cientos de personas a lo largo del tiempo recobraran un pedazo de vida.
Nunca supe si tu madre estaría realmente orgullosa de ti, por eso me propuse llamar a todas las mujeres como "la señora Lee", en mi cabeza hacía una utopía en donde tu madre estaba orgulloso de ti por hacer lo que querías.
¿Quién diría que la persona que hoy estuvo entre mis brazos, la persona que me miró con amor y me abrazó con cariño, era la verdadera señora Lee?
Chanyeol, veo nuestra fotografía y solo puedo pedirte que me perdones. Perdóname por no poder hacer más por tu memoria, perdóname por no ser lo suficiente para ti, perdón por sentir lástima de tu madre, perdóname por pintarle el mundo de colores a una de las personas que más te hizo sufrir en tus últimos días, sé que tú eres más bueno que yo.
Sea donde sea espero que estés feliz y puedas ver que tu madre y yo limamos las asperezas que no pudimos limar en su momento. Las dos personas que más aman pudieron ser felices juntas el día de hoy.
¿Eres feliz donde sea que sí? Espero que si Chanyeol, hoy más que nunca recuerdo cuanto te amo, por favor no me olvides.
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