El Dueño Del Lugar
2
Decidí avisarle de esto al dueño del lugar, Vegetta, no sabía como iba a reaccionar, pues él a veces es muy estricto con algunos extranjeros, en especial los inesperados.
Sólo podía imaginarme una imagen de un Vegetta completamente enfadado al enterarse que un desconocido estaba pisando sus tierras karmalienses.
Yo iba caminando con el nuevo "invitado" hacia la casa de Vegetta, con la excusa de que antes de buscar ayuda para él tenía que hablar con alguien.
Aunque no era del todo una excusa pues yo sí quería ayudarle, el problema era que no sabía si Vegetta quisiese lo mismo.
El camino era largo, por supuesto, se trataba de subir una montaña entera. Así que para aliviar la tensión del camino, decidí pronunciar las primeras palabras
---¿Tienes alguna idea del porqué llegaste aquí?
Tras la pregunta me miró directo a los ojos, confundido y dijo.
--- Es algo complicado de explicar, ni siquiera yo lo entiendo.---Dijo con una voz como si le hubiese hecho dudar de su existencia.
---No importa, sea como sea lo entenderé, así que explícame ¿cómo llegaste aquí?
El pelinegro suspiró por la insistencia del mayor para luego limpiarse las gotas de sudor que caían de por toda su frente.
---Ya te lo dije es una historia complicada, te lo contaré en otro momento más calmado.---Dijo claramente desviando el rumbo de la conversación.
El castaño algo inquieto por que no le daba respuestas, comenzaba a impacientarse, pues él sí que tenía que darle explicaciones a Vegetta y para eso, necesitaba saber como ese forastero llegó a karmaland.
Sin embargo, si había algo en claro, es que el pelinegro no hablaría así porque sí y presionarlo sólo le molestaría más, no se sabía de lo que era capaz, no se sabía cuales eran sus poderes ocultos. Así que era mejor agarrarlo con pinzas y ser cuidadosos.
Caminamos por aproximadamente dos horas hasta llegar a la gran montaña que era en donde se hospedaba Vegetta.
---Aquí es donde está mi amigo, sólo nos falta subir.
--¡¿Subir?!--Dijo el pelinegro con la lengua hacia afuera.
El castaño se sorprendió, pues no creyó que su aguante físico fuese tan deplorable, al pelinegro se le veía alguien bastante en forma, buena cintura, abdomen y brazos, alguien antigüamente entrenado de seguro.
---¿Quieres tomarte un descanso antes de subir?--Dijo el castaño con cordialidad en sus palabras, mientras que con la mirada le trasmitía amabilidad, paz, daba mucha tranquilidad.
--¡Por favor! ¡Sí!--- Dijo el cansado chico. --- Lo agradecería....--- Terminó la frase agradeciendo la intención del castaño.
Los dos chicos se sentaron en una roca cercana a la montaña, el castaño estaba como nuevo pues no era la primera vez que subía tal montaña, sin embargo, se compadecía por el chico, este estaba con las mejillas sonrojada y sudando a cataratas, llegaba a ser incluso algo tierno...
El castaño se percató de sus pensamientos y tras un breve sonrojo por su parte apartó su mirada del chico. No, no era tierno, sólo lo veía así porque se le asimilaba a su amigo, no más que eso.
El pelinegro observo al castaño con confusión, no entendía como podía estar tan normal ¿Acaso en este lugar todos eran unos locos que subían y bajaban montañas por la mañana? Ni siquiera él en su país caminaba tanto, pues casi siempre se movilizaba en un caballo.
Luego de aproximadamente treinta minutos descansando el castaño ya comenzaba a ponerse ansioso, él quería empezar a subir la gran montaña porque ya estaba anocheciendo y el camino hacia arriba seria el doble de peligroso con criaturas rondando.
---¿Ya estás descansado? Tenemos que subir antes de que anochezca.
El castaño esperaba una respuesta positiva por parte del chico, sin embargo, sólo se encontró con unos cuantos ronquidos.
Al voltearse por el sonido, confirmó sus sospechas, pues pudo ver al pelinegro durmiendo cómodamente, parecía que el largo camino le había afectado un poco, sentía algo de pena por él, pero no podían esperar más.
El castaño se acercó con sutileza para jalarlo un poco del hombro. Después de unos segundos sin respuesta alguna decidió llamarlo por su nombre
---Oye, tú....---Dijo ingenuo.
Ahí el castaño se percató de otro detalle importante, no sabía su nombre.
--Oye chico, despierta, tenemos que irnos.
Las palabras del castaño sólo lograron un leve gruñido por parte del pelinegro, el pobre, se veía realmente vulnerable en ese momento. Una gota de su saliva incluso se colaba fuera de su boca, era un poco... solo un poco, lindo.
"Oh, no." Pensó. Pues no le gustaban nada esos pensamientos intrusivos que llegaba a tener, aunque este estaba convencido que esos mismos eran por que este pequeño chico se le parecía a su mejor amigo, era extraño, incluso si fuera así ¿por qué pensaría eso de su mejor amigo? Quiero decir, no era la primera vez, pero era muy raro, al menos para él lo era.
---¡Oye, chico levántate!--Dijo fuertemente con la esperanza de que se despertara.
Sin previo aviso como si fuera un conejo en caza, el pelinegro saltó poniéndose así a la defensiva.
Sacó con rapidez una espada intentando parecer amenazante,
sin embargo, su pelo estaba desgreñado y parecía asustado.
--¡Eh! ¡¿Qué pasa?! ¡¡¿¿Quién nos ataca??!!
La reacción del chico fue divertida para el castaño él cual rompió a carcajadas, causando así en el chico un sonrojo bastante notable.
---¡Jajaja, Dios! ¿Qué fue eso?---soltó el castaño ahogado de risa.
---Yo, e-eh, ¿f-fuiste tú?---Preguntó avergonzado. Guardando así la espada en su costado.
---¡Pues claro hombre! ¿Quién más va a ser? Pufff---Dijo conteniendo sus claras ganas de reír.
El pelinegro se sintió algo humillado por tal acto, él no estaba acostumbrado a que lo tratarán con un tacto tan cercano, pues la mayoría de personas tendían a tener mucho cuidado con él.
--- Ay dios, no esperaba que reaccionaras así... jajaja
---¿Pues como iba a reaccionar si me despiertas a gritos?--Dijo frustrado por las burlas del mayor.
Después de que el castaños se limpiase las lágrimas por ese extenso ataque de risa. Miró con una mirada reluciente al chico, El cual aún parecía avergonzado.
--Bien, ¿ya estás listo para subir?--preguntó aún con pequeñas risas que salían de sus labios.
--Sí, adelante, subamos.---Dijo para después dejar ir un suspiro de sus labios.
Los dos se embarcaron en el desafío de subir la montaña antes del anochecer, tarea difícil, sin embargo, no imposible.
Al pasar de un rato, por más impresionante que pareciese, lograron subir la montaña tan solo en una hora y cuarenta y cinco minutos de reloj, el castaño estaba sorprendido, pues él no dudaba que él podía subir esa montaña en ese tiempo o menos, pero no tenía visualizado la capacidad del chico para aquel misión, así que pensó que lo haría incluso en el triple de tiempo.
El chico pelinegro todavía se encontraba luchando un poco para subir una roca bastante resbaladiza, al intentar subir en ella sus manos se deslizaban y volvía a caer al mismo sitio de antes, un problema bastante estresante.
Intentó optar por ir por otro camino, pero tampoco quería alejarse demasiado del castaño.
Estando en esa lucha por unos segundos más el castaño se percató de tal hazaña, así que, de forma amable, se asomó desde la parte superior del terreno para extenderle su mano.
El pelinegro, sin opción, tomó la mano del sonriente castaño, para que él luego le impulsase hacia arriba.
Al llegar hasta arriba la sorpresa del menor no fue poca al ver un gigantesco castillo frente a sus ojos, este, antes estaba siendo cubierto por la niebla del ambiente, lo cual no permitía apreciar con detalles aquella obra maestra, y mucho más tomando en cuenta de que allí solo vivía una sola persona, y aunque, claramente, eso no era casi nada comparado con su país, igual siempre veía bueno reconocer y halagar a las buenas construcciones dignas de admirar, o al menos esos eran sus principios.
---¡Oye chico, ven, es por aquí!
El llamado del castaño le arrebató de sus pensamientos, al parecer este estaba impaciente por hablar con su amigo.
Así que, sin más que hacer o pensar, el pelinegro se dirigió hacia la puerta doble que había, la cual causaba un sentimiento tétrico, dominante, justo su tipo.
El castaño tocó el timbre, mientras que a su vez gritaba el nombre de un tal chico misterioso llamado "Vegetta".
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