30

— Conchetumare, dejen a mis ardillas —dijo el Roger choreao y le quitó el Simón al Juan Ricardo que le apretaba la guata con el dedo, y la pobre ardilla estaba cagada de miedo. Literal, cuando le quitó la ardilla, la mano del Juan Ricardo estaba toda cagada—. Le hací daño.

— Ya, perro, pero no te pongas cuático —dijo el Juan Ricardo—. ¿De verdad les pusieron como Alvin y las Ardillas?

— Sí —respondió el Roger obvio y dejó a la ardilla en su jaula con sus hermanos—. Yo le puse así al Simón y el bri le puso al Alvin y al Teodoro.

— Bueno, como sea, no vinimos aquí para que nos mostraras tus ardillas —intervino la Trini—. Vinimos obviamente a que recuerdes quién eres. Cuál es tu origen. No tienes que cambiar tu esencia por tener pololo.

Aquello el Roger pensó que era verdad, pero a fin de cuentas tampoco quería ser zorrón. Había salido de la burbuja del peso y se había dado cuenta de la realidad ajena. También había descubierto que la gente pobre no era en sí rasca, como siempre le habían enseñado, y que pese a que el Brayan sí lo era, no todos eran delincuentes.

— Yaya, sí sé eso —admitió—. Pero hay cosas que me aburrieron. Vestirme según un estereotipo, por ejemplo. Tipo, si me gustó ropa que no es de Maui, que es... no sé, de corona, ¿por qué no la puedo comprar?

La Trini lanzó una expresión de horror digna de una teleserie turca, y se desmayó en brazos del Juan Ricardo.

— Te pasas, Roger —dijo este—. ¿Cómo vas a comprar ropa en Corona? ¡Sí es súper rasca!

— Tienen ropa bonita... el otro día fui al Outlet y había una polera de los Beatles —dijo.

— ¡No te pueden gustar esas cosas de Boomers! —exclamó la Trini—. ¡Te tiene que gustar música nice!

— ¿A voh no te gustaba Ed Sheran? —preguntó el Juan Ricardo.

— Sí, no me ha dejado de gustar, pero eso no significa que no puedan gustarme otras cosas —dijo obvio—. Por ejemplo, el reguetón no lo paso, siendo que al Bri le gusta.

— No me salgai ahora con que te gusta el rock latino —dijo la Trini rodando los ojos. El Roger ocultó su polera de Soda Stereo, sus discos de los jaivas, su otra polera de virus y su taza de los prisioneros.

— ¡Roger te estás volviendo un rasca! —exclamó el Juan Ricardo.

— Que me hayan cambiado los gustos no es malo —dijo con confusión.

— Roger, solo vamos a la playa. Vamos a hacer bodysurf —dijo el Juan Ricardo mientras la Trini se lo llevaba del brazo.

— Bueno —dijo este encogiéndose de hombros, a fin de cuentas no dejaba de gustarle esa wea.

(...)

— ¿Y tiene Plata?

— Sí.

— ¿Y te ha regalado algo?

— Ropa.

— ¿Y nos va a regalar algo a nosotros?

— ¿Por qué chucha tendría que regalarle algo a ustedes? —preguntó el Brayan confundido mirándolos.

— Yaya, si, te salió muy barsa, Haroldo —lo regañó la doña Ruth—. Si el cabrito pololea con el Brayan, no con nosotros.

— Bueno sí —respondió don Haroldo.

— ¿Ya pincharon?

— A cada rato.

— ¿Ya te lo culiaste?

— ¡Papá qué chucha!

— ¡Haroldo deja de preguntarle esa wea!

— Perdón —se disculpó.

(...)

— Ok, debo admitir que la estoy pasando la raja —comentó el Roger mientras estaban sentados en la arena después del bodysurf.

— ¿Viste? Te dijimos. A esto perteneces —dijo la Trini tomando sol—. No a esas rasquerías qué haces con tu pololo.

— No son rasquerías, y también la paso bien esas cosas —repuso con normalidad—. No más digo que no porque me empiecen a gustar otras cosas signifique que deje de lado otras.

— POR LA CHUCHA ENTIENDE QUE TE TIENE QUE GUSTAR ESTO —exclamó la Trini.

— Y me gusta, pero ustedes no mandan las weas que me gustan o no —respondió el Roger—. Miren, me gustan las weas que hacía antes, pero también me gustan las weas simples. Tipo, me encanta ir a la plaza con el Bri, siempre nos sentamos en los columpios a conversar o a pinchar y es bacan.

— Qué clase media... —masculló el Juan Ricardo.

— Roger, por milésima vez, te estás volviendo rasca. Flaite —dijo el Juan Ricardo.

— No, solo estoy siendo yo mismo por primera vez en la vida —explicó—. Y no se meten. Punto.

Los dos amigos bufaron. El Roger era entero terco.

(...)

Así como en cada novela weona y cliché, pasó caleta de tiempo doU, PARKOUR.

La wea es que era marzo y volvía la cagá inmunda de colegio y el Roger por ende, volvía también a Reñaca. Habían ido a Australia de vacaciones con su familia, pero el zorrón que deseaba no serlo extrañaba a su pololo, y próximamente extrañaría a su nana.

Asies, el contrato de la Coti se iba a acabar. Le quedaban solo unas semanas antes de irse, y eso al Roger lo bajoneaba caleta. Además, cuento ahora porque soy entera weona y se me olvidó ponerlo antes, pero la Coti intentó defender al Roger y a su pololo flaite (eignnn intratextualidad), cuando estaban en Maintencillo.

En fin, la wea es que el Roger estaba medio... cambiado. No le había dicho nada al Brayan, porque quería que este se diese cuenta solo. La mamá andaba como loca, al papá poco le importaba, y la Clara se había puesto buena onda y lo apoyaba.

La wea es que apenas volvieron de las vacaciones, el Roger fue a ver a su pololo.

Le mandó unos mensajes y le dijo que se vieran en la plaza Victoria a las cuatro y media. Obvio que el Brayan aceptó po, si no lo veía como en mil años el pobre weon.

La wea es que ya po, fue, y el flaite estaba esperándolo en una banca que estaba toda rayá y como con 8382030923 penes dibujados.

Entonces sintió que le tapaban los ojos y le besaban la mejilla. Sonrió porque obvio que era el weon del pololo, po, sino te cagai de miedo, siono raza.

La wea es que sonrió como aweonao mientras sentía los besos acostumbrados y en su mejilla flaitonga y media desnutrida.

— Disculpe, caballero, pero ando esperando a mi pololo —dijo sonriendo y en forma toa romántica.

— OYE Y VOH VIEJO VERDE CULIAO QUÉ ANDAI PINCHÁNDOTE A MI POLOLO, SACO WEA —escuchó al Roger y casi se cagó.

— QUÉ WEA, QUÉ CHUCHA PASA QUE ME TAPARON LOS OJOS —exclamó el Brayan asustado, entonces sintió que las manos que le tapaban los ojos se alejaban de forma brusca y se dio vuelta y vio al Roger sacándole la chucha a un viejo en el suelo.

— NO VOLVAI A TOCAR A MI POLOLO HIJO DE LA PERRA QUE TE PARIÓ CON SIFILIS —decía mientras le sacaba la chucha.

— ROGER, ROGER LO ESTAI MATANDO —exclamó el Brayan y lo tomó de la cintura desde atrás para alejarlo, mientras el Roger seguía pegando combos y patadas al aire. Andaba entero bélico el cauro.

El viejo se paró y salió apretando cuea, mientras el Roger pataleaba y el Brian lo tenía en brazos.

— ESO PO, CORRE AWEONAO DE MIERDA, QUE YA IBA A LLAMAR A LOS PACOS, PEDÓFILO CARA DE ANO —gritó el Roger levantándole los dos dedos medios—. Y POR SI NO SABÍ ESTE GESTO SIGNIFICA PICO, EL MISMO QUE TE VOY A SACAR Y TE LO VOY A METER POR TU A-

— Roger, calmao, relaja la raja —le dijo el Brayan y lo dejó en el suelo, el Roger se dio vuelta y lo abrazó.

— Por la mierda, que te eché de menos... —dijo en el abrazo. El Brayan sonrió y lo abrazó devuelta.

— Yo también, mi wa... —lo miró y quedó con la boca abierta.

— Qué wea —preguntó el Roger.

— Tu... tu pelo... —dijo pasmao. Pichula shokeá. Na broma, ya trillaron tanto la cagá de meme que dejó de dar risa.

— Ah, sí, ¿te gusta? —le preguntó sonriendo. En efecto, el Roger estaba cambiado.

Primero que nada, tenía el pelo largo y ya no con el corte de pelo zorrón, no, tenía el pelo liso. Además se le veía más un poco más oscuro. Tampoco andaba con ropa Maui, sino que con la wea de elástico que le había regalado el Brayan y con una polera normal y entera piola, que por lo visto se había comprado en Anómalo.

— Te veí má rico que panqueque con manjar —murmuró el Brayan.

— ¿Eh?

— Digo... te veí precioso, wawi —lo abrazó de la cintura y le dio un beso en la frente.

— ¿Sí?

— Preciosísimo —confirmó—. ¿Me dejai darme un besito?

— Si me lo pides de forma bonita —le dijo feliz.

— Ya te lo dije de forma bonita que otra wea queri.

— Entonces no te doy ni una wea.

— Perdón mi amor, ¿me dejai cambiar baba contigo?

— ¡Brayan! —se puso a reír.

— Ya po, que quiero comerte la boca, bebé —le dijo de forma coquetona. KQMSKS me imaginé a una vieja culia mal pinturrajeá, guatona y toda despechugá.

— Qué chucha —se puso a reír.

— Estoy siendo romántico po.

— Ay, pero...

— YA CÓMANSE LUEGO POR LA RE CONCHETUMARE —le gritó una weona que los andaba viendo.

— Ay ya, perdón —se disculpó el Roger.

— Mejor obedezco —le guiñó un ojo y le dio un beso en los labios que el Roger correspondió todo happy.

Tras 940203919390194919391928392939492928392949293929391985759500191839459911839955929188402019485910299492049293949921994854829935958939194848583919485859402848595949277194958582294959918384839993958592929492938888888393929294859382949292938585957279193828191239451678028381938472818491749592748482939284649292 años elevado al cuadrado del cubo del cuadrado del otro cubo de 9391939493948929192859291929949592993959584728193949391939294859699193958394929394949595959693929393939394929293929292939493910394920293992, se separaron sonriendo y frotaron sus narices.

— ¿Y por qué te hiciste glow up, bonito? —le preguntó el Brayan.

— Porque ya descubrí quién soy realmente fuera de los estereotipos básicos de zorron que la sociedad clasista quiere que siga y que la culia de la Emily me asignó —respondió. Abr, más respeto conmigo cabro conchetumare—. Perdón, em. Bueno, la wea es que ya me aburrí y ahora soy no más quien soy. Pico lo que opine el resto.

— Eso, wawi —le guiñó un ojo y le dio unos besos en la mejilla. El Roger rió levemente.

— Mi mamá anda como loca por el pelo, pero la Clara me defiende.

— Buena onda La Niña —dijo el Brayan—. ¿Vamo' a los juegos?

— Siii vamos —sonrió y fueron de la mano.

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