Capítulo 3: Pesadilla
Después de tomar una taza de leche caliente, me dirigí a mi cama a descansar. Había tenido un horrible día de trabajo, y todo por volver a encontrarme con Rebel Moon, mi peor pesadilla.
Giro a un lado de mi cama y coloco mis gafas en la cómoda. Ahora, diez años después desde la última vez que la vi, tengo que encontrarme con ella todos los días en la oficina por el resto del año. Creo que el único lugar que me libraré de su presencia, será en mis sueños. O eso espero.
***
Año 1994.
Recuerdo mi primer día de escuela. Mi madre nos llevaba a mi hermano y a mí en su coche. Estaba muy nervioso como de costumbre. No era muy bueno interactuando con los niños de mi edad y además, a pesar que los adultos eran amables conmigo, me intimidaban peor que los niños. Felizmente para mí, mi hermano mayor Max estudiaba en la misma escuela que yo. Max se encontraba en quinto grado en ese entonces, así que estábamos en el mismo pabellón de la escuela.
Pensaba ir cada vez que me sentía triste o aburrido a su salón para estar con él. Sin embargo, antes de que me diera la idea de pasar el resto de la primaria juntos, Max me cogió de la mano y con una sonrisa en los labios me cantó el coro de "Boys don't cry" de The Cure para poder calmar mis nervios. Y sí que funcionó. Sequé mis lágrimas de los ojos, dejé de temblar y de sudar; y seguimos cantando hasta llegar a nuestro destino.
Al llegar a mi salón, pude observar niños de distintos tamaños y contexturas, todos ellos estaban llorando. La mayoría no quería separarse de sus familiares o no les gustaba para nada el lugar. Nuevamente el miedo amenazaba mi cuerpo, pero mi hermano Max quién me acompañó hasta la puerta del aula, despeinó mi cabello amistosamente y soltó mi mano para dirigirse a su salón.
Volteé para verlo irse, iba a llamarlo a que vuelva, ya que no quería que me dejara aún, pero de repente él volteó. Al parecer era telepatía de hermanos.
Max sonrió nuevamente al verme y de lejos susurró —Boys... don't... cry—.
La maestra se dio cuenta del alumno de quinto, él avergonzado se rio y se fue a su salón. Yo también me reí. Max había hecho el ridículo y solo lo había hecho para animar a su hermano menor. Sé que no fui el único del salón que al principio le fue difícil socializar, éramos prácticamente todos. No obstante, poco a poco pudimos lograr desaparecer ese miedo y preferir estar con nuestros amigos, que en casa. En mi salón predominaban más las mujeres, éramos solo diez "hombrecitos" allí, de los cuales uno, se convirtió y sigue siendo mi mejor amigo.
Abraham Jones o como se hace llamar él, A.J., a pesar de que éramos muy opuestos, éramos inseparables en la escuela. Sin embargo, al comienzo de una gran amistad no siempre empieza bien.
Cuando lo conocí el primer día de escuela, la maestra nos sentó juntos. Él al ver que se sentaría al lado mío, me observó con sus grandes ojos cafés de pies a cabeza y me sacó la lengua de desaprobación.
«Definitivamente no le agrado» pensé decepcionado.
Yo era muy callado, en cambio él era hiperactivo. Él era el más alto del salón, yo era el más bajo. Yo quería prestar atención a la clase, él quería dormir o comer. Él era el deportista del aula, yo el más estudioso.
Un día, la maestra nos dio una hoja para dibujar a nuestras familias, A.J y yo teníamos que compartir los mismos lápices de colores. Mientras yo estaba dibujando a mi hermano Max en el papel, A.J me pidió que le pasara el lápiz de color piel.
A.J. es de tés oscura, así que no sabía si pasarle el lápiz de color crema o de color marrón. No quería que me catalogara de "racista", pero yo sabía que él quería molestarme por alguna razón, ya que cuando él se metía en problemas, siempre él me señalaba del causante o compartíamos la culpa.
—¡Apúrate, Miles! ¡Qué ya quiero entregar mi papel!—dijo golpeando la carpeta.
—Eh...Esto...—Seguía sin saber que lápiz pasarle.
—¡Miles!
—Aquí tienes—dije nervioso entregándole todos los lápices que habían a mi lado. Él me miró sorprendido.—Perdóname, Abraham. No quiero que interpretes nada mal, yo...—Ya no sabía que más decir.
De repente lo oí riéndose, yo desconcertado le pregunté—¿Qué pasa? ¿Por qué te ríes?—Pero en eso su risa se convirtió en llanto—. ¡Per-perdóname, Abraham!
No sabía qué hacer, tenía miedo que la maestra me castigara por herir los sentimientos de Abraham, así que lo abracé y volví a disculparme con él. Pero a pesar de mis intentos de poder calmarlo, seguía él llorando como un bebe. Felizmente la profesora estaba distraída conversando con una auxiliar en la puerta para percatarse de los llantos del niño, sin embargo no sería por mucho.
Después de un rato la maestra se despidió de la auxiliar y cerró la puerta. Yo seguía intentando calmar a Abraham sobándole la espalda sin saber qué hacer. Pero en eso, mi cerebro tuvo una idea.
Lo cogí de los hombros y lo miré a los ojos. Él atónito también me observó y yo, con una gran sonrisa canté "Boys don't cry". Pensaba que si mi hermano pudo calmarme cantando esa canción, también le haría sentir mejor a Abraham. Y sí que funcionó.
Para el momento que la maestra se sentara en su escritorio, nosotros ya estamos terminando de colorear.
—Gracias, Miles—me susurró A.J.
—¿Por qué?—pregunté sorprendido.
—Eres el primer niño que no me molesta por mi color de piel. Eres un buen amigo.
—¡¿Amigo?!—sonreí emocionado.
Era la primera persona que colocaba en una misma oración, un adjetivo como ese al lado de mi nombre. En el salón era conocido como el niño nerd que sacaba siempre buenas notas y era el preferido de la directora, así que me era muy difícil para mí acercarme a los demás del salón. Todos ellos hablaban a espaldas mías o simplemente ignoraban mi presencia.
—¿Me consideras un amigo?—pregunté por las dudas.
—Sí. ¿Por qué? ¿No debería?
—¿Eh? ¡No, no! Sí quiero ser tu amigo, Abraham.
—Llámame, A.J—agregó, ya que él odiaba su nombre.
—Ok, A.J.
Desde ese día nos volvimos inseparables como uña y mugre. Han pasado veinte años desde ese día y ambos seguimos en contacto. Él trabaja como publicista en una conocida marca de bebida, está comprometido y cada fin de semana ambos nos reunimos con otro amigo de la secundaria en nuestro segundo hogar, "La Morada", un bar poco conocido en la ciudad.
A pesar de que lo mejor que me había pasado ese año, era conocer a mi mejor amigo. Ese año también hubo altibajos.
No todo lo bueno dura por siempre.
Todo iba perfecto en mi vida escolar, hasta que en el segundo semestre del año empezó. Después de las vacaciones de mitad de año, al volver salón, la maestra nos presentó una nueva alumna que venía desde Asía.
—Niños, les voy a presentar a su nueva compañera. Ella viene desde Corea del Sur. ¿Muy lejos, no? Aún ella no sabe hablar bien el español. Así que espero que aparte de que aprenda en clase, también ustedes le ayuden a que se familiarice. Pasa, mi amor—indicó a la niña que se encontraba fuera del salón.
Mientras la nueva se aproximaba a la profesora, todos los niños la observaban. Era una niña grande y regordeta con un listón rojo en la cabeza. Sus ojos eran bien pequeños, sus mejillas eran muy infladas y el uniforme, con las justas le entraba.
—Preséntate a la clase, por favor—ordenó la maestra.
Ella miró a toda la clase y con voz baja dijo—Me llamo Rebel Moon, gusto en conocerlos...
De repente uno de mis compañeros, el más escandaloso, exclamó.
—¡Ella parece un sumo!
Los demás al oír eso empezaron a reírse.
—¡Alex, te advertí que una más e ibas a dirección! Levántate de tu asiento y acompáñame—exhortó la profesora desde su escritorio.
—¡No, maestra!—renegaba el niño mientras la acompañaba hacia la puerta.
—Rebel, siéntate en la carpeta de allá, por favor. Ya regreso, niños. ¡No hagan desorden!
La maestra se retiró jalando de la oreja al niño hacia la dirección y Rebel tomó asiento en una de las carpetas que sobraban de al fondo.
Podía observar como los demás seguían burlándose de ella a escondidas, hasta A.J. no paraba de reírse de la broma de Alex. Los días transcurrían y ella seguía estando aislada.
Mientras los demás comían su lonchera en grupo, A.J. me estaba hablando sobre un nuevo video juego que le habían comprado sus padres. Al principio le prestaba atención, sin embargo después de unos segundos empecé a ver a Rebel. Nadie quería sentarse al lado de ella, y los demás se burlaban de la enorme lonchera que tenía. Sentía que debía hacer algo para cambiar eso, así que me levanté de mi asiento.
—¡Hey! ¿Adónde vas, Miles?
—Ya regreso—le contesté tomando mi lonchera con la mano.
Al acercarme a la carpeta de Rebel, la saludo.
—¡Hola! ¿Puedo sentarme a comer contigo?
Ella con un sándwich en la boca me asintió.
Tomé asiento y volví a abrir mi lonchera.
—¿Quieres?—me extendió una barra de chocolate—Te lo regalo.
—¡Wooh! ¡Me encanta el chocolate! Gracias.
Ella al verme alegre, soltó una gran sonrisa. Sería la primera vez que la veía feliz desde que llegó a la escuela. Me sentía un niño bueno haciendo esto, ya podía imaginarme más regalos de Papa Noel para esa Navidad. Pero a pesar de que había hecho el intento de alegrar a Rebel, Alex nuevamente apareció para molestarla y allí fue como conocí a la verdadera Rebel Moon.
—¡Miren todos! ¡El Sumo Moon capturó a Miles! ¡Se lo va a comer!—gritaba Alex desde su asiento.
Los demás niños empezaron a reírse.
La maestra no se encontraba en el aula, así que Alex seguiría molestándola, como venganza después de que lo habían mandado a dirección por su culpa el otro día.
—¡No la molestes!—me levanté furioso.—¡Ella no te ha hecho nada!
Rebel me observaba agradecida, al parecer me había convertido en su héroe ese día.
—¿Por qué la defiendes, Gray? Acaso... ¡Ahhh! ¡Ahora entiendo! ¡Ustedes son novios!
—¡¿Qué?! ¡No!
A los niños no les importaba que estuviera negando a esa tonta conclusión, que empezaron a cantar esa infantil cancioncita: "Miles y Rebel sentados en un banco, dándose besitos..."
Quería llorar, no quería que me vincularan así con ella. No me gustaba para nada Rebel, ni tampoco las demás niñas. Exprimía mis manos para aguantar quebrantarme. No quería lucir débil, después de que Rebel me consideraba su "héroe". Quería desaparecer en ese momento.
Pero de pronto, los roles se cambiaron. Rebel al verme resistiendo el llanto, se levantó de su asiento y se acercó a Alex, sorprendiéndolo. Rápidamente levantó su puño y con fuerza lo llevó hacia su cara.
El aula quedó en silencio.
Rebel regresó a su asiento, mientras Alex lloraba en el suelo por el puñetazo.
—¡¿Qué pasó aquí?!—preguntó la maestra asustada.
—¡Me golpearon!—respondió Alex entre sollozos.
—¿Quién?
—¡Ella!—señaló a Rebel.—¡Ella me tiró un puñete en la cara!
—¿Por qué lo hiciste, Rebel?
—Estaba molestando a Miles, Miss.
—¡No es verdad!—seguía llorando Alex.—¡Ella me golpeó porque no me deje robar mi comida!
—¡No seas mentiroso, Alex!—tercié molesto—¡Tú empezaste todo esto!
—¡No es cierto!
—¡Los tres irán a dirección!—concluyó la maestra.
—¡¿Yo?!—No lo podía creer—. ¿Por qué, Miss?
—¡A dirección, jovencito!
Era la primera vez que iba a dirección, me moría de miedo. Tenía seis años, así que imaginaba esto como ir hacia un juicio y luego ir a la cárcel, es decir a detención.
Después de que los tres conversamos con la directora, la maestra se llevó a Alex a la enfermería y Rebel y yo, regresamos al salón.
Mientras ambos caminábamos por el pasadizo, quería tirarme de un puente. La directora se había decepcionado de mí, nos resondró a los tres y había tocado nuestros expedientes. Nunca de los nunca me imaginaba tener antecedentes en la escuela. Quería pasar desapercibidamente allí, pero al parecer no sería así. Ahora tenía una mancha en mi expediente, mis padres me iban a matar, y yo sin darme cuenta, tenía un odio acumulado hacia Rebel.
—Lo siento, Miles—dijo ella nerviosa.
Yo la ignoraba. Sé que no era toda su culpa, ella me había defendido de Alex, pero en ese entonces era un niño, así que lo único que hice fue culparla de todo con rabia.
—En verdad lo siento, Miles. Te prometo hablar con la prof-
—¡Ya cállate!—grité molesto y estresado.
—¿Eh?—se detuvo.
A veces los niños pueden ser muy crueles.
—¡No quiero que me vuelvas a dirigir la palabra!—grité.—Alex tenía razón, eres un sumo. ¡Solo tragas y golpeas a la gente!
Diciendo eso, adelanté el paso y no le volví a hablar ese día.
Al día siguiente, después de recapacitar lo que había pasado, compré una gran barra de chocolate para dárselo a Rebel como arrepentimiento por lo que le había hecho. Me sentía muy mal por haberla culpado sin sentido, había dicho cosas tan duras a una pequeña niña. ¿Cómo se lo habría tomado? ¿Ahora sería una niña más tímida de lo que era? Si era así, todo sería mi culpa.
Cuando Rebel entró al salón, vi que los demás la observaban diferente. Ya no se burlaban de ella, sino sentían temor de ser su próxima víctima.
—Rebel—me acerqué a ella, esperando que aceptara mis disculpas, y coloqué la barra de chocolate en su pupitre—Quería disculparme por lo de ayer, yo-
—¡Vete de aquí, cuatro ojos!
—¿Qué?—quedé sorprendido—En verdad me quiero disculpar sobre lo que pasó ayer. Lo dije sin pensar, yo... ¿Podemos olvidar lo que pasó y empezar de nuevo? ¿Amigos?—le extendí mi mano.
—¿Amiga de un "nerd"? ¡Jamás!—bufó tirando el chocolate en el suelo.
—¡Hey, ayer te defendí de Alex!
—¿Qué? ¿Ahora te crees superman?
—No...
—¡A no! ¡Tú eres Nerdsoman!—exclamó burlándose de mí.
Los demás al oír eso, comenzaron a reírse también. Al parecer ese día, Rebel me había bautizado en la escuela con ese tonto apodo que me molestarían por el resto de mi vida escolar. La miré con odio, al igual ella a mí. Recogí mi barra de chocolate y le dije que no volvería hablar con ella nunca más. O eso esperaba.
A partir de ese día, la tímida Rebel Moon que conocía, se había convertido en lo que había dicho yo el otro día. Un sumo que solo traga y golpea a la gente.
Gracias a mí, nació el Sumo Moon. Mi peor pesadilla.
***
Hola volví :D
Espero que les haya gustado el capítulo <3 Ya sabemos cómo comenzó este odio entre ellos. Todo gracias a Alex xD
Si les gustó, denle entrellita o comenten :D Les dejo una imagen de como me imagino a Rebel de niña. También en los capítulos anteriores he colocado como serían Miles y Rebel de grandes :D Espero que estén de acuerdo conmigo.
Nos vemos pronto ♥
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