•El comienzo•

Hoy me levanté muy temprano para darle la bienvenida a la chica que se unía a los jóvenes castores, me hace ilusión conocerla, tal vez seamos grandes amigos. Me dirigí a la cocina, desayuné unas tostadas y luego me fui al campamento, la chica llegaría en 10 minutos, así que decidí prepararle una de nuestras típicas bienvenidas, para que pueda sentirse cómoda.

—Muy bien, chicos, ya solo quedan 4 minutos y 30 segundos para que la nueva llegue, intentemos terminar con las decoraciones y la comida. -Dijo Huey, mientras sujetaba su manual.

Todos terminaron de organizar todas las cosas, prepararon comida, actividades y pusieron una hermosa decoración.
La nueva integrante llegó y todos quedaron impactados al verla, sobretodo Huey, se le iluminaron los ojos cuando la vio.

—¡Hola, soy Webby! -Dijo muy animada, la pata con un moño rosa.

—Hola, tú debes de ser la nueva, ¿cierto? -Le preguntó Huey, acercándose para saludarla.

—Si, soy yo. ¡Es un placer! -Saltaba de alegría, Webby.

—Lo mismo digo, soy Huey Duck. -Dijo estrechando su mano con la de Webby.

—Disculpa, tengo una pregunta... -Dijo la pata algo tímida.

—Dime. -Le sonrió Huey.

—¿En cuál categoría estoy? -Preguntó dudosa.

—Eso depende de tu edad, ¿cuantos años tienes?

—Tengo 15 años.

—Oh pues justo estás en la misma categoría que yo, a partir de los 15 estás en la alta categoría.

—Ah, ¡Que bien! -Le sonrió amablemente Webby.

—Hemos preparado tu bienvenida, primero vamos a comenzar con algunas actividades especiales y luego iremos a comer.

—Okay.

—Pero primero necesito evaluar tus habilidades, ¿Que sabes hacer?

—Se muchos deportes, la escalada se me da genial, tengo un gancho, gafas de visión nocturna, se pelear, dibujar, he ayudado a muchos animales en peligro y hago acrobacias.

—¡Fantástico! Es la primera vez que conozco a una persona que sepa hacer tantas cosas, eso nos servirá mucho de ayuda y hará que no tengas muchas dificultades.

—Ay, gracias...

—La primara actividad será escalada por la montaña  del silencio, pero ten mucho cuidado, ya que en esa montaña algunas piedras se desprenden y puedes caerte.

—Muy bien, tendré cuidado.

—Yo te acompañaré, el primer día tengo que hacerlo, pero el segundo día ya será por tu cuenta, ¿vale?

—Vale. -Saltó muy contenta la pata, mientras que Huey la observaba con una cálida sonrisa.

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