I



Azul.

Es lo primero que se me vino a la cabeza, lo primero que mis ojos captaron. Lo primero que recordé.

Azul, azul y más azul. Una inmensidad de color azul se extendía frente a mí, sobre mí, debajo de mí... A mi alrededor, todo lucía azul. Yo flotaba entre el pacífico y frío azul que me rodeaba, el azul que hacia abajo era oscuridad, pero hacia arriba era luz.

El azul del que fui arrancado. 

Entonces todo se oscureció... Al menos para mis ojos. Mi consciencia seguía ahí, pero se encontró en una especie de trance, como estar flotando en ese vacío de oscuridad... No había pensamientos. O, tal vez, había tantos pensamientos que iban todavía más lejos de lo que yo podía comprender y por eso no podía percibirlos. 

Existe... Digamos que existe una piedra de la que no he podido deshacerme. Una piedra que me molesta desde el momento en el que nací. A veces me pregunto si el hecho de que yo haya nacido fue algo más allá de una irregularidad, una tontería o hasta un accidente. 

Sí, cualquiera lo pensaría de esa manera. Seguir todo al pie de la letra para que al final la cosa salga mal suena como un total y terrible accidente. Hasta un error me atrevo a decir. Sin embargo, ¿Qué clase de accidente llegaría tan lejos como para estar siquiera vivo en este momento? Mi sola existencia, un aparente accidente, resulta más bien confusa y hasta ridícula, incluso para mí. ¿Siquiera tenía algún sentido? 

Desde el momento en el que abrí los ojos ni siquiera yo era capaz de entender lo que sucedía a mi alrededor. Incluso con una consciencia mínimamente despierta para percibir lo que pasaba, me sentía tan ajeno del mundo que, en ese entonces, no me atreví a indagar demasiado.. Tan solo existía yo dentro de una masa amorfa y palpitante que resultó ser mi cuerpo. Era inútil. No podía emitir sonidos, no podía siquiera moverme. Mi piel se hinchaba y luego volvía a su forma natural al tiempo que el aire entraba y salía de mi cuerpo. Estaba respirando. Respiraba de una manera en la que nunca había respirado, ¡ni siquiera conocía este aire! La simple sensación abrumó mis nuevos pulmones al tiempo que se formaban grumos burbujeantes sobre mi cuerpo... Ardía un poco, estaba caliente y mi piel... ¿Se inflaba por ese ardor? Olía a... Aceite. Las burbujas en mi cuerpo eran resultado del aceite. 

¿Qué era yo? ¿Qué se supone que era yo?

Un intento fallido de cocina al parecer. 

Pero sigo sin comprenderlo, el cómo fue que ocurrió. Accidente o error, simplemente me resulta hasta ridículo el resultado. Mi propia existencia es un ridículo error que ni siquiera debería estar presente ahora mismo. 

Y, sin embargo, hubo ciertos... humanos... que me... ¿quisieron? Mi "creador"... Y el niño que lo acompañaba, el niño que lloró cuando supo de dónde había provenido yo. ¿Qué dijo que era yo antes...? Me escribieron juntos una carta ese día y, desde entonces, recibí mi nombre: Akkorokamui Cthuhu, nombre que he conservado hasta ahora. No es que pueda quejarme y tampoco es que esté en desacuerdo, de todas formas, ni siquiera tenía un nombre antes. Tal vez el nombre me hizo ganar cierto sentido de pertenencia hacia este lugar... De alguna manera, si podemos decirlo así. 

Digamos que fui acogido por ellos, se turnaban para cuidarme. Aunque no era precisamente algo laborioso. Quiero decir, ni siquiera me movía... 

El pequeño era quien conversaba más conmigo. Compartía conmigo cómo le iba en el trabajo y lo que le sucedía en el día hasta el punto en el que comencé a preguntarme si me estaba convirtiendo en su "bitácora". ¿O ahora le dicen "diario"? Como sea. Me miraba durante horas, con sus ojos celestes brillando más que nunca, con esa sonrisa de emoción... ¿Puedo decirle adorable? El otro, mi creador, también hablaba conmigo. Me leía historias. A veces me preocupa un poco porque la línea que hay entre cosas que le pasaron y sus historias la tengo demasiado distorsionada, considerando que existo yo y no me sorprendería en absoluto que cualquiera de las cosas que pasan en esos libros suyos hayan sucedido o puedan suceder. Ojalá y el único accidente suyo sea yo. 

Pero, en todo ese tiempo que me mantuve con ellos... No se preguntaron nada. No se preguntaron demasiado el cómo yo estaba con vida. Ni siquiera personas que vinieron a conocerme se lo preguntaron demasiado. Sí, tal vez alguno que otro hiciera bastantes preguntas por cómo había sucedido "que un takoyaki acabara de esa manera", pero mi creador siempre supo evadir esas preguntas, o así lo veo yo, insistiendo en que no tenía idea de cómo lo había hecho. 

Dijera o no la verdad, me dejaba insatisfecho incluso a mí. ¿Cómo iba a desconocer eso? Es más, ¿por qué todos los demás se conformaban con esa respuesta? ¿Nadie pensaba indagar más allá? ¿Todos preferían quedarse con lo que sus ojos veían y ya? 

No poder comunicarte con el resto del mundo para cuestionarlos a ellos te hace cuestionarte a ti mismo. Antes de que te des cuenta, la soledad ya te ha hecho enfrascarte dentro de tu propia burbuja en la que las preguntas navegan a la deriva de un lado a otro, sin poder encontrar una respuesta fija. Te pierdes en un mar de infinitas preguntas para ti mismo y eres tú quien debe responderlas, pues nadie más lo hará. 

Tuve demasiado tiempo para mí y mis preguntas... Claro, antes de la llegada de él. 

Pasaron unos cuantos años. Digamos que cinco. 

Mi creador quería sorprender a su pareja con un platillo nuevo y fue mala idea. No tengo idea del control de salubridad que debió tener el lugar donde sea que haya comprado el atún para el sashimi, pero eso definitivamente no era solo atún y él pareció darse cuenta de la diferencia de la carne... Justo cuando estaba sirviendo en el plato. En su rostro apareció una mezcla de frustración y nerviosismo que rápidamente cambió a una sonrisa. 

--Bueno, yakisoba será. - suspiró mientras dejaba a mi lado el plato de sashimi. -- Cuídalo, Akkorokamui

Esa cosa lucía terrible: sí, el atún finamente rebanado, de carne lisa... Y luego esos pedazos extraños un poco menos finos de piezas llenas de tendones de algún reptil, definitivamente una serpiente. Hubiera sentido ganas de vomitar si no hubiese sido yo, básicamente. Tampoco era como si el sashimi tuviera algo que envidiarme a mí. 

¿Esa cosa se quedaría ahí, pudriéndose hasta que alguien decidiera tirarla a la basura por el olor que desprendería en cuestión de horas? 

Así lo esperaba yo. Sin embargo, incluso al día siguiente se mantuvo fresco. Cada pedazo de carne relucía de frescura, hasta diría yo que apetecible... Pero eso sería ya muy raro. 

Empecé a hacerme más teorías, incluso a preocuparme, cuando el sashimi seguía tan reluciente como el primer día tras pasar una semana, luego un mes... No había ni rastros de que fuera a pudrirse. ¿Qué demonios tenía eso? ¿Alguna especie de conservador? Los atunes suelen ser modificados genéticamente en muchos criaderos, tal vez un experimento para que la carne durara más tiempo. ¿O sería que quien lo hizo se había pasado de sal? Espera, ¿no la carne de serpiente puede secarse al sol y ya no apestar? No, esto iba más allá... Ya ni siquiera desprendía un olor a atún.

Fue cuestión de unos meses más en los que lo escuché por primera vez. Primero, emitía unos chillidos casi inaudibles, pero los mantenía un buen rato e incluso parecía vocalizar y cambiar su expresión en esos chillidos, como si estuviera hablando su propio idioma. Un idioma que no había escuchado jamás... Pero que a ratos creía entender. 

Pensé que el creador se habría olvidado de él, pero también empezó a considerar al sashimi como "un nuevo integrante", un "igual a mí" como había dicho él. 

¿En serio yo era igual a esa cosa? 

--Iré a buscarte un nombre luego. - sonrió el creador hacia el plato de sashimi. Luego me miró a mí. --Haces un maravilloso trabajo como hermano mayor. 

Yo ya lo había tomado como alguien que había enloquecido desde hacía tiempo. ¿Es que alguien cuerdo conservaría comida desde hacía tiempo y, para empeorar las cosas, le hablaría como si estuviera viva?

--¿Qué es este lugar? 

Había escuchado una infinidad de voces antes, pero esta... Era diferente. Definitivamente era una voz diferente. Un ligero siseo entre una musicalidad sobrenatural... Y que me hacía pensar que solo yo la estaba escuchando. 

Aunque no tardaría en comprobar que, efectivamente, así era. A pesar de que pasaban varias personas por la cocina y esa voz seguía hablando, ninguno parecía escucharla, a diferencia mía. Yo lo escuchaba perfectamente. 

Por fin me atreví a mirar al lado mío al tercer día, cuando el pobre sashimi ya había pasado de estar confundido, enojado y frustrado hacia tan solo un par de minutos. 

--Bienvenido

No dijo nada. Ni siquiera sé si podía verme, pues no tenía ojos. No pronunció palabra en el resto del día.

Tal vez estaba comenzando a afectarme pasar tanto tiempo solo. ¿Quién dice que la soledad no puede acabar por enloquecer a uno? Tan solo imagina no poder comunicarte con nadie a pesar de estar rodeado de gente todos los días. 

Fuera como fuera, me había quedado claro algo. 

--No somos iguales. - murmuré un día, mirando con desprecio al atún tan radiante todavía bajo la luz del sol, deseando que se secara al menos un poco. 

--Definitivamente no. - contestó él. --Se sabe con mirarte

Su tono era melodioso, tanto como la primera vez... ¿Así era como sonaba la agresividad en un tono tan perfecto como el de él? 

--Ni siquiera deberíamos existir

--Habla por ti. 

No pude contenerme. ¿Qué derecho tenía él, quien llevaba tan solo unos meses existiendo, opinar al respecto?

--¿Te das cuenta de lo que somos?

--Soy perfectamente consciente de lo que soy. 

--¿Ah, sí?

--La existencia en su forma más perfecta que no podía ser contenida en un cuerpo promedio todavía. Lleva tiempo alcanzar el punto máximo. 

Estaba loco. Definitivamente. 

--No tengo idea de cómo es que tú ves el mundo...

--Eres corto de visión entonces

--¡Y me lo dices tú! ¿Ni siquiera vas a preguntarte por qué es que nosotros existimos? ¡A esto ni siquiera se le puede llamar vida!

--Tal vez no ahora. Pero sé mi propósito

--¿Y cuál es ese dichoso propósito tuyo?

--¿Tengo que decírtelo para que sea válido? Oye, no es tan difícil conseguirse una vida y planificarla, ¿sabes?

Se hacía llamar Mikoto. Era engreído, arrogante, altivo, exasperante... La encarnación del egocentrismo y todo eso. Perfectamente podría buscar "egolatría" en el diccionario y no dudo en que, algún día, aparecerá pegada en toda una página la foto de su cara de atún crudo revuelta en veneno de serpiente.

No dejaba de hablar sobre cómo algún día sería el momento adecuado... Lo dijo por años. 

--Deberías aprender de mí, ¿sabes? 

--Exactamente, ¿qué? 

Realmente me ofendía que él pensase de esa manera. Tenía el descaro de decirlo de esa manera incluso después de pasar tanto tiempo de la misma forma en la que había llegado. Pero parecía no importarle. Tan solo me contestó: 

--Que al menos yo espero algo de la vida

--Bueno, dudo que puedas ir más allá de tu plato. En todos estos años, ni siquiera te han salido ojos. 

--Y pensar que pareces más ser vivo que yo. - siseó con agresividad. --Yo deseo marcharme de aquí precisamente para no ser como tú. 

Ni siquiera sé cómo es que Mikoto percibía el mundo, pero tuve la sensación de que notó la confusión que me abordó en aquel momento. 

--Cuando Ren, nuestro "creador" nos comparó aquella vez, no pude sentirme más decepcionado, ¿sabes? A diferencia tuya, yo deseo algo en mi vida. Yo tengo ambiciones, sé lo que quiero ser y sé que lograré obtenerlo. Mientras yo he pensado en cómo construir mi vida a lo largo de todos estos años, tú tan solo te quedas sufriendo y lamentando toda tu "patética" existencia... Ah, bueno, tan lejos de ser más patética no está. ¿Acaso tan solo piensas quedarte aquí hasta pudrirte en tus propios pensamientos? ¡Despierta, Akkkorokamui! No sé qué es lo que te ha nublado tanto el juicio. 

--Mikoto... 

--Ah, ¿insistirás de nuevo en que no puedo ir más allá de mi plato? Adivina qué: no me importa. 

Él quería el mundo de afuera. Definitivamente lo quería. 

--El mundo no es ni para mí ni para ti. Somos otra cosa. 

--¿Qué? Dime qué. ¿Criaturas patéticas que no merecen el pensar más allá de lo que son? ¡Nunca vi un egocentrismo más allá del tuyo! ¿Debo convertirme en un patético exiliado que está tan aburrido de su soledad que todos mis pensamientos deben centrarse en cuestionar mi propia existencia cuando hay mucho más allá de mí?

Sus palabras eran afiladas, como si las hubiera estado puliendo de tal manera en todos esos años. 

Yo mismo empecé a inquietarme tanto que no tardé en reclamarle también: 

--¡¿Qué más puedes hacer?!

--Elegir no condenarme a una muerte en vida igual que tú. Somos muy diferentes. Y espero que lo entiendas algún día. No te odio, pero créeme que nada me haría más feliz que eso, que pienses más allá de ti mismo

No volvimos a dirigirnos palabra en mucho tiempo, tal vez meses. No quería darle la razón a alguien como él, pero... Con los días, me topé con la sorpresa de sentirme inquieto... Tal vez hasta frustrado... Tal vez hasta triste. De repente, él había dicho tantas cosas que yo... No era capaz de pensarlas de nuevo. No quería pensarlas. Pero, ¿qué me quedaba si no pensar? Mis ideas eran lo único que me había mantenido hasta ahora, mi único refugio, pero... A partir de ese momento, mi propia mente se inundó de la voz de Mikoto y todo lo que me había dicho. Era como si sus palabras se hubiesen transformado en veneno que no tenía la intención de dejarme tranquilo. Mikoto sí que era bueno con las palabras. 

¿Era egoísta de mi parte el querer saber la razón de mi existencia?

Nunca lo había visto de esa manera. Nunca lo pensé hasta que alguien más me lo señaló, ¿eso me hacía alguien influenciable? ¿Eso me hacía alguien débil y de creencias débiles, alguien que cedía con facilidad y bajaba la cabeza resignado a quienes le decían que no? ¿En qué me estaba convirtiendo? ¿En qué me había convertido mi soledad? 

En cierta forma... Tenía razón. Nunca me importó demasiado lo que había más allá de mí. Durante todos estos años que habían pasado, lo único que me importaba era desentrañar cada una de las posibles causas por las que estaba vivo, rechazando el pensamiento de otros al respecto, mirándolos de mala manera y despreciándolos por no pensar más allá... 

Por un momento, me abordó esa terrible sensación. De repente, medité sobre las personas que había conocido. Desde mi creador, ese niño... ¿Narumi? Sí, ese era su nombre... Narumi, el de los ojos celestiales, que me contaba todos los días sobre su trabajo en la comisaría, cuando me contaba los detalles de algún caso que lo hacían quedarse despierto hasta altas horas de la madrugada para luego caer dormido sobre los expedientes, murmurando ligeramente... Los conocí a ellos y, ahora mismo, seguían llevándome de una cocina a otra como había sido desde que llegué aquí. El lugar cambiaba y ellos ya no estaban solos. Su familia... Conocí a los hijos de ambos desde que eran bebés, desde la niña que me miró con la misma curiosidad que Narumi y lloraba cuando no la dejaban llevarme a la piscina hasta el niño que había intentado cortarme un pedazo para "analizarme". Ahora ellos también habían crecido. ¿Cuántos años tendrían? ¿Quince, tal vez? Vi el pastel de cumpleaños para la niña más pequeña de Ren en el refrigerador hacia unos días... Fui llevado a la mesa también ese día, integrado en la foto... En la foto familiar. Yo estaba en varias fotos, tanto de Narumi como de Ren.

Los sentimientos, desde la nostalgia hasta esa empatía que se encendió, comenzaron a abrumarme. Mikoto había dicho hace ya mucho tiempo que no era demasiado difícil planificar una vida propia y que debería aprender a esperar un poco de la vida, pero... ¿Qué esperanzas había? ¿Había siquiera esperanzas realmente? Toda la calidez que había sentido recordando esos... "Momentos familiares" comenzó a desvanecerse... ¿Y si se trataba más bien de lástima? De todas formas, esa carta que se me dedicó al poco tiempo de nacer...

Un millón de caras había visto. Un millón de caras y en todas puedo ver las mismas expresiones de todos en cuanto me conocieron, esas expresiones que pocas veces variaban del desagrado o confusión, pero que rápidamente se borraban. Entonces yo pasaba a "ser normal" para ellos. Claro, si ser normal significa que le seas indiferente a todo el mundo. No había familiaridad alguna en ello. 

De nuevo, me sentía tan ajeno del mundo. Volvía nuevamente dentro de mi caparazón contaminado por el veneno de las afiladas palabras de Mikoto, a mi caparazón en el que solo había lugar para mí y para mis ideas... Mi caparazón, yo mismo. No me importaba lo deprimente y frustrante que pareciera o se volviera... No necesitaba nada más. No era feliz, pero no conocía otra forma de vivir. Me era imposible pensar como Mikoto, me era imposible pensar de una forma en la que jamás había pensado. Es más, me aterraba. Tal vez me aterraba la posibilidad de enfrascarme en esos pensamientos de "una esperanza para mí" más que Mikoto... ¿Podría soportar la realidad que se cerniría sobre mí después? 

De un momento para otro, me hallaba más perdido de lo que jamás había estado. 

Unos días después, escuché una voz completamente desconocida para mí. No fue hasta que entró a la cocina que pude hacer memoria: la hija de un conocido tanto de Ren como de Mayu (su pareja). En realidad, a esa niña creo haberla visto alguna vez como una bebé... No estaba seguro. Creí que vendría por algo tan trivial como algún cubierto, plato o vaso y miraría de forma rara hacia donde Mikoto y yo estábamos, para luego regresar a la reunión que tenían sus padres en esta casa y hacer un comentario sobre nosotros que sería tomado como broma por los adultos. 

Me equivoqué.

Fue... Diferente esta vez. 

Para empezar, nos buscó desde el principio. Y no tardó en darse cuenta de dónde estábamos mientras se acercaba. Había visto esos comportamientos antes, con los hijos de Ren cuando eran pequeños. Aunque esas veces fue él quien los llevó de la mano a verme, pues los niños no entendían realmente qué era lo que su padre quería mostrarles con tanto entusiasmo y hasta un extraño cariño. 

Entonces ella se quedó un buen rato mirándonos. 

¿Por qué nos miraba? ¿Por qué no se movía? Me causaba... Conflicto. Casi quise gritarle que se fuera, ¿no veía que era de mala educación mirar así y ya? Todavía más rara: la chica extrajo una pequeña libreta y un lápiz de los bolsillos de su chaqueta y comenzó a anotar unas cosas, levantando la vista hacia nosotros de vez en cuando. 

Incluso si traté de cerrar los ojos para distraerme, podía sentir la mirada de ella sobre mí. Era una sensación similar a aquella vez en la que Mikoto me había dicho tanto... Me molestaba de sobremanera que alguien me mirara como intentando desentrañar todos mis secretos, como si quisiera ver a través de mí. 

--Qué curioso eres...- murmuró ella entonces. Su rostro mostró una sonrisa dulce al tiempo que extendía su libreta frente a mí: había hecho un dibujo mío. Había varias anotaciones al lado. ¿Qué era...?

--No sé qué tan acertadas sean mis teorías, ¿tú qué opinas? 

Fue de las primeras personas que no se conformaron solo con saber que yo existía. Claro, sin mencionar a Mitsukou, ese muchacho que seguía insistiendo en diseccionarme o extraer una muestra mía, cosa que su padre no le permitía... Gracias, Narumi. 

Por un momento, temí que esta chica se le ocurriera lo mismo, pues sus visitas comenzaron a ser cada vez más frecuentes. Una vez incluso se quedó a dormir en la casa. Pasaba más horas en la cocina, observando lo que hacía, que cualquier otra cosa. Apenas y se tomaba el tiempo para comer y, si lo hacía frente a mí, me ofrecía directamente extendiendo el cubierto hacia mí. 

--¿Quieres probar? 

Por supuesto que no podía responderle, pero mis reacciones no tardaban en mostrarse en la superficie grumosa que funcionaba como mi piel. Entonces ella me observó con más detenimiento. 

--¿Cómo es que comes...?

Acercó una de sus manos, pero se detuvo. 

--... No, sería descortés de mi parte simplemente agarrarte así. 

Volvió a su asiento sin apartar la mirada. 

--Entonces... ¿Cómo te doy de comer? ¿No tienes hambre? 

Miró a la ventana un momento, como si hubiera encontrado algo allí. Hizo ahora unas anotaciones más antes de dejar frente a mí lo que había en el cubierto. 

--Tampoco quiero obligarte a comer. 

Ese día, vino acompañada. 

--Tus ojos funcionan bien. Veo que reaccionan a estimulación externa como lo es la luz. Tienen un color bastante curioso... Disculpa, ¿es verdad que ya tiene tiempo así?

--Es correcto. - respondió la voz de Ren. 

--Es increíble que haya pasado tanto tiempo...- habló Narumi con una sonrisa. Todavía me costaba trabajo creer que ya no tartamudeaba como lo hacía cuando era más pequeño. 

--Increíble... Koro es increíble. Es realmente un honor para mí estudiarlo, si puede decirse así. 

¿Koro? ¿Así me había llamado? ¿Por un diminutivo. 

Pasaron varios días más y tal vez empecé a acostumbrarme a sus visitas, incluso a sus preguntas que nunca respondía. Desde las cosas que me gustaban, lo que no me gustaba, hasta lo que opinaba yo sobre las preguntas que ella hacía. Y ella me seguía mirando como si esperara una respuesta por mi parte que nunca llegaría, pero se quedaba satisfecha y prometía volver al día siguiente. 

--Creo que empiezo a entenderte, ¿sabes, Koro? 

¿Qué estaba diciendo? 

--A ver, Ren me dijo que serías un takoyaki, pero... Bueno, iré al grano: en sí, viniste de un pulpo. Los pulpos se caracterizan porque su cuerpo está acompañado de un complejo sistema nervioso que conecta a su cerebro central con un sistema de ganglios ubicados en cada uno de sus ocho brazos, por eso mismo se dice que tienen ocho "mini-cerebros", por así decirlo. Considerando lo mal cocinero que era Ren en ese entonces más los ya comprobados casos de especies marinas reaccionando mientras están siendo cocinadas por reanimación de sus terminaciones nerviosas... Sí me creo que estás vivo. Eso sí, qué mal cocinero era Ren.

... Lo era. Aunque al menos ahora era decente. 

--Ay, Koro, no me atrevería a llevarme una muestra tuya como Mitsukou quiere a ratos. A mí me dolería mucho hacerte algo así. Es más, todavía peor, ¿y si alguien más que no sea Mitsukou, mucho más despiadado, se entera de tu existencia? No lo soportaría. Imagina perder a una preciosa criatura tan única como lo eres tú

Fue entonces que la sensación vino de golpe. Un sentimiento que me extrañó... Quizás porque ella, en tan solo algunos días, había indagado todavía más sobre mí de lo que yo pude en años. Me causaba conflicto que alguien más supiera más sobre mí de lo que yo podía saber. Estaba confundido. Realmente confundido. 

Pero no tuve el tiempo suficiente para procesarlo, pues en ese momento el sashimi al lado mío había tenido una reacción después de tanto tiempo: se arrojó hacia ella. La chica reaccionó, levantándose de golpe y viendo el atún que había caído a sus pies. 

Se retiró un trozo que había alcanzado su mejilla, observándolo y luego al resto en el piso. 

--... ¿También debí estudiarlo...? 

Murmurando más cosas que ya no fui capaz de escuchar, comenzó a levantar trozo por trozo del sashimi hasta acomodarlo nuevamente en el plato.

--Koro, continuaremos nuestro estudio otro día. Tendrás que hablarme de tu compañero. - habló, refiriéndose al sashimi. Así se despidió ese día. 

--Qué linda mi futura novia

--...

--¿Qué? 

Me parecía impensable que, durante todo ese tiempo en el que se había negado a pronunciar palabra alguna, fuera lo primero que dijese. 

--Tiene la voz de un ángel. Cuidado, seguro sí te quiere disecar mañana

Ahora era yo quien no sabía cómo dirigirse a Mikoto. De repente, él volvía a hablar y yo ya no podía. ¿Qué estaba sucediendo? 

Seguí pensando en los estudios que había hecho esa chica a lo largo de los días que, al parecer, pausó y dejó a Narumi a cargo de ellos, dejándole también la libreta en la que había hecho sus observaciones. Narumi parecía encantado leyendo todo lo que la chica había teorizado allí. 

Ojalá pudiese verlo. Sé que, en cualquier otro momento, me hubiera negado a saber lo que otras personas pensasen así, pero... Por alguna razón, sentía que habría una respuesta para mí frente a mis ojos. Quiero decir, las cosas cobraron mínimo un poco de sentido en una de esas teorías que ella hizo... 

--El hijo de Narumi también es lindo. Ese que tiene un gemelo... Itsumi, ¿no?

--Mikoto, déjalo. 

--Me es inevitable no fijarme en rostros lindos

--Pero, ¿no ves que con lo que se supone que haya estudiado esa chica más lo que Narumi está haciendo ahora, por fin tendremos nuestra respuesta a quiénes somos?

--Ah, claro... Fascinante. Debe ser emocionante para ti haber descubierto quién eres... Tomó la ayuda de unas tantas personas, pero supongo que el resultado es lo que cuenta, ¿no?

--Cállate

Sin embargo, regresamos con Ren a los pocos días. No entendía por qué, ¿y si me perdía lo que sea que Narumi tenía que decir? No podría soportarlo. Mi cuerpo debía estar burbujeando a montones, porque la pequeña Satoko se preocupó tanto que intentó meterme en agua y, al ver que no resultó, se puso a llorar y le dijo a sus padres que yo estaba enfermo. 

Me mantuvieron "bajo cuidado". Al final, sí me regresaron a Narumi para que verificase que todo estuviera bien conmigo pero, por desgracia, fue Mitsukou quien me atendió. Al final, sí tomó una pequeña muestra de mi tentáculo. 

--Supongo que las respuestas no llegarán pronto. - dijo Mikoto. --¿Qué harás ahora?

--Esperaré.

--No puedes esperar para siempre

No quise admitirlo, pero tenía razón. Incluso si quise preguntarle algo, ese día también se quedó callado. 

Al día siguiente, el plato estaba vacío. 

Me asusté.

¿Qué habrá pasado? ¿Algún gato se habrá colado por la ventana? ¿Dónde estaba Mikoto? Temí los peores escenarios posibles. 

--Oh, así que sí me tenías un poco de aprecio entonces. 

Su voz. 

Miré hacia la cocina nuevamente. 

Contuve el aliento.

Frente a mí, había un muchacho que nunca había visto: su piel clara brillaba fresca, su cabello rubio claro tenía un mechón castaño y sus ojos eran una mezcla entre turquesa y celeste... Él mismo parecía una especie de belleza irreal. Sus labios ligeramente rosados formaban una sonrisa tras la que asomaba una dentadura perfectamente blanca, con los colmillos ligeramente más afilados que el resto de los dientes. No voy a negar que el muchacho era atractivo... Hasta que habló, claro. 

--¿Qué estás esperando?- preguntó Mikoto con una sonrisa. --Es tu turno, no voy a esperarte todo el día. 

Sentí su mano sobre mí. Comencé a temblar, sentía mis ojos como si fuesen a estallar... Entonces comencé a hincharme. Me hinché como un globo en una masa burbujeante que comenzó a subir hacia el brazo de Mikoto. Veía mi propio cuerpo hinchado y sentía que me partiría en dos en cualquier momento. Sentía mi cuerpo crujir al tiempo que comencé a emitir ruidos, cosa de la que nunca fui capaz. 

Me convertí en un capullo enorme, burbujeante y amorfo que se sostenía del brazo de Mikoto. Lo miré aterrorizado, pero Mikoto seguía sonriendo.

--El verdadero tú...

Cerré los ojos al tiempo que escuchaba mi propio cuerpo estallar. 

Me encontré sosteniendo una mano. Al abrir los ojos, dos manos se sostenían una de la otra. La mano clara de Mikoto y... ¿mi mano? 

Me aparté de Mikoto tan solo para comprobar que... Tenía un cuerpo. Un cuerpo humano. 

Pasé mis nuevas manos por mi nuevo rostro, mi nuevo cabello... Contemplé un buen rato mi nuevo cuerpo. ¿Realmente era esto real? Mi piel era ligeramente apiñonada, de extremidades largas y delgadas, el cabello en un corte irregular en una mezcla extraña de castaño y mis ojos verdes... No podía creerlo. 

--¿Qué es...? - me sorprendí de escuchar mi propia voz. 

--Tu oportunidad de elegir tu vida. - me dijo Mikoto. --Vamos, no quiero pasar más tiempo en esta cocina cuando hay un mundo de posibilidades afuera, ¿no crees?

¿Una oportunidad? 

Pasé toda mi vida, poco más de veinte años, en un cuerpo amorfo e incapaz de comunicarse. Me sentía como un error que ni siquiera debería existir por el simple hecho de no entender mi propia existencia. Sin embargo, Mikoto siempre vio más allá. Ahora mismo, en un nuevo cuerpo... Mi mente se iluminó de posibilidades. 

Sonreí. 

La existencia de uno sí que podía ser absurda, pero, ¿Qué importa? Haría lo que quisiera con la mía. 

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