CAPITULO FINAL, PRIMERA PARTE


PAOLA

El catre donde estoy sentada dentro de la tienda de campaña, se siente cómodo por más que es uno simple.

Funcional.

Portátil.

Color de la arena su metal como la cobija tendida que lo cubre.

Todo es África acá.

Lo que me rodea.

Y hasta yo misma, porque lo hice terrenal y muy propio a este continente.

Suspiro, mirando a través de la ventana abierta totalmente para que mis ojos se llenen de su exterior, como y agudizando mis oídos lo que ahora también amo y quiero que cope mi sistema.

Y diferencio del resto al oír sus vocecitas correteando por el pueblo.

Los hermanitos Yuu, como decidí decirles.

Mis niños.

Todo, repito, es "expuesta al sol" como su significado la denomina a África o como otra tribu también me dijo, que sus dioses le denominaron la tierra "sin frío".

Y eso es.

África es calidez que me fue enamorando cada año que pasé aquí.

Calor a hogar.

Repito, todo y como yo misma, nuevamente.

Menos y por más que tiene de la misma, pero de diferente manera.

La carta que sostengo entre mis manos y llegó con el correo aéreo y por octava vez la releo a solas por acercarse la fecha.

Pero ahora, dando un último vistazo a su final y descansar mis manos con ella sobre mi regazo.

Ya decidida, con ahora mi vista en otra que reposa sobre la cama, pero escrita con puño y letra mía, ya en su sobre cerrado y lista para ser enviada.

Mi respuesta.

Y con ella y mi mano yendo a mi cabeza.

Liberar otra cosa, antes de salir afuera.

Y con ello o mejor dicho, sin ello una vez fuera y cerca del aljibe de agua, encontrar al Capitán luchando contra el calor de mi continente y descubrir el dibujo que hice, que Gkfsrist se lo había obsequiado.

BORGES

Lo poco pero a su vez, mucho llegué a comprender propiamente de África, es algo aislado de su historia, pero vigente en mí, siendo testigo directo o por leyendas.

Entre sus paisajes únicos, fauna, conflictos externos o no y su misma gente.

Mucho en el espíritu natural.

Sí.

Porque tal, es un enorme umbral de historia universal, donde con cada pisada o mirada, ves rastros del pasado vivo africano.

Espíritus, deidades o esencias que ellos relatan y fuimos muchas veces partícipes de escucharlas, cual con tanta vehemencia las relatan sus tribus sean de origen histórico, miedo o las más lindas en composición en hilo romántico, acompañadas de danzas y cual con su baile, imposible no llegar a creer por más agnóstico o similar tus pensamientos.

Porque y sobre sus palabras o baile relatando, pero en realidad con esa magia hablando a la madre tierra, siendo cada movimiento una frase.

Comenzás en algún momento a creer en esa fuente con un componente mágico.

Y esos famosos Ewé.

Deidades.

Al fin aceptas.

Mi caso.

Ante la aparición de Perla sin su cofia religiosa.

Pero, una deidad humana y lejos de ser una leyenda.

Mujer completa, natural, hermosa y lejos, pero todavía con las huellas de esa niña que aprendí a querer y con cada verano a amar.

Más bien.

Mi leyenda propia para mi uso particular y solo mía.

Mi cuento.

Nuestra historia única.

Porque lo es.

Aunque me resisto, maldita sea y por eso sacudo mi cabeza para que, solo la misión acose como embargue mi cabeza.

PAOLA

Verme sin mi velo de novicia, sé que lo descolocó.

No necesito mucha inteligencia para darme cuenta.

Como también.

Que con ello, si hubo de su parte un vestigio de aliento a lo que sea que necesitaba como señal y él, se afirme en una decisión.

Mueca.

No le llegó a su cerebro.

O mejor dicho, a su corazón.

Pero a mí, sí.

Y notando el gran movimiento que se está desplegando y aumentó con la partida de Camilo y el sexi Cabul, por la movida de soldados y uno nos interrumpe para proseguir con el plan a continuar y Borges responde con varias directivas.

Ambos en voz baja sin poder llegar a oír.

Ultra secreto y clasificado, supongo.

Yo también prosigo con la mía propia, una vez que nos vuelven a dejar solos y lo veo con ademán de retirarse y sumarse a su escuadrón.

- Cada paso que he dado, fue para acercarme a usted... - Mis palabras como el trato de respeto, lo detienen. - ...aunque siempre me sobró como jamás me faltó, las fuerzas y mi deseo con sus posibilidades de encontrarlo, solo dependía del destino... - Logro que a medio girar, su siempre espalda que más de una vez  me regaló, lo haga sus ojos y me alimenta a ser más valiente. - ...destino que yo creí que era un poder más allá de la naturaleza y aunque es inevitable cuando se cree en él y que te conduce renegado o no a ese fin que te pertenece. - Me tomo dos segundos para seguir y me encuentro con ello sonriendo, pero triste. 

Y con ello, retrocedo en vez de acercarme a él, llamando su atención.

Como despidiéndome.

Lo miro.

- Me di cuenta que el destino, no es un poder sobrenatural... - Conclusión. - ...es sobrehumano y con todo lo que somos... - Me señalo tanto yo, como a él. - ...y ese poder acá, se llama...? - No le pongo título.

El nombre que quiero escuchar y solo el hombre que tengo a pasos de distancia callado y silencioso escuchándome, tiene el don mágico para decirlo y darme la respuesta que necesito.

Para sacarse.

Su turno.

Como yo lo hice momentos antes dentro de la tienda de lo que me ataba.

Veo que demora.

Veo que su pecho se comprime por retener algo que siendo lucha o no, no suelta.

Y veo también, como sus labios se entreabren para responder a lo que yo ansiosa solo quiero escuchar.

Una sola palabra.

Un solo nombre y que me lo negó.

Pero lejos está de decirlo, ya que sus ojos me lo dicen antes que sus labios.

- Capitán Borges... - Larga lo pronosticado.

Sonrío triste.

No, Juan.

Y me limito a asentir como respetar su decisión, retrocediendo más pasos para alejarme de a poco y con mis manos que nunca abandonaron el interior del gran bolsillo de mi delantal, sosteniendo la carta con mi respuesta.

- Capitán... - Digo repitiendo a modo despedida ante el momento y mucho, aunque duela como perra en voz alta para mí, por si me quedaba alguna duda.

BORGES

Y un Lockheed Martin en picada, siento que cae sin previo aviso hasta donde estoy, como tampoco me movería.

Me lo merezco y más destruido, sería utópico.

Siendo, ahora Perla la que hace la gran Borges, porque el Juan dentro mío, sería incapaz.

Darme la espalda mientras se va.

Y perdiéndose entre mis hombres que cruzan, para luego más allá del dispensario médico, veo como su silueta desaparece entre arena, mucho calor y brisa, donde parte del cuerpo de la ONG están con su labor cerca de unos helicópteros.

Y la batea de agua vacía, es mi catarsis siendo lanzada contra el piso, seguido de mis botas pisando fuerte este, para ponerme en marcha y que mi cabeza solo se ubique en lo que el Teniente Elías al acercarse otra vez, me dice unas últimas pautas.

Ya que, es hora de ir hacia el palacio y cuidar esa zona con mi pelotón para cumplir nuestra parte de la misión ante un posible atentado de León ahí.

Y por tal, en la última hora me dedico a lo que mejor me sale.

Organizar esta parte de mi vida como una maldita máquina, solo con engranajes y tracción a sangre, pero sin la misma para que te indique que estás vivo.

Todo es mecánico.

Mis directivas a mis hombres preparando dos Jeeps.

Armamento y dirección.

Alistarme con mis cosas.

Y hasta la hora de partir, cosa que al notarlo, la doctora llega a mí, corriendo.

No tengo cabeza y prácticamente no escucho sus palabras.

Solo y al notar mi marcha con mi compañía, que quiere ir con nosotros.

Y con su insistencia.

Carajo.

Solo lo que podría sacarme de mi eje y por ende, inclinarse al de ella.

Perla también, diciendo que se acopla.

Pero, ya no más lo que todo ella irradiaba y siempre por mí.

Procurar hasta de niña permanecer a mi lado, inclusive ahora desde que nos volvimos a encontrar.

Tampoco, por su amiga.

Es por ella misma.

Solo ella y todo lo que esto significa para Perla.

Por amor a su África y amor a ella misma.

Y aunque lo disimulo aceptando, como si hubiera tragado todo el Sahara mi garganta se seca y mi pecho siento poroso.

¿Acaso y viendo esto, no tendría que estar contento?

¿No es lo que quería?

Y ni siquiera una voz interna jodidamente me responde.

Estático, mientras la doctora corre por insumos médicos para llevar ante algún eventualidad, como idiota miro a una Perla independiente y lejos de querer mi sombra como siempre, despidiendo a los hermanitos huérfanos, pero con la promesa de su pronta vuelta.

Y muy sorprendido.

Por dejar a cargo de los niños a Fernanda.

- ¿Le hablas a la gallina? - Se me escapa y noto que la sorprende verme y puñal para mi corazón, por sus cara de asombro, ya que todo Perla creía que estaba en unos de los Jeeps.

Y verificando nuevamente, que cumplí con mi cometido.

Que se olvide de mí.

No se inmuta y como si nada, sigue acariciando a la gallina como niños.

- Por supuesto, ella me entiende... - Piensa. - ...nos entiende... - Se corrige.

- ¿Un animal? - Sigo sin comprender y pateando a mis pelotas mentalmente, porque ahora soy yo, el que ruego seguir un poco más a su lado.

- Un ser vivo, Capitán. - Me aclaro y dice como le pedí que me llame, sacudiendo sus manos a su vestido con por demás arena y tierra. - ¿Quiere saber, cómo? - Prosigue y todo parece que entre nosotros hubo un avance como acercamiento.

Pero negativo.

Su mirada me lo dice.

Lejos de ser la perlita que conocí, yo tengo a cuatro pasos a lo que se convirtió Perla y yo me niego a ello.

Una mujer adulta que sin decirlo.

Me mandó a la mierda.

Y por eso, la trato como tal, encogiéndome de hombros y lejos.

Ambos.

 De esa forma casual como alegre de nuestros recuerdos y lo que fuimos.

Y escucho aunque lejos de hacerlo la verdad, la explicación que me da lo que compartimos con la gente de los pueblos como cualquier animal y cual sin cultura o idioma, comprendemos un todo.

Porque condenadamente, estoy concentrado en lo que sigo percibiendo y mientras su linda boca no deja de gesticular sus palabras, que repito. no oígo.

Ella, ya no quiere saber nada.

Perla se dio por vencida, respetando lo que ahora me duele como la mierda y solo quería.

Solo, algo me hace salir de mi nebulosa.

Una palabra.

En realidad, un nombre.

Creo que es un nombre.

Dirigirse hacia mí, como Codancio.

- ¿Codancio? - Repito. - ¿Usted cree, que me llamo así? - ¿Qué, pasó acá?

Y estúpidamente, me dan ganas de reír por semejante nombre elegido y por solo un leve momento.

Pequeño que me colma.

Ya no hay tierra, ni poblado como misión.

Tampoco mi uniforme militar puesto ni Perla su vestido de enfermera con una gallina de mascota que se cree perro.

Entre nosotros y hasta rodeándonos, solo hay arena de una playa.

Un mar que con sus olas algo picadas, golpea la misma con su ir y venir.

Nuestros veranos de cada año y nosotros en su orilla.

Ella con su palita, piecitos descalzos, pelo corto y solo adornado un lado con una hebilla infantil.

Yo a su lado, adulto y con el ir y venir de la pelota de voley entre mis manos, charlando con ella.

Riendo.

Para luego el muelle con otro año pasando.

Yo uno más cumpliendo, tanto en edad como promesa arriba de este buscándola.

Y Perla con cada uno sumando y siempre ella viniendo hacia mí, creciendo y de ropa cándida y aniñada con cada verano, más de mujer.

- ¿No lo es? - Su voz, me saca de mi cachetazo de ensoñación.  - ¿Entonces, Casimiro? - Arremete y ahora Perla es la que volteando me insinúa retirada.

Respiro.

- No, tampoco. - Otra patada a mis pelotas por seguirla.

¿Para qué?

¿ Para que no se vaya?

Mierda.

Voltea.

- Es que nunca me lo dijo Capitán, son supuestos... - Y va, otro puñal.

Pero mi duda es otra.

- ¿Y por qué, con C?

Y señala con su índice al cielo, uno ya casi nocturno.

- Cristo. - Solo me dice.

- ¿Jesús? - Miro hacia arriba.

- No... - Suelta una risita como toda respuesta y despidiéndose de los niños como la gallina nuevamente.

Y de mí.

 - ...olvídelo... - Con otra final y lejos de ser alegre como siempre, eligiendo subir al segundo Jeep ya a nuestra espera, junto a su amiga, mientras yo tomo el primero liderando la caravana.

Y me acomodo dentro, totalmente para mi gusto, negado y lo que rara vez, sé tener.

Mal humor.

Demasiado.

Y por eso del piso del coche, busco mi bolsa con cosas acomodando mejor el arma que cargo, seguido a sacarme por un rato mi jodido casco, que siento molesta como el infierno mismo por mi cerebro en ebullición.

Aire.

Necesita, jodidamente aire y que nada se lo reprima.

Y hurgo su interior lo que busco con necesidad como mi linterna de mano, ya que la noche se abarrota en el cielo y sobre el camino que diestro un compañero maneja por su irregularidad, esquivando vegetación como cuestas arenosas.

Con ayuda de un pie en el salpicadero, uso mi rodilla para apoyar el diario de Perla.

Manto de tranquilidad y que ahora no me sobra, cada página que miro y volteo por más que es superficial.

- Mierda... - Se me escapa sin mi permiso y muy bajo, provocando que el cabo al volante me mire.

Pero niego y con gesto a que siga atento al manejo, lo hace mientras guardo el diario, pero yo, mirando de mi lado, el espejo lateral de mi puerta para observar el Jeep atrás nuestro y que la lleva a ella.

Exhalo aire...

PAOLA

No tengo idea si pasó pocas o muchas horas en la travesía hasta el palacio Ur o algo así.

Sincera y con tanto movimiento sinuoso, me dormí.

El suave toque en mi hombro por Rocío y al abrir mis ojos viendo, tanto nuestro Jeep como el resto sin movimiento, me acusó que ya habíamos llegado.

Y créanme, que al descender tuve la seria posibilidad de que se me salieran de órbita, estrangulando mi enorme pero a medio bostezo que solté, al ver lo que tenía frente a mí.

Difícil de expresar como describir, pero juro que ni cuentos del Medio Oriente, cercano o parecido y que tuvimos el placer de leer alguna vez, podía hacer justicia a lo que todos éramos testigos.

Y mi boca desencajada hasta sentir que dolía por abrirla demasiado, lo avalaba.

Por el palacio en cuestión, cuando al abrirnos sus enormes puertas medievales como históricas en belleza y cultura, tengo en frente el gigante condominio que por su construcción como diseño parece magia y robado del más bonito cuento de estas latitudes.

Majestuosa y colosal, rica en decoración y hasta brillo por más eclipse que anuncia el calendario con sus adornos en lienzos marroquí, luces cálidas con tonos oros y protectoras columnas que velan este palacio de ensueño.

Una mujer en exquisita túnica y turbante abriendo sus puertas, nos recibe con una reverencia y con ella, media docena de servidumbre.

Cual al presentarnos, toda ella es con mucha cordialidad y familiaridad.

Sus ademanes como el abrazo repentino que le da a Rocío lo dice, para luego a mí, mientras veo por el rabillo del ojos cuando nos invita dentro, como el Capitán se despide para tomar posiciones afuera con sus hombres, pero haciendo algo que no entiendo antes.

Entregarme un radio en mis propias manos.

- Gracias, Capitán Codomiro... - Le digo, antes de seguir a la mujer.

No quería bromear.

Su rostro que lo delataba bajando de su Jeep, lo decía.

Y sinceramente, lejos anímicamente también yo y mi tono haciéndolo, lo hizo.

Ya que, no hubo pregunta de su parte, más que tras escuchar, girar sobre sus talones para ir con sus hombros y una vez dentro, Rocío curiosa consultarme si era su nombre y negué.

Solo digamos que fue.

No te entristezcas Paola.

Algo a modo de un último recuerdo.

De despedida.

Sí, solo eso...

- Mi nombre es Lautheliel. - La señora se presenta, mientras nos hacemos camino, sin dejar de admirar el interior del hermoso palacio. - Pero... - Se detiene. - ...me dicen Lála. - Sonríe y con una mano en alto, nos invita a entrar a lo que es la cocina para tomar asiento alrededor de una gran mesa como sus sillas en color ébano y en tapiz mora, mientras acto seguido, parte de la servidumbre nos sirve limonada fresca y dulce con mucha variedad de platos en frutas de estación cortadas sobre bandejas de plata.

Y no lo rechazamos.

Menos yo, que milagrosamente por tantas horas de no comer, no gruñe pero mis entrañas se retuercen de amor a lo comestible, cuando pruebo varios trozos.

- ¿Eres la madre de Cabul, no es cierto? - Rocío comiendo a mi par y agradeciendo como yo, que Lála nos da también y en taza, un poco de té de flores.

Afirma, deslizando ellas a nosotras y eso hacemos, mientras toma asiento.

- No me pasó desapercibido el abrazo prolongado que le diste a mi mejor amiga... - Le digo, dando otro sorbo a su taza. - ¿Conocías a su padre, el Teniente Mirko? - 

- Taqribaan alhaya...(De casi una vida). - Murmura, bebiendo ella también de una taza. - ...mi padre sirvió al rey, el de'amira Fadila y yo a ella por descendencia de rango y ser mejores amigas con el tiempo... - Nos dice. - ...casándome a muy temprana edad también y siendo madre a poca edad...pero enviudé a los meses de nacido abnay althamin kabul...(mi precioso hijo Cabul).

- Lo siento... - Al unísono decimos las dos.

- Aunque no hubo amor por ambos por regirnos a casamiento consensuado por nuestras familias. - Suspira. - Buen hombre y lo lloré, encontrando consuelo a lo que mis latidos sí, golpeaban fuerte...

Y oh mi Dios.

Miro rápido a mi amiga al escuchar eso.

- ¿Mi padre? - Y casi, que tire la delicada taza por temblar sus manos de la emoción, me confirma que no escuché mal.

Pero, seguido al asentimiento de Lála a lo que Rocío le pregunta con cierto dejo de tristeza y a su vez por una bella felicidad de recuerdos pasado, nos dice que sí.

Un sí, enorme lleno de mucho amor.

Romance.

Mucho de este, tanto en historia como emociones con años escribiéndolos, nos relata esta mujer, cual atentas como absortas con Rocío escuchamos.

No solo descubriendo por mi amiga y cosa que ella creía, que siempre estuvo sola, cuando en realidad nunca fue así.

Igualmente y con cada día pasando y fuimos testigos.

Que su padre, fue hombre o más bien padre también, de muchas familias de corazón por el amor que creció y tuvo con esta mujer que nos relata todo y el brillo de sus ojos negros al nombrarlo, nos afirma que aún, sigue amando a ese hombre.

Y con eso y al mismo tiempo, padre no solo de mi amiga, lo fue de Camilo y hasta del sexi Cabul, cual resulta que ella es la madre.

Y con todo eso y como si fuera el combo más lindo del mundo.

Que locamente todos.

Absolutamente, todos y por ese maravilloso hombre que no tuve el privilegio de conocer.

Él los unió como lo que siempre profetizó y escuché.

La cofradía de una gran familia, lo que mi mejor amiga añoraba y sin saberlo, lo tenía.

- Sabía de ti, porque me relataba de su pequeña hija del otro lado del continente, su Roro... - En nuestro idioma y con ese dejo de su acento que toda su cultura es, prosigue. - ...me amaba y amaba a Cabul como hijo propio sobre en esa vida militante y Qurash de corazón a la par del rey y mejor amigo...pero, yo me opuse...

- ¿Por qué, Lála? - Sin embargo, Rocío pregunta.

Siendo suficiente para que Lála dejando esa exquisita taza labrada y decorada con té de flores a medio tomar, la eleve para señalar la puerta de la cocina y que abierta, alguien entre las penumbras asoma tímidamente con su medio cuerpito vestido con ropa de cama ycon uno de sus pulgares muerda tímido sus labios y la otra y contra su pecho, abrazando un peluche que por sus largas extremidades, los pies del juguete se arrastran en el piso.

Un niño de unos cinco años, que y pese a no poder ver completo su rostro por la desprolijidad y desorden de su pelo negro cubriéndolo y con su pose muy tímida, no deja de mirarnos.

- Lilhabi alhayil ladaya balnsbt lk...(Por el inmenso amor que les venero). - Nos murmura llena de amor. - ...al Sayidd y al Shaiyj de nuestro pueblo... - Se pone de pie para ir a él, que se acerca a ella al ver que lo abre los brazos con cariño. - ...nuestros príncipes Constantine... - Nos presenta al niñito. - ...y a su hermano, el heredero Caldeo... - Finaliza.

- ¿Caldeo? - Repite el niñito con cariño con su vocecita infantil y apretando más contra él, el peluche mientras Lála hace a un lado un mechón que cubre parte de su carita, dejando ver sus hermosos ojos.

Y con eso, un ruido.

Giro por el sonido siendo a porcelana rota contra el piso y ver, que es la taza de Rocío al soltarla sus manos de golpe.

Pánico y llanto se agolpa en mi amiga y corro a ella, cuando noto que se derrumba contra el piso.

- ¿Rocío, estás bien? - Preocupada a su lado, le pregunto.

Tomando su cabeza y parte de su pelo asiente, sin dejar de llorar.

Descubriendo que no era pánico.

Más bien conmovida como feliz, sin dejar de mirar al pequeño Constantine.

Para luego, sonreír entre muchas lágrimas y acercándose a él como Lála, mientras ella le hace señas que se retiren a la servidumbre, que ante los ruidos rotos se asomaron.

Decirle a al pequeño.

En realidad a ambos.

- Tu hermano Caldeo... - Sus palabras, salen con mucha emoción. - ...está muy bien... - Logra decirle y responder a lo que el pequeño Constantine nombró y preguntó por su hermano.

Y como bien dije antes, que si este palacio con su diseño era mágico.

Su historia detrás, también.

Ya que y tranquila tras varias respiraciones, Rocío nos relató con esa magia de la vida que sin duda manejó en un principio su padre, para luego su heredero.

Cabul.

Rocío, no solo conoció al hermanito de este niño.

Sabía donde estaba en el tiempo presente, ya que su pasantía tras recibirse y por consejo de su padre mismo en esa época, ella lo hizo los primeros meses en el Hospital Oncológico que el niño escapando de su padre y con ayuda de Lála, lo atendieron ante los primeros síntomas de su enfermedad.

Siendo festejo y más llanto, ahora por las tres.

Felicidad...

BORGES

La corriente fresca de la noche, es bálsamo para el calor que fue el día.

Sobre mi lugar y posición veo el del resto, mientras nuestros rumor propio se mezcla con la que rodea este palacio, tanto de su gente como naturaleza propia.

Mi vista se alza al cielo oscuro y eclipsado, sobre un gesto de acomodarme contra mis cosas y al lado de un compañero que encendiendo un cigarrillo que se arma, de un bolsillo lateral de su uniforme saca un libro de bolsillo algo raído de su uso como tiempo, para hojearlo.

No se lo niego.

Yo montado horas antes en el Jeep, también lo hice.

Demás decir que por la vocación que optamos sin tener destino fijo, nos aferramos a lo poco que tenemos y consideramos propio.

Nuestro y que pertenecemos de algún lado o alguien.

Y eso a veces es un pedazo de papel, sea fotos, diarios, cartas o en el caso de mi compañero, un libro.

- Shakespeare... - Pese a la oscuridad, logro leer sobre su lomo y mi soldado sonríe.

- Me lo regaló mi novia, cuando nos vimos la última vez. - Me dice. - ¿Leyó algo de él, señor? - Me pregunta.

Y a su lado, afirmo.

- Un par... - Le digo, alcanzando a leer el título. - ...esta, tiene grandes frases... - Digo, recordando mi favorita.

Y se encoje de hombros, sonriendo más.

- La verdad, nunca llegué ni a la mitad... - Ríe, rascando su mejilla. - ...aunque en las cartas le dije que sí, la realidad es que me aburre. - Me hace sonreír. - ...pero, como ahora que la extraño, me afianzo a él, porque es sentirla cerca y que su presencia no me abandona, Capitán. - Me dice y palmeo su hombro con cariño.

- Así es, soldado... - Le doy la razón al mismo tiempo.

Tal, que nos es interrumpido por sombras acercándose y nos acomodamos.

Pero bajamos armas al notar quien es.

La mujer que nos recibió en compañía de Perla y trayendo con ellas un potage de sopa en termos para nosotros.

PAOLA

Sirvo con ayuda de Lála en pequeños vasos que también cargamos la sopa, cosa y a medida que ofrecemos, los soldados nos agradecen a medida que avanzamos, para ser últimos el Capitán junto a otro, metros más adelante.

Él niega en un principio, recordándome de noches atrás a hacerlo.

Sin embargo Lála lo obliga, diciendo que es bueno para contrarrestar lo que aparenta ser una larga noche de vigilia, terminando de aceptar y en silencio, solo observando como vierto el caldo caliente en el vaso que sostiene.

Seguido de eso, a continuar con la última vuelta de servicio al último par de soldados, cual y teniendo yo el termo todavía con potage, Lála regresa por agua mientras yo sigo camino.

La última porción en mi último recorrido, me lo agradecen y con ello, me vuelvo despacio l palacio.

Pero sin dejar de mirar con mayor apreciación todo lo que es el mismo, en detalle como cada porción de su inmenso jardín.

Y hasta deteniendo mis pasos en un momento, al descubrir y cerrando levemente mis ojos para mayor disfrute.

El sonido lejano.

Guau.

Y corro hacia esa dirección.

Percibiendo las costas del océano y no tengo idea cual es.

Pero que golpea con su ir y venir, contra las rocas del acantilado que descubro al llegar.

- Maravilloso... - Me susurro y pese a la poca  luz nocturna, cual no solo se ve poco por semejante eclipse.

Ya que y también por este.

Guau de vuelta.

Al apoyar mis manos sobre los bordes de una especie de muro que con su longitud, amuralla y rodea desde la altura que estamos y puedo ver el paisaje oceánico que me regala, teñido ligeramente todo de un rojizo estos dos elementos que se unen, gracias al exótico eclipse.

Agua y tierra.

Y no me resisto.

Otra vez cerrando mis ojos y dejando encima de este los termos para estirar mis brazos sobre mí.

Absorbo con todos mis pulmones toda esta naturaleza que puedo vivir como sentir y poder captar también algo mis pulmones, de esa salinidad que el océano regala.

Porque extraño y amo su aroma, recordándome mi niñez.

Mis veranos.

Volteo ya abriendo mis ojos, pero aún con mis manos por arriba, para retomar el regreso al palacio.

Que al verlo como costal caen sobre mis lados por sorpresa.

BORGES

- Lo siento. - Suelto, cuando nota mi presencia. - No quise asustarla...

Lo que menos deseaba.

Yo solo quería verificar que estaba bien, ya que la mujer del turbante regresó con agua para que bebamos y al no encontrarla entre nosotros y yo, pensando que Perla había vuelto con ella, sudor frío recorrió por mi espalda.

Para encontrarla recorriendo este jodido y enorme jardín, disfrutando por la altura que nos encontramos, de lo que la hermosa vista regala.

Y a ciencia cierta no la culpo, aunque me enfurecí de miedo, ya que no estaba nadie por vacaciones acá y mi pánico me comenzó a consumir por si algo le había pasado lejos de mi radar.

Porque minuto antes que voltee y me vea como idiota observándola en silencio y potente acosador.

También a mí, me llegó lo que ella se deleitaba.

Sonido a océano y recuerdo.

- No lo hizo, Capitán... - Responde demasiado tranquila para mi gusto.

¿Por qué, eso?

Ni idea, cuando y ante ello, debería estarlo yo también.

Pasa por mi lado natural al tomar los termos y la sigo paso atrás.

- La escolto hasta la entrada...

Niega.

- No hace falta... 

- ...lo hace. - La interrumpo seco y algo fatigado. - ¿No recuerda el motivo del por qué, estamos acá?

Y noto de esto último en ella.

Pero no, por los días agotadores que tuvimos como se vivió.

Al detenerse para mirarme, es por mí.

- Usted está aquí, para cumplir la misión que se le encomendó, Capitán... - Me dice cansada.

¿O triste?

- ...y yo, estoy aquí... - Continúa. - ...por mí, misma... 

PAOLA

Mi pelo y todavía sin acostumbrarme a llevarlo suelto y solo, sobrevuela encima mío por la brisa y lo acomodo como puedo, mientras le digo mis motivos.

Pero con mi última frase, mis labios tiemblan para proseguir y por eso, inhalo una fuerte bocanada de aire que me exijo.

- ...y como última cosa, acompañando a mi mejor amiga...

- ...antes de qué? - Interrumpe y formulando aunque es una pregunta, lo que no mencioné.

Me permito sonreír, pese a la poca luz, noche y situación.

- Hacer mi vida... - Murmuro, volviendo a retomar la caminata.

Y siento que está por decir algo.

Pero un bullicio fuera de lo normal lo interrumpe.

Seguido a movimiento de su compañía, corriendo por alrededores.

Y exclamaciones que me calan hasta los huesos y haciendo que me olvide hasta del Capitán, ya que corro a esa dirección y pese a sus gritos que no lo haga.

Porque puedo y sin dejar de mirar los techos.

Oír lo que son de mi amiga.

Y en mi carrera apuro por eso, procurando por más noche encontrarla desde abajo, cuando en un cierto punto desde arriba y robándome a mí, otro grito de pánico.

Puedo divisar a parte de mi amiga intentando ponerse de pie y sujetando con fuerza su garganta, mientras.

Dios querido.

Alguien a distancia de ella, lucha encarnizadamente contra otro.

Uno lleva cubierto su rostro con su traje claro y el otro no, cual con una maniobra en sus ataques, puedo ver que es ese tal León.

Deduciendo entonces, que el rival es Camilo.

- ¡No! - Exclamo, cuando noto como sin piedad, procura matarlo y que Rocío está herida.

He intento correr dentro del palacio para ir a ellos.

Pero algo me retiene y me lleva contra él, impidiéndome y reniego contra sus brazos, luchando por escapar.

- ¡Suéltame! - Grito, procuro zafarme.

- ¡No! ¡Es peligroso! - El Capitán me lo niega, aferrándome más contra él y contra una vegetación ocultándome para protegerme. 

- ¡No! ¡Hay que ir! - Lloro, explotando en lágrimas y más al ver.

Mi amiga, no...

Cuando y sobre la lucha entre Camilo y León, trastabillando este y perdiendo totalmente el control de su cuerpo por la pelea exigida como equilibrio contra el alfeizar de la azotea y a punto de caer desde esa gran altura.

Mi Dios querido.

Es Rocío misma y con la poca fuerza gracias a su herida, ella segundo después.

Es con casi medio cuerpo al vacío logrando alcanzar su mano y luchando contra la gravedad como peso.

Quien sostiene con todas sus fuerzas y con la seria posibilidad de caer también, por salvar de una muerte anunciada la vida León.

- ¡Rocío! - Quiero correr a ella y lucho a pulmón.

Reniego.

Lucho, llevándonos a ambos contra el piso.

- ¡Carajo! ¡Dije que no, Perla, maldita sea! - Suelta, batallando contra mi forcejeo que se detiene de a poco.

No solo por notar que Camilo como Cabul la socorren.

Mermo mis movimientos, lentamente.

También.

Por como me dice.

Y dejando de moverme, lo obligo con esa lentitud a que me suelte.

Para ponerme de pie y mirándolo por última vez.

Marcharme sin voz.

Ni corazón...

BORGES

La mano libre que con mi brazo cubre mis ojos tirado en mi catre, vuela contra el zumbido de una mosca que jodidamente molesta lo que procuro hacer desde hace poco más de una semana.

Dormir, malditamente.

Y bufo, porque la jodida oscuridad por estar todo cerrado  como el repelente que encendí hicieron efecto.

Lo contrario.

Creo que hasta lo engordó.

Y la luz llega a mí.

Pero no por algo de paz que no tengo.

Sino.

Por la entrada de la tienda siendo abierta de golpe por alguien.

- Huele a dinosaurio acá... - Dice, asomando su cabeza y aunque no me molesto a apartar mi brazo de mis ojos, puedo adivinar que también mira todo el interior.

Ni contesto.

Ya dentro, percibo que acomoda o al menos lo intenta lo que reconozco es un basural de ropa tirada, envoltorios de dulces entre otras cosas.

Su risa no se hace esperar sobre un ruido de papel metalizado.

- ¿No me jodas? - Deslizo mi brazo para ver como Camilo ríe, flameando el envoltorio de pie al lado mío. - ¿chocolate de licor?

Lo llevo tras mi cabeza, despejando mi vista.

- Sabes que no bebo alcohol... - Reniego. - ...pero lo necesitaba... - Miro el papel que sigue entre sus dedos. - ...y fue lo más parecido que se me ocurrió...

Y es suficiente para suelte una gran carcajada por eso.

Lo sé.

Patético con mi edad.

Riendo me pide lugar y se lo hago para que tome asiento en mi cama.

- ¿No estás de licencia? - Le digo por verlo en la base.

Golpea mi hombro con su puño.

- Igual que tú. - Eso es verdad.

El de Camilo uno, no muy claro por su futuro, cual quiere pensar y decidir merecidamente, volviendo a recuperar su vida.

Y yo obligado por Elías, después de varios que no acepté y tras lo que fue el último.

Detención y entregado al parlamento monárquico del pueblo Ur a León Kosamé.

Vestido de civil y de un bolsillo de la casaca que viste, saca un sobre que me lo extiende.

Me incorporo para tomarlo y al leerlo sin protocolo o mierda que haya, lo abrazo.

- ¡Felicidades! - Le digo por lo que dice y me devuelve con la misma efusividad el mismo.

Ya que, es la invitación con fecha y hora de su casamiento con Rocío.

Días que no nos veíamos por su permiso sin caducación autorizada por el Teniente, cual solo regresó a la base para firmar la misma, juntar algo de sus cosas en su bolsa y yo mismo llevarlo al poblado días después.

Cual al llegar, descubrir que Perla día antes se había marchado del mismo y renunciando a la ONG con Rocío como a su noviciado.

Pero mientras ella eligió vivir en él junto a Camilo y ser la doctora oficial ante ya la marcha del grupo sanitario a otra misión médica.

Perla enamorándose como testigo que fui del pueblo Ur esa noche.

Se mudó con su familia allí, gracias a la ayuda de Lála, la mujer del turbante como Cabul su hijo.

Sí.

Familia.

Porque logró la adopción de los hermanitos huérfanos como llevando con ella hasta a Fernanda y por lo que supe, vive en una bonita casa que compró vendiendo la que heredó de su abuela, ejerciendo su vocación de enfermera en el Hospital de la ciudad.

- Estás a tiempo, Juan... - Camilo me dice calzándose mejor su morral sobre un hombro, una vez fuera para despedirlo.

Pateo una piedra con mi bota.

- Sabes lo que sufrí con lo de mi madre...

- ...por haber sido el hijo de una monja? - Me corta de mi mierda de siempre, ante eso y que sabe.

Sí.

Lo fui.

Y mi madre al nacer, no teniendo siquiera la mayoría de edad, porque fui fruto de abuso que tuvo, cual como Perla cumpliendo en una misión al norte del país.

Sufrió el atropello de un degenerado, volviendo una noche de ayuda en un refugio y consecuencia para ese tiempo, devastadores meses después.

Cual, no fue mi nacimiento porque me amó desde el minuto uno que supo de mi gestación al enterarse y con ello por amor a mí, renunciando a lo que también amaba.

El noviciado.

Sino.

Lo colateral que acarreó eso, viniendo mi madre de un pueblo cerrado como igual familia.

El confinamiento.

Causando su señalamiento por la sociedad beata sin apiadarse de las razones que lo fomentó.

Como misma sangre.

Sus padres.

Mis abuelos, cuales nunca conocí, ya que y por más hija única de ellos, por vergüenza a los ojos ajenos la desterraron a los meses de nacer.

Tiempo que mi madre a pulmón y muy joven, se ocupó como pudo en trabajos de medio tiempo para solventarnos y cumpliendo mis pocos años y ya con unos pobres ahorros, una mañana tomando un tren nos alejamos de su pueblo que la vio nacer, pero nos dio la espalda para radicarnos lejos de todo.

Creciendo con ella y jurándome como jurándole con cada año transcurriendo, que siempre la iba a proteger y procurar sanar su corazón por ese pasado.

Mismo mío roto, cuando el de ella y por una patología, dejó de latir.

- Y lo hiciste, viejo... - La voz de Camilo se superpone a mis recuerdos, ahora él, palmeando cariñosamente mi espalda. - ...la defendiste y lo menos importante. - Me dice. - Sabes lo que te amaba y lo orgullosa que estaba de ti, Juan. - Reflexiona. - Viendo en el hombre frente a todos los pronósticos que le dijeron al querer tenerte pese a las condiciones... - Me sonríe. - ...en todo un hombre de corazón y para la gente... - Golpea mi pechera con rango, para que focalice.

Que soy soldado y vivo para ayudar como proteger a cualquier ciudadano.

Inclusive, si lo amerita.

El condenado pueblo de mi madre y nací, por más triste pasado sin redención de ellos.

- Tu chica... - Como si nada, sigue y lo miro por como la titula. - ...otra digna como tu madre...

- ¿Qué? - Largo.

Ríe sin dejar de caminar y yo a su lado.

- Sí. - Me afirma. - Una digna como tu vieja...mira por amor, cuantas cosas ha hecho...

Lo detengo interponiéndome, al llegar casi hasta el Sikorsky S-70 que aguarda por él en la pista.

- ¿A qué, te refieres? - Murmuro sin mucho comprender y me gano su mirada de inteligencia, tras lanzar su morral con pertenencias dentro del helicóptero.

Seguido a rascar su nariz como juntando sus ideas, para luego mirarme con obviedad.

- No hay que ir muy lejos para captar en lo que se convirtió hace poco, abandonando también su vocación para convertirse en madre soltera de no, uno... - Me señala con un dedo en alto. - ...sino, de cinco hermosos niños sin padres, ahora con una madre luchadora por ellos cada jodido día con amor... - Me levanta otro dedo. - ...y por lo que me relató mi futura esposa y a su vez ella, que te amó de niña cuando se conocieron y por más adulto tú y hasta tal punto, sea una mierda vudú, destino o la misma Pachamama, siguió a ese primer amor hasta encontrarlo y cual el muy puto la negó a Paola... - Y con ello, un golpe de su puño me sorprende en la quijada, causando que caiga al piso por tomarme de sorpresa y con la guardia baja.

Lo miro, aún tirado contra el suelo y limpiando un hilo de sangre que brota de mi labio partido.

Su mano que me atacó y por doler al pegarme con ganas, la sacude en el aire para aliviar sus nudillos, pero no se priva de seguir señalándome como hablando acusador.

- Y esto fue por no contarme pendejo eso, siendo mejores amigos... - Me dice con enfado. - ...y para que despiertes, cabrón y veas la realidad... - Me regala una sonrisa. - ...a Cabul le funcionó para que lo haga... - Divertido y montándose al helicóptero, cual sus hélices comienzan a rotar.

Y me desplomo contra el piso por más arena y de la mucha que se levanta por le movimiento de motor, haciendo que trague y tosa violentamente tapando algo mis ojos.

- ¡Nos vemos en mi boda, amigo! - No lo veo.

No puedo por el torbellino de tierra que se eleva.

Pero mi pulgar en alto aún tirado contra el piso, se lo confirma.

Y su risa se mezcla con la mía, ya que lo estoy haciendo mientras lo veo elevarse, para luego perderse al tomar altura.

Mucho.

Y aunque es de felicidad, nervios y hasta pánico, notando la realidad gracias al derechazo de Camilo.

También lágrimas, se escurren y se deslizan a los lados de mis ojos con su nombre en mis labios.

Paola...

La niñita de la playa.

La chiquilla luego, que me esperó al año siguiente.

La jovencita que se me declaró al otro verano.

La adolescente que besé al siguiente, en la catedral y jurándome que me iba a encontrar.

Para después.

Ya mujer que al cumplirlo, el único imbécil yo negarlo, por miedo a que sufra como pensé que lo hizo mi madre y no quería que lo padeciera por mi culpa.

Cuando la realidad, es que jamás ninguna lo hizo por quererme a su lado.

Siempre, fui yo.

Solo yo...

PAOLA

- ¿Nuestras ubicaciones? - Le digo a Rocío pasando entre fila y fila de asientos, ya muchas ocupadas por gente ante el comienzo de la carrera.

Entre las dos y pidiendo paso como disculpas en el proceso llegamos a los nuestros para tomar asiento, siendo para mi gran y extasiada sorpresa a solo tres hileras de una vista panorámica de la pista casi completa.

Con mueca pero muy feliz, la miro a mi lado.

- Se supone que es tu despedida de soltera... - Le digo. - ...no se supone que en vez de esto que me agrada a mí, tendría que haber alquilado junto a Lála... - Pienso unos segundos. - ...como mínimo dos saludables Urcenses en paños menores, para que te contoneen tomando ricos tragos frutales con alcohol?

Ríe con ganas por mis dichos mientras toma de la pajilla su vaso de gaseosa, negando divertida.

- No es lo que necesito. - Rodea mi brazo con los suyos. - Solo quería una noche con mi mejor amiga a modo despedida de soltera y descubriendo la fecha de esta carrera, nada mejor para hacer algo inusual y fuera de lo común... - Murmura en el momento que los corredores toman su lugar en la pista y por unos autoparlantes de lo alto de sus postes, una voz va diciendo los nombres de cada uno y su escudería.

La noche es más cálida que siempre, prometiendo un gran clima y sumándose a la concurrida audiencia, el ambiente es alegre y festivo.

Cual, aumenta mientras disfrutamos de cada carrera que avanza, festejando a su ganador como alentando a los que no, con su categoría pasando.

Y suspiro nostálgica largamente por extrañar mi vieja motoneta, cual nunca demandé su regreso de la base.

- Quisiera montarme en una... - Murmuro en voz alta mi deseo, ganándome la mirada cuiriosa de mi amiga.

Señala con sus papas que devora hacia la pista.

- ¿Ahí, entre ellos para correr?

Afirmo sin duda ni miedo.

- Ahora soy madre y sé, que es peligroso. - Respondo. - Pero amo lo que tiene dos ruedas y aunque mi hermosa moto destartalada no estaría en condiciones... - La miro divertida. - ...me gustaría en una de categoría menor. - Me encojo de hombros, mirando el final de otra carrera de 250 cc aplaudiendo a su vencedor.

Y Rocío también lo hace sonriéndome feliz.

Supongo, por sentir que todo esto me gusta.

Amo hasta el punto de olvidar beber de mi gaseosa y comer, cosa que cuando quiero hacerlo en una pausa de las carreras y tanteo estas a mi lado de la grada, ya no están.

- Lo siento... - Rocío me dice, ante el último ruido de vacío por haber bebido de toda mi gaseosa aparte el de ella y comer mi porción de papas. - ...pero me dio hambre y después sed...

Me pongo de pie.

- Tranquila, voy por más... - Y sus ojos se iluminan.

- ¿En vez de papas, podrías traerme hot dogs? Vi un puesto del otro lado...

- !Claro! - También se me antoja uno.

- ¡Con Kétchup! - Logro escuchar que me pide desde la multitud. - ¡Mucha! - Lo último me hace reír mientras voy por ello.









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