XXXII


Pasados los altibajos, la primavera, la felicidad, y las alergias habían llegado para quedarse, obligando a sacar ropas más ligeras, eso sí, con el gozo de tiempo libre el fin de semana.

Durante los principios de abril Kiannah había empleado casi cada descanso para ir a su viejo hogar a recibir visitas de viejos amigos de sus padres. Se veía que el buen tiempo provocaba a la gente salir de casa.

La mejor de las noticias llegó en barco, trayendo de vuelta a Dante Sverberi.

Gracias a la madre de este, la joven supo que por fin su buen amigo regresaba de sus estudios en Roma.

El trío administrativo descansaba con una taza de té al final de su jornada.

-¿Cómo llevas las visitas familiares? -preguntó el persa.

-Un poco cansadas pero ayer recibí una fantástica noticia.

-¿Si? ¿De que se trata?

-El viernes llega un barco desde Europa, un navío que me trae de regreso a alguien que no veía en prácticamente tres años.

-Suenas emocionada.

-Estoy deseando ver al pequeño Dante, es apenas un año menor que yo, pero tengos mis derechos a llamarle así.

-Os conocéis hace tiempo, ¿no?

-Fuimos vecinos una temporada, su madre solía pedirme que pasara tiempo con él, pues era muy tímido para hablar con el resto de chicos.

-La timidez puede ser complicada.

-Claro, el problema es que él tiene de tímido lo que yo de delicada. Osea más bien poco. El asunto difiere increíblemente, el punto central de la cuestión consistia en que el resto de chavales le hacian el vacío por ser "el niño con el fuerte acento italiano" o "el crio sin padre".

-Los niños no saben lo medida del mal que pueden causar con sus palabras.

-Difiero totalmente querido Nadir, los niños son muy crueles, y saben que hacen daño y lo siguen haciendo.

-Estoy de acuerdo con ella -añadió Erik.

-Gracias. En resumen, nos hicimos muy amigos, viendonos a menudo hasta que su abuelo Giovanni decidió tomar cargo de su educación en Roma, donde ha estado hasta ahora.

-Entonces es natural que tengas el día libre cuando venga, ¿no?

-Si, iba a mencionarlo antes pero me he puesto con la cuentas y se me ha olvidado por completo.

-¿Cenareis fuera?

-Puede, su madre me dijo que venía acompañado, y que ambos tenían muchas ganas de acudir a Fantasma, así que me he ofrecido a pasar la tarde con ellos aquí.

-Perfecta idea, así podremos conocer a tu amigo.

-Dante es un pedazo de cielo, tan bueno que a veces me dan ganas de pegarle y decirle que aprenda a decir no. Estará encantado de conoceros.

-El viernes a la tarde.

-Sobre las cinco en la entrada, si queréis recibirles conmigo.

Erik no soltaba palabra desde la mención del nombre Giovanni y la ciudad de Roma, que habían provocado agridulces recuerdos pasearse por su mente.

Tampoco deseaba ver al sujeto ese, pero fue convencido poco después por Nadir, que deseaba saber qué tipo de hombre era aquel a quien Kianah llamaba con tanto cariño. Se podría decir que su instinto paterno despertaba junto con los viejos hábitos de daroga.

El reencuentro tan anticipado por ambos amigos llegaba a las cinco y diez minutos, impuntual pero bien recibida.

Dos jóvenes entraban en el parque de atracciones con ojos abiertos como platos, repletos de ilusión infantil ante las maravillas que podían disfrutar en el interior.

Al reconocer a uno Kiannah había saludado desde lejo indicando su posición, hacia donde el joven avanzaba veloz con una gran sonrisa plasmada.

Ella avanzó unos pasos siendo sorprendida por un entusiasta abrazo que le elevaba por los aires, girando en círculos.

-Dante Sverberi, se que quieres demostrar que has crecido pero menearme como a un peluche no te va a ayudar.

-Siempre tan seria, con lo feliz que estoy de verte.

-Y yo, y yo. Pero estaría más feliz con los pies en el suelo.

Con un queja a modo de gruñido soltó a la joven.

-¿Mejor?

-Sin duda, ahora puedo ver esa radiante sonrisa que tienes.

-Eres tu la causa.

-Oh, ya empezamos con las zalamerías.

-Como buen italiano soy fluido en el lenguaje de los cumplidos.

-Roma se te ha subido a la cabeza, quizás por eso has crecido tanto.

-¿Que se siente al ser ahora tu la pequeña?

-Poca cosa, podrías llegar a los dos metros y yo te seguiría viendo como mi querido pequeño Dante.

-No sabes lo que echaba de menos oir eso.

-Dejate de anhelos, y deja que te presente a mis amigos y compañeros de trabajo.

-Con gusto.

-Mr. Khann, encargado de la seguridad, y Mr. Destler dueño de Fantasma.

-Dante Sverberi, un placer conocerlos caballeros, este parque parece una maravilla.

-Un placer, esperamos que su tiempo aquí le sea placentero.

-Este es Alessio del Buono, mi compañero de estudios durante estos años.

Los cuatro hombre se saludaron con exquisita cortesía, la escena se podría pintar como dos chiquillos jóvenes haciendo un saludo oficial a dos figuras paternas.

-Alessio y yo te traemos un regalo, principessa.

-Oh, chicos no era necesario tomarse tanta molestia.

-Me he perdido demasiados cumpleaños como no traerte ahora una pieza artesana de categoría.

Alessio le tendía un estuche de terciopelo azul marino. Al abrirlo las manos de la joven temblaron ligeramente, y su expresión de sorpresa era perfecta. En el interior descansaban un par de pendientes increíbles, delicado trabajo artesanal.

-Se te ha ido la cabeza, pequeño Dante, demasiado.

-Nada es demasiado para la mujer que me ha cuidado como madre y hermana, que me ha protegido de la crueldad del resto, que me ha enseñado a quererme a mi mismo. Mereces el cielo por dar siempre lo mejor de ti.

-Si me dices esas cosas como quieres que no cuide de ti, si es que eres un cacho de pan. Gracias por el regalo, a los dos.

-Se que no te gustan las cosas materiales, y que prefieres una carta con sentimientos a un objeto, pero cuando Alessio y yo pasamos por aquel taller, no pude evitar pensar lo bien que te quedarían con esa cara tan bella que tienes.

-Ya con que hayas pensado en mí es un bonito gesto, eres un buen amigo.

Se dieron un abrazo, invitando al otro joven a unirse.

Los dos caballeros observaban la escena con sentimientos opuestos. Nadir estaba tranquilo viendo que aquellos chicos tenían buenas intenciones. Erik por su parte empezaba a sentir envidia por todo su cuerpo, no celos, que era lo que esperaba sentir.

-Ahora dejémonos de sentimentalismos, y vayamos a disfrutar de esta maravilla de lugar, era noria me está llamando. ¿Qué tal llevas lo de las alturas Ale?

-No muy bien.

-No te preocupes, yo tampoco, si ves que algo se escapa a tus capacidades, me quedo en tierra contigo.

-Muchas gracias señorita.

-Nada de señorita, si eres amigo de Dante, eres amigo mio. Llamame Kiannah sin miedo.

-¿Ves? Te lo dije, con ella puedes ser tú mismo, Kiannah no cierra puertas a nadie que no se lo merezca .

-Antes de irnos, esperad un segundo a que deje el regalo en la oficina.

-Claro. Sin prisa.

Se acercó por fin a sus compañeros de trabajo, sonriente y desahogada.

-Voy a dejar esto en la oficina, lo lamento si os he dejado desatendidos, Sverberi tiene demasiada energía en el cuerpo.

-No te preocupes, es lo normal en los jóvenes.

-Espero que sepais que estais invitados a uniros a nosotros en cualquier momento, sois más que bienvenidos.

Ambos negaron ante la oferta por diferentes motivos. El persa se excusó primero, dejando a la pareja sola en una conversación a través de miradas.

-Deja que lleve el estuche a la oficina por ti. Lo dejaré en el primer cajón.

-¿Si? No quisiera causarte ninguna molestia.

-No es molestia, ve con tus amigos y aprovecha la tarde.

-Gracias Erik, siempre se puede contar contigo.

-Lo que sea por verte sonreir así.

-Tú me sacas sonrisas mejores que esta, no lo dudes.

Tomando su mano brevemente, apretandola con cariño le entregó el estuche y se despidió.

Tras una tarde de imparables risas, recuerdos revividos, y nuevas historias contadas, los amigos estaban al tanto de que pasaba en la vida de cada uno.

No cenaron juntos pero no dieron final al reencuentro hasta que el cierre se echó sobre ellos.

Kiannah sentía como le dolian los musculos de las incontables carcajadas. Le molestaban los pies después de las sucesivas horas dándoles caña. Sin embargo estaba en el estado de paz perfecto, incluso se le había contagiado la energía entusiasta de los chichos.

La noche comenzaba a refrescar cuando entró en la oficina, haciendo la parada para recoger el regalo. Al entrar escuchó el piano tocar una melodía de espíritu juvenil.

No se molestó en llamar a la puerta pues esta yacía abierta, sin pronunciar palabra despejó una silla de los libros que cargaba, y se sentó a escuchar.

Situada en el frente de su campo de visión fue sencillo para Erik verla aún sumido en su música. Terminó la pieza con finos acordes, indicando que el silencio podía romperse.

-Me gusta, suena diferente, es como si tuviera un matiz inocente.

-El día me ha inspirado. Espero que hayas tenido una jornada placentera.

-Sin lugar a dudas, Dante es como una enfermedad contagiosa, su energía se te pega quieras o no.

-Se os ve cercanos.

-El mismo lo ha dicho, en ocasiones es como si fuera un hermano menor, en otras me toca actuar como madre. Le tengo mucho cariño, he visto su evolución de oruga a mariposa. Hace años se quería tan poco a sí mismo... pero es pasado, ya no hay quien le pare.

-Es un joven con buenas facciones, y la caballerosidad italiana parece ser muy atractiva. Debe de ser el favorito de las mujeres.

-Es inofensivo para las mujeres.

Kiannah reía mientras Erik le daba una mirada de duda.

-Dante no es un hombre de mujeres.

-Igual tiene un prototipo que no ha encontrado aún.

-Si, pelo castaño ojos marrones, estatura media, que le guste bromear.. Oh, y que sea varón, por supuesto.

-Varon.

-Le gustan los hombres, es homosexual.

-¿Lo sabe el señorito de Buono?

-Me parece que para que dos personas se consideren pareja, tiene que haber mutuo acuerdo.

-¿Pareja?

-No te sorprenda tanto, hay cientos de personas, sino miles, en este mundo que se sienten atraídas por su mismo género. No es nada malo, o raro.

-He viajado alrededor del mundo lo suficiente para haber visto cosas de todo tipo. No me impresiona.

-¿Sabes lo mejor? Se ha traído a Alessio para que le conociera y le diera mi aprobación. Cree que este podría ser su amor verdadero.

-¿Tu lo crees?

-Esta vez sí. Siempre me preocupa que se intenten aprovechar de él, es tan bueno con la gente que no se da cuenta de los chicos que solo quieren jugar. Una vez les da lo que quieren se largan. Pero Alessio, en lo poco que le he conocido, no me da esa impresión en absoluto.

-Con suerte le saldrá bien, el amor es una fuerza poderosa.

-Ojala, solo me apena que nunca vayan a poder hacer su relación pública, pues esta sociedad no entiende y no acepta que el amor es amor, sea entre quienes sea.

-No lo tendran facil.

-Al menos la familia Sverberi no le ha puesto trabas, su madre lo terminó por aceptar cuando vio que su hijo sufría intentando ser quien no era. Y su abuelo por lo que tengo entendido es como el nieto, un buen hombre. Estoy segura de que si Renzo, su padre, estuviera vivo, tampoco se opondría

-Es afortunado, familia y amigos que le aceptan y cuidan. Algunos matarían por tener la tercia parte de eso.

El tono de Erik había ido entristeciendo por momentos, sintiendo resquicios de envidia.

Ella notó lo primero y decidió que un poco de aire les vendría bien.

-¿Damos un paseo?

-Con gusto.

Tomados del brazo salieron al encuentro de la brisa nocturna, haciendo sus pieles erizar, respirando profundamente para cargar sus pulmones de la frescura en el ambiente.

Hablaron de cosas sin mucha importancia hasta llegar al muelle, donde bajo la luz de la luna, la joven resplandecía en aquel delicado vestido blanco que hacía gran justicia a cada trazado de su cuerpo.

-Pareces un rayo de luna, vestida en blanco billas más que el propio astro. Breathtaking.

-Curioso, ¿he mencionado alguna vez el significado de mi nombre?

-Nunca. Estaría encantado de saberlo, se escapa a la vasta extensión de mi conocimiento.

-Kiannah. Diosa de la Luna.

-Maravilloso, te va como anillo al dedo.

-Muchas veces he llegado a pensar que al ponerme este nombre mis padres me ligaron a un destino que ni ellos mismos conocían. La luna y yo tenemos mucho en común.

-Estoy de acuerdo.

-Remota, tan cerca pero tan lejos. Fría, destinada a brillar unas horas con diferentes intensidades y cantidades de oscuridad. Todo el mundo expresa sus deseos, dolores, amor... a la Luna, pero nadie parece escuchar la melodía que esta posee. Tan sola, incomprendida, sin que nadie conozca lo que hay de verdad en ella. Con marcas de por vida, defectos...

-Porque la Luna está ahí cada noche para animar al soñador, guiar con su luz para los perdidos, como consuelo para las almas desoladas. Rodeada de oscuridad, misteriosa, siempre ahí para quienes los necesitan. A pocos le importan las marcas, lo defectos, porque la Luna no excluye a nadie que vaya en su busca de su ayuda. Da cariño, amor, amparo, esperanza, todo lo que tiene y más, sin buscar recompensa. Muchos se enamoran de ella, pero no están preparados, o no son dignos de su amor. Sin embargo no tiene nada que temer, pues no está sola, la oscuridad le acompaña hasta el fin.

-Luz y oscuridad se necesitan mutuamente para existir.

-Kianah, diosa de la Luna, no te olvides jamás de que me tienes a tu lado, si me permites el honor de ser la oscuridad que te guarda.

-Solo si tu me permites ser el rayo de luz que necesites en momentos difíciles. Solo si me dejas ayudarte a ver que hay más bueno en ti de lo que crees.

-Entonces la vida me ha hecho tan miserable para merecer tu afecto. Dudo hallar en mí nada bueno.

-Nunca es tarde para empezar a quererse a uno mismo, Erik.

-¿incluso para alguien como yo?

-Tengo confianza en ello.

-¿Cómo puedes estar tan segura?

La joven no perdía seriedad en el rostro, necesitaba reunir el valor en sí misma para dar una respuesta. Decidida a arriesgarse, tomó su mano y la besó.

-Porque se con certeza que un día podré besar tu mejilla y no solo tu mano.

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