XXV
La travesía transcurrió tal cual estaba establecida. Se marcharon a las ocho en punto con apenas tres maletas en total, dos de las cuales pertenecían al caballero.
No se les hizo pesado pero si largo, ya que apenas conversaron durante el camino.
Llegaron al apartamento, nada más entrar la joven se quedó impresionada con aquel lugar. La disposición era parcialmente abierta con pilares y medias paredes para separar la zona de cocina del salón-comedor. Disponían de un amplio baño y dos habitaciones localizadas una a cada lado del piso. Pero, sin lugar a dudas, la parte favorita de ambos era el ventanal con fantásticas vistas de la ciudad. Como aun quedaban un par de horas de luz, apenas se necesitaban velas para iluminar la estancia gracias a la fuente natural que llegaba a través de aquella ventana.
La señorita se instaló en el cuarto de la derecha, que constaba con todo lo necesario para hacer la estancia agradable.
Ella tomó un breve descanso tras poner sus pertenencias en orden mientras que Erik salió a comprar indispensables por si en algún momento deseaban cocinar, aunque el plan consistiera en salir y aprovechar cada hora allí.
Al volver depositó todas las compras en la cocina menos una de las botellas de whisky. Que llevó a la mesa del salón junto con dos vasos.
Kiannah levantó una ceja para luego soltar una ligera risa ante la idea.
-Un brindis.
-¿A que brindamos?
-Al comienzo de nuestro viaje.
-Salud.
Chocaron los recipientes y tomaron un largo trago del contenido, dejando que despertará sus sentidos al caer por sus gargantas.
-¿Preparada para esta noche?
-¿Cual es el plan?
-Salir a dar un paseo por el centro, abrir el apetito para cenar en el garito del que le hablé. ¿Le parece bien?
-Suena encantador.
-Perfecto, ¿salimos en una hora?
-Sin problema, me da tiempo de sobra a asearme y cambiar de vestido.
Así fue, en menos del tiempo establecido estaba preparada para partir, esperando a que él terminase también.
Miraba por la ventana con la mente perdida cuando Mr.Destler tosió para llamar su atención, cuando lo hizo no pudo contener un "wow" de salir de sus labios. Él sonrió con cierto triunfo ante la reacción.
-¿Lo ve? Ya le dije yo que el traje de rayas le sentaría como un guante.
-Tenía razón, ¿qué le parece?
-Iraida usted atractivo esta noche. Más de lo normal.
Erik le echó una mirada que podría derretir a cualquiera, cargada de confianza. Se veia bien, y lo importante de verdad, se sentía bien.
-¿Vamos?
Él le ofreció el brazo, ella aceptó contenta y emprendieron marcha.
Durante lo que pudo haber sido unas dos horas de paseo decidieron que era ya el momento idóneo de dirigirse al local.
El sitio no había cambiado ni un pelin desde la última vez que el caballero estuvo.
Nada más entrar el mesero saludó con una profunda reverencia a Mr.Destler y les dirigió a una mesa con buenas vistas al pequeño escenario pero cómodamente recogida en un punto sin demasiada luz. Les dejo con la carta de vinos y el menú.
A los pocos minutos apareció el camarero seguido del que resultó ser el dueño y chef del establecimiento. Este tuvo un alegre y vigoroso apretón de manos con Erik, al que parecía tener en alta estima.
-Es un placer verle por aquí viejo amigo.
-El placer es mío, este es uno de mis rincones favoritos en la ciudad.
-Me honra tanto con sus palabras, ya sabe que le estoy en deuda. Sin su ayuda en los pasados años este sitio ya no seguiría a flote.
-No podemos permitir que la gente pierda este garito, lo bueno debe disfrutarse, ¿no es así?
-Cuanta razón. Espero que tanto usted como la señorita disfruten de la velda. Su comida corre a cargo de la casa.
-Oh, no es necesario buen amigo.
-Insisto, y no podrá cambiar mi decisión. Ahora, ¡menos charla y más comer! Seguro que el show de esta noche es de su agrado.
El empleado tomó sus órdenes y con efectiva rapidez fueron servidos.
-El dueño le adora.
-Nos conocemos hace tiempo.
-Se nota, ¿cómo le ayudó con el negocio?
-Una pequeña inversión de dinero, unas negociaciones, además le recomende un buen violinista. Nada fuera de sencillo.
-¿Que clase de negociaciones? Por el tono que ha empleado, se puede tratar de una historia interesante.
-A veces se me olvida que es usted tan buena en los negocios como yo.
-No, usted es bueno en multitud de aspectos en la dirección y organización. Yo soy un as de las finanzas.
Ambos rieron a la pequeña "broma" de la señorita. Ella solía ser más bien humilde, pero ese falso altísimo era en ocasiones parte de su humor.
-Digamos que ayudé a rebajar la competencia en la zona, persuadiendo a unos cuantos peces gordos para mover sus restaurantes. A cambio Martino, el dueño, hace buena publicidad de Fantasma. Y me transmite cierta información de importancia a la que solo tiene acceso un confiado dueño de un garito donde se realizan muchas transacciones.
-Entonces hizo usted una inversión inteligente.
Disfrutaron del resto de la cena sumidos en una animada e interesante conversación sobre algunas vivencias que Erik había tenido en este núcleo urbano.
Mientras el mesero recogia los platos, les preguntó si deseaban beber algún tipo de cóctel o licor.
-Jack Daniels, con un par de hielos, por favor.
-Grandiosa decisión señorita, ¿y para el caballero?
-Lo mismo que la damisela.
-En seguida se lo traigo.
-Perfecto, por cierto, ¿qué actuación han dispuesto para esta velada?
-Una banda con lo más nuevo, han sido un triunfo desde la primera aparición.
-¿Que interpretan?
-Ragtime, es la sensación del momento, Mr.Destler.
Tras recibir sus copas no tuvieron que esperar ni dos minutos hasta que la música comenzó a llenar la sala con interesante ritmo.
Kiannah nunca había oído nada igual, pero estaba segura tras un par de canciones de que quería escuchar más.
Las horas corrieron y los vaso se iban acumulando en la mesa.
El dúo se lo pasaba en grande, moviéndose con la melodía, charlando relajadamente, todo entre sonrisas que costaba que desaparecieran sus rostros. Algo un tanto increíble.
-Erik.
-¿Si?
-Me gustaría pedirle algo que llevo pensando un tiempo.
-Adelante, ¿de que se trata?
-Quisiera que dejásemos las formalidades a un lado, como amigos no veo la necesidad de seguir tratandonos de usted.
-Sin problema, formalidades fuera.
-Te lo agradezco, lo sentía como una especie de barrera fría.
-Quizás lo fuera, pero ya no más.
Otro avance que, podría parecer pequeño, se sumaba al poder que iba albergando su relación. Además, como si se hubieran quitado un peso de encima, se mostraban felices y realizados.
Cuando el momento de cerrar se acercó, Martino salió de la cocina y se unió a ellos para una última bebida.
Al poco de lo que resultó una conversación alegre y cálida, la pregunta incómoda e inevitable llegó.
-Esta es la primera vez que viene acompañado, Mr.Destler.
-Estaba reservando este lugar para venir con la mejor de las compañías.
-Sin duda tiene usted suerte de compartir mesa con una elegante y bella dama.
-E increiblemente inteligente. Ella es la mente detrás de la faceta económica de Fantasma.
-Oh, eso es bueno, muy bueno. Nada mejor que una mujer para encargarse del dinero. Yo estaría pobre de no ser por mi esposa. Ella sabe cómo tomar las decisiones e inversiones inteligentes. Yo solo sé de cocina.
-Es una persona encantadora, ¿cómo lleva lo de su sobrina?
-La situación ha mejorado ligeramente, pero sigue sin volver a casa.
-Ya sabe, el amor lo puede volver a uno loco. La obsesión como el odio, están tan solo a un paso de ello.
-Ya lo hemos visto, primero rehuía del chiquillo, sin embargo a los pocos meses nos dice que está enamorada hasta los huesos de él, y se escapa de casa para vivir la vida romántica de sus sueños.
-Nunca se debe subestimar el amor de una chica joven, sobrevive incluso al paso de los años.
-Solo nos queda rezar porque no haga ninguna otra locura. Mi mujer no pega ojo pensando en lo que podría ocurrir.
-Dele unas palabras de ánimo de mi parte, ya que únicamente el tiempo dirá lo que pueda pasar.
-Lo haré con gusto. Hablando del corazón y sus quehaceres, ¿hace cuanto estan saliendo ustedes?
-¿Saliendo? Me temo que no Martino, la señorita y yo somos amigos.
-Oh, vaya, perdona amigo, y mis disculpas, señorita. Le he visto tan al unísono el uno con el otro, que me ha recordado a la era en la que le propuse matrimonio al amor de mi vida.
-Encajamos bastante bien, pero hace relativamente poco que nos conocemos -añadio Kiannah- Aun así, quien sabe como habrán cambiado las cosas en el futuro, uno no puede decir "nunca". Es cerrarse a lo que podrían ser grandes experiencias.
-Dispone de fantástica sabiduría para ser tan joven, señorita.
Siguieron hablando otro poco hasta que decidieron regresar al apartamento. Al que llegaron bien pegaditos, tanto que no cayeron en cuenta hasta que tuvieron que entrar por la puerta del piso.
-No me lo pasaba tan bien hace meses.
-Hace años para mi.
-¿Si? Entonces deberíamos de salir más, me encanta verte alegre y en relax.
-No tengo queja a esa propuesta, expecto que socializar no suele ser uno de mis placeres. Me agota.
-Solo tienes que socializar conmigo, el resto de la gente no importa. Eso es lo que mi mejor amiga me dice siempre. Ya sabes que yo tampoco soy animal sociable.
-No es mal consejo. Lo iremos viendo.
Ella rio contentandose con no haber recibido un rotundo no por respuesta.
-Es hora de dormir, ¿no crees?
-¿Me estás mandando a la cama?
-Definitivamente, es tarde, debes de estar cansada.
-Creo que tú más que yo.
-Es lo que tiene la edad querida.
-Ahora que lo mencionas, nunca me has dicho tu edad.
-¿Importa?
-No, es mera curiosidad.
-No llevo la cuenta, si digo la verdad. Desconozco mi fecha de nacimiento.
-Odio los cumpleaños, así que no le veo mucho contra a no saberlo.
-A mediados de marzo, ¿no?
-¿Mi cumpleaños?
-Si.
-El once, pero no te molestes en recordarlo, no lo celebro desde los catorce.
-Ya compartiras tus motivos para despreciar la fecha de tu nacimiento.
-En algún momento. Sinceramente, solo me sirve para saber mi edad. Y no hay nada de mágico en tener veintiún años.
-Ni en estar en los cuarenta. Que es donde calculo que estoy yo.
-No lo parece. Igual eres como el vino, que mejora con los años.
-Lo iremos comprobando. Ahora menos cumplidos y a dormir, mañana nos espera la ópera.
-A sus ordenes capitan.
-Buenas noches, Kiannah.
-Dulces sueños, Erik.
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