XLI


Kiannah tenía claro después de unos años trabajando en el parque que en ningún otro lugar habrá tal aceptación por la gente tal cual como era. Vivían en una pequeña burbuja, sin miradas de juzgamiento, comentarios maliciosos, ni intolerantes molestos. A lo largo de su tiempo allí había vestido sin nunca encontrar un problema por cómo la "sociedad" fuera a ponerla de. Llevaba su pelo tal cual le apetecía, generalmente corto y un poco a lo loco. Se maquillaba si así lo deseaba. Incluso empezaba muchas tendencias entre las mujeres del recinto. Para los de fuera, poner un pie en Fantasma significaba viajar a otro mundo, donde las leyes "sociales" no existían. Un vive y deja vivir.

Esto no solo impresionaba, sino que llegó cierto momento en el que causó sensación. Un importante periódico del país había insistido largo y tendido en conseguir no solo un reportaje sino también una entrevista con el cuerpo directivo. Erik acabó accediendo a regañadientes, animado por su familia y amigos. Aceptó que se tomaran fotos del parque y sus establecimientos, pero ni una sola imagen de su persona podía salir a la luz.

La señorita, quien apoyaba la idea de salir en la prensa, vio oportuno revolucionar las bases del mundo fuera de sus dominios. No era la primera vez que vestía de tal manera, a menudo optaba por colgar las faldas y ponerse un pantalón. Los llevaba con gracia y orgullo, aún más cuando eran confeccionados por Kit o su amado.

El equipo de reporteros llegó pronto en la mañana, recibieron un tour antes de que Fantasma abriera, luego realizaron la entrevista en las oficinas. La conmoción comenzó cuando fueron recibidos por un trajeado hombre enmascarado, acompañado de un joven mozo que debía estar cerca de finalizar su adolescencia. Ambos caballeros les guiaron por el terreno, siempre correctos, serios y educados. Una vez en la oficina, el gran WOW se presentó en forma de Kiannah, armada en un precioso traje de rayas negro, camisa de poeta blanca realzada por un jabot no muy voluptuoso de delicado tejido negro. Sus labios pintados en carmín rojo, sus potentes ojos realzados por la seguridad que irradiaba, y la corta melena peinada hacia atrás. Descansaba apoyada medio de pies medio en el borde de su escritorio, leyendo unos papeles al bueno de Nadir.

Una impresionante mujer en traje, un misterioso hombre enmascarado, y un antiguo daroga de oriente. Esa era la cabeza directiva, los reporteros que solo tenían preguntas, parecían haber perdido el habla.

La entrevista duró casi tres horas, hubiera continuado de no ser que ese trío necesitaba ponerse a trabajar. Tenian un negocio que manejar. El artículo salió la semana próxima a aquel día, y sin duda fue un éxito arrasador. La foto de portada consiste en la puerta de entrada a Fantasma con los cuatro personajes principales en ella conversando sin ser conscientes de la toma de la foto. La única razón por la que Erik les permitió usar aquella imagen fue porque le había pillado de lado y sin luz, por lo que no era mucho más que una silueta. Sin embargo, su amada salía de pleno, luciendo espectacular, causando un debate que duró semanas sobre si las mujeres debían llevar trajes de pantalón o si esto era un delito, una atrocidad. Daba igual, Kiannah estaba contenta y eso era todo lo que importaba.

Aquella famosa portada del periódico fue enmarcada y colgada en la oficina como pequeña muestra de orgullo. Pocos meses después del artículo el persa se retiró de su posición, la edad le ganaba la batalla. Se fue con la conciencia tranquila, su sucesor estaba más que a la altura del trabajo. Permaneció en el parque otro par de años, finalmente decidiendo regresar a París, donde decía querer pasar sus últimos años. Intercambiaron correspondencia constante, siempre en un tono alegre por parte del buen hombre.

En la mansión pocas cosas habían cambiado, el joven Kit no quería moverse a un apartamento pues deseaba estar con su familia. Crecía de una manera inexplicable a los ojos de sus padres, quienes le miraban llenos de cariño y orgullo.

La familia estaba más que contenta en su hogar.

Sinceramente, parada frente a una fotografía de ella misma que decoraba la pared en el espacio justo encima de su sillón frente al piano, no podía sino sonreír ante los recuerdos y la vida que había construido en la pasada década. Erik se unía en su alegre melancolía, mientras charlaban sobre los diferentes sucesos a lo largo del principio y fin de la veintena de Kiannah. Cuando se conocieron, esta dudaba de si iba a llegar a los treinta. Sin embargo, ya a sus treinta y pico, reconocía sin problema la siguiente verdad. Si ambos no se hubieran encontrado, ninguno hubiera llegado tan lejos. Y todo lo que aún les quedaba por vivir suponía la aventura del mañana que afrontarian juntos y enamorados.

A veces solo hay que cruzar camino con la persona que menos esperas.











Inspiración para la foto de Kiannah. Tomada en el viaje a Italia.

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