VII
Estoy en eterna gratitud con usted. Siempre sabe como arreglar lo que se le ponga en frente Mr.Destler.
-Es mi trabajo y placer ayudar a mantener el parque en sus mejores condiciones, ahora si me disculpa he de volver al despacho.
-Claro, gracias de nuevo.
Apenas alcanzaba la mitad del camino cuando se cruzó con Nadir.
-Buenos días Erik.
-Buenos días Nadir. ¿Te diriges al teatro?
-Al circo, Gangle me ha hecho llamar por un problema con los accesos.
-Confío en que lo dejes solucionado.
-Por supuesto, oh, Erik.
-¿Hay algo más?
-No, solo queria preguntar si ya te habían traído las camisas.
-¿Tanto interés tienes por la señorita?
-No lo hagas sonar de esa manera. Me interesa porque es un genio, no por su belleza.
-Ajá.
-En serio, deberíamos mantenerla cerca.
-¿A razón de?
-Si no lo has visto ya, lo veras cuando trates con ella.
-¿Que le hace un genio?
-¿Que te hace a ti un genio, amigo mio?
Con una sonrisa y sin mayores aclaraciones el persa emprendió marcha,
Sin ganas de cruzarse con ningún otro ser humano, el dueño tomó rumbo por uno de sus múltiples pasadizos que accedian a su oficina personal. Al llegar a esta escucho a una joven hablar. Con su sigilo y viejas habilidades de fantasma, salió de la habitación, para presenciar a Kiannah junto a la estantería, leyendo un viejo tomo. Hoy tampoco vestía color, y parecía cansada.
-Buenos días señorita.
Kiannah contestó casi en instantáneo como si estuviera programada para ello. Cuando por fin salió de su trance dejó el libro en su sitio.
-Espero que no le moleste -dijo señalando la estantería- estaba matando el tiempo hasta su regreso.
-¿Lleva mucho esperando?
-Unos veinte minutos.
-Oh, mis sinceras disculpas.
-No se preocupe, es usted un hombre ocupado Mr.Destler.
-¿Le gusta leer?
-Me apasiona, por lo que veo a usted también.
-Ciertamente, esto es solo una muestra, mi colección de libros es extensa.
-Tiene usted suerte.
La mirada de Erik estaba llena de preguntas.
-Me gusta considerar que cada libro contiene un mundo y una vida, cuantos más libros lee uno, más vidas vive. Por eso digo que tiene suerte.
Él no contestó, sopesando la idea de la joven.
-De esta "muestra" que aquí dispone, habré leído algo menos de la mitad de ellos. Me temo que ya no poseo tantas horas libres para leer que hace cinco años.
-¿Es como pasaba la mayor parte de su tiempo?
-Se podría decir que si.
-¿Y qué hace ahora con su tiempo libre?
-Escuchar música, aunque eso lo llevo haciendo desde que tengo uso de memoria. Es solo que ahora tengo cabeza para entender un poco más allá.
-¿Toca algun instrumento?
-Durante un par de años quise aprender a tocar el piano, me gustaba mucho, me ayudaba a procesar mis sentimientos de otra manera. Luego la vida hizo una de sus grandes ironías, pero eso ya es pasado que no ha de ser removido.
-Comprendo su manera de ver el piano.
-¿Toca usted algo a parte del piano?
-¿Como está tan segura de que toco el piano?
-Gran cantidad de libros de música, hay partituras dispersas por la oficina, y es difícil obviar el piano en la habitación contigua.
-Muy bien, -respondió pensativo- órgano y violín para responder a su pregunta. Con suficiente tiempo podría tocar cualquier instrumento.
-Genio músical sin duda.
El reloj marcó entonces el final del medio día.
-Mr.Destler, en la caja traigo sus camisas. Han sido arregladas y lavadas.
-Oh, cierto, he estado entreteniendola de su trabajo con mis preguntas, perdone.
-No se preocupe, este era mi último encargo, y conversar con usted es agradable.
Sin saber muy bien cómo reaccionar a la declaración final, Erik se dirigió a la caja para analizar sus prendas.
-Todo parece en orden, incluso podría decir que se ven brillantes.
-Es por los productos empleados para lavarlas. Tratamos con cuidado los detalles.
-Por eso confío en su boutique.
-Agradecemos su confianza, madre dice que es usted un gran cliente.
-Creo que el que debería estar agradecido soy yo, con usted precisamente.
-¿A que se refiere?
-Nadir me comunicó su consejo con el problema, he de decirle que estaba en lo cierto.
-Oh, ¿se soluciono bien?
-Mejor que bien.
-Me alegro enormemente, lo vi demasiado claro como para no transmitirlo. SIn embargo insisto en pedirle disculpas por inmiscuirme en sus negocios.
-Disculpas aceptadas, señorita Kiannah.
Tras un cálido silencio volvieron al asunto de las camisas, Erik pagó lo establecido y encargó el ajuste de uno de sus pantalones.
-Puedo esperar si desea que me lleve el pantalón.
-No es necesario, le he hecho esperar suficiente por hoy.
-Como encuentre oportuno Mr.Destler.
-Yo mismo iré a llevarlo, aprovechando que quiero ojear las nuevas llegadas.
-Entonces le veré por la tienda.
-¿En qué horario está usted allí?
-Por lo general a todas horas, menos los domingos y miércoles por la tarde. Pero si no estoy yo, encontrara a mi madre o hermana.
-¿Y si quiero encontrarla a usted?
-Desde las siete de la mañana hasta medio día dará seguro conmigo.
El hombre asintió sin expresión en su rostro.
-He de emprender camino de vuelta Mr.Destler. Tenga un buen día.
-Igualmente señorita.
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