V
El reloj marcaba las cinco y cuarto cuando Mr.Destler salió de su despacho personal para pasar unos documentos que llevaban resultando problemáticos buena parte de la tarde al persa.
-¿En que puedo ser de ayuda amigo?
-Hay un pequeño problema con estos documentos, las...
Su conversación se veía interrumpida por unos golpes en la puerta.
-Adelante.
Por la entrada apareció Kiannah cargada con la caja tan esperada, la chica parecia haber venido corriendo.
-Buenas tardes y disculpen la interrupción.
-Entra, entra, joven.
-Gracias.
-¿Traes el vestido?
-Así es, lamento no poder haberlo traído antes.
-Llega a tiempo, no se preocupe usted.
-¿Donde le parece conveniente que lo deje?
-La mesa a su derecha está bien.
Depositó la caja en el lugar indicado.
-En el interior encontrará la copia del recibo, junto con las características y materiales de la prenda en detalle.
-Se lo agradecemos señorita. Perdone la pregunta, pero, ¿ha venido usted corriendo?
-Oh, no, no, imagino que lo parece, la verdad es que tengo el hábito de andar muy deprisa, de ahí la impresión.
-Como mi buen amigo, joven, este es Mr.Destler. Ahora que lo pienso, no he tenido la decencia de presentarme yo mismo, ¿cuál es su nombre señorita?
-No se preocupe, parecen hombres ocupados, es normal olvidar simples actos como eso. Mi nombre es Kiannah, encantada.
-Kiannah, extraño nombre.
-Lo que quiere decir Mr.Destler es "encantado de conocerla". Mi nombre es Nadir, es un gran placer señorita Kiannah.
El persa se mantenía sonriente, la joven no sabía donde meterse, y el otro hombre tuvo una idea repentina.
-Señorita.
-¿Si, Mr.Destler?
-La boutique también emprende servicios de costura y arreglos, ¿verdad?
-Efectivamente señor. Una mujer viene dos veces por semana para hacerse cargo de ello.
-Me sorprende -interrumpió Nadir- pensé que usted también estaría al cargo de la tarea.
-No, es de las pocas cosas que no son tarea mia. Las actividades que requieren delicadeza no son precisamente mi fuerte.
-Oh, entonces es de entender.
La incomodidad de Kiannah aumentaba con el paso de los minutos, tal y como su paciencia disminuia. Tampoco ayudaba sentir un par de ojos escaneandola como el que lee un libro u observa arte.
-Verá señorita, tengo un par de camisas que requieren pequeños arreglos, lo haría yo mismo pero mi tiempo es escaso.
-Nos podemos hacer cargo de ello Mr.Destler, puedo llevarlas conmigo y traerlas de vuelta el miércoles, si así lo desea.
-Perfecto, llamare a alguien para que las hagan traer. Tendrá que esperar aquí unos minutos.
-Sin problema señor.
-Mis sinceras disculpas por hacerle perder tanto tiempo.
-No se disculpe, no es tiempo perdido, es tiempo invertido.
Con esto recibió una mirada curiosa y por supuesto, otra sonrisa del persa.
Mr.Destler hizo la llamada mientras el otro caballero le indicaba una silla para descansar en su espera.
Luego, como si ella no estuviera en la sala empezaron a tratar el problema inicial, todo en temática finanzas, que ni por un momento pensaron que la joven iba a entender o siquiera interesar.
Sin haber llegado a una solución las camisas llegaron y tras entregárselas a la señorita el dueño se excusó a supervisar el teatro antes de la actuación.
-Deje que la acompañe a la salida señorita Kiannah.
-No se preocupe, conozco el camino.
-Insisto, un descanso me vendrá bien.
-Se le ve cansado, si me permite la observación.
El persa asintió sin perder el gesto amable en su rostro.
-Dirigir un negocio trae muchas preocupaciones. No entiendo como mi compañero que hace el triple que yo no se vuelve loco en histeria.
-Entiendo su carga, mi madre es la dueña de la boutique y a menudo no es capaz de dormir por el estrés. Lo nuestro es una tiendecita, claro, no tendrá que ver con la escala de un parque de atracciones.
-¿Se encarga ella de todo lo relativo al negocio?
-En parte, las finanzas son mi trabajo cuando mi padre se encuentra muy ocupado para ello. Es un banquero muy ocupado, me temo.
-¿Maneja usted bien las finanzas?
-Con bastante habilidad, llevo encargandome de ello desde los quince años.
-Impresionante, parece ser usted una caja de sorpresas, señorita Kiannah.
-Podría darle otra sorpresa, si me permite el atrevimiento.
-¿A que se refiere, joven?
-Se que no es asunto de mi incumbencia, pero respecto al problema que estaban tratando usted antes, he identificado que ocurre y las posibles soluciones.
-Impresioneme de nuevo, pues.
Procedio pues, con gran pasión a explicar el problema, como había llegado a él, y como planteaba algunas de las soluciones. Nadir escuchaba interesado, al oírlo expresado tan simple y claro no daba crédito a sus orejas. Al terminar su discurso, ella miraba expectante. Y un par de odios de los que ignoraban la presencia, se daban un golpe mental en la fente, al no haber sido capaz de solucionar el problema con la misma agilidad que la chica.
-Señorita Kiannah, tiene usted un talento increíble.
-Se lo agradezco, temía que mi intromisión fuera a enfadarle.
-En absoluto, volverá a oir de mi señorita. Tenga una buena noche y segura travesía a casa.
-Buena noche señor Nadir.
-Llameme solo Nadir, señor no es necesario.
-Si así lo desea, será.
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