III
Los tiempos permanecian siendo injustos, sin equidad, sin igualdad, desperdiciando el talento de innumerables mujeres destinadas por su sociedad a callar y criar la próxima generación.
El descontento general se veía silenciado en continuo con la promesa de los grandiosos cambios y porvenires.
Las jóvenes con suerte suficiente como para recibir una mayor educación se encontraban a menudo rechazadas por su inteligencia, al ver los hombres de poder su frágil ego intimidado. Las familias desconocían si sentir orgullo de tenerlas como hijas, o si simplemente querían verlas casadas y bien posicionadas.
La situación era algo diferente para Kiannah, su padre era un banquero y su madre poseía una pequeña boutique que exportaba algunos de los artículos de moda en Europa. Como la pequeña no había contado con la misma sobreprotección que su hermana, quien solo parecía tener por objetivo casarse rica, tener hijos y beber caros brebajes en fiestas repletas de la gente de su clase. No podían ser más opuestas.
Con una naturaleza curiosa, Kiannah había aprendido, tras mucha insistencia, como dirigir un negocio y cómo moverse en el mundo financiero. No tenía mayor deseo por ir a una universidad, ni obtener un papel para "verificar" su valía. Simplemente aspiraba a trabajar en una pequeña empresa llevando las finanzas.
Por el momento, ocupaba sus horas ganando unas monedas al servicio de su propia madre, ejerciendo de chica para todo en la tienda.
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