Capítulo 11

"Sueños de anhelos"

Adira

Sentí un peso aplastante en el pecho. Cada imagen parecía haberse incrustado en mi corazón, un recordatorio cruel de lo que había perdido.

- Los extraño demasiado.- confesé en un susurro, apenas capaz de articular las palabras.- Aún no puedo creer que se van a casar. Siempre pensé que estaría ahí para presenciar el momento, que acompañaría a mi amiga a elegir su vestido, que daría un discurso durante la boda… que los vería en el altar.

- Aún puedes hacerlo. Podemos arreglarlo para que viajes y te infiltres en la boda. Tenemos contactos, Adi.

Negué lentamente, el dolor me golpeaba. 

- No sé si pueda. No podré soportar mirarlos desde lejos, estando solo a medias. Prefiero no estar en absoluto a ser una sombra incompleta.

Alex suspiró, y por un momento creí escuchar en su aliento el eco de mi propio dolor. 

Dolía demasiado. Saber que mi hermano y mi mejor amiga iban a casarse debería haberme llenado de alegría, pero la tristeza de no poder estar allí para compartir el momento me destrozaba. Ir de infiltrada no cambiaría eso. No me quitaría la sensación de vacío.

- Piénsalo.- insistió Alex con suavidad.- Te arrepentirás después. Ellos te necesitan, y tú los necesitas más de lo que quieres admitir.

Me puse de pie, alejándome un poco mientras seguía sosteniendo el sobre. Mis ojos se dirigieron a una de las pantallas, donde la información que había estado recopilando Alex brillaba como una advertencia silenciosa. 

Estaba investigando a Thiago, buscando cualquier conexión con Viktor, y esa información podría cambiarlo todo. 

- Es hora de acelerar el plan.- dije abruptamente, cambiando de tema.- Smith no puede seguir ganando terreno.

Escuché los pasos de Alex acercándose hasta quedar a mi lado. 

- Necesitamos mover las fichas ahora que tenemos esta oportunidad.- añadí. 

Alex asintió, con el rostro tenso pero decidido. Ambos sabíamos que la creciente desconfianza hacia Viktor podía volverse un arma poderosa a nuestro favor. 

- De acuerdo.- respondió.- Aceleremos las cosas, pero prométeme algo.

- ¿Qué cosa?

- Cuando todo termine, regresa con ellos. No te pierdas en esta guerra, Adira. Recupera tu vida.

«Recupera tu vida». 

Sus palabras quedaron grabadas en mi mente resonando una y otra vez...

- Lo prometo.- respondí con voz firme, aunque una parte de mí no estaba tan segura.

No tardamos mucho en organizar nuestras ideas. Ambos coincidimos en lo mismo: Smith estaba ansioso y desesperado por obtener una respuesta sobre si Viktor había formado parte del trato con Thiago. No teníamos tiempo para discutirlo con Bastian, quien estaba ocupado con otros asuntos.

Alex y yo tuvimos que tomar una decisión rápidamente, y claro, ambos acordamos que, aunque Viktor no tuviera nada que ver con Thiago y su plan, íbamos a incriminarlo para sacarlo del camino.

- Si eliminamos a Viktor, ¿quién queda a cargo de la mafia alemana?- pregunté, analizando las posibles consecuencias.

Gracias a que nuestra gente había conseguido infiltrarse entre los hombres de Viktor, teníamos información clave.
Fue así como descartamos la idea de su traición y confirmamos nuestro plan para incriminarlo.

Llevábamos tiempo buacando y esperando el momento perfecto en el que podamos lograr que Smith desconfie de él, y ahora con la duda implantada sería más fácil aprovechar la situación que Thiago había dejado.

- Matthias Lang.- respondió Alex, tecleando en su computadora.- Su sobrino… y amigo cercano de Jonathan.

Aquello era un golpe de suerte inesperado. Nuestras miradas se cruzaron, y una sonrisa surgió en mis labios al visualizar el plan que estaba tomando forma en mi mente.

- Si Matthias toma el liderazgo, Jonathan no tardará en intentar usarlo como ventaja para arrebatarme mi posición.- dije, midiendo cada palabra.

- Exactamente lo que queremos.- afirmó Alex con un leve asentimiento.

- Entonces es oficial.- concluí mientras él apagaba la pantalla de su computadora.- Incriminamos a Viktor, dejamos que su sobrino tome el control y esperamos a que Jonathan haga su movimiento. Y cuando menos se lo esperen… atacamos.

Sonreí, con la certeza de que estábamos un paso más cerca de desestabilizar el tablero.

****

Cerré los ojos y me hundí en la cama, deseando que el mundo desapareciera por unas horas. La herida seguía doliendo, pero lo que más me pesaba era el agotamiento emocional. Había sido clara: nadie debía molestarme a menos que fuera absolutamente necesario. Mi gente se encargaría del búnker y me mantendrían informada si algo urgente ocurría. Por ahora, no quería saber nada, ni siquiera de La Sombra Negra.

Sabía que el día siguiente sería complicado. La noticia de la "traición" de Viktor comenzaría a circular, y Smith tendría que decidir qué hacer con él. Pero en este momento, no me importaba. Solo deseaba esconderme en mi cama, y desaparecer.

Escuché a Sara fuera de mi habitación, insistiendo en que saliera. La ignoré hasta que finalmente se rindió y me dejó en paz. Ya le había dicho a Gerard y a Bastian que no quería ser interrumpida. Por suerte, Smith no me había asignado ninguna tarea, dándome un breve respiro, aunque fuera temporal.

Las fotos del sobre seguían en mi mesita de noche. No pude evitar tomarlas nuevamente, repasándolas una por una. Era inevitable comparar esas imágenes de un pasado lleno de felicidad con la sombra que se había convertido mi vida actual.

La decisión sobre si ir o no a la boda seguía rondando mi mente, al igual que el pensamiento de Luke apareciendo en mi casa cada día. Me golpeaba una y otra vez.

¿Realmente siguió yendo? ¿Me odiará? ¿O aún me querrá? Esa pregunta no me dejaba en paz. Creo que mi familia podría perdonarme, entender el porqué de mis decisiones, pero con Luke no estoy tan segura.

Siempre ha sido una buena persona, leal hasta el final, dispuesto a darlo todo por los suyos. Pero valora la honestidad por encima de todo, y cuando alguien le miente o lo decepciona... se transforma.

Ya lo abandoné una vez, y aun así me perdonó. Pero esta vez, no tengo la misma certeza. No sé cómo reaccionará, ni si quedará algo de mí que quiera salvar.

Me acurruqué en la cama, apretando las fotos contra mi pecho como si al hacerlo pudiera aferrarme a los fragmentos de una vida que ya no me pertenecía. Las lágrimas que habia contenido antes, ahora caían sin control, quemándome las mejillas mientras los recuerdos regresaban con la brutalidad de una tormenta.

Hoy debería ser el séptimo aniversario de mi primer beso con Luke. Algo tan pequeño para el mundo, pero que marcó un antes y un después en mi vida. Recordé el brillo en sus ojos, luego de corresponderme el beso. Esa luz... ¿volvería a verla alguna vez?

El día que sus labios tocaron los míos por primera vez, sentí que alcanzaba el cielo. Había reprimido mis ganas durante tanto tiempo, temiendo arruinar lo que teníamos, temiendo perderlo a él y a su amistad. Pero esa noche no pude más. Me rendí. Lo besé. Y fue perfecto.

Había besado a otros chicos antes, salido en citas, sentido atracción. Pero nunca, nunca había funcionado, porque ninguno pasaba horas escuchándome con paciencia, como si cada palabra tuviera un significado especial, ni recordaba los pequeños detalles que incluso yo olvidaba, como mi helado favorito o la cantidad de azúcar que le ponía al café. Ninguno entendía mis gustos ni sabía cómo hacerme reír hasta que me dolieran las mejillas, ni lograba que me sintiera realmente acompañada, incluso en silencio.

Ninguno era él, mi Luke.

Esa noche, después de besarlo, entendí algo: no importaba cuántos chicos hubiera besado antes, ninguno de esos momentos se comparaba con el primer beso que realmente movió mi alma. Su beso.

Recuerdo su respuesta inmediata, y como sus manos me rodearon con firmeza, su agarre en mi cintura reforzó el beso, haciéndome sentir segura y vulnerable al mismo tiempo, como si en ese instante el mundo se redujera a nosotros dos.

Me llevó a casa en su coche, y aunque el silencio nos envolvía, no era incómodo. Era tranquilo, casi solemne, como si ambos supiéramos que algo importante había cambiado entre nosotros.

Me quedé dormida en el trayecto, pero antes de sucumbir al sueño, sentí sus dedos deslizándose por mi cabello. Un gesto tan simple, pero tan lleno de ternura, que hizo que mi corazón latiera con más fuerza, incluso en mi somnolencia. Cuando desperté, me llevaba en brazos hasta la puerta de mi habitación, su respiración pausada y su calor envolviéndome como un escudo contra el mundo.

Durante días me aferré a ese instante como si fuera mi mayor tesoro. Esa noche marcó el punto más alto de mi vida, un instante tan brillante que aún logra cegarme cuando cierro los ojos.

Años después, todo lo que deseo es volver a sentirlo: sus labios contra los míos, el calor de sus manos, su cabello enredado entre mis dedos, sus abrazos que borraban mis miedos, su aroma que parecía envolverme en un refugio invisible. Todo lo que es él.

Pero esas cosas se sienten como un eco lejano...

Odio lo que soy ahora, la sombra vacía de lo que alguna vez fui. Mi existencia se ha convertido en una farsa, un ciclo de mentiras y decisiones que me han arrancado lo poco que quedaba de mí.

Este vacío en el pecho es insoportable. Aunque tenga a Alex y a las personas leales dispuestas a seguirme hasta el fin del mundo, nunca será suficiente. Nunca llenarán el abismo que dejó mi antigua vida.

Quiero mi familia de vuelta. Extraño los abrazos cálidos de mis padres. Extraño las bromas absurdas de Jay, esas que me arrancaban risas a pesar de mí misma. Extraño las conversaciones interminables con Cloe, y los diaparates de mis amigos.

Extraño mi vida. Mi verdadera vida. Aquella donde no tenía que fingir ser una máquina sin alma, una criminal atrapada en una máscara de acero. Aquella donde podía permitirme sentir sin que ello me costara todo.

El sonido de mi celular vibrando sobre la mesita me arrancó de mis pensamientos. Me sequé rápidamente las lágrimas y lo alcancé con manos temblorosas.

El nombre de Alex brillaba en la pantalla. Deslicé el dedo y contesté.

- Está hecho.- dijo al otro lado de la línea. - Le entregué las pruebas a Smith. Viktor no tiene escapatoria.

- Buen trabajo, hermanito.- murmuré con calma.

- Pronto todo acabará.- me aseguró.

Sonreí débilmente. Realmente esperaba, necesitaba que todo terminara pronto.

Dejé el teléfono sobre la mesa con cuidado después de colgar. Habíamos dado un paso más hacia el plan, ahora solo quedaba esperar a que Smith tomara represalias. Conociéndolo, no tendría piedad. Torturaría a Viktor hasta quebrarlo por completo.

Me acurruqué nuevamente en la cama, abrazando las fotos con desesperación, como si en esos pedazos de papel pudiera hallar el consuelo que el mundo entero me negaba.

Anhelaba con cada fibra de mi ser alcanzar mi objetivo. Destronar a Smith. Terminar con todo. Construir una vida mejor. Pero me aterraba no llegar a tiempo, no poder salvar a Alex. Me aterraba fallarle. Mi mayor miedo era que esta lucha no nos liberara, sino que nos arrastrara aún más profundo en esta oscuridad.

Alex tiene apenas veintidós años, y ya ha soportado más horrores de los que cualquiera debería enfrentar en toda una vida. Merece algo mejor. Yo merezco algo mejor. Todos los que Smith ha destrozado lo merecemos. Bastian, Gerard... todos aquellos que se unieron a mí con el objetivo de hacerle pagar a Smith el sufrimiento al que nos condenó vivir.

Cerré los ojos, permitiendo que el peso de la desesperación y el dolor me aplastaran. Solía encontrar refugio en los sueños, en los anhelos de un futuro diferente, y en los recuerdos de un pasado mejor.

Tal vez, en mis sueños pueda ver aquellos ojos verdes una vez más.

Tal vez, en mis sueños, él y yo encontremos una forma de estar juntos.

****

Luke.

Siete, siete y siete. Ese número maldito me persigue. El día siete de cada mes es un recordatorio de ella, de la mujer de cabello negro y ojos azules, que nunca dejo de pensar.

No hay un solo mes en que el siete no me golpee el pecho. Cada vez que llega, me lleva al recuerdo de su sonrisa, de sus pecas, de sus ojos.

Lo más angustiante es que si cierro los ojos, aún siento sus dedos acariciando mi piel, sus labios tocando los míos, su risa resonando en mis oídos.

La veo en las flores que florecen en primavera, en los colores vibrantes de los atardeceres, en las mariposas que revolotean alrededor de las plantas. En cada rincón donde el arte se manifiesta: en un simple garabato, en una pintura olvidada en una galería, también la encuentro en los dibujos que mi hijo me regala, transportándome a aquellos momentos en que Adira me dibujaba en secreto, con sus trazos tan inocentes, sin que yo lo supiera.

Está en las pequeñas cosas, como los fragmentos de cielo azul que se muestran entre las nubes, en ese color que se volvió sinónimo de ella. En cada rincón de este maldito mundo, parece que está ahí, persiguiéndome, recordándome que la perdí. Incluso en algo tan simple como en el helado de chocolate, que Marcus siempre me pide, recordándome que también es el favorito de ella.

O al menos eso fue lo que ella me dijo... ya no se qué cosas eran ciertas y cuáles no.

He intentado olvidarla, lo he intentado con todas mis fuerzas, pero el dolor es insoportable. Ni siquiera con todas las mujeres que se me han insinuado en estos dos años y medio he sido capaz de mantener una conversación más allá de unos minutos, mucho menos de dar un beso, o permitir un roce. Cada vez que alguien se acerca, el recuerdo de Adira se clava en mi pecho, y todo se detiene.

Creo que es porque mis labios se niegan a tocar a otros que no sean los suyos. Mis manos no pueden sentir a nadie más, y mis oídos se niegan a escuchar otra voz que no sea la suya.

Aunque mi cabeza me grite que es hora de seguir adelante, mi corazón resiste con la fuerza de todo lo perdido. Desde que ella se fue, no he sido capaz de interesarme en nadie de la manera en que lo hacia con ella.

He perdido el interés por todo. Me he convertido en una versión más fría, más distante de mí mismo, aún más absorbido por el trabajo, más calculador. Me mantengo alejado, aislado. Ya no soy el de antes, el que podía pasar horas conversando con cualquiera. Ahora, simplemente me mantengo a distancia. Las pocas personas que siguen cerca son las únicas que me importan. No necesito más, no quiero más.

He cambiado tanto que llegué a pensar que incluso Jayson se alejaría. Pero, para mi suerte o mi desgracia, él ha estado conmigo en todas las etapas de mi vida, y nunca me ha dejado. Así que, cuando su hermana nos mintió a los dos, se quedó a mi lado, como siempre.

A él también lo usaron, lo traicionaron. Su hermana lo engañó, y aunque la extrañe con locura, sé que el dolor que lleva en su pecho no borra el enojo. Pero lo que realmente nos une es esa incomodidad silenciosa que compartimos.

La partida de Adira sigue siendo una herida abierta, un dolor que no se ha ido. Aquí, su nombre ha pasado a ser un tema innombrable. Nadie se atreve a mencionarlo a menos que sea absolutamente necesario. Nadie habla de cómo aprovechó su crianza entre dos grandes soldados, como si eso fuera parte de un pasado que todos prefieren ignorar.

La herida sigue siendo especialmente profunda para Edric, quien se niega a revivir ese pasado. Estuvo devastado durante semanas. Se apagó, y durante ese tiempo, Alonso y yo nos encargamos de todo. Pero incluso ahora, esa herida en él sigue abierta.

El dolor también ha tocado a Ada. Cada vez que se habla sobre Smith y La Sombra Negra, su mirada se entristece. He visto cómo la partida de su hija la ha destrozado. No solo perdió a Adira, perdió una parte de sí misma.

Mi madre, Madisson, comparte ese mismo sentimiento. Aunque no lo diga, puedo ver en su mirada la carga de una culpa que la ha perseguido. Ambas se sienten responsables de no haberla cuidado. Como si, de alguna manera, pudieran haber evitado que Adira cayera en la oscuridad. Y esa culpa las marca, las hiere de una forma que no se puede describir.

He visto cómo ambas, cada vez más, van a la tumba de Aurora, como si buscaran consuelo en ese lugar. Las dos, Ada y mi madre, se sienten responsables de la partida de Adira. Ella era el último pedazo que tenía de su difunta amiga, y ahora también se ha ido, Smith se lo arrebató.

Jayson, aunque intenta esconder su dolor tras bromas y sonrisas, no puede evitar que se note la ausencia de la compañera que Adira siempre fue para él. Las bromas ya no tienen el mismo sabor, y las sonrisas se sienten forzadas. Nada puede ocultar la tristeza, ni las carcajadas disimular el vacío que dejó su hermana.

Cloe… Cloe es otra historia. Ella no oculta su sufrimiento. De todos, creo que es la que más lo demuestra, aunque no lo quiera. Es imposible negar el vacío que Adira dejó, especialmente ahora, con los preparativos de su boda. Aunque Jennifer y Kira estén a su lado, acompañándola, nada puede llenar el espacio que Adira solía ocupar.

No quiere creer que su amiga ha tomado el camino equivocado, que se ha perdido de verdad. En su corazón, aún espera que todo esto sea solo una mentira, una pesadilla de la que despertará. Y no la culpo. Todos, incluso yo, seguimos esperando, aunque sabemos en el fondo que quizá nunca se haga realidad.

Ella aún no ha podido soltarla. Nadie lo ha hecho. Pero a diferencia del resto, ella nunca lo intentó. No ha dejado de esperar. No ha dejado de creer. Y esa espera, tan intensa como dolorosa, la consume.

Jayson me habló sobre esto. Dijo que Cloe guarda todo lo relacionado con Adira: las fotos, los recuerdos, los regalos, e incluso el tatuaje que se hicieron juntas. Ella sigue llevando a Adira en su mente y en su corazón, sin importar cuánto tiempo haya pasado. Cloe sigue viéndola como su mejor amiga. La sigue esperando, sin que le importe que todos los demás se hayan alejado de esa esperanza.

Y él, aunque decepcionado y dolido, no la presiona ni la juzga. En el fondo, él también sigue esperando, aunque sabe que la esperanza se desangra con el paso del tiempo. Todos, en algún rincón de nuestro ser, seguimos esperando que regrese, aunque ya no sepamos si lo hacemos por amor, por culpa, o por la necesidad de creer que nada de esto fue real.

****

El día ha sido largo y agotador, y me he perdido en mis pensamientos más de lo que debería. La oficina se convirtió en un lugar casi vacío para mí, mientras mi mente vagaba sin rumbo.

Mi madre me había pedido pasar el día con Marcus, así que aproveché la ocasión para llevarlo a su casa por la tarde. Y como siempre, ella no desperdició ni un segundo para consentirlo. Marcus, aunque reservado, disfruta profundamente de esos momentos con su abuela. Y Madisson Rhee, por supuesto, es todo lo contrario a alguien con quien te aburrirías.

Cuando salí del trabajo, Marcus me contó lo bien que se lo había pasado. Como siempre que visita a mi madre, volvió con un carrito nuevo. A mi hijo le encantan y tiene una colección de ellos con los que siempre juega feliz.

Después de la cena, lo bañé y le ayudé a ponerse el pijama. Son esos momentos sencillos que, aunque el peso de todo lo que he perdido me persigue, me recuerdan que aún puedo sentirme vivo.

Hoy, de alguna manera, me siento agradecido por esta pequeña chispa de consuelo y felicidad que me ha regalado.
Me mostró entusiasmado su nuevo juguete y nos tumbamos en el suelo del salón a jugar con su colección de carritos.  Marcus se reía cada vez que uno de los coches hacía ruido, y su risa, tan pura, me recordó que, incluso en medio del caos, hay belleza en los momentos más simples.

Más tarde, lo llevé a su habitación. Como ya ha pasado otras veces esta semana, decidimos ver de nuevo las películas de Cars, una de sus favoritas. La cual ya me aprendí de memoria pero no me molesta volver a repetirla una y otra vez con tal de pasar momentos con él.

Nos acomodamos en el sofá y, mientras sus ojitos brillaban con emoción, acaricié su cabello con suavidad. Se recostó contra mí, pegado a mi pecho, absorto por completo en la pantalla. Me sentí afortunado de estar allí, siendo parte de esos momentos, viéndolo crecer. Sin duda alguna, ser su padre era de las cosas más gratas del mundo.

El tiempo pasa sin que lo note, y casi una hora después, Marcus, agotado por todo lo que ha hecho durante el día, se queda dormido sobre mi pecho. Con cuidado, lo levanto en brazos y subo las escaleras, llevándolo hasta mi cama. Ajusto la almohada y lo cubro con la manta.

Le doy un beso en la frente antes de acostarme a su lado. Aunque Marcus tiene su propia habitación, a veces prefiere dormir conmigo, y no tiene mucho sentido dejarlo solo, porque a menudo se despierta en medio de la noche y viene a mi habitación.

Así que, siempre que lo pide, lo dejo dormir conmigo. Después de todo, sigue siendo un niño.

No pasan ni cinco minutos antes de que su pequeño cuerpo, cálido y con esas mejillas regordetas, se acurruque junto a mí, aferrándose a mi brazo.

Cierro los ojos, olvidándome de todo por un momento, esperando que mañana sea un díamejor. Al principio, los ojos de Adira inundan mis pensamientos, pero poco a poco me dejo llevar por el cansancio.

Tal vez, en mis sueños las cosas sean distintas.

Tal vez, en mis sueños ella nunca me traicionó.

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Holaa ¡Muy feliz inicio de año para todos!
Lamento tardar tanto en actualizar, las fiestas me mantuvieron ocupada ;) pero ya volví.

Estén muy atentos, este 2025 va estar lleno de actualizaciones.

(Lloré con Luke diciendo que la ausencia de Adira ha marcado a todos)

Mi pobre Cloe :(

(Por si no quedo claro, Luke y Adira se besaron por primera vez el 7 de Junio de 2017, actualmente es 7 de Junio de 2024)

En fin, nos vemos muy pronto.
Besoss, Lour.

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