4. Cuello.
Es complicado no ser impulsivo cuando Shaka le permite ir más allá en su templo, cuando no se encuentra cansado, es demasiado difícil mantener las manos quietas, necesita tocar más, seguir acariciando, hay un momento donde la tela es demasiado molesta y simplemente quiere deshacerse de todo mientras tiene la oportunidad de explorar el cuerpo de la persona que le ha gustado durante mucho tiempo, independiente de la jerarquía o lo que sea que digan las hormonas, hay algo en lo más profundo de su corazón que siempre le ha hecho mirar al rubio, que le motiva a esperar el momento adecuado en que es correspondido y puede amar mientras es amado.
Y entonces esta la reticencia de Shaka. Esa donde la desconfianza sobre sus acciones es palpable y no tarda en detener sus manos que insisten en retirar más ropa, como si tuviera algún tipo de vergüenza aunque se encuentra sentado, voluntariamente, encima de sus piernas, siempre en la habitación de Virgo, donde su aroma domina por todas partes, aunque lentamente su propia fragancia comienza a mezclarse con el lugar, marcando cada espacio que puede, sin fijarse demasiado en lo dócil que comienza a volverse el rubio conforme empieza a ganar terreno en la habitación que no le pertenece.
Cuando menos se lo espera, después de compartir un casto beso que le hace temblar, Shaka expone su propio cuello, una invitación silenciosa a lo que necesita.
Algo que no sabía que le urgía hasta que su acaricia ese espacio con su propia lengua y disfruta de saborear su piel, no está consciente del efecto que esta confianza tiene en su mente y hormonas, probablemente porque jamás escucho las pláticas que explicaban estas cosas, pero igualmente su mente se pierde de inmediato mientras frota su nariz directamente contra la glándula de olor, antes de pasar sus dientes de tal manera que puede sentir como el cuerpo de Shaka tiembla ante la posibilidad ser mordido, marcado...
El suspiro que sale de los labios del rubio le hace retroceder para buscar mirar la expresión que tiene en su rostro, pero apenas y se aleja, las manos del guardián de Virgo sostienen su rostro con la misma suavidad de todas las noches, antes de besarlo.
Todo es tan lento, suave... Y aunque podría tener alguna queja con la situación, se deja caer contra el colchón lentamente, abrazando a su compañero sin la intención de separarse mucho, al final y como muchas otras noches más, duerme con el rostro del rubio escondido en su cuello.
Tan tranquilo, tan cómodo. Era imposible no sentir envidia de él.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top