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—Mamá dijo que juegue contigo.
KyungSoo elevó su mirada al rostro de un niño de facciones finas y boca pequeña. Era primera vez en sus ocho años de vida que lo veía y no entendía cómo logró entrar a su patio para estar allí de pie mirándolo con una expresión seria.
—No estoy jugando —le aclaró bajando su mirada nuevamente. El libro para colorear era interesante, lo sería más si tuviera lápices para llenar cada espacio del tinte que imaginaba. El muchacho caminó unos pasos y se alejó tanto que KyungSoo no lo vio por un rato, hasta que la voz nuevamente llegó, un poco menos audible que antes.
—Mamá dijo que juegue contigo.
Insistió, sus manos de cortos pero finos dedos apretaban la parte inferior de su camiseta. KyungSoo volvió a alzar la mirada. Estaba sentado sobre el césped y sus piernas estiradas servían de apoyo para su libro, entonces suspiró.
—¿A qué jugamos?
El muchacho sonrió mostrando parte de su dentadura, su mentón sobresalió un poco cuando lo hizo y su imagen se volvió, quizás, diez veces más tierna de lo que cualquier muchachito de su edad sería.
—Ah, no traje juguetez.
KyungSoo alzó una ceja. Ese niño hablaba un poco raro, pero no mal del todo.
—¿Cómo te llamas niño?
—DdeHun.
—¿TeHun?
—No, DdeHun.
KyungSoo, sinceramente, no entendía la diferencia entre cómo lo decía él a cómo lo decía aquel niño. Afortunadamente, ya sabía escribir y por ende podía deducir que ese nombre quizá se escribiría con S porque la Dd no solían usarla en nombres. Abrió su boca sólo para volver a intentarlo, sin quitar la mirada del chico.
—¿SeHun? —el aludido sonrió y asintió varias veces, soltando por fin su camiseta— Yo soy KyungSoo.
—Me gudta eze nombre. Tengo ziete ¿y tú?
—Ocho.
KyungSoo nunca fue alguien de muchas palabras, a lo largo de su experimentada vida, podría decir que los niños siempre se aburrían de hablar solos y, aunque no lo ignoraran, pronto se rendían en incluirlo a sus juegos. El pequeño estaba bien con eso, le gustaba poder aplanar su trasero con cualquier superficie y ponerse a pintar, dibujar, armar legos o simplemente ver insectos caminar, porque esa era su entretención principal. Un amor no comprendido. Un amor casi imposible cuando era su propia madre quien le obligaba a alejarse de las polillas y poco menos desinfectarle las manos con cloro antes de comer.
SeHun, en cambio, seguía mirándolo en silencio y no tardó en alejarse. De los pequeños labios rosados en forma de corazón no tardó en salir un bufido... era otro niño más que no comprendía el deleite del silencio y los dibujos, una pena, pero él se lo perdía.
—Traje lápizes de colores, ¿quieres pintar ese dinosaurio? —SeHun tenía una bolsita entre sus manos, y mientras rebuscaba en el interior, KyungSoo simplemente sonrió emocionado, podría jurar que sus ojos se abrían como dos lámparas para denotar el máximo entusiasmo que su cuerpo guardaba tan solo por aquella propuesta.
—Sí, gracias —palmeó a su lado y el menor entendió de inmediato que tenía el permiso para sentarse a su lado, extendiéndole un lápiz de color verde que el mayor tuvo que rechazar—. Pero es una ballena, tiene que ser azul.
—¿Azul? No puede zer, zi el agua es azul entonzes la ballena no ze vería.
KyungSoo no pudo refutar la apabullante lógica del menor ni encontrar una respuesta a su teoría. Las cejas de SeHun se juntaban levemente, demostrando su confusión o insatisfacción con el asunto. Entonces KyungSoo recordó algo que descubrió una mañana mientras se lavaba el rostro.
—El agua es transparente.
—Pero el agua de mar es zalada, por ezo ez azul.
¿Era raro emocionarse por poder hablar con alguien tan inteligente? Para KyungSoo, SeHun era un niño algo extraño, que no hablaba mucho y que cuando lo hacía cambiaba algunas letras de las palabras, pero su cerebro era como una mina de golosinas y juguetes lego. Era muy divertido y sabio, casi no podría adivinar que tenía un año menos que él ¡Si hasta podrían ir al mismo curso! Muchos de los niños de su sala comían pegamento e imitaban cosas que los adultos hacían, como darle besos en la boca a las niñas y fingir que un bebé sin pelo y cuya cabeza suele hundirse con un golpe es su hijo. Tontos. KyungSoo hacía eso cuando tenía cinco, así que no podía entender cómo aún había chicos que creían que hacer todo eso era divertido. Muchas veces se preguntó por qué era tan distinto al resto, llegando al punto de pensar seriamente que tal vez eso era a lo que le llamaban pubertad. O tal vez no.
—¿Entonces, qué hacemos? —inquirió volviendo a fijar su mirada en el niño sentado a su lado, SeHun estiró su mano y cambió la pagina.
—Mejor pintemoz este león —KyungSoo volvió a sonreír, asintiendo.
Ambos decidieron que recostarse sobre sus estómagos y poner el libro en el centro era lo mejor, así cada uno se repartía un color y pintaba distintos espacios. KyungSoo pensaba que era algo parecido a hacer arte, sobre todo cuando la melena del felino se vio dividida en tonalidades naranjas y cafés que supieron complementarse de una extraña forma para los adultos pero casi con profesionalismo para ellos. La tarde se consumió en un silencio que era vulnerado esporádicamente por las voces de los niños que se intercambiaban los colores o se entregaban opiniones respecto a los espacios en blanco que aún faltaban por llenar.
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—Mamá, ¿cuándo vendrá SeHun de nuevo a jugar? —la mujer sólo sonrió, contenta de que su hijo por fin se sintiera cómodo con otro niño cercano a su edad— Me dijo que quiere armar legos, pero tengo que desarmar la nave y el barco antes de que llegue, sino no podremos armarlos de nuevo.
—La mamá de SeHun es amiga de papá y mía, ¿quieres que los invite de nuevo? —KyungSoo se alzó de hombros.
—Sólo quiero que venga SeHun.
La mujer sonrió, habían pasado casi tres días desde la última visita y KyungSoo no dejaba de preguntar por el pequeño Oh con el que pintó y charló una tarde completa, según lo que el pequeño había dicho, KyungSoo había acordado con SeHun que la próxima vez jugarían a más cosas en la habitación del mayor, pues allí tendría los juguetes que más le gustaban y esa idea había emocionado mucho también a SeHun.
La mujer tomó su celular y marcó el número de su amiga, poniendo el altavoz e invitando a su hijo a sentarse en su regazo mientras el tono sonaba grave e intermitente. El niño no demoró en encaramarse sobre su madre, fijando su mirada en la pantalla del celular; una mujer no tardó en contestar, cosa que no le interesaba para nada a KyungSoo.
—YeonHee, ¿cómo estás? —La madre de KyungSoo iba a contestar, pero el niño casi presionó sus labios contra la pantalla para hablar fuerte y claro.
—Señora Oh, ¿está SeHun? ¿Puede venir a jugar?
—Ah, KyungSoo-ya, SeHun está tomando un baño ¿qué tal si mañana lo llevo contigo? Si tu mamá está de acuerdo...
—Está de acuerdo, tráigalo mañana temprano por favor, y usted puede jugar con mi mamá.
Un risita salió del otro lado de la línea que coreó la risa de su propia madre, KyungSoo no entendía la razón, suponía que cuando se era adulto se reían por cualquier cosa o eran más felices de lo que siempre demostraban. No importaba. Si él jugaba con SeHun y su madre con la señora Oh entonces matarían dos pájaros de un tiro.
En cuanto la señora Oh aceptó la invitación se bajó rápidamente de las piernas de su madre y corrió a su habitación para desarmar con cuidado sus figuras de legos, guardando cuidadosamente cada pieza para no tener percance alguno al día siguiente.
KyungSoo estaba emocionado, aún estando solo en ese momento la sonrisa no se borraba de su rostro y sus manitos se movían a una velocidad que pocas veces utilizaba. Si SeHun jugaba con él entonces todo sería mucho más divertido, porque SeHun era inteligente, hablaba poco y era tierno. Sólo lo conocía de un día, pero lo extrañaba un montón y estaba seguro que lo seguiría haciendo a menos que vivieran juntos.
—Ah, cuando grandes podemos vivir juntos. Como mamá y papá... —se recordó a sí mismo, escribiendo en la libretilla de tareas que hacer -esa en la que revisaba qué días debía entregar sus deberes para la escuela-: «Vivir con SeHun», luego de pensarlo un poco más agregó: «y adoptar un león... o un gato». Porque era aquel animal el que habían pintado juntos, el que los había unido y el que los hizo complementar sus habilidades, pero como los leones parecían animales grandes y algo peligrosos un gato también podía servir.
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KyungSoo estaba muy triste, y sólo podía formar un puchero. Luego de jugar casi todos los días con SeHun, habiendo días donde caían dormidos en la misma habitación mientras pintaban y despertaban a la mañana siguiente tapados y con un rico desayuno esperándolos en la mesa, no poder verlo le ponía de mal humor. SeHun había cogido un resfriado y no podía jugar con él porque tenía fiebre y se sentía realmente mal.
Le insistió toda la mañana a su madre, pero ella le dijo que sería problemático si se contagiaba, además de que no era buena idea molestar a SeHun cuando estaba enfermo. Y tenía razón, como siempre. KyungSoo lo que menos quería era hacer sentir peor a SeHun, sólo por eso pudo calmarse hasta la hora de la merienda, y justo cuando iba a tomar una siesta, su mamá le avisó que había recibido una llamada de la señora Oh diciendo que SeHun estuvo todo el día exigiendo que le dejaran ver a KyungSoo, así que, aunque sonara a una mala idea para las adultas, acordaron que si era por un ratito entonces ambos podrían verse.
Abrió lentamente la puerta, divisando una habitación algo oscura y a SeHun de brazos cruzados mientras se apoyaba en el respaldo de su cama, con un rostro muy malhumorado, tanto, que ignoró a quien sea que estuviera entrando y se esforzó por lucir más enojado.
—SeHun, ¿estás aburrido? —KyungSoo tomó asiento en la cama del menor y peinó su flequillo, ganándose por fin su atención y una sonrisa torcida, esa que lo hacía lucir tan tierno.
—KyungDdoo —estiró sus brazos y apretó sus dedos, sin tocar al mayor—, mamá dijo que no podías venid podque podíaz enfedmad.
KyungSoo rió. Hacía poco descubrió que SeHun hablaba raro porque le faltaba una de sus paletas y el seseo era incontrolable, ahora enfermo, también estaba algo gangoso. Y no le importaba, él se había enfermado antes y aguantarlo no era problema si con ello podía llevarse un abrazo del cansado SeHun.
Por eso lo abrazó y posó sus labios sobre la frente del menor, dándose cuenta que tenía algo de temperatura. Se sentía bien, no acostumbraba besar a nadie que no fuera parte de su familia, pero podía hacerlo con SeHun porque él era la excepción en todos los casos. Así que, aprovechando quizás que el menor había cerrado los ojos con el primer beso, bajó un poco y le dió otro en sus pequeños labios.
KyungSoo sintió cómo de rápido se le pegaba la fiebre y sus mejillas comenzaban a acalorarse como locas al mismo tiempo que su estómago se sentía entre vacío y lleno al mismo tiempo. SeHun le sonrió antes de ocultarse tras su cobija, un buen momento para salir corriendo de la habitación e irse a casa con su mamá.
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KyungSoo estaba enfermo, en cama y con 39 grados de fiebre, pero nada de eso importaba porque SeHun estaba a su lado hablándole se ballenas jorobadas y orcas, además, siempre que se lo pedía podía recibir un besito que le subiera el ánimo.
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