Capítulo 16
La brisa fresca del bosque del norte de Forks llenaba los sentidos de Embry mientras se preparaban para su primera cacería en el Parque Nacional. El aroma de los árboles y la tierra húmeda era reconfortante, y podía sentir la energía de su manada fluir a su alrededor. A su lado, Lynxin movía su cola con entusiasmo, lista para guiar a todos en esta nueva aventura.
«¿Estás lista, Leah?»le preguntó Embry, volviéndose hacia la loba de pelaje gris plateado claro con blanco. Sabía que esta era su primera experiencia como loba, y no quería que se sintiera abrumada.
«Listísima,» respondió Leah con un tono de determinación, aunque se notaba un ligero nerviosismo en su voz. «Solo espero no ser un completo desastre.»
«No te preocupes, yo estuve en tus zapatos una vez,»la alentó Embry, recordando su propia primera cacería con Lynxin.«Solo sigue el instinto, y no olvides lo que te enseñé sobre la paciencia.»
Nylion se acercó a Leah, moviendo su cola de lado a lado. «Además, si fallas, siempre puedes culpar a Embry. Es el humano raro, después de todo,» dijo con un tono burlón, provocando risas entre el grupo.
«¡Hey! No es mi culpa que los humanos sean un poco torpes al principio,»replicó Embry, sonriendo mientras movía la cabeza.«Pero tengo fe en que lo harás bien. Si yo pude, tú también.»
Lynxin se movió hacia el frente, mostrando su pelaje rojizo pardo y blanco. «Es todo sobre el enfoque. Observa el entorno, escanea para encontrar señales de movimiento. Confía en tus instintos, Leah,»le explicó, con una confianza serena que Embry admiraba.
La manada se adentró más en el bosque, la emoción palpable en el aire. Embry se movía ágilmente entre los árboles, guiado por la experiencia que había adquirido en sus días de caza y pesca con Lynxin. Los sonidos del bosque los rodeaban, desde el canto de los pájaros hasta el susurro de las hojas.
«¡Mira! Allí hay una manada de ciervos,»indicó Embry, señalando con su hocico hacia un claro donde un grupo de ciervos pastaba despreocupado. La adrenalina comenzó a fluir en su sistema, y se volvió hacia Leah y Nylion.«Recuerden, lo más importante es la estrategia. No se asusten, y asegúrense de moverse en silencio.»
«¿En silencio? Eso es un poco complicado para mí,»bromeó Leah, riendo suavemente.«Soy buena para hacer ruido. Pregúntenle a mi hermanito.»
«Solo asegúrate de no asustar a los ciervos, o nunca voy a dejar de oír a papá quejarse de ti,»respondió Nylion, guiñándole un ojo.
Embry se rió mientras observaba a Leah prepararse.«No se trata de ser silenciosa como un ninja. Se trata de ser consciente de tus movimientos. Recuerda lo que hablamos, es sobre el momento adecuado para atacar.»
Con el grupo listo, comenzaron a moverse hacia el grupo de ciervos, siguiendo la dirección del viento. Embry se posicionó al lado de Lynxin, sintiendo la conexión entre ellos fortalecerse en el aire.
«Esta vez seré más rápida,»murmuró Lynxin, su voz resonando en su mente a través de su vínculo.«Tú solo asegúrate de no asustar a Leah.»
Con un asentimiento, Embry se concentró en el objetivo. A medida que se acercaban, los ciervos comenzaron a alertarse. «Es ahora o nunca,»pensó, moviéndose en sincronía con Lynxin.
De repente, Leah hizo un movimiento brusco, asustando a los ciervos. «¡Lo siento!«exclamó mientras se disculpaba. «No sabía que iba a hacer eso.»
«Tranquila,»le dijo Embry, tratando de mantener la calma.«A veces pasa. Aprenderás a manejar tus movimientos.»
Lynxin sonrió mientras se lanzaba al ataque, siguiendo a Embry.«Vamos, Embry, ¡demuestra tu valía!»le gritó mientras corría.
Con un rugido interno, Embry se lanzó tras Lynxin, sintiendo cómo la emoción se apoderaba de él. La cacería se convirtió en un baile entre ellos, esquivando árboles y saltando sobre obstáculos, todos en perfecta sincronía.
Finalmente, después de un rato, lograron rodear a un ciervo más lento, y Embry sintió la satisfacción de haber contribuido a la cacería, uniendo fuerzas con Lynxin y enseñando a Leah en el proceso.
Una vez que la cacería terminó y el grupo se reunió, Embry sintió una oleada de orgullo.«Lo hiciste genial, Leah. Solo necesitas un poco de práctica, y pronto serás una cazadora experta.»
Leah sonrió, y sus ojos brillaron con emoción.«Gracias, Embry. Fue increíble, incluso si no fui perfecta.»
«¡Por supuesto que no! Eso viene con la experiencia,»intervino Nylion, riéndose mientras sacudía su pelaje.
«¿Ves? ¡No es tan difícil ser un lobo salvaje!»dijo Lynxin, sonriendo con orgullo hacia Leah.
Embry miró a su alrededor, sintiendo que había encontrado su lugar. Juntos, habían formado una nueva manada, y con cada paso que daban en el bosque, sentía que el lazo entre ellos se hacía más fuerte.
Amore y Paul, desde la distancia, intercambiaron una mirada que decía más que mil palabras. Era un entendimiento profundo y visceral. Sabían, sin necesidad de verbalizarlo, que lo que estaban presenciando era un acto natural, el cortejo del celo, que marcaba la transición de sus cachorros hacia la adultez. En noviembre, la estación del apareamiento se acercaba, y el aire estaba impregnado de una energía palpable.
«Es obvio que están en eso,« comentó Amore en un susurro su pensamiento, su voz resonando suavemente en el aire. «No creo que sea solo un juego de cachorros.»
«Lo sé,»respondió Paul, sintiendo una mezcla de orgullo y melancolía.«Recuerdo cuando tuve que hacerlo. El instinto no se puede ignorar, y parece que nuestra pequeña se ha adentrado en ese mundo sin pensarlo demasiado.»
Mientras Amore miraba a su compañero, el brillo en sus ojos se volvió más suave. «Es solo natural, Paul. Están destinados a esto. Pero no puedo evitar sentir un nudo en el estómago al pensar en lo rápido que crecen. Nuestra pequeña ya no es una cachorra como meses atrás.»
Paul asintió lentamente, el corazón pesado por la nostalgia. «Y yo lo sé, pero no quiero aceptar que ya no es la pequeña que solía cuidar,«dijo, rozando suavemente su hocico con el de Amore. Era un gesto que reflejaba su conexión como alfas, un recordatorio de que, aunque el cambio era inevitable, seguían siendo los guardianes de su manada.
La idea de que su hermanita, la pequeña Lynxin, fuera la primera en embarcarse en la danza del cortejo los dejó atónitos. La lección de la naturaleza estaba siendo impartida de manera clara y directa, y ellos, que habían visto crecer, se dieron cuenta de que el tiempo había volado.
«¿Quién lo habría pensado?»murmuró Tauro, incapaz de apartar la vista de la escena.«Nuestra pequeña hermana haciendo esto primero. Pensé que sería la última en el cortejo, por los celos de papá«
«Es una locura,»agregó Orion, sacudiendo la cabeza con incredulidad.«No puedo creer que Embry y ella hayan llegado tan lejos. Se supone que debemos ser los primeros en hacer eso, ¿no?»
Opal, que había estado observando con una expresión seria, finalmente rompió el silencio.«Supongo que todos nosotros debemos aprender a aceptar que los tiempos están cambiando. Ella ya no es una cachorra; está creciendo.»
Los cuatro hermanos se quedaron en silencio, mirando cómo Embry y Lynxin compartían un momento íntimo tras estar comiendo de su presa, ignorando el mundo a su alrededor mientras el instinto guiaba sus acciones. Leah, aunque había intentado participar en la cacería, se había convertido en una espectadora torpe, incapaz de apartar la mirada de Embry y su hermana, quienes se movían en perfecta sincronía, casi como si el bosque mismo estuviera aplaudiendo su conexión.
Mientras Paul y Amore continuaban observando, Paul sintió una oleada de emoción. «Esto es lo que siempre temí, Amore. El momento en que nuestra pequeña se dé cuenta de que está destinada a algo más. Pero tengo que dejar que la naturaleza siga su curso.»
«Lo sé, pero no puedo evitar sentirme protectora,»confesó Amore, sus ojos llenos de comprensión.«Pero debemos permitirles ser libres. Es su vida, y así es como debe ser.»
Paul asintió, sintiendo que debía dejar ir, aunque el instinto protector seguía latente.«Tal vez solo debamos guiarla y asegurarnos de que esté a salvo en este nuevo camino. Al fin y al cabo, estamos haciendo lo mismo por Nylion y los demás.»
Amore asintió felizmente, dandole una lamida al hocico de su compañero lobo viendo cómo el ciclo de la vida continuaba su curso. «Siempre seremos su hogar. Eso nunca cambiará.»
Paul asintió lentamente, el corazón pesado por la nostalgia.«Y yo lo sé, pero no quiero aceptar que ya no es la pequeña que solía cuidar,»dijo, rozando suavemente su hocico con el de Amore. Era un gesto que reflejaba su conexión como alfas, un recordatorio de que, aunque el cambio era inevitable, seguían siendo los guardianes de su manada.
Mientras tanto, Nylion y los demás machos lobos, paralizados por la escena que se desarrollaba frente a ellos, intercambiaron miradas de asombro. La lección de la naturaleza estaba siendo impartida de manera clara y directa, y ellos, que la habían visto crecer, se dieron cuenta de que el tiempo había volado.
Mientras el sol comenzaba a ponerse, bañando el bosque con un resplandor dorado, el grupo de lobos permaneció en su lugar, observando el espectáculo de la vida desplegarse ante ellos. Era un recordatorio de que el amor, la lealtad y el instinto eran más fuertes que cualquier otra cosa, y en ese momento, todos comprendieron que estaban unidos en esta danza de la vida, en la que cada uno tenía su papel, y el amor siempre prevalecería.
Amore y Paul sabían perfectamente, solo con mirarse, que el acto que Embry y su pequeña Lynxin habían realizado era el cortejo del celo del lobo salvaje. Era obvio que en algún momento sucedería; estaban a finales del mes de noviembre. Y así como en su momento Paul tuvo que hacerlo por cuenta propia, parecía que su pequeña y Embry lo habían hecho de forma inconsciente e incondicional. Aunque el lobo gris oscuro fuera un posesivo y protector padre, sabía que ya no estaba en él intervenir; debía dejar que la naturaleza surgiera.
«Percibía que en el momento en que volviera, su celo llegaría también», pensó Amore privadamente en el lazo de Alfas con su compañero Paul.
«Y yo lo percibía, pero no quería aceptarlo; nuestra pequeña ya no es una cachorra como meses atrás», pensó conmovido Paul, mientras rozaba su hocico con el de su impronta, tratando de no largar lágrimas.
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