Capítulo 12

Embry había estado dándole vueltas a la cabeza todo el día. Desde que Paul y Amore se habían marchado al bosque, había sentido el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. Su vida, antes organizada en una rutina cómoda, ahora lo hacía sentir fuera de lugar. El taller, la manada, las tareas domésticas, todo lo que antes le había proporcionado un sentido de estabilidad ahora le parecía una cadena que lo mantenía alejado de Lynxin. Sabía que ella extrañaba profundamente a su familia, aunque nunca lo decía directamente. El único consuelo que encontraba era la presencia ocasional de Nylion, su hermano mayor, quien se aseguraba de darle algo de compañía cuando Embry estaba atrapado en sus obligaciones.

Esa noche, Lynxin y Nylion estaban juntos bajo las estrellas, compartiendo una rara conversación, mientras Embry había aprovechado la ocasión para hablar con Leah, que había venido a ver a Nylion.

[...]

«¿Cómo te sientes?»preguntó Nylion a su hermana mientras observaban las estrellas desde la orilla del bosque. Habían elegido ese lugar porque les recordaba su hogar en el norte, aunque las sombras del bosque no eran tan densas ni los sonidos tan familiares.

«Extraño a mamá y a papá. Más de lo que pensaba.» – admitió Lynxin telepáticamente, acurrucándose junto a su hermano. «No es que Embry no me cuide, lo hace… pero no es lo mismo. Nuestro mundo es tan diferente al suyo.»

Nylion asintió, sabiendo perfectamente a lo que se refería. Él también lo había sentido. Aunque ahora estaba imprimado con Leah, y ella se había convertido en su mayor prioridad, no podía evitar sentir el tirón de su naturaleza. El bosque lo llamaba, al igual que a Lynxin.

«Lo sé. Yo también lo siento, aunque Leah esté aquí. Es raro, ¿no? Este mundo de los humanos no nos pertenece, y sin embargo, estamos aquí por ellos.»dijo Nylion.

Lynxin guardó silencio por un momento, observando las hojas moverse con el viento suave. Sabía que su hermano la comprendía mejor que nadie, incluso cuando intentaba poner buena cara para Embry.

Mientras tanto, cerca del taller, Embry y Leah hablaban, ambos sintiendo el peso de sus vidas cambiadas por la impronta.

—¿Cómo lo estás llevando?—preguntó Leah, su tono serio pero no falto de comprensión.—Nunca pensé que mi vida cambiaría tanto por alguien más. Pero aquí estoy, atada a Nylion. Supongo que tú te sientes igual con Lynxin.

Embry suspiró, apoyándose en la pared del taller.

—Es difícil. No es que no quiera estar con ella, pero mi vida aquí… está tan arraigada. El taller, los chicos de la manada, mi casa. Todo es rutina, y me siento… cómodo. Pero a la vez, sé que eso no es suficiente. No para ella. Y lo peor es que sé que sufre en silencio, sin decirme lo que realmente necesita.

Leah asintió. Ella también había sentido esa misma tensión. Aunque había aceptado a Nylion como su compañero, el contraste entre sus vidas era evidente.

—Yo también lo noto en Nylion. Aunque pasamos tiempo juntos, aunque intentamos que todo parezca normal, sé que él añora el bosque. Él pertenece a ese mundo, no a este. Y yo…— suspiró Leah, mirando a Embry con una expresión de empatía. —Nosotros pertenecemos a nuestra gente, pero también a ellos por nuestra espiritualidad protectora lobuna. Y ese tirón duele, ¿verdad? Porque no sabemos qué hacer para hacerles felices sin perder parte de nosotros mismos.

Embry la miró, sorprendido por lo bien que había captado sus propios sentimientos, diciendo:—Exactamente. A veces siento que estoy perdiendo algo importante al no decidirme. Pero a la vez, no puedo simplemente dejarlo todo atrás. ¿Cómo lo haces tú?

Leah se encogió de hombros, su expresión ahora más pensativa.

—La verdad, lo hago por él. Sé que Nylion me ama, y yo lo amo a él. Pero sé que, al final, será él quien tenga que decidir, pero si el se va, no tendré de otra que seguirlo, no quiero moror joven, ¿Sabes? Yo puedo intentar hacerle feliz aquí, pero su verdadera naturaleza siempre tirará de él.—comentó Leah con cierta ironía, teniendo sus relucientes 30 años.

Embry asintió, comprendiendo. Ambos estaban en el mismo barco, tratando de equilibrar dos mundos que parecían irreconciliables.

De vuelta en el bosque, Lynxin miraba a su hermano pelirrojo con ese manto blanco tan característico de su madre con esos ojos bicolores: dorado y negro y su mente llena de pensamientos.

«Nylion, ¿tú crees que Embry algún día decidirá dejar este mundo por el nuestro?»le preguntó Lynxin.

Nylion suspiró, sabiendo que la pregunta pesaba sobre su hermana desde hace mucho.«No lo sé, Lyn. Pero si lo amas, tendrás que esperar. No es fácil para ellos. Su vida aquí tiene sentido, y para ellos, dejarla sería un sacrificio enorme.»

Lynxin bajó la cabeza, procesando las palabras de su hermano.«Lo sé. Y lo entiendo. Pero cada día que pasa siento que él y yo estamos en diferentes mundos. Y no sé si puedo soportarlo mucho más.»

Nylion la abrazó con su larga cola peluda y con su gran cuerpo mas grande que el de su pequeña hermana, comprendiendo su dolor.

Más tarde, cuando Leah y Nylion se reencontraron, ambos sabían que la conversación con sus respectivos compañeros y amigos no había resuelto todo, pero les había dado claridad.

«Tendremos que seguir adelante, por ellos. Incluso si nos duele.»pensó Leah al verlos despidiendose los lobos hermanos con una mirada de ánimo mutuo para su situación comprometida.

«Pronto tendremos que encontrar una forma de no perderlos. De alguna manera.»pensó Embry angustiado por esa mirada tan profunda que los hermanos se daban.

Y con esa reflexión, cada uno volvió con su compañero, sabiendo que la verdadera decisión aún estaba por llegar.

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