|Cap ₇|Primeros roces.

—Así que... —empieza Jimin—. ¿Me estás diciendo que quieres practicar boxeo para distraerte del hecho de que te gusta la nueva amiga de mi hermanita, y además te sientes celoso de su novio? ¿Sabes que es casi cuatro años menor que tú?

Más de mil quinientos años menor que yo, en realidad. Pero, ¿quién los cuenta?

—¡Eso no fue lo que dije! —me quejo al volante.

—Jungkook —me muestra una expresión de obviedad—. Te acabo de mencionar que Yoongi casi le rompe la pierna a Tae y tú sólo respondiste: "Sí, bueno, ¿pero ya viste los lindos ojos de ___?" Admítelo, te gusta.

—¿Pero los viste o no?

—Jungkook...

Sacudo la cabeza y suspiro, el rubio por otro lado mantiene su silencio.

—Tranquilo... —pronuncio en voz baja—. Sé lo que debo hacer. Ella no puede gustarme y lo entiendo, ¿sí? Es por eso que pretendo alejarme.

—Claro pero, ¿acaso podrás? La tendrás casi siempre en tu casa, y es imposible alejarte de algo que siempre se encuentra presente, ¿entiendes eso, Jungkook?

—Lo tengo controlado, Jimin —estaciono el auto afuera del centro comercial—. Además, tú te has enrollado con muchas personas.

—Tú también —me mira—, y con muchas chicas, pero lo hemos hecho sin sentimientos, ¿no? Quiere decir que no influye en nuestras misiones.

Trago saliva y asiento. Por un instante olvido que el rubio no tiene conocimiento de aquella verdad. Entonces, quiere decir que no le da demasiada importancia al hecho de que me guste ___, porque para él yo ya he estado con muchas mujeres, y no piensa que sentir atracción para mí es el peor de los problemas.

Pero lo es, joder. Nunca creí que llegaría a sentir atracción por un humano, y ahora que lo hago, se me es insoportable.

Y es que es complicado aceptar que ella está ahí, tan cerca de mí pero a la vez tan incansable, así como las estrellas. Puedo verlas, deleitarlas cada noche de mi existencia, apreciar su luz y admirarlas, sin embargo, no puedo tocarlas.

No se me permite tocar a ___.

Han pasado unos días desde que la dejé en su casa por última vez. Dentro de la Universidad trato de no caminar por los mismos pasillos en los que ella circula a diario, y siempre está con Yon, así que no me complica adivinar en dónde está. Probablemente almuerzan en el patio o escriben trabajos en la biblioteca.

Y yo... bueno, yo intento concentrarme en mi trabajo de arte.

—Opino que deberías distraerte —me dice Jimin.

—¿Con qué? —se me iluminan los ojos, creyendo que él sería capaz de ayudarme con el problemita.

Problemita cuyo lindo nombre es Lee ___.

—Acostarte con una chica podría funcionar —termina por hablar.

Pero mis hombros decaen, y salgo del auto. Definitivamente tener relaciones sexuales con una desconocida, no me ayudaría. No está en mis planes entregar mi cuerpo.

Aún no.

Y entonces me pregunto por qué es tan sencillo para la gente mostrar su desnudez ante los ojos de una persona o más. Y es contradictorio al mismo tiempo, porque aunque piense que el cuerpo humano es de las cosas más naturales que existen en este planeta, mi postura como persona que ha vivido veintiún años aquí, me hace creer que no. Mi abuela es la culpable del pensamiento que poseo hoy en día, supongo. Ella me ha hecho entender que cada acción que hagamos, tiene un significado o es especial a su manera.

Soy reservado.

Miro a Jimin mientras entramos al edificio, y me matan las ganas de preguntarle qué es lo que siente cuando besa los labios de una persona.

Seguramente ha besado muchas bocas, ¿pero acaso sentirá que es especial con todas ellas?

No paro de pensar en ello.

Ojalá alguien pudiera responderme esa pregunta.

Entramos a una tienda luego de subir las escaleras mecánicas y llegar al cuarto piso.

—Este saco de aquí parece bien —comenta el rubio, tocándolo y examinando su tamaño.

El saco de boxeo es negro con líneas azules, y aunque debería llamar mi atención, no lo logra, pues mi vista queda pegada por las afueras de la tienda de deportes, a través de aquel gigantesco ventanal que me permite observar la forma en que los dedos de ___ yacen entrelazados por los de su novio.

Caminan por el centro comercial, él comenta algo y ella sonríe. Supongo que no es tan malo ser novia de ése tipo. Aquel detalle me hace entender que voy por el camino correcto. Quizá su novio sea un gran apoyo dentro de su vida, y yo intenté entrometerme injustamente.

—¿Y? —cuestiona Jimin—. ¿Jungkook?

—Ah —volteo a verlo, me preocupo de cerrar mi boca—. Sí, llevaré ese.

—¿Desean agregar guantes? —ofrece el vendedor.

No me doy cuenta que estoy callado, hasta que el rubio me hace un ademán con los dedos frente al rostro.

—Tierra llamando a las estrellas... —dice, fruncido de ceño.

—¡Ah! Sí, perdón —saco la billetera de mi bolsillo trasero—. Sí, quiero dos pares de guantes por favor.

—Estás raro... —masculla a mi lado mientras pongo la clave en la maquina para pagar.

—Sabes que soy así —mascullo también.

—¿Es por la humana?

—Su nombre es ___, Jimin.

—Lo sé, pero ¿desde cuándo los nombres importan tanto cuando hablamos a solas?

—Desde que me di cuenta que importan.

—Entonces debería llamarte; "1997" y no "Jungkook".

—Me gusta "Jungkook".

—¿Desde cuándo? —aclara la voz, mirándome. Es entrometido cuando quiere.

—Desde siempre, ¿sí? —guardo la tarjeta.

Desde que soy nombrado por ella.

—Mentiroso —suspira, arrastrando el carrito con la caja de mi pedido.




•••




Después de llevar al rubio a su casa y conducir a la mía, estaciono mi auto y dejo el saco en el garaje junto a los guantes, respirando con un poquito de pesadez luego de haber cargado con eso. En ello, papá entra.

—¿Un saco de boxeo? —es lo primero que pregunta.

—Pienso ejercitarme —cierro el maletero.

—¿Te gusta alguien?

—¿Qué? —abro grandemente mis ojos.

—Que si te gusta alguien, hijo.

—¡No! —desvío la mirada, pero vuelvo a verlo, más calmado—. ¿Por qué lo preguntas?

—Bueno, es que a tu edad hacía lo mismo... —sonríe a medias, hundiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón—. Ya sabes, cuando me enamoré de tu madre.

Se ablanda mi mirada y trago saliva. No quiero hablar de esa mujer, así que cambio el tema de conversación.

—¿Por qué estás aquí? Deberías estar arriba...  en tu oficina.

Él bota aire y se encoge de hombros.

—Estaba pensando en viajar a Miami con Lee y su hija. Creo que es una buena forma de conocernos mejor, ¿no? —hace una mueca al ver mi reacción—. Espero no te molestes conmigo.

—¿Cuándo?

—¿Cuándo lo decidí?

—Sí.

—Hoy.

Aprieto mis labios.

—¿Y cuándo nos vamos? —le pregunto.

—Ah, hoy también —contesta de lo más tranquilo.

—¡¿Qué?!




•••




Con papá habíamos pasado a buscar a la señora Lee al hostal en el que trabaja. Ellos ahora conversan en la parte de adelante, mientras yo apoyo mi codo en la puerta, observando a través de la ventana.

Me encuentro inquieto como siempre, y al mismo tiempo me irrita reconocer que tendré que pasar una semana en otro país junto a ___. No quiero tenerla cerca, me hace mal. Ella no me provoca buenos pensamientos.

Debería dejar de pensar en ella.

—Intento comunicarme con ___, pero no me contesta los mensajes —dice la señora Lee.

Genial, no quiero recordarla pero nadie coopera. Sólo falta leer su nombre en un cartel o anuncio de la televisión.

—¿No sabes dónde está? —le pregunta papá.

—Me dijo que saldría con Min Ho; su novio. Pero nada más que eso.

Con que así se llama...

—Mhm... —suspira el mayor, conduciendo por la ciudad.

Pero, ¿por qué ___ no contesta los mensajes? ¿Acaso le sucedió algo? ¿Estará bien? Basta, no debo preocuparme. No es mi problema.

—Está en el centro comercial, la vi hace un rato —hablo, mordiendo la parte interior de mis mejillas.

¿Qué parte de "no es mi problema", no entiende mi boca?

—Gracias, hijo —sonríe papá, tomando inmediatamente la ruta más cercana al lugar.

—Está bien, la llamaré —dice ella, marcando su número y poniéndola en altavoz, hasta que contesta.

—¿Mamá?

Oh, ___. ¿Qué le sucede a tu voz?

—¿Aún estás en el centro comercial?

—Estoy en el estacionamiento, en realidad —responde ___.

—Perfecto, porque vamos por ti.

—¿Por mí? ¿Quiénes?

Y cuando llegamos, visualizo su cuerpo, ella usa un lindo vestido que le queda fenomenal. Abraza su pequeña mochila a su estómago y entreabre sus rojizos párpados. Luce tristemente preciosa, y me molesta, sobre todo porque esta tarde no lo llegué a notar del todo. Supongo que es porque sólo había podido concentrarme en la manera que abrazaba la mano de Min Ho.

Papá abre la ventanilla de su puerta.

—Vamos, ___, sube.

Pero la pelinegra lo duda un poco, viendo el interior del auto. Y mientras ella se lo piensa, yo bajo mi ventanilla y me atrevo a chocar miradas con su novio, quien aún la observaba desde su auto. Él abre su boca y niega con la cabeza, como respuesta alzo una ceja, intentando descifrar qué fue lo que le dijo a ___ para que tuviera los ojos así. Finamente, la susodicha abre la puerta de atrás y se sienta a mi lado, justo cuando vuelvo a subir la ventanilla.

—Jungkook —me nombra ella.

Que alguien le corte las cuerdas vocales por favor.

—¿Muy ocupada? —le pregunto, buscando respuestas a su extraño comportamiento.

—No realmente.

—Qué bueno, porque nos vamos de viaje —le dice papá—. Una semana a Miami.

—¿Qué? —se asombra—. Nadie me avisó sobre esto.

A ninguno de nosotros, en realidad.

Pero entonces caigo en cuenta de lo increíble que luce con ropa tan sencilla. Su cabello está sedoso y respiro disimuladamente su olor, cerca de su oreja, apartando totalmente el hecho de pasar desapercibido. Aunque no quiera, la tengo aquí, tan cerca de mí, y mis ojos caen sobre sus piernas; siempre las mantiene tan cerradas, como si le temiera a algo.

Lucho contra el instinto de tocar su piel, porque es incorrecto. Pero parece tan suave, y me cuesta no imaginarme teniendo sus muslos sobre mis hombros, mientras aspiro el agradable olor de éstos, bañados en jabón y crema.

Hasta que pierdo la guerra conmigo mismo.

—Separa tus piernas, no voy a hacerte algo —susurro, muy cerca.

Ella se exalta.

Una de mis manos se posa sobre cuya pierna que roza delicadamente con la mía, y me sorprendo cuando ___ cierra sus ojos y bota aire por la boca, justo cuando separo sus muslos del contrario.

Intento que no me tiemblen los dedos, porque acabo de tragar saliva y estoy tolerando el hecho de que me encuentro tocando su pierna y ella no pretende alejarme. Eso me pone aún más nervioso.

¿Debería hacer algo? ¿Debería quitar mi mano de su piel? Ella tiene novio y yo lo sé, ¿eso me convierte en un mal humano?

Pero entonces, cuando llegamos a mi casa para buscar a mi abuela y nuestros padres salieron del auto para traerla, dejándonos solos y a oscuras, ella suspiró y acercó minuciosamente su mano hasta posarla en mi rodilla. Ni si quiera me miró, sólo... me regaló un inofensivo toque que no pretendí alejar, porque... extrañamente me agrada.

Sólo la grandeza de la luna y nuestros ojos han podido presenciar la manera en que posamos nuestras manos en la pierna del contrario, como si se tratara de lo más inofensivo y lejano que algún día llegaríamos a hacer.

En ello, todos entran al auto y nos apartamos, como si no hubiéramos hecho algo. Como si el cosquilleo en mi pelvis jamás se hubiera generado, y ___ nunca me hubiera tocado.

Porque sé que ___ no desea reconocer que probablemente sintió lo mismo que yo, así que me limito a mirar por la ventana y ponerme los audífonos, ignorando lo sucedido, como ella también lo hace.

Es lo mejor.





•••





En el avión, intenté no hablarle para no incomodar más la situación. Pero digamos que ella no me lo hace fácil. Me está mirando hace como cinco minutos y cree que no me doy cuenta porque mantengo mis ojos cerrados.

—Esa chica te está mirando desde hace varios minutos —me dice ___ en voz baja.

¿Podrías entender que sólo me importa que tú lo hagas?

—Analiza atenta y sigilosamente cómo me interesa —acomodo mi almohada.

—A ti no te interesa nada en realidad.

Me interesas tú.

—Claro que sí me intereso en cosas —la miro.

—Ajá, como en las estrellas.

—Es porque las estrellas son estrellas. No existe nada ni nadie que las compare —le digo.

—Y esa es la causa del porqué no te interesas en cosas que sí puedes tocar.

—Cuando seas una estrella, hablamos, ¿sí?

Pero quizá lo es. Mierda, ¿y si lo es? ¿Y si es una estrella terrenal? Detesto admitir que ya he comparado a ___ con una de ellas, porque lo empeora todo. No existen las estrellas terrenales, pero personalmente, creo fielmente que es un sinónimo de aquellas personas buenas y de alma pura. No he conocido muchas, sólo mi abuela.

Pero a mi abuela no la considero una estrella. Ella es únicamente una buena persona.

Pero, ¿___? ¿Qué es ___?

—Sólo quiero decir... —suspiró y volteó a ver por su ventanilla—, que a veces las estrellas están mucho más cerca de lo que parece.

Eso creo.

—Ilumíname —le digo.

—Que tal vez la chica que te estuvo mirando puede ser una estrella —me ve a los ojos—, y no lo has notado porque ni si quiera quisiste verla.

Es verdad, no quiero.

Porque sólo veo a ___, ni si quiera me he tomado el tiempo para voltear a ver a ésa otra chica, porque quien ha capturado mi completa admiración, está aquí, junto a mí, mirándome sólo a mí.

Ninguna persona dentro de este avión es una estrella, ___. Sólo tú. ¿Acaso no te das cuenta de la luz que emana de tu cuerpo, únicamente gracias a tu mera existencia? El sol y la luna se encuentran celosos de ti, y ni si quiera lo sabes. No sabes nada.

—¿Y para qué querría verla a ella? —cuestiono, anonadado a través de su esencia.

_________________

Iba a subir un maratón, pero se me hizo tarde para editar el capítulo 8, así que perdónnnn. Además estoy enfermita, con tos, dolor de garganta, cabeza, ufff, de la mierda :'D (tengo la cabeza con muchas cosas, así que anduve complicada con el tema de continuación entre libro y libro, por lo tanto, cualquier error que haya escrito, lo editaré más tarde) 🤍

Yo:

En fin, gracias por leer como siempre 🤍 Love u Parkmy's 🤍

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top