15. Un frisbee violeta
I've been holding my breath
I've been counting to ten
Over something you said
I've been holding back tears
While you're throwing back beers
I'm alone in bed
July - Noah Cyrus
A mamá nunca le agradó el mejor amigo de papá.
Al principio, no entendía por qué. Los domingos solía venir a cenar a casa para ver el partido. Traía mi pizza favorita, helado de postre y me saludaban con un «Hola, campeón. ¿Cuáles son tus predicciones para el juego?». Pedía permiso, daba las gracias y ayudaba a limpiar, cosa que Hugo Quach jamás hacía.
Incluso tenía un nombre inocentemente gracioso: Pips.
Solía creer que mamá era una amargada, hasta que un día me terminé el helado antes de tiempo y quise más. Mi padre seguía tirado en el sofá viendo la tele. Fui a la cocina y me quedé congelado. Ella estaba lavando incómodamente los platos y el amigo de papá estaba detrás de su cuerpo, tan cerca que no había espacio entre ellos. La mano del hombre estaba subiendo el dobladillo de su falda.
Tenía diez años pero sabía que eso no era correcto. Al menos, la cara de mamá decía cualquier cosa menos que estaba bien.
—No inventes cosas —solía decir papá cuando ella se quejaba de Pips—. Como si alguien más quisiera ponerte las manos encima. Demasiada autoestima tienes, Char.
Deseé tanto haber tenido una cámara de fotos. Por años pensé que si hubiera capturado esa mano escabullirse sin permiso bajo el vestido, papá le hubiera creído. Ahora sé que no es necesario una prueba. La palabra de la mujer basta y sobra.
A pesar de ser testigo, no hice nada para detener el crimen. Me dio miedo. Pips —que de inocente solo tenía el nombre— era grande y yo pequeño. Hasta el día de hoy rememoro esa noche y lo cobarde que fui por regresar a la sala de estar con el tazón vacío. Sin embargo, lo que me pregunto cuando veo a mamá lavar los platos es cómo pudo soportarlo.
Si a mí me dio tanto miedo, ¿cuánto sintió ella? Si lo sigo recordando luego de ocho años, ¿quedará grabado para siempre en su memoria?
Cuando Maxime me contó de Wilder, recordé a Pips.
«¿Cuáles son tus predicciones para el juego?» Un llamado a la policía y que termines arrestado, baboso.
Sé que el amigo de papá nunca estuvo a solas con mamá por más de los dos minutos que les llevaba juntar la mesa y lavar los platos —empecé a ofrecerme a hacerlo luego de esa noche— y, sin minimizar lo que pasó con mi progenitora, me horrorizo incluso más al pensar en lo que pasó Maxine a solas con Wilder, noches y días enteros.
No quiero hacerlo, pero mi cerebro inventa imágenes horribles desde que me enteré el sábado pasado. Sentir el peso de alguien sobre ti y no poder moverte, encogerte mientras te quitan la ropa, que te toquen en todos los sitios que no quieres que lo hagan, intentar parar a la persona y que esta siga, suplicarle y que te ignore como si no fueras más que un objeto... Que te fuercen. Que te duela. Que te arrebaten el poder de decisión.
Que te deje con la culpa, aunque tú no tengas ninguna.
Me levanto de la cama. No puedo seguir pensando en eso. Necesito distraerme, así que bajo las escaleras para encontrar algo más en lo que pensar, pero Angus me atropella al venir corriendo. Tiene el rostro húmedo. Intento abrazarlo pero se aparta. Pide perdón y se marcha tan rápido como apareció. Escucho lo gentilmente que cierra la puerta al llegar a su habitación, porque odia los portazos.
—¡Eres egoísta, no sé para qué demonios tuviste hijos si no querías tener una familia! —grita Flint.
Entro a la cocina para encontrarlo enfrentado a mamá, quien tiene las bolsas del supermercado aún a los pies, y una de uvas en la mano. No tiene descanso ni para guardar los refrigerios. Él, apuntándola con el móvil, me da la información suficiente como para deducir que papá volvió a cancelar su visita.
—¡Nosotros cuatro somos una familia! —replica ella.
Mi hermano ríe, iracundo.
—No. Nos falta un padre para ser una de verdad, y tú sabes muy bien cómo nos lo arrebataste.
Mamá está a punto de largarse a llorar. No entiendo de qué habla Flint, pero por una única ocasión no me esfuerzo en hacerlo.
—¿Pueden parar? —ruego, exhausto. A veces ya no me queda energía ni para ser un mediador y explicarles los beneficios de mantener la voz baja y discutir como personas que están en desacuerdo pero se quieren—. Están asustando a Angus.
Flint se encoge de hombros antes de marcharse:
—Ya dije todo lo que tenía que decir.
Mamá inhala hondo. Se traga las lágrimas. Lanza con enojo la bolsa de uvas en el fregadero. Empieza a lavarlas y recuerdo a Pips detrás de ella. Se me cierra la garganta y no sé qué hacer.
Salgo al patio, tomo el frisbee de Angus y salto la cerca que divide mi casa de la de los vecinos.
Estoy cansado de la gente y sus problemas, de pretender que puedo ayudarlos, de callar que a veces tengo el impulso de armar una maleta, irme y dejarlos a todos lidiando con la vida por sí mismos. Vivir aquí se siente como encender un fósforo, iluminar el camino y que alguien lo apague para que te quedes estancado en una oscuridad impuesta junto a los que se niegan a avanzar. Siempre que parece que estamos mejor, viejas discusiones nos recuerdan que estamos peor.
¿Está mal querer con tanta fuerza que deje de importarme?
Aunque me da más miedo preguntarme si algún día lo hará, porque sabes que dejas de sentir amor por las personas cuando comienza a darte igual lo que sucede con ellas, y vivir sin amor es...
No quiero pensarlo, pero necesito expresarlo.
Apunto a la ventana de Maxine y lanzo el frisbee.
🌈 ¡Buenas tardes, queridos hijos multicolores! 🌈 ¿Pueden creer que a don Santiago no le gustan los perros salchichas? ¿O no que son una de las cosas más tiernas del mundo? 🐶 Nuestra meta 2022 es convencerlo para que podamos adoptar uno y convertirlo en la mascota oficial de las co-autorías.
1. ¿Qué consejo le darían a Raven o a cualquier persona que se siente sobrepasada con los problemas de su familia y amigos?
2. ¿Conocen a algún Pips? 😞
💖 Muchas gracias por seguir acompañándonos, no saben lo mucho que nos alegran el camino. 💖
Con todo el amor y la maldad del mundo, Sereniago les envía un abrazo. 🖤
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