Sentimientos nuevos

Ha pasado un tiempo y todo estaba tranquilo entre las 5 naciones, al menos por ahora, por lo que tomo eso como un permiso completo para relajarse. Al menos le alegraba tener un tiempo de calma sin tener que preocuparse por la vida de sus amigos y quienes le importaba mucho.

Ese ultimo pensamiento ha estado pasaba por su mente en estos últimos días que han pasado.

No, de hecho, no tenía la certeza cuando comenzó, ni siquiera sabia cuándo habían cambiado las cosas, quizás sólo una vaga idea de que ese fluir de los sentimientos se había dado con el correr del tiempo. Tampoco es que él le prestara mucha atención a ese tipo de asuntos que consideraba en gran parte triviales por sus misiones, pero aunque les restara importancia, él sabía que en el fondo siempre mantuvo una tímida atracción hacia... ella. ¿Era incorrecto? Qué más daba. Él tenía siempre esa sensación de que si miraba directamente a los ojos de Sumire a ella le terminaba pasando lo mismo.

¿Era curiosidad lo que veía? 

¿O era algún interés?

Boruto no lo pensaba demasiado. Después de todo, Sumire no era una chica como las demás; ella podía decir o tener las ideas más ocurrentes y graciosas. Decía algo así y podía animar a cualquiera, incluso nunca dejaba de dar su preocupación por cualquiera de su circulo de amigos. Realmente cualquiera era cautivado por sus comentarios de aliento cuando uno bien podía estar también embelesado con la imagen de su angelical rostro.

A él se le removía algo en el interior cada vez que ella sonreía o cuando pronunciaba su nombre en alguna conversación casual. Eso que lo removía era algo que inevitablemente lo llevaba a rascarse el cuello como un predecible autómata cada vez que la dulzura de Sumire lo golpeara.

Le agradaba su presencia, le gustaba que su amiga se interesara en pasar tiempo con él, en buscarlo cuando tenía tiempo..., aunque eso ultimo siempre eran para su chequeo de siempre con el karma.

Pese a todo lo bueno, el gran problema que tenía era que cada vez que ella pasaba a saludar por su casa y él la invitaba amablemente a entrar, los nervios que antes eran insoslayables en el rostro de ella ahora lo invadían insoportablemente cada minuto que la tenía de frente. Pronto la idea de estar mucho tiempo fuera en un misión no le pareció mala idea.

Un día, Boruto se percató de que lo ponía terriblemente mal cuando pasaba por su cabeza la idea de tener que subir con ella a su cuarto en una de esas visitas, y a partir de entonces los encuentros con Sumire se volvieron para él cada vez más insostenibles, hasta el punto de no saber si debía avanzar y enviarle algunas indirectas o si definitivamente era el momento de hacer llamar a Sarada, Shikadai o al menos a Mitsuki para que fueran en su auxilio.

Lo pensaba detenidamente, muy detenidamente.

Si Sumire se negaba a entrar a su casa por el motivo que fuera, era un alivio y estaría a salvó de toda vergüenza hacia él, pero si ella aceptaba con una sonrisa irresistible en su rostro o si era arrastrada hacia las escaleras por la entusiasta de su hermana Himawari, Boruto se hacía la idea de que tendría que relajarse antes de quedarse a solas con ella.

Pensar las cosas con cautela era uno de sus puntos fuertes como shinobi…, pero esto era algo que lo hacía pensar más de lo debido.

La situación ahora era, en que todo lo anterior ya había pasado y ahora se encontraba en una de las situaciones que más lo ponía nervioso.
Sumire había llegado a su casa solo para hacer una visita hacia él, ya que andaba de paso.

Lo peor de todo es que actualmente Himawari y su madre estaban afuera con las compras y no llegarían por lo menos en una hora y media, por lo tanto estaría a solas con ella en ese tiempo en el que tarden en llegar.

Sumire entraba a su cuarto con presunta timidez, pero Boruto daba lo mejor de sí mismo para que el encuentro no cayera en un fatalismo y vergonzoso ambiente.

Por suerte, Nue estaba con ella como siempre. Eso al menos lo convertía en un tercer integrante en el momento.

—Te veo muy bien, parece que no has tenido ningún problema con el karma. —mencionó Sumire con una sonrisa.

—¿Quieres que te traiga algo? Tal vez agua.

—No, está bien —dijo ella—. Estoy agradecida con tu hospitalidad, pero no quiero abusar de ella.

—¿Estás segura?

—Claro, además no es como si me voy a quedar mucho tiempo aquí. No me gustaría quitarte tu tiempo si estás ocupado.

—No lo haces para nada —la tranquilizó con una leve sonrisa en su sien—. Es agradable cuando tú estás 'ttebasa.

—Bueno, lo digo porque Shikadai-kun se expresa mucho más y cuando lo visito, me dice que no tiene mucho tiempo para hablar ya que se ocupa de vez en cuando.

Eso le llamó un poco la atención. No esperaba que estuviera en contacto con Shikadai, ni mucho menos en que lo visitara. ¿Por qué él nunca se lo mencionó antes?

Eso le pellizco en una parte de su pecho, al igual que le molestó. Sin embargo, omitió tales sentimientos en cuanto los sacudió. Imposible que sienta algo como celos por su amigo, además, no es como si tuviera algo con su amiga para quererla monopolizar para él solo.

—Por cierto, Boruto-kun, ¿qué son esas ojeras?

Había llamado la atención de ella cuando notó las pequeñas bolsas que colgaban en las orillas de sus ojos. Boruto comenzó a empezar a responderle rápido.

—No es nada, son cosas mías. Me la paso jugando con mis juegos… Uhm,también llevo unas noches sin dormir. Himawari trae a sus amigos, y a veces no paran de hablar. Su habitación está al lado de la mía. Anoche tuve que asomarme a su cuarto y pedirle que bajaran la voz. Creo que ahora está un poco resentida conmigo, dice que me he vuelto un aguafiestas. Incluso no me llamó para desayunar esta mañana 'ttebasa.

Sin querer se había percatado de que había estado hablando de más, cosa que no era lo que tenía en mente. Solo pensaba en comentar dos cosas, pero al final soltó un poco sus problemas recientes.

Era innegable que la presencia de Sumire lo ponía nervioso, no era la primera vez que aquello ocurría. Siempre era igual.

Tan solo conversaban acerca de asuntos rutinarios y triviales, y sin embargo, la cercanía que proyectaba con ella había empezado a despertar nuevos sentimientos dentro de él. A decir verdad, unas cuantas veces Boruto se había sentido afectado cruelmente por la proximidad de sus cuerpos en cuanto se encontraban juntos y de un momento a otro la inocente sensualidad de su amiga se volvía patente a los sentidos de él, siempre tan embotado en los problemas y las reyertas de turno.

Había recibido toda clase de crueles torturas en su vida, pero jamás una como esta. Superaba a todas por mucho.

Tal vez una misión de rango S no sonaba tan mal a comparación de esta situación. Sería mucho menos peligrosa que estar en su habitación a solas con Sumire. Claro, sumando también el hecho de que ambos estaban solos en toda la casa y no había nadie más, aunque estaba Nue. Sin embargo, ya para este punto Nue se ha vuelto casi invisible, metafóricamente hablando.

Por alguna razón, a veces en las visitas en las que Sumire venía terminaba sentándose en su cama despreocupadamente mientras charlaban y aquel comportamiento alimentaba más la inquietud. No era un detalle menor que el Uzumaki pasara por alto. Que ella lo hiciera no le molestaba, de hecho, era extraño que la imagen de su amiga jugueteando inconscientemente con las pelusas del cubrecama le generara atracción cuando en su lugar debiera enfadarle, casos como lo hacía a veces con Sarada o Himawari.

Sumire hablaba y sonreía, Boruto la observaba atentamente mientras ella explicaba con énfasis alguna cosa y de repente terminaba ensimismada durante un pequeño lapso de tiempo a causa de la más misteriosa de las razones.

En momentos como esos a Boruto se le hacía difícil que no se le escaparan algunas miradas, entre ellas que iban a detenerse brevemente en la forma de sus labios rosados o en la curva sinuosa que iba desde su cintura hasta la cadera. Si Sumire decidía cruzarse de piernas la cosa se ponía peor; él reaccionaba automáticamente mirando hacia otro lado y fingiendo que el encanto natural de su amiga no le intimidaba, cuando en realidad lo atenazaba el miedo de que ella lo descubriera mirándola de esa forma.

No sabía que pensaría ella si lo atrapara. Temía que le odiara o quedara resentida por verla de esa forma tan… sucia. En el peor de los casos ella se lo diría a Sarada y lo golpearía, acusándolo de un pervertido… aunque tal vez no estaría del todo equivocada.

Era reprimir constantemente una ola de sensaciones que a todo momento lo dejaban sin aliento y procurar que, pese a todo, la relación con su querida amiga no se atrofiase. Sería un golpe duro para él.

A decir verdad, pasó por su cabeza que hubiera sido mucho más fácil apartar esos pensamientos si el trato con Sumire comenzaba a tomar distancia. Si, sería mucho más factible.

No obstante, cuando Boruto se lo pensaba en ello enseguida rechazaba esa mera posibilidad. Porque él sabía que por encima de todo, Sumire era más que un rostro bonito capaz de hacerlo enternecer irremediablemente, sabía que era más que una amiga irremplazable y que una poderosa compañera en las misiones. La quería. Y estaba seguro de que fuera lo que fuese aquello que sentía por ella, no tenía por qué dejarlo de lado, no sería algo que estaba dispuesto hacerlo.

Sin haberlo sabido, su relación con Sumire no era la misma. Su forma de verla había cambiado. Él no sabía en qué momento había sucedido, pero sí sabía que era imposible deshacer el camino que le había conducido a observarla como una mujer desde lo más profundo de su corazón.

—¿Pasa algo Boruto-kun? —preguntó— Te ves muy pensativo, ¿acaso lo de Himawari-chan te afectó tanto?

—No, para nada. Solo pensaba en…en lo mucho que las cosas cambian cuando el tiempo pasa.

Ciertamente cambiaron mucho; Sumire, Sarada, Mitsuki, todos lo hicieron. Una pequeña gota de nostalgia cayó en él, recordando sus días en la academia.

Lamentablemente no pudo evitar enfocarse en una sola persona ahora. Sumire volvía a invadir sus pensamientos, sus recuerdos, recordando en cuando estaban en la academia ninja y en como siempre los cuidaba a todos, además de cuando estuvo involucrada en ese atentado contra la aldea por la voluntad vengativa de su padre.

Pronto sus recuerdos más nostálgicos hicieron notar lo linda que era en ese tiempo. Realmente se le complicaba creerlo algunas veces de lo mucho que ha cambiado ella.

—Supongo que si, pero entre todos creo que tú eres el que no has cambiado. —dijo Sumire.

—¿Yo?

—Claro, sigues siendo el mismo Boruto-kun de la academia —hizo una pequeña pausa mientras lo miraba, esbozando una sonrisa—. La única diferencia es esa cicatriz que tienes y en la altura, pero nada más.

Se le hacía nada creíble que él no haya cambiado. Pensó en la posibilidad en que Sumire tal vez esté siendo considerada con él para hacerlo sentir mal, aunque no había nada de malo con él. Eso creía.

—¿Pero como no puedo haber cambiado?

—Para mi, Boruto-kun siempre ha sido él desde que lo conocí —la vio mirar algunas de las fotos que estaban en su escritorio de madera—. Siempre considerado con sus amigos y hasta el día de hoy sigue siendolo. Se hace fuerte e incluso se esfuerza al máximo, todo lo hace por ellos. Eso me hace muy feliz.

Sus palabras fueron como un agradable brisa de la que lo hizo estremecerse hasta darle a su cuarto un cálido ambiente en el que él estaría horas. Nunca se cansaría de oírla, y mucho menos cuando Sumire hablaba de él, dándole cumplidos tan vergonzoso que moriría si alguien más los oyera.

Mataría a cualquiera antes de que una tercera persona fuera partícipe de ello. Nuevamente se descontrolaba en monopolizar a Sumire, pero ahora estaba más que claro para Boruto que ella lo había cambiado.

Ciertamente, todo lo que decía ella era cierto y tal vez no había cambiado. Seguía siendo el mismo desde hace años, solo que ahora tomaba sus responsabilidades mucho mas enserio. Sin embargo, si había algo de lo que ella no sabía es que si había algo en lo que había cambiado. Eso sería sus sentimientos hacia ella, solo que no sabía si estaba listo para hacerlo saber.

—Gracias por eso delegada.

—Espero que eso te haya hecho animar un poco.

Si que lo hizo, definitivamente Sumire había podido aumentarle mucho más los ánimos, aunque nunca estuvo mal en realidad. Solo estaba incómodo con su presencia y seguía estandolo, pero ahora lo estaba mas.

Solo espera que no lo notara Sumire, por ahora se aseguró de no seguir actuando raro, evitando verse como un tonto en el proceso.

—Oye delegada, ¿No te gustaría cenar?

—¿Eh? ¿Cenar en tu casa? —preguntó un poco sorprendida por la invitación.

—Seguro, además de seguro tienes hambre. Por esta hora siempre vas por cosas para cenar, ¿no?

Lo sabía muy bien por haberla visto de vez en cuando al regresar de una misión. Jamás creyó tener ventaja de esa información alguna día como ahora. Por lo menos, consideraría la oportunidad de llevarse mucho mejor con ella, de ese modo tal vez podría acostumbrarse otra vez a estar como antes de tener estos nuevos sentimientos.

—Hehe, cierto. —dijo Sumire.

—Bueno, entonces vayamos abajo. Puedo hacer algo ligero antes de que vengan mi madre y mi hermana.

—Oh, ¿sabes cocinar? —lo siguió por detrás suyo mientras se reía— ¿Por qué nunca lo dijiste?

Siendo sincero Boruto, nunca podría haberle dicho antes eso, habría muerto de la vergüenza si se lo habría dicho, pero al menos ahora se sintió mejor en demostrarlo. Causó una buena impresión en ella, al igual que le pareció lindo de ver.

No pudo dejar de mirar el resto de lo que quedó del día a Sumire y su cara feliz con lo que preparó esa noche.

***

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