Sentimientos encontrados

—Quedate quieto, ahora trato tus heridas.

Sumire le exigió mientras comenzaba hacer un jutsu de sanación, emanando una luz verdosa y sintiendo su calidez, aunque nunca sentía ninguna otra como la que le estaba aplicando ella.

Se había desplegado instantáneamente por encima del hombro de Boruto. Sus miradas se cruzaron por un segundo con una fuerza que hasta entonces les era desconocida; se encontraron, con una profundidad que apenas comenzaba a hacerse visible a los ojos de ambos.

No pareció molestarle a ningún eso.

El conflicto había finalizado, la misión a la que habían sido asignados había terminado. Las secuelas eran muchas; las pérdidas, vastas a la que tuvieron que enfrentarse.

En cierta forma le recordó un poco a hace unos años cuando estuvo en una “guerra” con los Funato. Esta misma misión que acababa de terminar más o menos igual que en ese entonces, pero al menos hubo más apoyo y él se había vuelto mucho más fuerte, tal vez su maestro, pero evitó que muchos mueran.

Por fin hubiera retornado al pueblo la certeza de que el peligro se había extinto, les llevó mucho tiempo a los demás que lucharon recomponerse de los daños perpetrados.

Es cierto que se había hecho fuerte y que evitó que muchos murieran, pero eso no evitó que como quiera hubieran bajas y personas comenzaran a tener sus funerales. Estaba igual de triste de no haber conseguido salvar a todos, pero ya esto era normal. Así era la vida de un shinobi y no se podía eludir aquello. Había heridas que no sólo hacían mella en el cuerpo, sino que también hacían arder el alma.

Cada guerrero en esta misión tuvo su lucha, a la cual sobrevivían incansablemente día tras día con la inquebrantable fuerza del espíritu. Todos los enemigos fueron vencidos, y ahora le correspondía a esta gente y a la aldea de la roca decidir que hacer con ellos.

Por otro lado, Boruto meditaba todo el desastre ocasionado por el enemigo, además de que hubo un momento donde Momoshiki salió solo por unos segundos para ayudarlo a que no muera. Ese tonto solo quería salvarse a si mismo, y Boruto estaba asqueado de que lo usen sin su consentimiento, y solo le enfermaba.

Sumire sanaba las lesiones de su cuerpo con su jutsu médico básico. No utilizó esas herramientas científicas ninja de espuma para curar las células de su cuerpo que Katasuke hizo. Ella prefirió hacerlo por su propia cuenta, además de que esas cosas quiso que las usarán para las personas heridas.

Aunque él sintiera los huesos y los músculos desgarrarse, era incapaz de dejarse abatir. Su amiga tampoco estaba en el mejor de los estados, y todo por sus malas decisiones, como siempre. Lo recordaba siempre cuando veía de reojo los raspones que le cubrían la cara a Sumire y en sus brazos, esto le provocó compungir hacia todo lo que le sucedió a su amiga.

—No importa —susurró Sumire—, estoy bien, no son tan graves como las tuyas. Tu tienes mucho más daño en tu cuerpo.

Boruto rodó los ojos, mientras le fue abrumando esa horrible sensación en la que el estómago se le encogía. Al final, pensó, siempre terminaban en lastimarse todos por culpa suya, por no estar atento a su entorno llegaban a protegerlo. En cierta forma, esto también le recordó hace años cuando fue a una misión con el equipo 15 y dónde tuvieron ese problema con Jugo.

Él confiaba en sus amigos, tenía la seguridad de que ninguno sería capaz de morir estúpidamente. Eran fuertes, todos ellos, porque eran sus amigos. Shikadai, Sarada, Mitsuki, Denki, Inojin, Iwabe... Habían sobrevivido en las peores circunstancias, habían superado grandes dificultades mucho más estremecedoras, y siempre lo habían hecho a codo con él, sin importar que existiera el temor o la probabilidad del fracaso…, o la muerte.

La muerte de Kagura pasó por su cabeza, dándole un duro recuerdo que seguirá estrujando el pecho lleno de culpa, al igual que la muerte del ex kage Onoki.

Sin embargo, al cabo de todos los sucesos, hubo algo que se tornó imposible de ignorar para él. Boruto apretó los puños con la vista ida. Se dio cuenta, allí recostado, que el sentimiento que tenía por Sumire Kakei era diferente al que tenía por el resto de los demás. Como Mitsuki o por Sarada, sus dos compañeros y amigos que frecuentaba mucho más al ser del mismo equipo por años.

Se lo pensó y reconoció que no sentía el mismo miedo de que ella se expusiera al peligro como cuando lo hacían los demás, al igual como Denki o Namida. Le frustraba mucho no poder defenderla, ser incapaz de ayudarla.

Notó que el afán con que procuraba proteger a aquellos era menor que la intensidad con que se empeñaba en proteger a Sumire. Pasó cuando ese tipo de dientes de tiburón y conocido de Mitsuki la lastimó, o cuando conoció a Kawaki por primera vez y la trató mal. Siempre se le hacía insoportable verla lastimada.

Pese a todo aquello, no le fastidiaba tener aquellos sentimientos que le generaban confusión.

—Boruto-kun... —él la miró fijo, provocándole un evidente temblor de brazos; era la actitud tan frecuente de la pelivioleta que a él no le era del todo indiferente.— ¿Te encuentras bien?

Allí iba otra vez, Sumire siempre estaba preocupada por los demás, incluso cuando era mejor que primero se preocupara por ella misma. Aunque, tal vez no le importaba mucho.

Boruto sabía que aquella pregunta no se refería al malestar físico, porque si algo era cierto es que la preocupación de Sumire siempre iba más allá, mucho más allá de todo lo superficial. Siempre llamaba a la puerta de cada corazón que tocaba, en cada uno de todos los demás.

Su fuerte nunca fue ser una ninja médico o aplicar dichas justus —aunque no eran gran cosa para ella por su buena habilidad—. Sin embargo, no sólo sanaba heridas, Sumire era un remanso para el alma.

Todos y cada uno de sus amigos lo sabía, y por eso la querían tanto, por eso la atesoraba mucho a ella.

Boruto sonrió amenamente, con la convicción de que en ese instante no era del todo necesario el tratamiento de justu médico para sentirse aliviado. Aunque también era muy inecesario, ya que sus heridas no fueron tan graves.

—Si, gracias delegada. —dijo.

A decir verdad, quiso decir algo más, sintió un extraño impulso de correrle el cabello de la cara para verle mejor y tener el contacto visual. Claro, pudo haberlo hecho, de no ser porque Iwabe, Sarada y Wasabi discutían al otro lado del campamento, vendados y enyesados.
Sobre todo Denki, quien había recibido mucho daño tras haber protegido al resto de los demás por el ataque del enemigo.

La discusión estaba distrayendo a todos los que estaban presentes en el lugar, tal vez Boruto sí se hubiera permitido ofrecerle esa atención.

De momento, bastaba con resguardarse bajo el calor de sus manos. En realidad, de alguna manera siempre era vulnerable a ser cuidado por Sumire, y no le desagradaba, pero también le generaban un poco de malestar, una estúpida parte de su tan odioso egoísmo era culpable de eso.

Lo ignoró.

—Si tú lo dices —le devolvió la sonrisa, mientras continuaba con su labor—. De todos modos, ya casi termino. Solo espera un poco más.

—Gracias delegada.

—Haha. Boruto-kun, solo sabes dar gracias. Eres un tontito. —dijo entre risa.

Si, lo más seguro que era un tonto como siempre le decía Sarada innumerables veces. Aunque, está vez su agradecimiento no era por su ayuda por curarlo, sino más bien por siempre estar con él en los momentos necesarios.

***

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