Tácitamente
Sus labios delineados se abrieron a mi lenguaje único,
con mis besos de lengua,
del cielo a la tierra fueron una y otra vez,
sin control,
mojé mi nariz en el estanque,
cuál manantial por mi mandíbula inferior,
desterrando el sonido de mi voz,
dándole pasó a disparos desenfrenados de respiración y contracción,
su boca vislumbré,
a la distancia,
abierta,
clamorosa de mí,
ansiosa de mordiscos y apretujos,
hundiéndose en la reclusa del dragón aquélla torre de Babel,
el edificio cambia idiomas,
obelisco aniquilador de santidad,
encima de mí cual deidad,
gotas gruesas suyas y mías se escurran hacia el tártaro,
entrando y saliendo del abismo delicioso,
magnificente,
con resbaloso caminar comiendo los frutos del árbol.
Tapé fauces vertiginosas,
ahogando alaridos,
haciéndolos volver
al diafragma.
Tocar dónde está prohibido,
ver ojos blanquear a mi tacto,
favorecer éstas ganas de tomarle y guardarle en mí,
bañarle de agua pura blanquecina,
explorando cavernas,
reposo su oído sobre el miocardio mientras entra y sale al otro extremo,
una garganta abriéndose,
dejando una respiración que huele a placer,
brindarle lo que sueña hasta que no olvide las horas que pasan,
dándole sustento a él monstruo egocéntrico que tengo reo,
espaldas arqueadas,
gritos finos,
tras cada embestida inédita,
el compás de mi voz gruñendo por ti,
cada choque de pelvis contra nalgas ya rojizas.
Que cada uno de los gemidos sean tuyos y nos elevemos,
que mi cadera sea en sigilo suave en algo tan fuerte.
Quiero hacerte mía y de nadie más como el maldito egoísta que siempre he sido.
Que tu cintura se balancee,
haciendo que se resbale dentro nuevamente.
Besarte hasta ahogarnos,
y jadees en mi boca mientras te beso,
gimas en mi oído mientras penetro,
mojarte,
cuándo pidas que pare,
no,
no pararé,
seguiré para autocomplacerme.
Tomaré tu cabello suavemente para tenerte firme,
mi pecho tibio contra tu espalda fría,
en son que te hace decir un nombre,
el mío.
Mis brazos abrazándote fuerte.
Y cada gota de ti y de mí descendiendo por nuestras piernas desnudas,
cada beso recorriendo nuestros labios que saben morder.
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