El día X
Ya me había resignado a odiar,
morir en la misma silla de mimbre, me acostumbre a ver las nubes pasar y el sol calentar la acera, sombras diagonales recorrían solo la mitad del reloj, las manecillas llegaban a la oscuridad, tinieblas dónde me sentía y he de sentirme en paz, deleitándonos del silencio mi alterego y yo, predispuesto a estar de mal humor y arrecho de tanta mierda, analizando las acciones ajenas al igual que los psicópatas cuándo planean un asesinato, escudriñando entre poemas a ver sí me encuentro, a ver sí me dicen quién o qué soy, en aquellas horas sólo era Él, quien domó los miedos internos y tapó cada grieta de desconfianza, era feliz odiando, luego las cosas cambiaron, sabía que faltaba algo aunque no sabía qué, hasta que ella llegó, faltaba querer, faltaba sentir, faltaba y no podía llenar ése vacío por mi cuenta.
Y ahora la veo
allí están
sus ojos bondadosos
ésas manos pequeñas
aquéllos labios de miel y algodón.
Y ahora la veo
allí está ella.
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