CAPÍTULO 5
Hoy se celebra en grande por el día de una querida lectora. 🎂✨Feliz cumpleaños Georgina, GeoDouglas21 , que todos tus deseos y sueños se hagan realidad.✨🎂 Espero sacar una sonrisa🖤
Caleb
He cogido la gabardina negra antes de salir, las llaves están en mi bolsillo mientras espero que el taxi me lleve a la dirección que le di.
—Pudiste esperar a mañana.
—Pudiste haberte quedado.
Nina está conmigo, no porque quisiera exactamente. Ella va a asegurarse que no recaiga por unas cuantas semanas. Que cumpla lo acordado.
—Si lo hubiera hecho quien sabe lo que harías.
Sonrío de lado, no estoy seguro de que es lo que quiere evitar. A mí en recaída o desvistiéndome.
De todas formas no importa, nada puede quitar mis ganas de verla. He esperado mucho para esto.
—¿Ya sabes lo que le dirás?
—¿Debería?
—No sé, te veo y todo señala que no eres el mismo.
—No he cambiado tanto— sigo siendo el mismo.
—El Caleb que conocí no estaría desesperado por ver a una chica que no ve desde hace más de una semana.
Ella gana. En este tipo de aspecto, si cambie.
—¿Y eso es malo?— no tengo ganas de darle la razón.
Nina hace una mueca y esquiva mi mirada prefiriendo ver hacia la ventana.
—Aún no lo sé.
Ella puede saber muchas cosas sobre mí, me conoció de pequeño y volvió a hacerlo de adolescentes. No fui un santo, ella lo vio y a pesar de eso estuvimos juntos. No hubo mentiras de mi parte.
—¿Solo has estado con ella desde que te mudaste?
—¿Me preguntas mi vida sexual?
—No es que no sepa las cosas más oscuras de tu vida. ¿O sí?
Nina sabe muy bien mi vida entera, fue la única persona a la que llegue a contarle todas, pero absolutamente todas mis desgracias. He ahí el gran tatuaje que se armó.
—No— digo con honestidad. —He estado con algunas más.
Cuando llegue no conocía a nadie, era obvio que buscaría algo que hacer, necesitaba dejar de pensar en el hospital, pasarla bien. Únicamente tenía que entrar a algún bar, siempre es efectivo, chicas que salen a beber y divertirse. Cuando conocí a la rubia en la cafetería, la oportunidad apareció de la nada.
Pero con ella, la loca que muero por ver, me sentí diferente. Tenía a Cassie en mi cama, una chica con un rostro bonito y curvas. De pronto, solo podía imaginar a una castaña que parecía irritada por mi presencia. Fue una sorpresa.
Yo era quien tenía que meterme en su cabeza, y ella fue quien termino apoderándose de la mía.
—Tengo una pregunta— otra más.
—Son los nombres de las...
—chiudi quella fottuta bocca
No puedo evitarlo. Estoy de buen humor. Voy a verla.
El taxi entra en su zona, unas torres iguales me indican que estamos cerca.
—Porque no me sorprende— Nina se asoma por el lado de mi ventana, su mano toca mi pierna, pero ella no parece notarlo. —¿Seguro que es buena idea?
—¿Por qué lo preguntas?
—¿Cómo sabes que ella quiere verte?
Mi mandíbula se presiona y mi pierna se mueve.
—No lo sé. Pero lo que si sea, es que será mejor que te quedes aquí.
—Recuerda que no puedes entrar y solo son treinta minutos...— bajo del taxi y con prisa cierro la puerta.
Cruzo la calle viendo a los lados y tomo respiraciones profundas.
¿Qué le diré?
Estoy aquí, a unos metros de distancia. Ella puede estar arriba y no tiene idea de que yo estoy tan cerca. Me quedo unos minutos en la puerta, el living está vacío.
De repente, el sonido de un auto se escucha desde calle abajo. Un residente o un visitante, cualquiera que sea, me hace mirar por pura curiosidad. Ese movimiento que sin darme cuenta me llena de dicha.
Es porque la veo por el cristal incoloro.
Es ella. No puedo equivocarme, no con esos ojos mieles fijos en mí y no cuando la veo salir sin que ninguno aparte la mirada del otro. La sostengo sin querer perderme de un segundo de su belleza, hasta solo estar a un metro, su cabello castaño corre hacia un lado con una pequeña corriente de aire. Creo que es tiempo de salir de su encanto.
Mi chica.
Sonrío. —Hola, loca.
Pero ella no sonríe, al contrario, su frente se frunce y sus ojos destellan con un brillo que ya había visto antes.
Harriet da un paso a la derecha y empieza a dar otro. Me está esquivando.
—Espera— tengo que retroceder para alcanzarla. Intento tocarla.
—No— está molesta. —Déjame.
Estoy impresionado y no puedo fingir que no. Se ve muy tierna estando molesta.
No puedo dejar que se vaya así. Sostengo sus brazos, no de una manera brusca.
—Te fuiste— sé lo fuerte que intenta ser, pero sus labios temblorosos no la ayudan.
Quiero besarla.
—Lo sé— acepto.
—¡No volviste a llamar! ¡Te fuiste!
Sigo queriendo besarla.
—Lo sé— acepto de nuevo.
—La buscaste... a ella— no sé de donde ha sacado tanto enojo, pero sus pequeños puños me indican que no bromea.
—¿Qué es lo que estás pensando?
—Estabas con ella.
Con que eso es lo que la tiene así.
—Pero pensaba en ti— acaricio su mejilla. Se ve adorable molesta, no puedo dejar de sonreír. Su mirada se intensifica con seriedad.
—No me...
Esta vez sostengo su rostro con ambas manos para que no escape de mí. Tengo la necesidad de besarla, volver a sentir esos labios. Lo malo es que creo que va a golpearme.
—No ha pasado ni un solo día en que no pensará en ti.
Su mirada se suaviza. Quiero pensar que tengo la solución a su enojo. Inseguro me encorvo para llegar más cerca de su rostro.
—Por favor no me golpees— pido antes de acercarme a sus labios.
Pero eso no va a pasar, porque alguien tiene que carraspear y hablar.—Disculpen.
Mataré a ese alguien.
Miro por sobre su cabeza. Hay un entrometido.
El taxista.
—Ryan— lo conoce. No es un taxista.
Espero que tengan la misma sangre o algo parecido. Puedo ver el rojo en sus mejillas cuando lo ve.
—¿Está todo bien?— frunzo el ceño.
—¿Quién eres tú?— puedo ver a alguien más desde el asiento trasero del auto.
—Lo siento— no tiene por qué disculparse con él. No estoy entendiendo. —Ryan se transfirió a Hasting, es un amigo que estudio conmigo cuando era pequeña.
—Sigues siendo pequeña— comento logrando mi objetivo. Rojita.
—Cállate. Ryan, él es Caleb es...
Tomo su silencio como un necesito ayuda y yo con todo gusto puedo ayudarla.
—¿Novio? ¿Futuro esposo? ¿El padre de tus futuros hijos?— tengo más, pero sus mejillas no lo soportarían.
Me gusta provocar el rojizo, pero no me gustan que la vean así. No porque sé bien que ella prefiere no ser vista en ese estado.
—Creí que...— el entrometido señala su auto. —Tus cosas.
—¿Tus cosas?— pregunto para nosotros. Ventajas de tenerla cerca de mí.
—Sí— dice ella apartándose para seguirlo. —Fui a comprar.
Él trae consigo dos bolsas de telas. —Yo me encargo— me ofrezco.
—Gracias por traerme— él le sonríe.
—Cuando quieras— aguanto soltar una carcajada.
Mi chica lo nota, pero no dice nada hasta ver el auto partir, se despide de la persona que va en el asiento trasero y luego voltea a verme.
—Creo que le gustas— soy directo.
—No digas tonterías.
—Apuesto que le gustas desde pequeños— me acerco hasta tenerla a poca distancia. No me importa el tal Bryan.
—Basta— su seriedad está volviendo.
Gracias, Bryan.
—Tenemos que hablar— relamo mis labios. —Entremos.
Ese es un problema.
—No puedo.
—¿No puedes?
—Tengo que irme— su rostro completo vuelve a lo de hace unos minutos. Mala señal.
—¿De nuevo? ¿Estás bromeando?
No sabía que perdería minutos por culpa de un Bryan.
—Me están esperando— no puedo mentirle. No después de ver que el irme provoco todo esto.
Ella se fija en el taxi que espera al otro lado de la calle. Nina está en su asiento, fingiendo que no nos mira.
—La trajiste— sisea. —Trajiste a tu exnovia a la ciudad.
Está alterada.
—Si me dejas explicarte...
—¡No!— me calla. —Te fuiste diciendo que buscarías ayuda y luego me entero de que la pediste en esa chica que conocí un día antes de que te fueras. ¡La que resulta ser tu exnovia!. Me llamas solo una vez y es para decirme que no importa que tan lejos estemos y ni siquiera eres capas de confesarlo porque si no fuera porque la escuche no iba a creerlo...
—No es como...
—¡No!— vuelve a gritar. Ok. —Desapareciste, te esfumaste y yo creí que era mi culpa, que no hablaste conmigo porque yo casi cometo ese error. ¡Pudimos hacerlo juntos! ¡Te busqué en todos los centro de rehabilitación de Milán! ¡Llame a los de Lucca!¡Hice una lista! ¡Una estúpida lista de teléfonos de centros!
Por más fuertes y comprensibles que pueden ser sus sentimientos negativos hacia mí, me mantengo de pie cerca de ella.
Está muy molesta y no es una broma. Ya no pienso que se vea tierna.
—Lo hice por ti— suelto como inicio. Harriet tiene los ojos inyectados de rabia y desilusión. —Harriet, yo tenía todo planeado...
—Eso lo sé— me interrumpe. —Hasta el conocerlos lo fue ¿Cierto?
Eso es... verdad.
—Por favor— pido. —Tienes que creerme. Las decisiones que tome en el pasado no fueron las correctas, pero me trajeron a ti y...
—Ahora también han traído a tu exnovia...
Niego. —No ha pasado nada con Nina— dejo las bolsas en el suelo y doy un paso hacia ella. Esto es serio. —Créeme.
—Has traído a tu exnovia para venir a verme...
—Aún estoy con la abstinencia— bajo la cabeza. Es difícil, no quería hablar de esto hoy. —Es un proceso y lo mejor es estar vigilado.
Alzo la vista, sus ojos ya no quieren matarme, pero no creo que este del todo calmada.
—El reloj no dejo de moverse, pero mis sentimientos por ti siguen siendo los mismos desde la última vez que te vi.
Su mirada pasa de mis ojos a mis labios, no sé lo que está pensando, pero yo estoy muriendo por besarla.
—Bésame— ordena.
—¿Perdón? Me he vuelto loco o me pareció oírte decir que...
—Si no quieres...
Doy otro paso y ladeo la cabeza sabiendo que de esa manera nuestros labios encajaran a la perfección. Sin distancia o interrupciones. Solo nosotros dos.
—Lo desideravo da quando ti ho visto
Con un parpadeo logro que cierre los ojos esperando por mí. No hay tiempo que perder.
El primer contacto es frío, pero basta con probar un poco más para que nuestros labios sientan ese calor que emana nuestros cuerpos. La calidez de mis dedos deslizándose por su mejilla y detrás de su cabello. Sus manos tocando mi pecho provocan pasmos bajo su palma, como si ella fuera quien activara cada sentido en mí.
—Te odio— inhala y exhala cuando nuestras frentes quedan apoyadas entre sí.
—Yo te amo— sonrío. —Y creo que tú también me amas.
Harriet, mi loca, mueve la cabeza cerrando los ojos. —Te he extrañado tanto.
Mis brazos la envuelven sabiendo que estoy rompiendo su escudo hecho de enojo y firmeza. Soy el culpable de todo.
—Perdón— es lo que puedo hacer ahora, pedir perdón. —No quise hacerte pasar por esto. Perdón.
—No quiero que te vayas— mi mentón se inclina encima de su cabeza.
Nina ya está haciendo señas desde el taxi. Ya tengo que irme, es tarde.
—Tengo que hacerlo— susurro. —Pazzo, eres tu mi motivo de querer ser mejor persona. Es por ti, intenta comprender.
—Lo intento...
—Confía en mí...
—¿Cuándo volveré a verte?— pregunta.
Me separo de ella solo para que pueda verme.
—Es una de las cosas que vine a decirte.
—¿Qué?
—Volveré a clases— sonrío.
Ella parpadea y abre los labios tanto que forma una sonrisa. —¿De verdad?
—Sí. Hice un trato.
—¿Volverás mañana?— puedo ver esa ilusión de la Harriet que conocí.
—Si la rectora da prisa con los documentos— Susan se está encargando de eso. —Pero que dices. ¿Quieres ser mi compañera?
Mi loca asiente y no para de asentir haciéndome soltar una corta risa.
—Si quiero.
Por más tonto que suene, acabo de imaginar otra escena en mi cabeza. No me lo reservaré.
—Espero que digas lo mismo cuando te pida matrimonio.
—¡Caleb!
—Extrañaba tus regaños— llevo un dedo a sus mejillas. —Y esas mejillas rojitas.
—Te estás burlando de mí.
—Soy el único que puede hacerlo— vuelvo a abrazarla.
El sonido del claxon me hace ver de nuevo el taxi que espera. Nina vuelve a insistir.
—Ya debo irme.
—¿Pero si iras a clases, verdad?— asiento.
—Iré. Y si todo sale como planeo, pronto no necesitaremos despedirnos de nuevo.
—¿Qué quieres decir?
—Te lo diré después ¿Bien?
Dejo un beso corto en sus labios, para evitar que intente averiguar más y porque son tan adictivos que parece que ya tengo una nueva adicción, una que me hace sentir como un niño.
Me alejo de ella, aunque antes veo lo que cuelga en su cuello, el collar que le obsequie en las fiestas.
—¡Yo también lo tengo!— ella frunce el ceño.
Cruzo la calle asegurándome que ningún auto me lleve con el. Antes de abrir la puerta del taxi, saco lo que hay debajo de mi camiseta, la cadena fina que ha estado conmigo desde el día de mi cumpleaños. Aunque estamos a unos metros de distancia, sé que sabrá que es lo que tengo entre los dedos.
Mi chica sonríe sosteniendo la suya. No es necesario decir nada, nuestros cuerpos hablan por si solos.
Subo al taxi sintiéndome afortunado y pleno.
—Volvieron— es el comentario de Nina desde el asiento de mi lado.
Observo por la ventana, estamos alejándonos. Ella está tomando las bolsas que deje para ingresar a su edificio.
—Según yo, nunca terminamos— no esperaba que estuviera tan molesta.
De alguna manera entiendo que lo que hice no fue de la mejor manera que pude haberlo hecho. Irme, la lastimo.
—No se veía feliz cuando te vio.
—Sí. Es comprensible.
—¿Le dijiste que volverás a la universidad?— asiento, pero no le dije todo. —¿Y qué iré contigo?
No. Eso no le dije.
—No.
—¿Y qué vivimos juntos?— suspiro.
—No.
—¿Y qué...?
—No le dije nada que pudiera molestarla más— zanjo.
Ella ya estaba muy molesta como para decirle eso.
—Bueno— dice Nina, sin preocupaciones. —Esperemos que sea tan comprensiva como dices.
—Lo es.
—Ya lo veremos— miro a mi lado. —Seremos amigas.
—¿Ahora quieres conocerla?
—Tengo que hacerlo. Estás enamorado de ella y seguro estará cerca de ti.
—Es una buena persona. En realidad, es mejor persona que nosotros dos.
—Ella será tu perdición.
—Dramatizas.
—Puede ser. El tiempo lo dirá.
Nina puede guardarse las cosas cuando quiere. No seré yo quien intente darle la atención, la mía está en la castaña que hace solo minutos he visto y siento que necesito verla de nuevo. Sin embargo, Nina va a estar muy presente estas semanas y necesito que se lleve bien con Harriet.
—Ella cree que hay algo entre nosotros.
Lo pude ver en sus ojos, no son solo celos y no sé si mi palabra basto para convencerla. Aun cuando sabe que no miento.
—¿Qué le dijiste?
—Que no paso nada.
—¿Entonces?
—Te pido que no hagas que piense más en eso.
—Solo estoy aquí para vigilarte.
—Entonces no vuelvas a intentar lo de anoche.
—Resbale. No lo tomes con una segunda intención.
Tengo que dejar claro esto. Volveré a estudiar y estaré cerca de mi novia intentando recuperar la relación que teníamos.
—Nina, hemos pasado momentos agradables viviendo en el mismo lugar, sabes que me agradas— sonríe. —Excepto cuando se trata de Harriet, siempre te comportas como si ella fuera el enemigo.
—Tú no ves lo que yo veo.
—Ella me hace bien.
—Por ahora— suspiro.
—Solo quiero saber algo— para poder estar tranquilo y seguro cuando Harriet me lo pregunte. —¿Ya no sientes algo por mí, cierto?
210622✨
¿Y ustedes creen que Nina siente algo por Caleb?
Próximo capítulo: Aclaraciones necesarias y pocas necesarias.
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