❤️CAPÍTULO 1❤️

     —Beep, beep, beep— Aquel aparato infernal no se callaba, después de un fuerte puñetazo dejó de sonar ¡Al fin! Me revolví entre las sábanas colocando la almohada sobre mi cabeza, dándole a mis ojos la oscuridad por la que tanto aclamaban ¡Puta escuela!...espera ¿Acaso dije escuela? Oh Dios mío como pude olvidarlo, hoy tenía exámen de Mates.

    Literalmente salté de la cama y al verme reflejada en el gran espejo de mi cuarto puse el grito en el cielo, pero si es que me parecía a la niña de "El exorcista", mi pelo era un nido de ratas, tenía la cara hinchada y dos notables bolsas de color negruzco colgaban debajo de mis ojos, estando ya histérica reviso la hora en mi teléfono ¡Ay Santa Virgen que me da un jamacuco!

   Eran las siete y treinta y a las ocho debía estar en la escuela, corrí al baño de mi habitación como posesa, al salir, ya vestida, recogí mi alborotada melena castaña en una coleta alta, agarré mi móvil y mi bolso
Adieu ma chérrie !!— dije juguetona a mis póster de Marilyn Monroe mientras le lanzaba un beso.

   Salí corriendo escaleras abajo cual yegua desbocada, saltaba los peldaños de dos en dos, casi ni veía mis pies. Al llegar al salón noté que no había nadie salvo Zilda, la ama de llaves.

    —Buenos días Srta. Andrea, allá fuera la espera el Sr. Norbert dese prisa si no quiere llegar tarde— Sinceramente odiaba eso de "Srta. Andrea" pero ahora mismo no tenía tiempo para eso, mi prioridad era llegar temprano al instituto así que me dirigí al gran portón y al abrir, efectivamente, allí se encontraba Norbert esperándome.

   —Buenos días, Srta. Andrea— Oí una vez más el prefabricado diálogo.
   —¡Yo a ti te amo mi viejito!— Exclamé animada plantándole un sonoro beso en la mejilla que lo dejó totalmente fuera de lugar, me hizo gracia su desconcierto ante mi impulsiva personalidad, sin más rodeos, me subí finalmente al auto.

   Aún con la respiración entrecortada revisé una vez más mi teléfono y eran las ocho menos cuarto, sólo tardé quince minutos ¡Olé para mi y mis maravillosas piernas! La diosa que llevo dentro bailaba al ritmo de "Gangnam Style". Observé por la ventanilla del asiento trasero como poco a poco nos sumergíamos en las calles de la ciudad.

   En la radio sonaba la canción "Highway to Hell" de los AC/DC, me estiré hasta alcanzar el reproductor y con el volumen a tope comencé a cantar a pleno pulmón esa melodía que tanto me gustaba:

"Living easy, living free, season ticket, on a on-way ride. Asking nothing leave me be, taking everything on my stride..."

    Movía la cabeza al compás de la música mientras incitaba a mi insípido chofer a que cantara e hiciera lo mismo que yo pero este se limitó a negar levemente y sonreír con su ojos posados en el tráfico.

   Al llegar al instituto me despedí de Norbert y reanudé mi carrera por los largos pasillos.

   La puerta que daba acceso al aula se encontraba entreabierta, toqué tres veces con mis nudillos anunciando mi llegada, ahora, con los ojos de todos puestos en mi, musité traviesa.

   —Hoooli— Alargando la letra "o", la Sra. Higgins, mi profesora, se dió la vuelta y con ojos escrutadores
me recorrió de arriba a abajo más de una vez, con una miradita que me decía de todo menos bonita, al final, tragándose su enfado soltó un suspiro y musitó.

  —Adelante Andrea, está vez ni quiero saber el motivo de su tardanza— Agregó en lo que fue un susurro pero aún así alcancé a escuchar, di un leve asentamiento de cabeza y me encaminé hacia mi puesto, pasando entre las mesas, al sentarme, eché una miradita furtiva al lugar de Erika, mi alocada amiga.

—P-E-R-R-A— Pude descifrar que articuló con sus labios sin emitir sonido alguno, yo le lancé un beso mientras reía por lo bajo y me giraba para concentrarme en lo que decía la Sra. Higgins

   —Bien chicos como les decía, el curso escolar 2020-2021 está llegando a su punto culminante, el día de hoy se realizará el examen final de la asignatura Matemáticas, quedando sólo por evaluar Historia Contemporánea que se realizará su exámen correspondiente el día de mañana, en cuanto a los repasos, serán impartidos por un nuevo profesor que se integrará mañana a nuestro centro estudiantil, eso es todo por hoy mis niños—Dijo dando por finalizado su monólogo, del cual sólo me interesó la parte de «el nuevo profesor» aunque ahora que lo pienso seguro es uno más de estos viejos recalcitrantes con cara de pedófilo, de esos, se sobraban por aquí.

   En cuanto la Sra. Higgins abandonó el recinto, se soltaron las fieras y se armó el desmadre, Erika, ni corta ni perezosa, corrió hacia mi asiento para cotillear.

   No pasaron ni diez minutos y ya la subdirectora Celia estaba haciendo entrada con los exámenes impresos en mano, un silencio monumental se estableció en el lugar y ella procedió a repartir las copias mientras daba la típica charla de "NO AL FRAUDE" aunque eso a todos nos vale tres hectáreas de mierda ¿Estamos de acuerdo no?

   Luego de todo este protocolo finalmente se fue y yo pude concentrarme, sacudí mi cabeza para disolver turbiedades y me puse a analizar ejercicio por ejercicio, había estudiado bastante así que no se me dificultó terminar rápido.

   Miré a mi alrededor discretamente y me hizo gracia el hecho de que ahora mi aula se dividía en varios grupos: Están los que no saben ni puta mierda y se quedan mirando el techo esperando un milagro o yo que sé, están los cerebritos también llamados "nerds" que en estos minutos cruciales eran como la última soda del desierto y por último pero no menos importante estábamos Erika y yo que hacíamos más señas que un árbitro pero nadie nos veía así que nos salíamos con la nuestra.

   El examen acabó a las doce en punto, yo ya tenía las piernas entumidas y no me sentía las nalgas ¡Vaya mañanita la mía! Al reunirnos la chiflada de mi amiga y yo nos dispusimos a ir a la secretaría para recoger los resultados de las pruebas anteriores, por el camino escuchamos uno que otro comentario relacionado con la prueba y sus respuestas, si lo que decían era correcto hicimos una prueba ¡De cien!

   Al llegar a la oficina de la secretaría nos encontramos con que aún no estaban listas las notas. Le envié un mensaje a Nate para que nos escribiera cuando publicaran las notas. Luego de esto agarré del brazo a Erika la loca y nos dirigimos a JOE'S nuestro café favorito, durante el recorrido hablábamos animadas del primer tema que se nos viniera a la mente, Erika me contó que ayer fue el cumple de su prima y fueron a un bar que habían abierto por primera vez en la ciudad.

   Al llegar al establecimiento, entre risas y cotilleos escogimos un lugar para sentarnos y ordenamos dos sueros de helado.

   Mientras conversábamos no pude dejar de notar a un muchacho de tez morena y ojos gatunos quien de vez en cuando nos echaba miraditas furtivas, por su apariencia diría que tiene unos veintitantos años.

   —Con disimulo mira a aquel muchacho de la mesa ocho— le susurré a Erika lo más bajo que pude para no llamar la atención y la muy cabronaza parece que omitió la parte de «con disimulo» y giró la cabeza como lechuza 360 grados sobre su propio eje y el morenazo cruzó miradas con ella, le tiró una sonrisita de estas "arrasa-pantys" y la psiquiátrica con la que ando se giró nuevamente a donde yo estaba para decirme.

—¡Qué buenos está ese hijoesumadre! Has visto como me ha mirado— Yo sólo rodeé los ojos y me entró la risa.

   El pedido llegó y con él, el chico de la otra mesa sin decir ni mu, se limitó a colocar una hoja de papel de llamativos colores y con el mismo impulso que se acercó, dió la vuelta y se fue con sus amiguitos los bastarditos riquiquillos no sin antes guiñarnos un ojo.

   Erika como si de un tesoro se tratara tomó aquel papel en sus manos, lo olfateó y con cara de orgasmo dijo.

—Ohh la inconfundible fragancia de One Million— Solté una carcajada monumental y sin más le arranqué el papel de las manos para ver qué decía. Era una invitación a una fiesta privada de disfraces en la mansión Boudelaire, apuntaba que era a las ocho de la noche y era obligatorio llevar dizfraz...

   —¿Crees que debemos ir?—inquirió Erika mientras caminábamos sin rumbo.
  —¡Pues claro que debemos ir, no todos los días te invitan a una fiesta privada en la mansión de una de las familias más adineradas de la región—Expuse yo descolocada por como dudaba, entonces, por obra del señor o quien sea que esté allá arriba, a mi teléfono entró una notificación casi al mismo tiempo que en el de ella.

Era Nate...
                
y cuando leí el mensaje no lo podía creer ¡Habíamos obtenido un sobresaliente en todas las anteriores pruebas! Chillé emocionada.

   —¿Ves? Aquí tienes un motivo más para asistir a esa fiesta, estas calificaciones hay que celebrarlas.
   —¡Aisss cuchufleta eres una mala influencia!— Chilló ella y exploramos en risas.
   —Pero espera...No tenemos disfraces— Apuntó mi amiga reflexiva.
   —¿Sabes que significa eso?— Ambas nos miramos con picardía y gritamos al unísono.

—¡¡¡NOS VAMOS DE COMPRAAAS!!!

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