Capítulo único

Llamada a larga distancia

Park Chanyeol & Yong Won (Oc)

~At Close~


—Oye... ¿Por qué no me invitaste a casa de tus padres en víspera de navidad?—no puedo ver su cuerpo más allá de la mitad de su pecho, sin embargo, puedo jurar que detrás de la madera del escritorio, tiene las manos en la cintura dejando sus brazos en jarras.

Un seco estremecimiento me eriza la piel al escuchar su brioso tono de voz. Sus palabras, una a una, retumban contra las diminutas paredes plásticas de mis piteros audífonos. Me le quedo viendo con amplios ojos y las cejas fruncidas en la mitad de la cara, la respuesta a su pregunta se esboza en la otra mitad.

Por un segundo todo es silencio e imágenes que parecen congeladas en la pantalla de la computadora. Él está tal como yo; quieto, sonriendo a la lente de su cámara. La tierna sonrisa que de forma sutil esbozan sus labios, casi parece ser suficiente para ocultar el obvio reproche que tintan sus palabras; pero está ahí, es real.

Me muerdo el labio, fingiendo demencia y lista para portándome cauta ante su posible siguiente movimiento.

—Es que no es obvio...—y creo que no lo es, porque me mira buscando entender la respuesta que se deja entrever en mi silencio.—Estas en Japón.

—Claro, usa eso como excusa—la careta de aparente calma y felicidad se cuartea, y termina por deshacerse cuando Chanyeol se da cuenta que ya no tiene caso seguir recatándose—Eso es bajo e indigno de ti.—termina por acusarme de la misma manera que lo haría Homero con Marge.

—Yeol...—digo conciliadoramente. Me concentro en la pintura que cuelga en la pared a la espalda de Chanyeol y doy una respiración profunda intentando tragar todas las palabras que inundan mi garganta. Una profunda calada de aire me engorda el estómago cuando lo veo abultar los labios, como si su mutismo fuera su arma para reclamarme por una satisfacción.

No veo la hora para que saque un par que guantes, listo para repartir bofetadas a diestra y siniestra.

—Bueno... Sí, lo sé—y es con esa pausa titubeante que otra grieta se abre paso atraes de sus suaves pómulos de terso helado de vainilla—Aunque... Hubiera sido lindo que siquiera lo consideraras—la chispa vivaracha que enciende la luz perenne de sus amplios ojos parece perder algo de brillo—Me hubiera gustado que aun así me preguntaras...

—Sí, creo que sí—Chan me mira con los ojos entornados de un ceño fruncido y los labios formando un tierno, pero notablemente inconforme, puchero.

"¿Qué?—pregunto cuando noto que él no muestra intenciones de hablar hasta que yo lo haga.

—Pensé que me preguntarías—el ademan que hace con la mano rompe la calma que se cierne derredor a la impasible figura que se muestra frente a la cámara. Esa varonil voz suya se convierte en un cantarín regaño dicho por un niño demasiado crecido.

La pena me corroe y me llena de tristeza el pecho. Si tan solo yo tuviera la mitad de emoción que él, no me sentiría tan decaída por tener que recibir a mis parientes por las fiestas. Muerdo el interior de mi mejilla y sintiendo el amargo sabor de la sangre, desvió la vista de la ventana de la computadora.

—Chanyeol escucha, ambos sabemos que las cenas familiares son un espectáculo desastroso. Como cuando un asqueroso comediante de quinta abre un concierto de los Spin Doctors en la Feria Estatal de Iowa. Qué asco. Y bajo ninguna circunstancia te llevare a ti, a ese concierto—ya no hay risas, o diversión y mucho menos cautela.

No pienso mucho lo que dije, solo lo recito, de la misma manera que fue dicho por Ryan Reynolds. Chan se encoje ante mis palabras y busca cobijo entre las espesas arrugas del oscuro y sobredimensionado suéter que envuelve su amplio torso. El negro es su color, resalta las hinchadas bolsas bajos sus ojos.

En el segundo que vuelvo la mirada a la pantalla de la laptop, Yeol se convierte frente a mis ojos en mi Vanessa.

—No te voy a invitar a una cena con personas que son...—rehuyó de su mirada y mi vista se pierde en la barra de herramientas de la ventana. No puedo mirarlo a los ojos, no con lo que estoy a punto de decir—...que son...pues, ellos. Son de la clase de familiares que no son agradables... O siquiera bien intencionados con lo que dicen, o el modo en que lo dicen. Sería como arrojarte a un tanque de pirañas...

"Si yo tuviera la opción de no ir, obvio que no lo haría, no obstante, no le haré eso a mis padres después de todo lo que ha invertido para esta cena... Tú, sin embargo, tienes la opción de no tener que estar ahí; no estar en esa mesa sin nada más que hacer que comer e ignorar. No dejare a mi hermana sola hundirse en ese caldo de incomodidad y si está en mi mano impedirlo, no dejare que tu pases por eso.

Ninguno de los dos décimos nada. La estática a nuestro alrededor deja a su paso una carga eléctrica que cubre mi piel y me embota la lengua. No puedo seguir hablando, en realidad, ya no debería decir nada más. No con toda esta innecesaria tensión que regué a nuestro alrededor, es fría y se impregna en nuestras pieles. Con la espalda resintiendo el agarrotamiento de permanecer tan rígida, dejo caer los hombros derrotados y me siento como madre Gothel después de que esta desatara su ira en contra de Rapunzel.

Tongtong—.

Observo el monitor apenas gesticulando, mi vista se detienen en esa pequeña ventana en la pantalla donde veo a una despeinada castaña con una cara rebosante en sonrojo. La vergüenza manchó con burdas pinceladas mi rostro, tanto que se está escurriendo por mi cuello y algunas más reptan por mis orejas.

—Lo siento, Chanyeol-ah; pero no puedo.

Lo miro a la cara una última vez y de un manotazo cierro la computadora. La expresión de su semblante antes de que todo se quedara en silencio era triste, pero había algo más ahí, no sé si era desconcierto, lastima o decepción; no estoy segura, su cara era un auténtico acertijo. Empujo la laptop con la punta de los pies hasta la orilla más lejana de la cama. Me apretujo contra la aterida cabecera de metal y me cubro hasta el cuello con mi tibio edredón.

Sé que no tenía que haberle dicho esas cosas. En realidad, ni siquiera tendría que haberme permitido pensarlas o que salieran de mi boca. Sin embargo, era algo que tenía que salir de mí; de alguna forma y fue esta. Las palabras que dije se repiten una y otra vez en mi cabeza, y cada vez era peor. Repetirlas en voz alta sirvió para darme cuenta que esas cosas que dije son horribles, acababa de injuriar a mi propia familia. Y si bien, honestamente, ese es mi sentir; no quita el hecho de que no es correcto lo que dije.

"¿Qué estará pensando él de mí? ¿Creerá que hablo así de todo el mundo? ¿Creerá que hablo así de las personas que amo? ¿Pensara que soy un despojo de ser humano por referirme de esa manera a personas con las que comparto no solo el apellido, sino también comparto sangre?"

"Mis padres se han esforzado más de medio año para concretar esta cena. Cada uno de nosotros está dando algo para que todo esto salga bien. Pero abrir las puertas de nuestro santuario personal para recibir a personas que yo considero solo un poco menos que extraños, es una idea que no se me hace cómoda."

"No después de lo que paso hace un año...no cuando los comentarios sin filtro y con evidente intolerancia de mi tía arruinaron la cena, en específico, mi cena."

Y ahora estoy aquí, oculta en mi habitación, aun en pijama y sin intensiones de salir, hasta que sea absolutamente necesario. Sola y con frio, en esta habitación que hasta hace poco estaba llena de risas y chistes, colmada de muchos te amo y palabras cursis, tupida de apodos empalagosos y muecas vergonzosas. Porque con un simple susurro, Chanyeol puede borrar de un revés el silencio y colmarlo de ecos. Con una sonrisa, Chanyeol puede llenar una habitación de luz.

"Solo puedo pensar en ti, quien siempre sonreía y me miraba a mí."

Escondo la cara contra el cálido edredón y siento poco a poco como las lágrimas se escurren por mis mejillas. Claro que quería tenerlo aquí conmigo, quería bailar música lenta con él en la sala de mi casa y rellenarnos los estómagos de comida, porque ya era hora de que él se diera ese lujo.

Una de las perchas que cuelgan de mi armario llama mi atención. Las largas mangas azules de un vestido corto se destacan entre ganchos de pantalones y camisas de franela, igual que lo haría una pancarta color fosforito.

De verdad quería usar ese tonto vestido. Hacer valer la pena el dinero que gaste en él y el año que he esperado para poder usarlo. Quería que Chan me viera con ese meloso vestido con diseño de copos de nieve. Esta era mi oportunidad para estrenarlo y... Entonces la nueva gira de conciertos llega para llevarse lejos de mí a mi Yeollie. Tendrá que quedarse guardado un año más, o usarlo, incluso cuando sea la única usando motivos invernales en primavera.

—Soy una idiota—.

"Ya es muy tarde, lo siento. Soy una idiota... No; todavía no es tarde"

Con una brazada aparto las telas que me cubren y sin terminar de liberar del todo mis piernas, me acerco gateando a mi computadora. No ha pasado ni media hora, pero media hora libre para Chanyeol es tiempo inestimable, así que espero que él aún se encuentre disponible.

La ventana de un opaco negro traslucido me dice que la comunicación fue interrumpida y la llamada termino después de exactos veinticinco minutos. El agudo sonido de una nueva notificación pidiendo permiso para restablecer la conexión me saluda y su alegre color verde y gris me recubre la piel de cosquillas.

—Voy a llevarte a cenar a mi casa el treinta—escupo las palabras en el instante en que la ventana más grande se ilumina y dos segundos después, los pixeles dibujan la blanca habitación de hotel.

Trago audiblemente, viéndolo tenso en la silla del escritorio donde está. Con el cabello más desordenado de lo que estaba hace algunos minutos. Se inclina hacia la cámara en su solo movimiento y puedo jurar que escuche su espalda crujir.

—¿Con tu familia?—no pide explicaciones o disculpas, como lo haría cualquier persona. Ahora bien, Chanyeol no es cualquier persona. Se acomoda el cabello detrás de la oreja, me regala una mirada coqueta y espera por mi próximo movimiento.

—Sé que no es lo mismo, aunque para mi si lo es. Son mi familia, esas tres asombrosas personas son mi familia y... Si, puede que sean algo impropios y en general, distintos. Sé que no te atemoriza lo abrumadora que suele ser mi mamá o lo distante que lucen mi papá y mi hermana...

Kristoff—extiende la mano frente a la pantalla de manera que perece que quiere rozar un ente invisible frente a él demanda mi atención—sé que son maravillosos...—sosegado, inclina su cabeza contra su hombro para frotar su mejilla contra él, y es ese simple movimiento que crea terremotos que echa abajo montañas y derrite icebergs, el que detiene mi respiración y convierte mi sangre en miel.

"Tantos abrazos y hasta ahora siento la calidez de tu cuerpo."

—Te amo—declaro sin miedo.

—Te amo también—.

—Aww, chicos—respigo y término dando un ligero bote contra el colchón—yo también los amo—de la nada, de uno de los linderos de la toma, aparece Jongdae. Cabello despeinado, ropa cómoda y la piel sin gota de maquillaje, y luciendo mejor que muchos en sus mejores días.

Con las manos pegadas al pecho; afirmadas como garras, firmes sobre su corazón. Eso nos pasa por obligar a Jongdae a ser una especie de tercera rueda y relegarlo en su misma habitación. Quien nos manda a permitirnos olvidar que alcoba la utilizan dos personas.

—Hola Jongdae-yah—muestro ante la cámara un sencillo saludo de cinco dedos y una sonrisa torcida de labios apretados.

—Hola Deo, ¿Cómo está todo por allá? espero bien. Chanyeol se estaba comportando muy raro antes de que volvieras a llamar...—Yeol lo fulmina con la mirada y Chen no hace más que encogerse de hombros—Yo nada más decía. Bueno, siento interrumpir pero tengo que robarme a tu Romeo, ya tenemos que estar de camino al centro de convenciones.

Aun cuando quisiera hacer un puchero y demandar por un poco más de tiempo, no lo hago. Me recuerdo que él no solo es el Yeollie que se roba las frazadas de mi cama y hace un fuerte en el sofá donde acurrucarnos, no es el chico que prepara ramen en calzoncillos de Bob esponja y no es el chico que prepara nachos en el horno. No, en este momento él no es solo ese joven; es también el hombre que sabe que el show tiene que continuar y que le pertenece más a esa audiencia de lo que me pertenece a mí es este momento.

—Adiós Deo—Chen se despide con una dulce sonrisa de comisuras curvas y desaparece al fondo de la habitación a terminar de arreglar sus cosas.

—Adiós Tongtong, te llamare en unas horas cuando termine el concierto—ojea sobre su hombro si su hasta ahora olvidado compañero de cuarto no lo está prestando atención y me obsequia en tronado beso silencioso.

—Claro, cuídate y mucha suerte—llevando la palma de mi mano a los labios, sello dos besos antes de mandarlos volando hacia la pantalla—Ah, y también tú, Chan...—le digo siendo consiente que Jongdae aun nos escucha.

Su cara deformada en una mueca divertida es la última imagen que veo antes de presionar el botón de colgar.

...

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