Capítulo 1 ( 2da Parte)

Después que los ánimos en el gran comedor se calmaron Dumbledore habló.

- Este capítulo parece constar de dos partes - explicó -.  Yo acabo de leer la primera ¿A quien le gustaría leer la segunda?

- Yo quiero - levanto la mano Remus.

Dumbledore con un movimiento de varita mando el libro a sus manos.

- El vidrio que desaparece - leyó.

- ¿Merlín dime qué hice yo? -  susurró Harry frotándose el puente de la nariz intuyendo lo que venía.

' Nacer niño' respondió Merlin desde el súper más allá.

Habían pasado aproximadamente diez años desde que los Dursley encontraron a su sobrina en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en lo absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardines, iluminaba el número cuatro de latón en la puerta de los Dursley y avanzaba en su salón.

Las fotos en la repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, habían una gran cantidad de retratos de los que parecía una gran pelota rosa con gorros de diferentes colores.

- ¿Para que querría un muggle fotos de pelotas con gorros? - preguntó un chico de Slytherin.

- Ni la menor idea - respondieron los hijos de muggles.

Pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño.

Risas en todo el gran comedor.

Y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un carrusel en la feria, jugando en el ordenador con su padre, besado y abrazado por su madre... La habitación no daba señal de que allí viviera otro niño.

- ¿ No la habran abandonado verdad? - pregunto exaltado Remus.

- Para saberlo tiene que seguir leyendo señor Lupin - dijo tranquilamente Dumbledore.

Remus le hizo caso y siguió leyendo.

Sin embargó, Harriet Potter seguía allí, durmiendo en aquel momento, pero no por mucho tiempo.

- ¡Arriba! ¡ A levantarse! ¡ Ahora! -

-Esa no es manera de despertar a un niña - dijo la viuda Longbottom con desaprobación.

Harriet se despertó con un sobresalto por la voz de su tía, el primer sonido que escuchaba por las mañanas. Su tía llamó otra vez a la puerta.

- ¡ Arriba! - chilló de nuevo.

Harriet oyó sus pasos en dirección a la cocina y después el roce de la sartén contra el fogón.

- ¿Tiene súper oído? - preguntó Ron -¿ Cómo escucha la sartén si las habitaciones están arriba?

-  Ya sabrás - dijo Harry -. He tenido deja' vus desde que está parte comenzo.

La niña se dió la vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que volaba, ya había soñado lo mismo anteriormente.

- Soñaba con mi moto - dijo Sirius emocionado - ¿ Tu también soñaste con mi moto Harry?

Harry asintió sonriendo y Sirius parecía un perro al que acababan de dar un premio.

Su tía volvió a la puerta - ¿ Ya estás levantada ? - quiso saber.

- Casi - respondió Harriet.

- Bueno, date prisa, quiero que vigiles el beicon. Y no te atrevas a dejar que se quemé. Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy.

- ¿Y si ella se quemaba? - pregunto indignada mándame Ponfrey.

Harriet gimió.

- ¿ Que has dicho ?- gritó con irá desde el otro lado de la puerta.

- Que yo sepa gemir no es hablar - dijo una chica de Ravenclaw.

- Nada, nada...

" El cumpleaños de Dudley... ¿ Cómo había podido olvidarlo?

" Mierda" pensó Harry - Creo que sé lo que va a pasar.

- ¿Por qué lo dices?- pregunto Hermione.

- Hasta ahora todo es igual a como lo recuerdo - fue lo único que comento.

Harriet se levantó lentamente y comenzó a buscar sus mallas. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de uno de ellos se los puso.

- Arañas ?- dijo Ron con vos queda.

- Después de lo que pasamos en segundo año creí que ya habías superado tu miedo a  las arañas - dijo Harry recordando su encuentro con Aragón y sus hijos en el bosque prohibido.

Harriet estaba acostumbrada a las arañas, porque la alacena que estaba debajo de la escalera estaba llena de ellas.

- ¿Qué tiene que ver qué la alacena este llena de arañas? - pregunto Sirius.

Y allí era donde dormía.

El gran comedor se llenó de gritos y expresiones de indignación.

- ¿ Cómo pueden poner a dormír a una niña en una alacena? - rugió la señora Weasley - ¿ Tú también dormías en una alacena Harry? - le preguntó con un tono de voz más normal, cuando Harry asintió cohibido los gritos regresaron.

- ¡Los voy a encerrar en una alacena a esos hijos de pu#$+ a ver si les gusta! - grito furioso Sirius.

Remus se tomo varios minutos para calmarse prometiendo hablar más tarde con Harry, continúo luego que cesaron los gritos contra los Dursley, excepto Sirius que los siguió insultando hasta McGonagall le puso un hechizo silenciador.
Mientras Harry se encogió más en su asiento deseando que la tierra se lo tragara o se le pusieran los ojos viscos a los que lo miraban con lastima.

Así que cuando las otras niñas del colegio gritaban por algún insecto ella simplemente tomaba al pequeño animal y lo lanzaba lejos para que no lo lastimaran, no le ganaba el afecto de las niñas ser tan " masculina" pero eso la tenía sin cuidado.

Cuando estuvo vestida, con un viejo vestido naranja,tomo el viejo delantal gris que colgaba de la puerta de su alacena y se lo ato, aún cuando odiaba el color de su vestido no deseaba arruinarlo. Salió al recibidor y entró en la cocina. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de Dudley.

Parecía que este había conseguido el ordenador nuevo que quería, por no mencionar el segundo televisor y la bicicleta de carrera.

Los sangre pura no tenían la mejor idea de que eran esas cosas, pero por la expresión de los hijos de muggles supusieron que era bastante y/o costoso.

Pero lo actividad favorita de Dudley era molestarla, jalar su corto cabello rizado o meterle el pie para que cayera, perseguirla con sus amigotes en el juego de "cazar a Harriet" y después llenarla de barro, no era muy común que eso pasará ya Harriet era muy rápida y buena en escapar del gordo de su primo y compañía.

- Ese niño pide a gritos que lo valla a visitar - dijo Sirius con los puños apretados.

Tal vez tenía algo que ver con eso de vivir en una oscura alacena, pero Harriet parecía una muñeca. Pequeña para su edad, delgada y con la piel blanca como la leche.

- Que va, esos son los genes Potter - dijo Sirius sonriendo alegre, su ánimo cambiando tan drásticamente  y tan rápido que sorprendió a varios.

Harriet tenía un rostro delgado aunque sus pómulos eran finos, su nariz pequeña y rodeada, sus labios rosas y carnosos, rodillas huesudas, cabello negro corto y ojos de color  verdes brillante. Además tenía una pequeña cicatriz en la frente con forma de relámpago.

- Harry te están describiendo a ti - le dijo Fred.

- Pero más guapa - completo George, varios chicos le dieron la razón.

La tenía  desde que podía acordarse, recordaba que lo primero que le había preguntado a su tía Petunia era como se la había hecho.

" En el accidente de coches en el que murieron tus padre" dijo " y no hagas preguntas".

-Cómo se atreve - dijo Remus - . Lili y James murieron de forma honorable, no por un estúpido accidente de coche.

-  Le pusieron la misma excusa que a mí -  le dijo Harry a sus amigoa-. Aún recuerdo cuando Hagrid se enteró.

Hagrid que estaba en la mesa de profesores y logro escucharlo se ruborizó un poco.

" No hagas preguntas ": era la primera regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila con los Dursley.

- Si no hacen preguntas ¿ como aprenderán? - dijo la profesora McGonagall.

Tío Vernon entro a al cocina cuando Harriet le estaba dando vuelta al tocino.

- Péinate - bramó como saludo matinal.

- Imposible - dijeron Remus y Sirius al mismo tiempo.

- El cabello Potter es indomable - dijo Sirius.

Harriet intento no rodar los ojos ante eso, vamos era la niña con el cabello más corto de su clase, las demás llevaban su cabello en coletas, trenzas, suelto o de alguna manera peinado, pero ella solo necesitaba pasar el cepillo tres veces y listo, no que su cabello se quedará en su sitio, el cabello de Harriet siempre crecía para todos lados y su tía siempre cortaba su cabello cuando pasaba de su nuca.

Muchas chicas tocaron su cabello imaginando que era ella a las que hacían esa barbaridad.

Oculto el mal sabor que le producía ser la niña rara del colegio y se concentró en el beicon. Harriet era una linda niña, al menos eso era lo que le decía la señora Figg, una anciana que vivía cerca de Prive Drive.

Me suena ese apellido - murmuró para si misma Nymphadora.

Pero el hecho de usar ropa vieja obtenida de la caridad o de segunda mano que en ocasiones le quedaba demasiado grande y  tener el cabello igual de corto que un chico no le ganaba muchas amigas , de hecho Harriet no tenía un solo  amigo.

Harriet estaba friendo los huevos cuando Dudley llegó a la cocina con su madre.

Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande y rosada, casi sin cuello, ojos pequeños de un azul acuoso, y abundante cabello rubio que cubría su gorda cabeza. Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harriet decía a menudo que parecía un cerdo con peluca.

Risas en todo el gran comedor.

Harriet puso sobre la mesa los platos con huevo y beicon, lo cual era difícil porque había poco espació. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.

- Treinta y seis - dijo mirando a su padre y a su madre-. Dos menos que el año pasado.

- ¿Y aún se queja? - pregunto indignada la señora Weasley - Ese niño es un malcriado.

- Ni a mí me dan tantos regalos - dijo Draco.

- Querido, no has contado el regalo de tía Marge. Mira, está debajo de este grande de papá y mamá.

- Muy bien treinta y siente entonces - dijo poniéndose rojo.

Harriet, que podría ver venir un gran berrinche de Dudley, comenzó a comer su beicon lo más rápido posible, por si volcaba la mesa.

- Yo hago eso y no la cuento - dijo Nott desde la mesa de Slytherin y la mayoría le dió la razón.

Tia Petunia también sintió el peligro, porque diji  rápidamente:

- Y te compraremos dos más cuando salgamos hoy ¿ Que te parece pichoncito? Dos regalos más ¿ Está todo bien?

Dudley pensó durante un momento. Parecía un trabajo duro para él. Por último agrego lentamente.

- Entonces tendré treinta y ... Treinta y... -

- Por Morgana, no sabe contar - dijo la profesora McGonagall.

-Treinta y nueve dulzura - dijo tía Petunia.

- Oh - Dudley se dejó caer pesadamente en la silla y cogió el primer regalo más cercano -. Entonces está bien.

Tío Vernon rio entre dientes.

- El pequeño tunante quiere que le den lo que vale, igual que su padre ¡ Bravo Dudley! - dijo y revolvió el cabello de su hijo.

-¿ Le está celebrando el berrinche? - pregunto incrédula la profesora Sproung.

En ese momento sonó el teléfono y tía Petunia fue a cogerlo, mientras Harriet y tío Vernon miraban a Dudley que estaban desembalando la bicicleta de carreras, la filmadora, el avión a control remoto, dieciséis juegos nuevos para el ordenador y un vídeo. Estaba rompiendo el paquete de un reloj de oro, cuando tía Petunia volvió, enfadada y preocupada a la vez .

- Malas noticias, Vernon - dijo - . La señora Figg se ha fracturado una  pierna. No puede cuidarla -.  Volvió al cabeza en dirección a Harriet.

Harriet mantuvo su atención en el plato, cada año, el día del cumpleaños de Dudley, sus padres lo llevarían con un amigo a pasar el día en un parque de atracciones, comer hamburguesas o ir al cine. Ella por su puesto, no era bienvenida por lo que terminaba en la casa de la señora Figg, la mujer era la única que le decía " Eres una linda niña, Harriet" pero aún así el aroma a repollo junto con el montón de gatos que había en la casa de la señora Figg era algo que podía cambiar fácilmente por un día afuera.

- ¿ Y ahora qué hacemos? - preguntó tía Petunia, mirando con irá a Harriet con irá a Harriet como si lo hubiera planeado todo.

- Mujer estúpida - dijo para sorpresa de todos Lucius Malfoy.

- Podemos llamar a Marge - sugirió tío Vernon.

- No seas tonto Vernon, ella no la aguanta-

Los Dursley hablaban a menudo sobre Harriet de aquella manera, como si no estuviera allí, o más bien como si pensaran que era tan tonta que no podía entenderlos, algo así como un gusano.

- Y qué me dices de.. tu amiga...  cómo se llama... Yvonne?

- Está de vacaciones en Mayorca - respondió enfadada tía Petunia.

Harriet contuvo las esperanzas y se levantó recogiendo los platos, aprendió desde pequeña que en ocasiones era mejor no decir nada para obtener algo que deseaba y este era uno de ese casos.

- Muy astuta - felicitó Narcisa.

- Supongo que podemos llevarla al zoológico - dijo en voz baja tía Petunia-... y dejarla en el coche...-

- El coche es nuevo, no se quedará allí sola...-

Exclamaciones de indignación por parte de los adultos.

Dudley comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.

- Mi pequeño Dudley no llores, mamá no dejará que estropee tu día especial - exclamó, abrazándolo.

Justo entonces, sonó el timbre de la puerta.

-  ¡ Oh Dios, ya están aquí! - dijo tía Petunia en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de rata.

- El zoológico se hace cada vez más grande ¡yupi! - dijo emocionado Fred.

Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba. Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato.

Es valiente solo cuando están los amigos - gruño Ojo loco.

Media hora más tarde, Harriet, que no podía creer en su suerte, estaba sentada en la parte de atrás del coche de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino al zoológico por primera vez en su vida. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se llevó aparte a Harriet, después de que tía Petunia le aventó unos pasadores para el cabello.

- Te lo advierto- dijo, acercando su rostro grande y rojo al de Harriet-. Te estoy avisando ahora, niña: cualquier cosas rara, lo que sea, y te quedarás en la alacena hasta Navidad.-

- No voy hacer nada lo prometo - dijo Harriet con su voz cantarina.

- ¿Soy el único al que dió un escalofrío ?- preguntó Ron.

Pero tío Vernon no le creía.  Nadie lo hacía.

- Nosotros si lo hacemos - dijeron los gemelos Weasley haciéndo sonreír a Harry.

El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harriet y no conseguía nada con decirle a los Dursley que no las causaba. Cómo aquella vez que volvió azul el peluquín de su profesor, o cuando era perseguida por Dudley y compañía y salto para evitar los contenedores terminando en el tejado de la cafetería.

- Se apareció - dijo sorprendido Moody- Es lógico deducir que tú también lo hiciste ¿ No, Potter?

Harry asintió y los adultos murmuararon algunas cosas, Dumbledor por su parte lo miraba con ese molesto brillo en sus ojos.

- Tiene expresiones mágicas muy fuertes - dijo el profesor Flitwick impresionado.

Término encerrada en la alacena tres semanas gritando que no fue su culpa.

'Esa vez me terminó doliendo la garganta de tanto gritar', pensó Harry recordando ese tiempo en particular.

Otra vez, tía Petunia había tratado de meterla en un repugnante jersey viejo de Dudley ( marrón, con manchas anaranjadas). Cuánto más intentaba pasárselo por la cabeza, más pequeña se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría quedado como un guante a una muñeca, pero no a Harriet. Tía Petunia creyó que se debía haber encogido al lavarlo y, para su gran  alivio, Harriet no fue castigada.

Pero aquel día nada iba a salir mal.

- No debió decir eso - dijo Sirius.

- Definitivamente algo va a salir mal - completo Tonks .

Incluso estaba bien pasar el día con Dudley y Piers si eso significaba no tener que estar en el colegio, en su alacena, o en el salón de la señora Figg, con su olor a repollo, los gatos no estaban tan mal, pero el repollo.

Muchos rieron ante los pensamientos de la niña.

Mientras conducía, tío Vernon se quejaba a tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas. Harriet, el ayuntamiento, Harriet, el banco y Harriet eran algunos de sus temas favoritos.

- Pero cuanta variedad - dijo con sarcasmo Cedric Diggory.

Aquella mañana les tocó a los motoristas.

- Ey! ¿Que tiene contra las motos? - exclamó Sirius.

-... Haciendo ruido como locos esos gamberros- dijo mientras una moto los adelantaba.

Eso le Harriet recordó el sueño que tuvo, una moto que volaba.

Sirius soltó un chillido emocionado

Mantuvo la mirada fija en el parabrisas intentado recordar el sueño, pero al final desistió con un suspiro, provocando que Dudley se quedará de lo ruidosa que era, por supuesto tío Vernon la regaño y Harriet deseo que una moto se estrellará contra el parachoques nuevo del auto de su tío. Para suerte de los motociclistas eso no paso.

Era un sábado muy soleado y el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a Piers unos grandes helados de chocolate en la entrada, y luego, como la sonriente señora del puesto le preguntó a Harriet que quería antes que pudieran alejarse, le compraron un polo de limón, que era más barato. Eso tampoco estaba mal, pensó Harriet, mientras veía a un gorila rascándose le cabeza  y se parecía notablemente a Dudley, solo que no era rubio.

Todos rieron .

Fue la mejor mañana que Harriet había pasado en mucho tiempo, mucho mejor que aquella cuando fueron al museo con la clase y pudo escabullirse de los otros y pudo ver la sección del renacimiento, junto con la sección especial de la quema de brujas, no le agradaba mucho esas imágenes de personas torturadas y quemadas solo por ser " brujas" pero la información anexada a cada imagen era interesante.

Cuando la hora de la comida fue acercándose Harriet tuvo cuidado de no quedarse cerca de Dudley y Piers que comenzaban a aburrirse no fuera que les diera por lanzarla a los leones o algo asi. Comieron en el restaurante del zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente grande, tío Vernon le compró otro y Harriet tuvo permiso de terminar el primero.

Después de comer fueron a ver  los reptiles. Estaba oscuro y hacia frío, a Harriet le recordó su alacena.

Claro aquí había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes y era mucho más amplió. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y deslizaban por las piedras y troncos. Dudley y Piers querían ver a las gigantes cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande. Podía envolver fácilmente el coche de tío Vernon y aplastarlo como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.

Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vidrio, observando el brilló de su piel.

- Haz que se mueva - le exigió a su padre. Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió -. Hazlo de nuevo - ordenó Dudley.

- Un hijo no debe ordenar a su padre - dijo la viuda Longbottom-. Y mucho menos un padre recibir órdenes de su hijo, solo lograrán que no respeté a nadie - las madres del gran comedor le dieron la razón.

Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal seguió  dormitando.

-Esto es aburrido - se quejó Dudley. Se alejó arrastrando los pies.

Harriet quien sentía un leve cosquilleo en la nuca, no creía que  fuera miedo era diferente, se acercó al vidrio y leyó el cartel de información.

" Boa Constrictor, Brasil. Espécimen criado en cautiverio".

- Seguro que no te agrada mucho que la gente te vea con cara de bobos - murmuró Harriet contemplando al reptil col un brillo de fascinación en los ojos.

- ¿Por qué le hablas a una serpiente? - preguntó un poco disgustado Ron
- ¿ Tú también hablaste con la serpiente? - le preguntó a Harry

- Se los conté en segundo año Ron- le respondió Harry serio, no estaba de humor para aguantar el parloteo de Ron sobre las serpientes.

- Oh, cierto - Ron que se dió cuenta de eso no preguntó más y se giró para seguir escuchando la lectura.

De pronto la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harriet.

Harriet parpadeó sorprendida cuando la serpiente negó con la cabeza, mirando alrededor la niña decidió hablarle de nuevo.

- Te gustaría ir ? Ya sabes a Brasil- preguntó en tono inseguro.

La serpiente asintió.

- Hmnn... si pudiera te ayudaría a salir de aquí - dijo Harriet.

- ¡DUDLEY ! ¡ SEÑOR DURSLEY! ¡ VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡ NO VAN A CREER LO QUE ESTA HACIENDO! - La voz de Piers hizo saltar a Harriet.

Pero antes de que Dudley llegará el vidrio que cerraba el cubículo de la boa Constrictora había desaparecido.

- Esa es magia muy avanzada para una niña - dijo Dumbledore.

La descomunal serpiente se había desenrrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas.

Mientras la serpiente se deslizaba ante ella, con la cabeza a escasos centímetros de su rostro, susurro en tono seseante:

- Gracias pequeña - después la enorme serpiente se fue deslizando entre la multitud.

El director del zoológico en persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba una y otra vez. Mientras un cuidador revisaba a Harriet y preguntaba una y otra vez si estaba bien

Harriet les aseguro que la serpiente no la había atacado y que estaba bien. Mientras tío Vernon farfullaba sobre una compensación por el peligro en el que " su sobrina".

-  Maldito muggle avaro - dijo Sirius molesto.

- Señor Black, lenguaje - le reprendió McGonagall.

- Pero si es verdad Minnie - dijo haciendo puchero.

- Ya le dije que no me llame así señor Black- dijo molesta.

Tia Petunia por otro lado mantenía sus pequeños ojos en Harriet con la sospecha escrita en ellos.

' Ella sabía que era magia accidental ', pensó Harry, dándose cuenta ahora.

Al final regresamon a casa después que el director del zoológico diera a Harriet una camisa polo de regalo con el nombre del centro y el dibujo de un ciervo en la parte trasera, además de una visita gratis para toda la familia. Todo estaba bien hasta que Piers soltó que Harriet le estaba hablando a la serpiente.

-  Maldito soplón - dijeron varios en el gran comedor. McGonagall solo los miró mal pero no dijo nada.

Tío Vernon espero hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con Harriet. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.

- Ve... alacena...quédate - pudo decir, antes de desplomarse en su silla. Tia Petunia tuvo que servirle una copa de Brandy.

La vida con los Dursley era desgraciada, diez años de no tener nada como obsequios de cumpleaños, diez años de usar ropa que ni un mendigo usaría, diez años de aguantar ser la culpable de todo lo que sucedía cuando no tenía ni idea de lo que paso, diez años de ser el juguete de Dudley cuando se aburría; llenarla de lodo, romper sus libros, meterle el pie para que callera, mojar la con los charcos de agua sucia, encerrarla en los lockers, diez años de solo comer lo que sobraba o no comer nada.

Remus cerro un momento el libro con indignación, para poder tranquilizarse un poco y no ir a buscar a los Dursley. Al igual que Sirius y otros adultos planeaban hablar sobre esto con Harry, él pensaba que era felíz con sus parientes, al parecer estaba equivocado.

Las  personas en el gran comedor sintieron pena por Harriet, y los que captaron la situación también por Harry . A Harry no le gustaba que ese libro  expusiera  su vida con los Dursley de aquella manera, pero aún tenía la pequeña esperanza de que quizá Harriet no lo hubiera pasado igual de mal que él.

Desde  la mesa de los profesores Snape miraba a  Potter, aparentemente hasta el momento la historia del libro era bastante similar a la de Potter niño y por un momento se preguntó si había estado juzgando mal su situación. Apartó temporalmente esos pensamientos a favor de seguí con la lectura, más tarde su conciencia lo podía carcomer en privado.

Remus continúo.

Harriet soñaba cuando era más pequeña y era encerrada en su alacena con alguna marca de cinturón en su espalda o bofetada en su mejilla, que alguien venía por ella, algún familiar lejano o alguna madrina como en los cuentos que leían en clase, por supuesto esas solo eran historias ficticias, nunca vino nadie, no había hadas madrinas que la rescataban y estaba segura que los príncipes azules solo eran un montón de niños tontos y arrogantes.

- Es triste que una niña pierda la ilusión tan pequeña - pensó Narcisa.

Harriet no se engañaba si quería alejarse de los Dursley debía obtener buenas notas, conseguir un espacio en una buena escuela lejos de aquí, no era sencillo por supuesto, los Dursley se enojaron la primera vez que obtuvo mejores notas que Dudley pero aprendió a ocultar sus calificaciones y nunca avisaba de las juntas de padres, Dudley cursaba en otra clase por lo que no se tomarían la molestia de asistir a la junta de padres de Harriet cuando tenían que ir a la de su preciado hijo, al final de este año Harriet estaba segura de que la admitirían en una secundaria lejos de aquí, lo había consultado con la profesora de la clase, una mujer demasiado sonriente que no le agradaba pero que le ayudo con los tramites.

Ahora esperaba que el verano llegará pronto y con ello la carta de admisión con su beca, su boleto para irse diez meses del número cuatro de  Prive Drive. Sacando el viejo costurero que tía Petunia le dió en una de esas veces que limpiaba el ático, Harriet comenzó a coser un vestido azul que le quedaba demasiado largo.

- Fin del capítulo - dijo Remus. Tenía muchas cosas en que pensar.

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Oh! Harriet aún no aparece bebés, pero alguien más está en camino.

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