🏵️Capítulo 6🏵️

Sesshomaru encendió su automóvil y arrancó rápidamente mientras pensaba en todos esos sucesos que estaban a punto de hacerle explotar la cabeza. Cuando se detuvo en un semáforo, golpeó el volante con frustración. Esperó a que la luz cambiara, pero por un momento decidió mantener la calma, a pesar de la molestia que sentía. Al llegar a su empresa, fue recibido por su secretario, quien tenía el cabello despeinado y le informó que los accionistas de la automotriz ya habían amenazado con retirarse si no llegaba a esa hora.

—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó Sesshomaru con irritación.

—Bueno, en el momento en que quisieron irse, llegó Kirinmaru. Ahora está en la oficina con los inversionistas —respondió el secretario.

Algo que sin duda molestó a Sesshomaru y lo apresuró a entrar. Allí estaba el imbécil de Kirinmaru, tratando de convencer a los inversionistas sobre su proyecto. Cuando Sesshomaru ingresó, visiblemente molesto, los inversionistas lo saludaron con un "Señor Taisho", mientras Osamu Kirinmaru le pasaba la postestad con una sonrisa irónica.

Mientras se sentaba y continuaba con la presentación, lo miraba con desdén. Era bien sabido en toda la compañía que ambos no se llevaban bien y que se odiaban. Osamu, a pesar de haber comenzado desde un puesto inferior en comparación con Sesshomaru, en un par de años había logrado ascender y ganarse el favor de algunos inversionistas que querían que él tomara el control de Taisho Corp cuando el CEO, Toga Taisho, su padre se retirara. Algunos creían que era necesario un cambio de poder.

Pero hace menos de una semana, su padre había decidido dar el puesto a quien considerara más apto, y esa mañana había amenazado con dárselo a su peor enemigo. Esto, a pesar de que Sesshomaru había estado trabajando en la empresa desde que era adolescente.

La reunión, a pesar de haber comenzado mal, no les dejó refutar la idea de Osamu, quien no tardó en destacar el gran porcentaje de efectividad y las ganancias que prometía. Al terminar, los inversionistas se despidieron para seguir conversando. Cuando Sesshomaru salió, se encontró con el pelirrojo.

—Sesshomaru, no puedes estar actuando tan imprudentemente —le dijo con sorna al verlo salir.

—Así es, supongo que será más fácil —respondió Sesshomaru con frialdad.

No iba a caer en esos malditos juegos que ya empezaban a molestarlo. Se dirigió a su oficina para seguir revisando algunos informes de tiendas de alimentos que pedían su ayuda. Cuando llegó, Sara lo recibió con una sonrisa coqueta que él no tenía intención de corresponder.

—Buenos días, señor Taisho —dijo ella, acercándose más de lo necesario—. ¿Necesita algo antes de la reunión?

—No —respondió Sesshomaru con frialdad, sin siquiera mirarla—. Asegúrate de que todo esté listo para la presentación.

Sara, acostumbrada a su indiferencia, no se dio por vencida.

—¿Seguro que no necesita algo más? —insistió, deslizando un dedo sobre el borde de su escritorio.

Sesshomaru la miró con una expresión helada que hizo que retrocediera.

—No tengo tiempo para juegos, Sara. Haz tu trabajo.

Ella asintió, molesta pero obediente, y se alejó. Sesshomaru entró a su oficina y cerró la puerta con un golpe seco. Necesitaba concentrarse, pero la imagen de la niña no dejaba de aparecer en su mente. Con un suspiro, llamó a su asistente, Jaken.

—Jaken, necesito que hagas algo —dijo en cuanto el hombre entró—. Quiero una prueba de ADN. Encuentra al mejor laboratorio y asegúrate de que sea discreto.

—¿Una prueba de ADN, señor? —preguntó Jaken, confundido.

—Sí. Y no hagas preguntas —respondió Sesshomaru con un tono que no dejaba lugar a dudas.

—Entiendo, señor.

Mientras tanto, en el departamento, Toga Taisho estaba furioso. No podía creer la actitud de su hijo. Con un suspiro, decidió tomar cartas en el asunto. Llamó a su esposa, Izayoi, y le contó lo sucedido.

—Izayoi, necesito que vengas —dijo con voz grave—. Hay una situación que no puedo manejar solo y necesito tu ayuda —añadió, viendo cómo su menor hijo sostenía a la niña.

—Hasta un animal tiene más instinto que mi hijo —pensó molesto al ver las acciones de Sesshomaru y cómo su hermano menor parecía encariñarse con la pequeña.

—¿Qué pasa, Toga? —preguntó Izayoi, preocupada.

—Ven al departamento de Sesshomaru y te explicaré todo —le pidió mientras caminaba de un lado a otro y marcaba a Mioga, un amigo de la familia y médico, para explicarle la situación.

Mioga le dijo que debían llevar a la niña al hospital para examinarla. Algo que hicieron de inmediato. Cuando Izayoi llegó, la llevaron al hospital.

Mientras salían, Inuyasha recibió una llamada de su esposa, Kikyo.

—Kikyo, ¿qué pasa, cariño? —susurró el joven, obligado a separarse de la niña por la que, de alguna manera, empezaba a encariñarse.

Era cierto que en las últimas semanas, él y su esposa habían empezado a hablar de tener un bebé, pero la verdad es que aún no se sentía preparado. Sin embargo, aquella pequeña parecía haberle cambiado.

—Si tienes que ir, hijo, no te preocupes. Nosotros nos encargaremos —le susurró su madre.

Mientras tanto, Toga seguía molesto y no podía evitar pensar que su hijo mayor no era como él al no reconocer a su hija. Cuando subieron al automóvil, Toga le contó a su esposa lo sucedido y cómo había actuado Sesshomaru, echándose la culpa de la insensibilidad de su hijo al haberlo dejado con su exesposa, quien no fue un buen ejemplo, según él.

—Y eso, sumado a la vida alocada que lleva, es probablemente la razón por la que esa niña llegó a nuestras vidas —pensó Toga, convencido de que Sesshomaru ni siquiera sabía quién era la madre.

Cuando llegaron al hospital, Mioga no tardó en recibirlos y revisar a la niña. Mencionó que tendría apenas una semana de nacida, que parecía estar bien, aunque un poco desnutrida, pero que mejoraría. Esto alegró a Toga, quien rápidamente pidió una prueba de ADN para confirmar que la niña era su nieta.

—No confío del todo en las acciones de mi hijo —pensó Toga, consciente de la poca relación que había entre ellos.

Mioga le dijo que la prueba tardaría unos tres días, pero Toga insistió en que se hiciera lo más rápido posible. Aceptó una prueba preliminar, aunque menos segura, mientras esperaban los resultados definitivos.

Esa tarde, Toga e Izayoi estuvieron esperando en el hospital hasta casi las 6:00 p.m., cuidando a la niña con esmero. Cuando salieron los resultados, confirmaron que la pequeña era su nieta. Toga estaba seguro de que la prueba más detallada también lo confirmaría.

Esa noche, Sesshomaru regresó a su departamento, exhausto pero incapaz de relajarse por los innumerables problemas que lo acosaban. Al llegar, vio la luz encendida y a su padre esperándolo con su madrastra, quienes parecían estar cuidando a la niña que él aún no aceptaba.

—Sesshomaru, esto no es el fin del mundo —dijo Izayoi con suavidad—. Solo necesitas un poco de ayuda.

—¿Qué demonios has pensado, Sesshomaru? —gritó Toga—. Ya te dije lo que debes hacer esta mañana.

—Ya te dije que no es mi hija —respondió Sesshomaru, pero su padre le mostró el portafolio con los resultados de la prueba.

—No hay duda, es tu hija, Sesshomaru. Esta es la prueba que me hice con la niña y demuestra que es mi nieta —dijo Toga con firmeza.

Sesshomaru abrió el portafolio y leyó los resultados, pero aún estaba seguro de que no era su hija. Siempre había sido cuidadoso.

—¿Y por qué yo, y no el idiota de tu otro hijo? —replicó sarcásticamente.

—Inuyasha no es como tú. Él no se toma las cosas a la ligera —respondió Toga, molesto por la conocida vida disipada de Sesshomaru, que había tratado de ocultar a los periodistas.

—Eso deberías preguntarle a él —dijo Sesshomaru con frialdad.

—No digas tonterías. Inuyasha está casado y ha estado con Kikyo desde que eran jóvenes. Él siempre la ha amado —replicó Toga.

—Ya te dije que seas hombre y aceptes tus responsabilidades —añadió Toga, furioso.

—Te daré hasta mañana para que lo pienses, o me encargaré de sacarte de la empresa —amenazó Toga—. Verás que ni yo ni mis conocidos te apoyaremos.

—Recuerda que este fin de semana presentaré a esa niña como mi nieta ante el mundo, y quiero que te hagas responsable —dijo mientras salía. Izayoi quiso llevarse a la niña, pero Toga se lo prohibió, alegando que era responsabilidad de Sesshomaru.

Toda esa noche, la niña no se despertó, pero Sesshomaru estaba molesto. Las cosas no podían estar saliendo de esta manera. Todo por lo que había luchado para alcanzar el poder estaba en juego, y no podía recurrir a Irasue, no después de lo último que había pasado.

—Necesito más tiempo —se maldijo mientras arrojaba cosas por la habitación. Esa noche no pudo dormir, solo pensar en lo que debía hacer en ese momento.

Y aunque no le gustase lo único que podía hacer por ese momento,era hacer lo que su su padre quería.

"Tarde o temprano se libraria de esto"
......

Cuando eran las 5:00 a.m., la bebé se despertó. Sesshomaru, que apenas había podido dormir 10 minutos, estaba molesto. Llamó a Jaken.

—Encuentra a la mejor niñera de la ciudad. No me importa cuánto cueste —ordenó con frialdad antes de colgar.

Sesshomaru sabía que esto era solo una solución temporal, pero necesitaba tiempo para pensar, para recuperar el control de su vida. Mientras tanto, la pequeña Moroha seguía ahí, durmiendo en la canasta que había sido su hogar desde que llegó, ajena al caos que había provocado en la vida de su supuesto padre.

Y Sesshomaru, por primera vez en mucho tiempo, no tenía ni idea de qué hacer.

Continuara..

Nos vemos pronto ...

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