🏵️Capítulo 4🏵️

Rin ya no podía. La desesperación la consumía, sonando en su cabeza como un eco sin fin. Se preguntaba qué podía hacer en ese momento. La habitación del hospital estaba en un silencio inquietante, solo interrumpido por el pitido monótono de las máquinas que vigilaban la salud de su hermana, Kagome.

Estaba sentada en una silla incómoda al lado de la cama de su hermana, con la cabeza llena de culpa y preguntas sin respuesta. Había tantas cosas que Kagome nunca le había contado. Ahora que estaba ahí, inmóvil y pálida, esas cosas que no se dijeron parecían crear una distancia enorme entre ellas que no supo cuándo había comenzado. Recordó las veces que la llamaba y siempre la encontraba con voz cansada o apurada, ocupada con sus múltiples trabajos,  pensó que podía manejarlo sola. ¿Por qué no insistió más? ¿Por qué no se dio cuenta antes de que algo estaba mal?

Ella suspiró hondo, dejando que todos esos recuerdos la invadieran. Después de que sus padres fallecieron, ambas se habían prometido cuidarse la una a la otra y salir adelante juntas. Pero ahora, Kagome estaba en una cama de hospital, y Rin se sentía impotente para cumplir esa promesa. ¿Cómo habían llegado a este punto?

Por otro lado, estaba su sobrina Moroha. Había logrado conseguir un par de pistas sobre ella, pero seguía desaparecida. Rin apretó los puños, sintiendo un nudo en el pecho que no la dejaba respirar tranquila. Cada segundo sin saber nada de la pequeña era una tortura. Kagome y Moroha eran lo único que le quedaba, y no podía ni imaginar perderlas también.

Tratando de distraerse, sacó el celular y empezó a buscar algo, cualquier cosa, en internet. Había un nombre que le sonaba de los periódicos: "Taisho". Lo escribió con dedos temblorosos, y en un instante la pantalla se llenó de resultados. Era una familia con historia, de esas que parecen intocables. Desde la era Edo habían acumulado prestigio y poder. Ahora manejaban una corporación gigantesca, con colaboraciones internacionales que los habían llevado a la cima.

En redes sociales, todo parecía salido de un cuento de hadas: fiestas de gala, eventos exclusivos, y fotos donde todos se veían impecables, casi perfectos. Taisho Toga era el patriarca, un hombre que, aunque retirado, seguía teniendo la última palabra en la familia. Estaba casado con Izayoi, una mujer elegante y cálida que dedicaba su tiempo a obras de caridad.

Tenían dos hijos. Inuyasha, el menor, estaba casado con Kikyo Naminasa, una vieja amiga de Rin y heredera de una importante cadena de supermercados. Se decía que estaban planeando tener a su primer hijo, aunque no era más que un rumor de los tabloides.

Luego estaba Sesshomaru, el hijo mayor. Serio, distante, y con un aire que imponía incluso a través de las fotografías. Era fruto del primer matrimonio de Toga y, según todo lo que había leído, el principal heredero del imperio familiar. También descubrió que estaba comprometido con Kagura Nakamura, la hija de otra poderosa familia. Sin embargo, los chismes decían que Sesshomaru había estado posponiendo ese compromiso una y otra vez, supuestamente por su estilo de vida, algo libertino y rodeado de misterio. Aunque nada de eso parecía haber sido confirmado, la imagen de perfección que proyectaba no dejaba de verse empañada por esos rumores.

Rin miraba las fotos en la pantalla, sintiendo cómo la distancia entre su mundo y el de esa familia parecía crecer con cada clic. Ahí estaban ellos, asistiendo a eventos de gala con trajes impecables y sonrisas ensayadas, mientras ella, en su pequeña realidad, solo podía buscar respuestas desesperadamente.

Pero, por más abismal que pareciera la diferencia entre ellos, no iba a rendirse. Si había alguien que podía ayudarla, era esa familia. Y si quería llegar a Moroha, necesitaba saber más sobre Sesshomaru. Él tenía a su sobrina, y eso hacía que todas las piezas apuntaran hacia él.

Estaba tan concentrada que no se dio cuenta cuando la puerta se abrió, hasta que la  señora enfermera Tanaka entró con un sobre blanco en la mano, luciendo sería pero con un toque de preocupación en su cara.

—Rin, esto me pidió que te entregaran en recepción —dijo suavemente, extendiendo el sobre.

Rin agarró el sobre, sintiendo cómo le temblaban las manos. Lo abrió despacito, con un poco de miedo a lo que iba a encontrar. El papel dentro parecía súper pesado, y cuando vio la cifra al final de la factura, casi se le corta la respiración. Era una cantidad ridícula, ¡imposible! Se sintió como si el mundo se le estuviera cayendo un poquito más, ya o había escuchado, pero ver que era real era otra cosa.

—Debes amortiguar una parte o... —comenzó la mujer, con la voz teñida de pena, como si le doliera ser la portadora de malas noticias.

Rin levantó una mano temblorosa, deteniéndola. Sus ojos estaban fijos en el sobre que sostenía, como si el papel pudiera arder bajo su mirada.

—Entiendo —murmuró, su voz apenas un hilo que amenazaba con romperse.

Se volvió a sentar al lado de Kagome, dejando el sobre en la mesa como un recordatorio pesado de la realidad que todo esto parecia consumirla.

Esa noche, casi no pudo dormir. Se agarró de la mano de Kagome, como si al hacerlo pudiera encontrar alguna forma de ayudarla o calmarla. Sus dedos estaban fríos, pero Rin no la soltó. Cerró los ojos y empezó a murmurar oraciones al aire, pidiendo un milagro que nunca parecía llegar. 

"Despierta, por favor... ¡Despierta!"

Sus palabras eran frágiles y sin fuerza, llenas de desesperación.

La habitación estaba medio oscura, solo iluminada por la luz parpadeante de una lámpara en el pasillo. Cada sombra que se movía en la pared parecía tener su propia vida, susurrándole miedos que ya conocía de sobra. Rin se sentía pequeña, como si no importara, frente a todo lo que estaba en juego.

Cuando el sol empezó a salir y pintó el cielo de un naranja suave, algo cambió en ella. Se dio cuenta de que no podía seguir así, aferrándose a una esperanza que se estaba desvaneciendo como la luz de la luna. La desesperación, que hasta ese momento había sido una cárcel, se convirtió en una chispa de determinación.

Soltó la mano de Kagome con cuidado, como si temiera romperla. Su mirada, antes perdida y vacilante, ahora brillaba con una nueva firmeza.

  "No puedo quedarme aquí, esperando. No puedo rendirme."

Sus pensamientos eran claros por primera vez en días. Si había una forma de salvar a su hermana y de encontrar a Moroha, tenía que encontrarla. Nadie iba a venir a rescatarlas; tendría que ser ella quien luchara por ambas, quien soportara el peso del mundo si era necesario.

Rin miró su celular otra vez, con los dedos temblando mientras trataba de no quedarse dormida. Cada oferta de trabajo que leía parecía un reto gigante: requisitos que no podía cumplir, horarios que no había quién aguantara, y sueldos que apenas servirían para cubrir un poco de su deuda. Se sentía desanimada, como si tuviera una carga pesada encima, pero seguía buscando, con una tenacidad que venía de su desesperación.

Cuando estaba a punto de cerrar el navegador, un anuncio llamó su atención. Las palabras eran simples, pero cada letra parecía gritarle una posibilidad que hasta ese momento no había imaginado:

"Se solicita niñera para recién nacida. Corporación Taisho. Entrevistas el día de hoy."

Rin se quedó en shock, su corazón se detuvo un segundo antes de latir con fuerza. 

"¿Una recién nacida?" 

"¿Podría ser Moroha? "

Esa idea la golpeó como un rayo, iluminando todo lo oscuro en su mente. Sus pensamientos se mezclaron, caóticos pero llenos de una nueva esperanza. 

"¿Y si este era oportunidad que había estado buscando?" "¿Y si este trabajo no solo la ayudaba a saldar sus deudas, sino que también a encontrar a su sobrina?"

El mundo se sintió como si se detuviera mientras leía de nuevo ese anuncio que acaba de poner hace unos minutos, repasando cada detalle. Su corazón, que antes estaba agobiado por la incertidumbre, empezó a latir con tanta fuerza que casi dolía. Esta podría ser la oportunidad que había estado esperando.

Rin se levantó de la silla con movimientos torpes, el cansancio luchando por retenerla en su lugar. Guardó su celular en el bolsillo y se acercó a Kagome, que permanecía inmóvil en la cama, su respiración acompasada y tranquila, como si el mundo entero no estuviera desmoronándose a su alrededor.

Se inclinó hacia su hermana, dejando que su frente rozara la de Kagome por un instante.

—Voy a arreglar esto, hermana. Prometo que lo haré y encontraré a Moroha —murmuró, su voz temblando con una mezcla de emoción y determinación.

Depositó un beso suave en la frente de Kagome, permitiéndose un instante más de vulnerabilidad antes de dar un paso atrás. 

"No había tiempo que perder"

Continuará.

Hola, ¿cómo están? Espero que bien. Yo aquí un poco triste por diferentes motivos, pero tratando de distraerme. Aunque siento que no he podido escribir como antes, he decidido corregir capítulo que ya tenía en borrador.
Para las que quieren saber el punto de vista de Sesshomaru en el siguiente capítulo, espero que les guste y dejen sus teorías de por qué todo esto no concuerda.

Les deseo un buen dia ,adiós.

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