60: Alegría

Cuando el celular de Emma sonó sobre su regazo, la manicurista le soltó la mano derecha.

—Solo será un momento. —Emma le sonrió a la señora y contestó la videollamada—. Amorcito, espero que también hayas agendado tu cita en el spa.

Colin sonrió cuando la vio recostada en un enorme sillón. Emma tenía una vincha de toalla en su cabello y su rostro brillaba como el mármol en un comercial de artículos de limpieza. Incluso al otro lado de la cámara podían verse sus poros limpios. Dos mujeres le arreglaban las uñas de las manos y de los pies en un ostentoso spa.

—¿Cita? ¿En un spa?

—¡Lo sé! Dije lo mismo. ¿Quién tiene tiempo para una cita en el spa? —rodó los ojos, actuando—. Pero Gillou me arrastró hasta aquí. . .

—¡Era completamente necesario! —interrumpió Gillou desde el sillón de al lado, dos mujeres también le estaban arreglando.

Colin se limitó a sonreír, mientras Emma le contaba:

—Esme también está aquí —volteó el celular para enfocar a Esme, quien estaba en el sillón de al lado. Esme saludó a la cámara con un hola. Colin iba a saludarla, pero Emma prosiguió—: Y Gael, escucha, Gael se está haciendo mani y pedi por primera vez en su vida, y no pudo fingir por mucho que no está relajado —rio, apuntando a Gael con la cámara.

Gael estaba dopado de relajación al lado de Gillou.

—Vaya —dijo Colin. Emma volvió a enfocarse—. Entonces soy el único que no está relajándose en un spa. Amor.

—¿Hm?

—¿Estás ocupada en la tarde?

—Eh... —dudó. La respuesta era sí, pero quería saber porqué él la requería—, sí... ¿Por?

—Por nada.

—Oschner.

Colin sonrió, mirando hacia abajo.

—Está bien, Oschner... —sonrió más, y alzó su vista para verla. Emma estaba expectante por lo que sea que le estaba por decir—. Mis hermanos... Cohen nos dio mucha tarea. Querrán ir al depa esta tarde noche, pero no podré atenderlos, aunque quisiera, así que me preguntaba si podías pasar el tiempo con ellos... por mí.

—Cielos, sí. —Sus planes se deshicieron como arena blanca al viento. Le sonrió—. No te preocupes, eh, cancelaré mis planes. . .

—No quiero obligarte a eso —la interrumpió.

—No me obligas, no —lo calmó, con un tono de voz dulce, tranquilo—. Esto es importante. Se me ocurre que puedo llevarlos al bowling —sonrió—. Me encantaría llevarlos a saltar en camas elásticas, pero no puedo arriesgarme a una lesión de último momento —rio.

—Igual... Una bola puede caer sobre tu hermoso pie.

Emma sonrió, se ruborizó, mirando de reojo hacia Gillou.

—Te prometo que me cuidaré. ¡Aaah! Qué emoción salir con ellos. ¿Le debo escribir a Mer o a Cate? —mordió su labio—. ¿O a Shizu mejor?

—No te preocupes. Yo les escribo ahora para coordinar. Disfruta tu tarde en el spa, corazón.

—De acuerdo.

—Te amo bien.

—Te amo fuerte.

—Adiós.

—Addio —dijo en italiano.

Colin rio, y colgó.

Inmediatamente, Emma le escribió:

Emma: No te preocupes por mis pies

Emma: ESTARÁN IMPECABLES PARA LA LUNA DE MIEL

Colin le mandó un montón de emojis de lenguas.

Futuro esposito: NO SON LO ÚNICO QUE QUIERO COMER...

Emma rio en silencio.

Emma: Eres un RARO.

Futuro esposito: POR ESO TE CASAS CONMIGO!!

Emma: Sí... No es porque cocines bien. Jejejeje.

Futuro esposito: aaaaaaaah. Ya quiero alimentar esa pancita por el resto de mi vida.

Emma: te amoooo

Emma: Y me caso contigo porque ERES EL AMOR DE MI VIDA.

Futuro esposito: Emma Millerrrrr te amo.

Emma: EMMA OSCHNER EMMA OSCHNER EMMA OSCHNER EMMA OSCHNER EMMA OSCHNER.

Futura esposito: A 78 HORAS... EMMA OSCHNER :)

Emma: A 78 HORAS... TU ESPOSITA PARA SIEMPRE

Futuro esposito: Te amo. Gracias por salir con los niños hoy...

Emma: SON MIS NIÑOS FAVORITOS EN TODO EL MUNDO :) :)

El punto de encuentro había sido el departamento. Llamaron a la puerta a eso de las 6:00 P.M. Emma se preparó mentalmente, dentro de su hoodie blanco de la gata Marie. Les abrió la puerta. Cuando los cuatro gritaron «¡Emma!» con una emoción tan intensa como para mover una montaña, ella supo que podía ser ella.

—¡Así me llamo! —les dijo.

Thomas la atrapó con un abrazo.

Emma se sacudió la mente al sentir cómo esos brazos la rodeaban de la cintura como si ella fuese un lugar seguro. Thomas recostó su cabeza sobre el pecho de Emma, porque a esa altura le llegaba, y sintió una subida de emociones que terminaron apretadas en sus dos lagrimales.

—Oh. —Emma lo abrazó—. Tommy, también me alegra verte, me alegra verlos —le dio un beso en la cabeza, después miró a las señoritas.

Shizu le sonrió y musitó: «Está sensible», refiriéndose a Thomas.

Emma asintió con la cabeza, a continuación, caminó en marcha atrás, metiéndose al departamento, apretando a Thomas contra ella, mientras hacía un sonido de camión de basura en marcha atrás. Las hermanas de Colin rieron. Thomas no rio..., porque estaba llorando.

—Oh, Tommy.

La cabeza de Thomas entre las manos de Emma. Ella se agachó un poco, solo un poco para tenerlo a su altura. No sabía cómo sentirse. No, Señor. Thomas sollozó, mirándola a los ojos, y, con solo 12 años, se preguntó por qué la vida era tan injusta, pero, a la vez, increíblemente hermosa.

—Te quiero. Te quiero, Emma.

Si lo que Thomas planeaba era hacerla llorar, lo había conseguido. Emma lloró y lo abrazó. Cerró sus ojos con fuerza, hundió sus dedos entre los mechones rubios del chico, pegó sus labios a la cabeza de Thomas con un largo beso. No había espacios para los pensamientos, solo para el sentir.

—Yo te adoro —le dijo claramente. Acto seguido, miró a las tres niñas. ¿Qué niñas? ¡Adolescentes! —. Adoro a los cuatro. Espero que tengan espacio para mí en su pequeña pajarera.

—¿Somos aves? —preguntó Heidi, parándose a un lado de Emma.

Emma rio y le tocó la punta de la nariz a Heidi.

—¿Conocen las Sialias? Son un género de aves azules.

—Emmy —dijo Mer—, vivo en Manhattan. Sé de contaminación medioambiental, de moda y de pretzeles. Pero si fuésemos unos pájaros, definitivamente habría espacio en nuestra pajarera, pero, como no somos pájaros, podemos decirte que hay espacio en nuestra familia, mucho, pero solo para ti.

—Oh, y nosotras te adoramos más. Mucho más —añadió Heidi, siendo completamente abierta, extrovertida y desinhibida. Agarró a Thomas del brazo para apartarlo de Emma, porque ella también merecía un abrazo.

Emma abrazó a Heidi, pero temiendo que Thomas se enfadara. El jovencito frunció su ceño y fue a sentarse en el sofá. Mer se acercó a abrazar a Emma, y por último Cate, quien no dijo mucho.

—Gracias por llevarnos a los bolos —dijo en nombre de todos ellos.

—¡Por favor! No se me ocurre un mejor lugar donde pasar mi último martes de soltera, tampoco se me ocurre otras personas con quien pasarlo. —Emma rio y se acercó a Shizu para saludarla con un abrazo, pero, antes de que pudiera rodear con sus brazos a la nana de su amorcito, Shizu le entregó en sus manos un ¿regalo? Estaba envuelto en papel, parecía una caja.

—Un sencillo regalo de bodas —explicó. Emma tomó el regalo, con la boca entreabierta, y Shizu la abrazó con todas sus fuerzas, echando alguna que otra lágrima, es que estaba abrazando a la esposa de su niño—. Espero que te guste. Quiero que tengan algo con lo que recordarme siempre porque yo nunca me olvido ni de ti ni de Cole. No sé si lo abrirás ahora o con Colin, pero lo elegí teniendo en cuenta tu amor por lo gatos —la tomó de la barbilla, mirándola a los ojos, los de Emma brillaban, no podía sentirse más amada. Rieron cuando Emma miró abajo, a su hoodie de Marie.

—Gracias —se secó las lágrimas con el borde de su manga—. Gracias, Shizu. Cole y yo siempre los recordamos. Y definitivamente guardaré este regalo para abrirlo con él —rio, mirando el papel de regalo blanco con florecitas beige—, aunque me muera por abrirlo ya.

—Ábrelo ya —dijo Mer como una diablilla que incita a las travesuras.

Emma rio y se dirigió al comedor para dejarlo ahí, sobre la mesa.

—Lo abriré con Cole —decidió—. Bueno. ¿Estamos listos? Mi chofer nos llevará a un bowling supergenial al que voy con mis amigas a veces. No se preocupen, traje la camioneta de mi papá que tiene tres hileras.

—Sí, estamos listos —dijo Thomas, cambiando su estado de sensible a... Thomas, el serio. Se puso de pie. Había notado que ninguno de ellos se había quitado los zapatos cuando entró al departamento... ¿Ups? Pero a Emma no parecía importarle... Porque Emma no era Colin.

Emma se paró junto a la puerta a ponerse sus New Balance rosas.

—Cole nos dijo que cuidáramos tus pies —contó Heidi.

Emma abrió su boca, sorprendida, y soltó una gran carcajada.

Ese hombre...

—Alguien cuida muy bien de su esposa... —habló Shizu.

Emma se ruborizó.

—Yo diría que es mutuo. Nos cuidamos —respondió con la más flamante de sus sonrisas—. Muy bien, avecillas —abrazó a Cate de costado—, ¡es hora de la diversión!

—¡Sí, sí, sí! —exclamó Heidi.

Emma llegó primera hasta la pista que Colin había reservado para ellos. Volteó a mirarlos, con los brazos abiertos. A Emma le gustaba ese lugar por las luces tenues de colores, además, había máquinas de arcade, billar, era un complejo espectacular. Las mesas frente a las 32 pistas eran de madera y tenían como patas unos bolos gigantes blancos. Se pusieron los zapatos y a jugar. En ese tiempo, Emma notó que Thomas podía vivir frustrado y que una partida de bolos no es solo una partida de bolos para Thomas. Shizu también se anotó a jugar, a Emma le encantaba su espíritu. Por otro lado, no había parado de recibir abrazos de parte de Heidi. Sí... de Heidi. Abrazos. Abrazos de Heidi. Abrazos que la rodeaban de la cintura. No tenía idea de que, para Heidi, ella ya era su otra hermana mayor, en realidad, para todos. Los cuatro veían a Emma como auténtica familia, con un lazo tan fuerte e inquebrantable. Además, cielos, se divertían de-ma-sia-do con ella. Con Colin también se divertían, pero, Dios, Emma era la persona más divertida que conocían en todo el mundo, esa noche lo confirmaron.

Emma era graciosa, era increíblemente dulce, los abrazaba y besaba, los tomaba de los brazos para hacerlos bailar cualquier canción de moda. Se reía fuerte, los escuchaba con la atención que ellos le daban al sacerdote en las misas dominicales, le gustaba comer pizza de pepperoni, y contaba los cuentos más graciosos que tenían a Estela como protagonista.

Ellos nunca se habían sentido tan a gusto con alguien. Y cada uno, en su mente, en silencio, mientras Emma celebraba una chuza de Cate, pensó que no quería que esos días en L.A. se acabaran. Ninguno quería despedirse de Emma. Ni siquiera pensaron en Colin. Querían un rato más con Emma.

—Hm. ¿Qué está pasando con eso que ordené? —se preguntó Emma, poniéndose de pie desde el sofá rojo frente a su pista. Miró hacia la barra luminosa de donde salían los pedidos. Había ordenado una ronda de Coca.

Estaban en medio de dos pistas con personas haciendo after office, bebiendo cocteles y cerveza. Pues ellos estaban haciendo rondas de gaseosa y pizza, porque aún no era tiempo de ordenar brownies con helado.

—Podemos ir a sacudirles el cerebro —propuso Mer.

—Sí, de acuerdo. Creo que se olvidaron.

Antes de llegar a la barra, un camarero entró en pánico cuando la vio.

—¡Señorita! —Se había acordado que nunca llevó las gaseosas—, disculpa. Ahora mismo llevo las Coca-Colas que pediste.

—Oh. No te preocupes. —Emma le restó importancia. Mer se quejó, tenía intenciones de regresar a la pista, pero Emma la detuvo—. Mer.

—¿Sí? —volteó hacia ella.

—¿Le pasa algo a Cate? Bueno, la conozco lo suficiente para saber que sí, pero no quería preguntárselo directamente por temor a empeorarlo —miró hacia su mesa, donde Cate estaba sentada en el sofá, observando cómo Heidi intentaba completar una hazaña con una bola rosa.

—Eh —Mer miró a su gemela—, pues no te quiero mentir. Cate estaba feliz porque se había hecho amiga de una chica de intercambio en la escuela, pero la chica terminó siendo una idiota.

—Oh no.

—Sí... —suspiró—. Pasó el viernes, y desde entonces está triste.

—¿Debería decirle algo? —llevó una mano sobre su pecho en un estado preocupado. Sabía mucho sobre amigas que terminaban siendo... mucho, excepto amigas.

—Mejor no. Aún no habló con nadie al respecto. Así es Cate, necesita tiempo —miró a su hermana otra vez. Cate se colocó la gorra de su hoodie azul Francia, parecía emocionalmente desparramada en ese sofá—. No te preocupes, Emmy —finalizó Mer, viendo a Emma a los ojos—. Solo es muy reciente. Aparte de eso, todos estamos muy felices por la boda, y Cate igual.

—Bueno... —vio hacia Cate otra vez—. De acuerdo.

Pero quería ayudar.

Vio cómo el camarero llevaba una bandeja con seis vasos de Coca a su mesa. Entonces, en el lugar, comenzó a sonar Let's Love de David Guetta. A Emma le encantaba esa canción. Corrió hasta su mesa y abrazó a Cate del cuello, por detrás, sorprendiéndola, mientras cantaba unas estrofas de la canción. Balanceó a Cate de un lado a otro. Cate rio, y sintió tibio en su corazón por el beso que recibió en su mejilla.

—Cuando terminemos aquí, ¿jugamos con algunas maquinitas? —les preguntó a todos—. Yo invito. ¡Juegos ilimitados! —abrazó más fuerte a Cate, quien puso sus manos sobre los brazos que la rodeaban.

Emma era... un ángel.

—¡Sí, sí! —dijo Heidi, queriendo ya pasar al arcade.

—Genial. —Emma soltó a Cate—. Beban sus gaseosas.

Cargaron suficiente crédito en la tarjeta de las máquinas para jugar sin interrupciones. Y jugaron de todo. Encestaron balones, jugaron al Pac-Man, y pinball. Emma se emocionó demasiado cuando vio la cabina de fotos. Entraron apretujados, se tomaron unas con Shizu, pero después ella dejó que se tomaran otras entre los cinco. En las tiras de fotos aparecieron risas y sonrisas reales gracias a Emma. La sonrisa de Melman con gases de Thomas había sido reemplazada por una risa. Es que Emma les daba las poses.

—¡Ahora como monitos!

—¡¿Qué?! —preguntó Mer, desesperada entre el corto tiempo que daba la máquina en capturar una foto y otra.

—¡Así!

Emma colocó una mano en su cabeza, como rascándose el cabello, y puso su otra mano en su axila, torció su mirada, viendo hacia su nariz. Heidi alcanzó a hacer la misma pose, los otros salieron apunto de posar, no lo lograron porque se distrajeron riéndose de Emma. Le pidieron a la máquina unas copias extras de la tira de tres fotos.

—¡Qué hermosos! —dijo Emma al ver las fotos detenidamente.

—Completamente —apoyó Shizu.

—¡Tommy! —le llamó Heidi a su mellizo. Heidi estaba junto a una máquina de peluches.

—¡Ay! —Emma se acercó a ellos—. Miren ese gatito —señaló un peluche de gatito blanco—. Se parece a mi Esteli, aunque este peluche tiene los ojos oscuros —lo pensó mejor. Veía a Estela en cualquier gato peludo.

—Lo ganaré para ti, Emmy —dijo Thomas.

—¡Aj! —se quejó Mer—. Entonces nos quedaremos aquí toda la noche... Mejor busco un asiento.

Thomas se enfadó.

—¡Sí puedo ganarlo! Cole me enseñó.

Emma colocó sus manos sobre los hombros de Thomas, por detrás. Había escuchado tantas veces que Colin tenía el mismo temperamento que Thomas cuando tenía su edad. Siendo honesta, era completamente creíble.

—Tommy, no pasa nada si no ganas.

—¡Pero ganaré! —se apresuró a pasar la tarjeta por la máquina—. Ganaré esa gata para ti.

Emma no sabía qué decirle.

—De acuerdo —se acercó a la máquina, al cristal. Dios, si estás ahí, haz que ese niño gane ese peluche—, pero no pasa nada si no lo consigues.

Thomas no lo consiguió, mucha rabia de por medio, pero Cate sí, no consiguió el gato, porque no jugó por el gato, sino por Alegría de la película Intensamente. Se la regaló a Emma. A Emma se le aguaron los ojos cuando Cate le dijo que la quería.

—Eres como Alegría, Emmy —añadió Cate.

Emma abrazó su pequeño nuevo peluche.

—Cielos —se secó las lágrimas—. Los quiero y mucho. Ya sé. Tomémonos otra foto para mandársela a su madre —decidió, porque necesitaba una distracción o se pondría a llorar a mares... a llorar de alegría.

—De acuerdo —dijo Mer.

Colin estaba terminando de masticar lo último de su emparedado cuando el ascensor se abrió en su piso. Palpó el bolsillo delantero de su jean azul, y sacó de ahí la llave del departamento, a continuación, bebió de la lata de Coca light que había comprado con su emparedado de carne. Había cenado en el camino a casa para no perder tiempo. Entonces, metió la llave en la cerradura del L5, y, cuando la abrió, no supo cómo reaccionar ante tal situación. Había un colchón inflable matrimonial en medio de su sala junto a otro colchón inflable de una plaza. Thomas y Cate estaban frente una partida de ajedrez sobre el colchón más pequeño. Mer se encontraba acostada en el colchón matrimonial. Y Emma le estaba cepillando el cabello a Heidi, en el sofá. Dios... Esa nena. ¿No había sido suficientemente claro sobre lo ocupado que iba a estar esa noche? Pero, para su gran sorpresa, ninguno de sus hermanos le había dado importancia. En serio.

—Eh, qué... sorpresa —entró.

—Hola, Cole —dijeron los cuatro, viviendo lo suyo.

—Hola. —Emma le sonrió a Colin, mientras seguía cepillando el corto cabello rubio brillante de Heidi. La pequeña de los Oschner estaba encantada por Emma. Todos estaban encantados por Emma... Tanto para cambiar a su hermano por ella.

—Hola —contestó él, cerrando la puerta lentamente.

No era tonto. Se dio cuenta. Lo habían cambiado por Emma, al menos por ese día. Y no le sorprendía, porque había visto algunas que otras fotos de su tarde, sabía que se habían divertido. No lo habían echado de menos.

—Se están divirtiendo, ¿eh? —se sacó los tenis junto a la puerta.

—¡Sí y mucho! —respondió Heidi.

—Maso —dijo Mer, mirando el techo—. Estamos esperando a que estos dos terminen con su partida para mirar una peli.

—Armamos un puzzle —le contó Emma—. Está en el comedor. Los Oschner son unos geniecillos del puzzle —sonrió.

Colin le sonrió también, más porque, en ese momento, había sido completamente consciente de que Emma le estaba cepillando el cabello a Di, y, cielo santo, su corazón hirvió como chocolate sobre una hornalla en una tarde de invierno. Emma se veía tan... maternal. Hizo lo posible para sacudirse las ideas inoportunas, pero, por el amor de Dios, ¿esa era la madre de sus hijos? Sí era. En alguna parte del Universo ya lo era. En alguna parte del Universo le estaba peinado el cabello a un pedacito del amor de ambos.

Emma enarcó una ceja, deteniendo el cepillado.

—¿Todo bien? —le preguntó a Colin.

Colin sacudió su cabeza, y suspiró hondo.

—Sí. —«Solo que creo que nacimos para ser padres... juntos»—. Es que tengo mucho por hacer, y me aturdo —se agachó para darle un beso a la mejilla de Thomas, quien no le dio atención, estaba concentrado en el siguiente movimiento de su hermana.

—Oh. —Emma asintió. Rio al ver que Thomas ni siquiera miró a Colin... Ese niño era todo un personaje—. Bueno. Nosotros decidimos hacer una pijamada aquí, en la sala, pero no te preocupes porque te dejaremos trabajar tranquilo en nuestra recámara.

—Bien...—Joder, si tan solo pudiera unirse a ellos—. ¿Y Shizu? —se preguntó, caminando en dirección a la recámara.

—No le agradó la idea de dormir en un colchón inflable —dijo Mer.

—¿Ya comiste, amor? —le preguntó Emma, mirándolo por encima de la cabeza de Heidi. Heidi estaba sentada en el huequito entre sus piernas dobladas a lo indio—. Porque hay pizza en la cocina.

—Sí, ya comí. Gracias. Diviértanse —abrió la puerta.

—¡Puedes unirte a nosotros después del trabajo! —propuso Heidi.

—Sí... Eso quisiera, calabacita, pero me dieron más trabajo de lo que puedo soportar —se metió a la recámara y cerró la puerta tras él.

Nunca había odiado tanto a Cohen como en ese momento.

—Emma, ¿podemos ordenar helado?

Thomas se lo preguntó luego de haber sido aplastado brutalmente por la furia de su hermana. Por supuesto, no lo había tomado bien, especialmente porque había sido aplastado frente a Emma, y tenía una rara necesidad de lucirse frente a ella. Pero la rabia se le había terminado de pasar cuando Emma les dijo que ella era la presidenta del club de perdedores de ajedrez. Thomas no quería formar parte del club de los perdedores, pero Emma era graciosa y dulce y linda.

—¡Obvi! —agarró su celular, donde encontró un mensaje de Colin.

Futuro esposito: Esas risas me confirman que todos se están divirtiendo menos yo

Emma sonrió frente a la pantalla. No le respondió. No le respondió por el bien de él... Debía concentrarse en su tarea. Por otra parte, abrió la App de comida. Hizo un pago en línea de un montón de botes de Häagen-Dazs de distintos sabores. El pedido debía llegarle en 15 minutos o menos.

—¿Ya podemos poner la bendita película? —habló Mer.

—Sí que sí. —Emma, sentada en el colchón matrimonial, recostó a Heidi entre sus piernas y la rodeó con sus brazos.

Heidi colocó sus manos sobre los brazos que la sujetaban. Iban a ver Intensamente. En la laptop de Emma, en el colchón, frente a ellos se reproducía la película.

—Tom es como Temor. —Mer se burló, porque, al parecer, era el día perfecto para molestar a Thomas—. O como si Temor y Desagrado hubiesen tenido un bebé, ese sería Thomas —rio, acostada de lado en el colchón.

—¡Ya cállate! —se quejó Thomas.

—Ahora es Furia. —Heidi rio.

—¡No! —Thomas se defendió.

—Ya. —Emma supo que debía interferir—. Esas no son buenas bromas, además, lo que nos enseña la peli es que todos tememos un poco de Temor, Desagrado, Furia, Alegría y Tristeza, y que está bien sentir todas esas emociones. No molesten a su hermano.

—Siempre me molestan. —Thomas se puso de pie en el colchón.

—¿Adónde vas? —Cate lo miró dirigirse a la recámara de Colin—. Colin no quiere que lo molestemos, Thomas. Eres extremadamente sensible. Si supiera como quedas frente a Emma. —Nunca señalaba a sus hermanos, pero Cate estaba impacientada con la vida misma.

—Tommy —dijo Emma. No podía moverse porque Heidi estaba tumbada en ella—, ven, por favor. El helado llegará en 10 minutos.

Colin se encontraba tecleando en su laptop, en su lado de la cama, cuando Thomas entró al cuarto y cerró la puerta tras él. Colin lo miró.

—Tommy... —Leyó la cara de Thomas. O estaba furioso porque perdió una partida de ajedrez o sus hermanas lo habían estado molestado.

—Ya no quiero estar con ellas —caminó hasta la cama, se subió en el lado de Emma—. Mer es una pesada, todas lo son. Me dijeron que, si Temor y Desagrado tuviesen un bebé, ese sería yo. Luego Cate me llamó sensible.

Bueno...

—Ser sensible no está mal. —Colin se sacó sus gafas de trabajo y las hizo a un lado junto a la laptop—. Pero debemos controlar esa sensibilidad para que ella no nos controle a nosotros. ¿Sabes? —se acostó de lado, mirándolo a él—. Cuando tenía tu edad tampoco me gustaban las bromas. No tenía a tres hermanas bromistas, pero tenía compañeros en la escuela. Creo que hoy día tampoco me gustan las bromas, no esa clase de bromas, pero no puedo controlar que los demás no las hagan, pero puedo controlar mi reacción frente a ellas.

—No es divertido que me llamen hijo de Temor y Desagrado. Además, ¿por qué ellos dos? No soy miedoso, ¿sabes? Sí, me desagradan muchas cosas, pero... —bufó.

Colin sonrió, y lo estiró del brazo, acomodándolo a su lado para abrazarlo. Thomas se dejó, se dejó envolverse en sus fuertes brazos protectores. Pero Dios. Le rezaba a todas la Virgen para que ninguna de sus hermanas entrara por esa puerta, iban a llamarlo bebé si lo veían acurrucado en Colin.

—No quiero que crezcas —le confesó Colin, aunque eso era evidente.

—¿Por eso me llamas bebé?

—Sí.

—Era obvio.

—¿Sabías que diste tus primeros pasos conmigo?

—No.

—Ahora lo sabes. Fue en la sala.

—Cole.

—¿Hm? —tenía los ojos cerrados. Tal vez fue un error acostarse. Ahora quería dormir a toda costa.

—Te quiero. —Thomas giró la cabeza para verlo, y recibió un beso en la frente. Ahora Colin tenía los ojos bien abiertos, como si no quisiera perderse de nada—. Cuando te mudes a Boston con Emma, nos veremos más.

Dios, ese niño hablaba tan seguro.

—Eso espero —contestó.

—No. Debes decirlo.

—No puedo decir algo que no sé si ocurrirá, Tom. No sé si Harvard me admitirá o me pondrá en su lista de espera o si me rechazará. No sé.

—Yo sí sé. Así que dilo.

Colin se quedó callado al principio. Pero ese bebé lo tenía dominado.

—Si Harvard me admite y me mudo a Boston con Emma, nos veremos más. Lo prometo —hundió sus dedos entre el cabello de Thomas. Lo tenía mucho más corto que él por órdenes de su padre—. Ahora quiero que tú me prometas que, si alguna vez papá te hace daño, me llamarás inmediatamente. Y yo prometo tomar mi camioneta o un avión para ir hasta ti.

—Papá no nos golpea —contó. Colin lo peinó con sus dedos mientras lo escuchaba. Thomas se puso a mirar el techo—. No nos grita mucho porque hacemos lo posible para agradarle y todo eso. Nos portamos bien. Estudiamos y dormimos a hora. Lo obedecemos. Así que no te preocupes.

¿Que no se preocupara? ¿Con ellos viviendo con un abusador?

—Pero si en el futuro lo hace —Porque no siempre serán unos adolescentes sumisos—, prométeme que me llamarás.

—Cole, te preocupas demasiado —regresó a mirarlo.

—Eso es porque los amo, porque son mi vida —lo abrazó más y le besó la cabeza—. Yo daría mi vida por ustedes, como en una película.

—¿Saltarías en un avión sin paracaídas por nosotros?

—Sí.

—¿Y por Emma?

—También.

—Emma es la persona más divertida que conozco.

—Emma es la persona más divertida que yo conozco, por eso pasado mañana la haré mi esposa. Me hace feliz que hayan podido pasar tiempo con ella —le peinó en el área del flequillo y le acarició la frente—. ¿Ella ideó la pijamada?

—Sí. Fuimos a Target a comprar colchones inflables —rio, porque se había acordado de las payasas que había hecho Emma entre pasillo y pasillo, parecía que le gustaba hacerlos reír—. Pasamos por el hotel para recoger nuestros pijamas y dejar a Shizu. Ordenamos pizza. Emma es la mejor.

Colin sonrió, acariciándole la frente, mientras lo escuchaba atentamente. Era la mejor. Ella era el alma de la fiesta, solo que no se daba cuenta.

—Sí. ¿Y no quieres regresar a la pijamada?

—Toc, toc. —Hablando de ella, Emma abrió la puerta—. Hola a los dos —sonrió cuando los vio abrazados en medio de la cama, pero en seguida regresó a su papel—. Se me escapó una avecilla cuando abrí una ventana, y quería saber si no la vieron —caminó hasta la cama, hasta el lado de Thomas—. Es ¡azul! —lo apretó de la cintura de sorpresa, y Thomas rebotó en el colchón, riéndose a carcajadas. Emma le hizo cosquillas. Al principio, no estaba segura si Thomas toleraría unas cosquillas, pero sí lo hizo, se rio.

—Sí —dijo Colin—. De hecho, creo que la ¡atrapamos! —se unió a las cosquillas de Emma, provocando que Thomas se pusiera rojo de tanto reír.

—¡Ya! ¡Ya! —Thomas trató de luchar—. ¡Basta! ¡Ya basta!

Emma se apartó, riendo. Y Colin se detuvo también. Thomas suspiró hondo, tratando de ventilarse, un poco más y se hubiese hecho encima de en sus pantalones de dormir.

—Tommy —dijo Emma—, regresa. El helado está por llegar.

—¿Comerán helado? —Colin fingió mucha envidia.

—Sí, de ¡todos! los sabores —levantó sus brazos al cielo, mirando a Thomas—. Vamos. Hablé con ellas y no volverán a molestarte. No veremos la peli sin ti. Deja que este aburrido —se estiró para poner su mano sobre la cabeza de Colin— termine su trabajo.

—¿Aburrido? —Colin la estiró del brazo y Emma cayó en la cama—. ¡Thomas, necesito refuerzos! —Ambos comenzaron a hacerle cosquillas a Emma hasta que ella se puso roja, hasta que su saliva recorrió su mentón.

—¡Ya! ¡Ya! ¡Que me voy a hacer pipí! —gritó.

—Uh. —Colin se detuvo abruptamente—. No tengo tiempo de cambiar unas sábanas. —Emma se encontraba jadeando boca arriba—. Señorita, si no me trae ese helado deseará nunca haber tomado tres latas de Coca.

—Yo te defiendo, Emma —dijo Thomas.

—¿En serio? —Colin miró a Thomas—. ¿Cambias de bando?

—Oh. ¡Gracias, Tommy! —Emma se sentó para abrazar al jovencito—. Pero te traeré ese helado —le dijo a Colin—. No porque tema sufrir las consecuencias, sino porque te amo.

Thomas sonrió demasiado, como si escuchar a Emma decir que amaba a Colin fuese lo mejor del Universo para sus oídos.

—Qué linda... —Colin hizo una mueca como que no le creía.

Emma rio, y lo empujó despacio del hombro.

—Sí te amo. Te amo bien.

—Te amo. —Colin contestó, acariciándole la barbilla con su pulgar.

—Beso. —Thomas intentó mover a Emma para que se acercara a Colin. Los dos rieron, no se besaron—. Ay. No los entiendo. ¿Se aman o no?

—Fuerte —dijo Colin.

—¡Entonces bésala!

Emma se rio y se arrodilló en la cama para besar los labios de Colin una vez. Entonces, él se dio cuenta de cuánto había extrañado esos besos en el día. La besó más, la besó fuerte, hasta que Thomas terminó haciendo una mueca de desagrado al ver sus lenguas unidas.

—Mejor los dejo solos —se levantó de la cama y se marchó.

Los dos se apartaron, y rieron, mirándose.

—¿Sabías que iba a terminar regresando a la sala? —preguntó Colin.

—Creo que empiezo a conocerlo mejor —asintió—. Tiene un poco de Desagrado.

—Tú eres su Alegría. De los 4 —le acarició el cabello, cerca de la oreja.

—Basta... —susurró, mirando hacia abajo.

—Es verdad. Te aman. Te ven como la chica más buena y divertida del mundo. Literalmente, te hicieron oficial con ese peluche. Significas mucho.

—Bueno... —alzó su mirada hasta los ojos de él—. Yo los amo más.

Colin sonrió.

¿Qué había hecho de bien para tenerla?

La tenía, se tenían.

Y, en un día, serían la unión misma.

∞ 

HOLA, HOLA, HOLA.

Espero que estén muy muy bien🥰, y, si por alguna razón tu día está gris, espero que con este capítulo haya tomado un poco de colorcito alegre. Pero... ¿¿cómo no ver arcoíris cuando tuvimos un capítulo completo de Emmy con sus cuñaditas hermosas (y Thomas)??

Antes de enredarme con cierto anuncio que lxs dejará con el corazón estallado... QUIERO RECORDARLES QUE HOY ES 3 DE SEPTIEMBRE. EMMY Y COLE SE CONOCIERON UN 3 DE SEPTIEMBRE DE 2018💗 Así que, feliz 4º aniversario a los bebés lindos :') ¿4? ¿Cómo la mitad de 8? Omg. 

¿Algo increíble? Aquí va el anuncio: ÚLTIMOS 4 CAPÍTULOS FINALES :) ¡SÍ! ¡4! Las Cenizas de Emma tendrá 64 hermosos capítulos :) ¿EMOCIONADXS?

¡SEPTIEMBRE Y OCTUBRE de 2022 SE VIENEN CON TODO!

p.d.: ¡feliz inicio de trinidad! (septiembre, octubre y noviembre: meses sagrados para el fandom) Es la primera vez que digo "fandom". ¿Ya oficialmente podemos decir que tenemos un fandom?


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