55: Regalos
Despedidas de solteros
Parte I
Todo lo que sabía sobre despedidas de soltera lo había aprendido de películas. Desde el desastre de Bachelorette de tres damas de honor arruinando el vestido de novia de su mejor amiga hasta la increíble despedida de soltera de El diario de una Princesa 2, que había ilusionado a más de una niña en su momento. También había asistido a una despedida de soltera el verano pasado y se había embriagado como pocas veces. Recordaba lo que el alcohol no le había borrado de la mente. Una Hummer, música alta, champaña y una fila de damas de honor con vestidos ajustados rumbo a un club nocturno. Su despedida de soltera no tenía ni un parecido, y tal vez se asemejaba en algo a la de El diario de la Princesa 2: ambas eran una pijamada.
Y Colin estaría de acuerdo en que en ambas había una princesa a punto de casarse.
Bajó las escaleras de su casa siendo la princesa que todas esperaban, usando un pijama de seda rosa y estampado de gatitos, y, para completar su atuendo de sexi novia...
«—Una lástima que no puedas ver a tu futura esposita siendo la novia más sexi esta noche, Oschner.
—¿Esta noche? Mi futura esposita es la novia más sexi todo el tiempo, Oschner».
Una peluca rosa.
Una peluca rosa con flequillo, era corta por encima de sus hombros.
Posó a mitad de las escaleras, con una mano en la cintura y un brazo en alto. Sus cinco admiradoras la ovacionaron, ellas también estaban en pijamas. Esmeralda le tomó fotos mientras la sexi novia se lucía en distintas poses para ellas, a continuación, se echó a reír, con las mejillas rosadas, porque le había entrado pena, es que todas la estaban mirando a la par que reían y soltaban elogios exagerados.
Emma juntó sus manos frente a su boca, y terminó de bajar las escaleras. En primer lugar, abrazó a la organizadora. Carla nunca le había puesto tanto empeño a una fiesta, se había encargado de que Esme mantuviera a Emma lejos de casa mientras preparaba el escenario, y esa parte había sido la más sencilla de todas, pues Emma se pasó un buen rato eligiendo lo que traía puesto esa noche, además, en ningún momento quiso arruinar la sorpresa de sus amigas que, cuando regresó a casa, se dirigió directamente a su cuarto sin pasar por la sala.
—Gracias, gracias —le dijo a Carla, después abrazó a Gen—. Son las mejores y las amo más de lo que puedo expresar —siguió con Esme, quien le dio un beso en la mejilla—. No imagino una despedida de soltera distinta —pasó a Olimpia y terminó abrazada a Bianca.
—¡Ya deja de agradecer! —Carla pensaba que Emma era una persona extremadamente agradecida, tenía sentido que recibiera tanto amor. Se acercó, tomándola de la mano para guiarla hacia la música de Rihanna—. Ven —la puso bajo la puerta de la sala—. ¡Bienvenida a tu fiesta de despedida de soltera!
Olimpia fue la primera en gritar en celebración, le siguieron las otras, hasta Gen gritó.
—¡Emmy se nos marcha! —añadió Olimpia.
—¡Nooo! —gritó Esmeralda a modo de broma.
—¡Ay! —Emma las miró con las manos en la cintura, parecía una fantasía con esa peluca—. No me marcho a ninguna parte y lo saben.
—Todavía..., todavía no te marchas —dijo Bianca con un tono de suspenso.
—¡Bia! —abrió su boca con indignación, pero, en su adentro, sonrió.
—Bueno, bueno... —Carla la sujetó de los hombros por detrás, adentrándola a la fiesta, y qué fiesta.
La sala estaba en modo nocturna con las luces de las lámparas, a ellas las acompañaban las luces de una bola de espejos que habían puesto en el techo y unas luces de colores que salían de alguna parte. La mesita del centro no estaba, había todo un espacio liberado en su lugar. Había una máquina de algodón de azúcar y otra de palomitas. Había cocteles en una mesa y un barman escondido en la cocina. Por supuesto, había una montaña de cajas de pizzas recién llegadas. Además, en la televisión estaba puesta la última versión de Just Dance. En un rincón había regalos, y Emma se emocionó hasta las lágrimas cuando Carla se acercó a ellas con una bandeja redonda con copas de champaña.
—Sin alcohol —informó.
Todas agarraron una copa, y Carla dejó la bandeja a un lado, diciendo:
—No podemos empezar la fiesta sin antes brindar por la novia más hermosa, dulce y amable del mundo. —Olimpia exclamó «¡Grítalo, chica!» en medio del discurso mientras Emma lloraba. Gen abrazó de costado a Emma y Emma abrazó a Gen—. Eres una estupenda mejor amiga, una estupenda cuñada, una estupenda hijastra, y estamos seguras de que también serás una estupenda esposa. Esperamos que Colin sea un estupendo esposo.
—Se nota que no conoces a mi amorcito —sonrió.
Ellas rieron y sonrieron.
—Nadie lo conoce mejor que tú —Esme le secó las lágrimas con su pulgar—, por eso se van a casar y vivirán felices por siempre.
—Sí —dijo Gen.
—Ya, basta. Son demasiado para mí. —Emma se secó con sus mangas largas, entonces, se dio cuenta de que su niña no estaba en el brindis, la buscó con la mirada, encontrándola en el sofá—. Mi niña, no te quedes fuera del brindis —la cargó en un brazo.
Estela esa noche lucía como un girasol, literalmente. Alrededor de su cabecita, tenía pétalos amarillos. Muchos pensarían que Estela era el alma de la fiesta con ese disfraz, Colin calcularía la cantidad de dinero que generan las empresas que hacen accesorios para gatos.
—¡Por la novia más linda! —Bianca alzó su copa.
—¡Sí, señora! —gritó Olimpia, uniendo la suya.
Las seis levantaron sus copas y bebieron la champaña que no era champaña si no tenía alcohol, como sea, era una bebida espumante con buen sabor. Sin embargo, también había alcohol para quien gustara acalorarse.
Y la fiesta oficialmente empezó.
Lo primero que Emma hizo fue tomar una buena rebanada de pizza de pepperoni, a la mierda la dieta que le había dado su doctora. Olimpia subió el volumen de la música de una playlist exclusiva de cantantes femeninas. Emma miró esos algodones de azúcar. Ya. Iba a controlarse, podía controlarse. Estaba demasiado emocionada que sentía la felicidad escapar por sus poros.
—¡Emmy, baila conmigo! —pidió Esme frente al Just Dance—. O contra mí...
—¡Ooh! —gritaron las otras, intensificando la rivalidad.
—¡Qué valiente! —le dijo Carla—. Me preguntaba quién sería la primera en retar a la novia. No te ofendas, Esme, pero aquí todas somos team novia. Buena suerte, la necesitarás.
Emma se echó a reír.
Sus dos mejores amigas se habían conocido en persona esa mañana, pero, por cuestiones de la organización, habían texteado mucho en los últimos días. Se llevaban de maravillas. Por otro lado, Esme y Gen se habían conocido esa misma noche, y, Gen, a pesar de todo, se sentía cómoda cerca de Esme, pues le transmitía tranquilidad, es que Esmeralda era la tranquilidad.
Eligieron god is a woman de Ariana Grande de la lista de canciones del Just Dance. El juego empezó y Emma recibió sus merecidos aplausos, ella no podía parar de reír, pero, a mitad del baile, decidió ponerse seria. Hacía tanto tiempo que no hacía una coreografía, sí, era el bendito Just Dance, pero no dejaba de ser un baile, tal vez extrañaba bailar más de lo que sabía que extrañaba. La coreografía demandaba sensualidad y Emma se la dio, ganándose los gritos de sus animadoras. En la casa no estaban más que ellas seis, y el barman, y Jeffrey. El resto de los hombres habían sido botados sin piedad, dijeron que comerían y dormirían en Malibú, pero antes preguntaron si el novio no tendría una despedida de soltero esa noche, ya saben, para unirse sin ser invitados, no se sorprendieron cuando Emma les dijo que Colin no tendría una.
—¡Son mis diosas! —exclamó Carla, después de que ambas quedaran con 5 estrellas.
—Eso superó a cualquier stripper —pensó Olimpia.
A Gen y a Bianca le dio risa ese comentario.
Emma se hundió en un puff blando y redondo, sedienta de Coca.
—¡Muy bien! —Escarlata se puso de pie con su coctel con alcohol y se acercó a la mesa de los regalos—. No se suponía que te entregaríamos los regalos tan temprano, pero me muero por ver tu reacción. Emmy —agarró los regalos para ir repartiéndolos a sus respectivas dueñas—, quiero que sepas que, hasta hace un mes atrás, no tenía idea de cómo organizar una despedida de soltera, pero leí que los regalos a la novia son un detalle importante, así que empieza con el mío, vamos —le pasó una caja cuadrada que pesaba más de lo que aparentaba.
Emma bajó su lata de Coca en el suelo, al lado de sus piernas, y puso sus manos encima de la tapa azul con listón rojo. En ningún momento había imaginado que ellas traerían regalos. Estaba emocionada por descubrir qué había detrás de esas cinco mentes. Abrió el regalo de Carla, y con sus dos manos sacó lo primero que palpó. Eran unos guantes de cocina rojos con las siglas: E.O en blanco.
—¡Aah! ¡Qué bonito! —dijo Olimpia.
—Es que espero que nunca dejes de cocinar galletitas. —Escarlata, parada con su coctel, le explicó su detalle especial. Emma la miró con unos ojos llorosos. Necesitaba tranquilizarse o terminaría sollozando por cada cosa que ellas dijeran—. Hay más.
Emma miró el interior de la caja y sacó un delantal que hacía juego con los guantes, era rojo también, pero este decía E. Oschner en el pecho. Estrujó el delantal entre sus manos y lloró contra la tela, que olía bien, además. Podía empezar catalogando a la noche como una de las mejores de toda su vida. Aún no terminaba de procesar que tenía amigas que la querían por simplemente ser ella.
—¡Está hermoso, Carla! —Hizo un gran esfuerzo para detenerse a apreciar la situación sin lágrimas que le nublasen la vista. Levantó su barbilla para verlas, su nariz estaba roja por el llanto y sus mejillas también—. Oh, y nunca dejaré de hacer galletitas. Lo prometo. Mi casa siempre olerá a ellas.
—Pues, me tocará visitarte de sorpresa para comprobarlo —le guiñó un ojo—. ¡Termina con mi regalo!
—¿Más? —metió una mano en la caja—. Sí que te esmeraste —y sacó un mazo para amasar color café. No decía nada. Era un simple mazo—. Eh —miró el mazo solo para comprobar una vez más que era un mazo—, ¡qué gran final!
—Lo sé —chupó la pajita de su bebida, señalando el mazo con su índice—, lo encontré cerca del delantal, y pensé que nunca está de más un mazo nuevo. Te servirá para enderezar a Colin, amiga, sabes de lo que habló —se echó a reír, y Gen y Olimpia se rieron con ella.
Por otro lado, Emma actuó con las más falsas de sus risas. Qué... chiste. Esmeralda sabía que nunca se debía hacer bromas que implicaran golpear a Colin, pero Esme sabía que Colin tenía un padre abusador, el resto no.
—Gracias. —Emma decidió regresar al segundo antes de escuchar esa mala broma.
—Ay mi chiquita. —Carla se agachó y se dieron un abrazo, Carla le dio un beso en la mejilla—. Te quiero mucho —le recordó en medio del abrazo.
—Y yo a ti —la abrazó con más fuerza.
Escarlata se separó, y dijo:
—Sigue Esme.
Esmeralda se puso de pie y le entregó a Emma una pequeña bolsa rosada con estrellas doradas. Definitivamente, Emma se veía como una princesa en su trono recibiendo regalos.
—¿Qué podrá ser? —se preguntó Emma, metiendo su mano dentro de la bolsa.
Instantáneo como los fideos: sus mejillas se tiñeron al sentir e identificar la sorpresa a través de su sentido del tacto. Sacó una tanga de encajes roja. Podría limpiar los dientes de Colin con ese hilo. Miró a Esme con unos enormes ojos verde vómito que provocaron risas en las otras, excepto en Olimpia, quien protestó furiosamente:
—¡Pensé que yo le regalaría la tanga! —abrió su bolsa de regalo, sacando otra tanga de encajes amarilla. Estaba indignada por el desacuerdo en el grupo de chat. Pensó que había sido completamente clara.
—Vaya. —Emma torció sus labios. Sabía que era una broma de despedida de soltera, pero no dejaba de sentirse un poco avergonzada, probablemente porque ahí estaba Bianca, aunque esta no había pensado en absolutamente nada relevante cuando vio esos hilos dentales. Todas ahí sabían que Esme le regalaría una tanga a Emma, y bueno, al parecer, Olimpia decidió hacerlo también.
—Gracias por regalarme mis... primeras tangas.
—¡De nada, Emmy! —Olimpia se acercó para abrazarla como si no acabara de regalarle una tanga amarilla. Las risas siguieron, y Emma decidió aflojar su fuerte nudo.
—Gennie no quiso hacer un regalo atrevido, ni Bia —avisó Carla desde ya.
—Son sábanas —dijo Gen sin permitir que Emma se preguntara que podía ser la enorme cosa cuadrada envuelta en papel de regalos. Y no era cualquier clase de sábanas, eran de las que valían más que una propia cama.
—¡Oh, gracias, Gennie! —Esta vez, Emma se levantó de su trono para ir a abrazarla. A continuación, se puso de rodillas frente a Gen, quien estaba en otro puff. Emma rompió el papel de regalo descubriendo su nuevo juego de sábanas blancas matrimonial—. ¡A Cole le encantará!
—¿También le encantará mi regalo? —preguntó Olimpia, chupó de su pajita, haciendo un ruido a propósito al absorber el coctel.
Emma decidió reír, decidió tomarlo como la broma que era, y la empujó con una mano.
—Bia, es tu turno —señaló Carla.
—Mi regalo tiene un poco del de Carla y un poco del de Gen. —Bianca le pasó una caja a Emma, ambas se miraron a los ojos, diciéndose mucho a través de unas miradas combinadas con unas pequeñas sonrisas—. Espero que te guste a ti, y a tu futuro esposito.
En algún momento, sin intenciones, había escuchado a Emma decirle futuro esposito a Colin.
Emma sonrió y abrió la caja. Había un par de toallas de playa blancas. Las desdobló, descubriendo que una decía Sr. O. y la otra decía Sra. O.
—Es un regalo para su luna de miel —añadió Bianca.
—¡El mío también es un regalo para su luna de miel! —gritó Olimpia. Las otras chicas rieron.
—¡Bia, son hermosas! —Emma se dirigió a abrazar a la señora novia de su pa.
—Me alegra que te haya gustado —balanceó a Emma de lado a lado en su abrazo.
—Oh, chicas. —Cuando se apartó de Bianca, miró a cada una de ellas con las manos sobre su corazón.
—Aún no. Aún no repitas que somos las mejores. —Carla la apuntó con su dedo y fue a buscar de la mesa un último regalo envuelto en papel dorado, era rectangular y pequeño. Emma lo recibió entre sus manos con un montón de ideas en mente sobre lo que podía ser. El listón era rojo y venía con una tarjeta dentro de un sobre—. Invité a Hol y a Faith, pero ninguna pudo venir, sin embargo, Hol no quiso quedarse fuera de la sección de regalos.
Emma escuchó Hol e inmediatamente sacó la tarjeta para leerla, pero no decía mucho:
Para: Emma (Oschner).
De: Hol.
Mucho o poco, terminó sacándole una sonrisa.
Entonces, prosiguió a romper el papel de regalo.
Bueno...
—¿Podemos hablar de la mamá más cool del planeta? —En ese momento, Escarlata se dio cuenta de que quería a Maléfica Balmer como mamá. Sabía que Holly siempre estaba ocupada, tal como la suya, pero al menos Holly le regalaría un jodido manual de sexo en su despedida de soltera.
Emma tapó el libro con el papel que acababa de romper, y dijo:
—Qué divertida sección —escondió el regalo de Holly dentro de una de las bolsas que traía la tanga, ya ni se acordaba de cual era. Era una despedida de soltera, eran bromas divertidas de sus mejores amigas... y de su madre, pero prefería guardar su intimidad en el fondo de su alma donde tenía su lugar.
—Gracias —dijo la organizadora, haciendo una reverencia ante la novia—. Prosigamos a beber y comer en nombre de tu soltería que se está quedando atrás. ¡Ay! ¡No nos hemos tomado ni una sola foto! Esperen que llamo al barman para que las tome.
HOLA, HOLA, SOLTERILLAS, SOLTERILLES
MIREN NADA MÁS ESTA ILUSTRACIÓN DE NUESTRA EMMY BONITA, QUIERO DECIR, DE LA SEXI NOVIA... ;) (A VECES LLAMADA FUTURA ESPOSITA). ¡DÍGANME SI LES GUSTA!
QUE EMOCIÓN, QUÉ ILUSIÓN HABER LLEGADO A ESTE CAPÍTULO! (A ESTOS CAPÍTULOS). COMO YA LO NOTARON, HABRÁ UNA SEGUNDA PARTE DE ESTA CELEBRACIÓN;) PORQUE NUESTRA EMMY NO SE MERECE MENOS.
¡Cuéntame tu parte favorita del capítulo!
Además, sígueme en Instagram. Ahí subiré otra ilustración sorpresa ;)
(Encuéntrame como wolveslikeyou)
NOS LEEMOS PRONTOOOO :)
lxs quiero.
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