54: Cordialmente invitada

—Con ustedes, la princesa Emma —anunció Gael en la puerta.

Gillou y Bianca entraron a la sala donde una auténtica princesa de cuentos los estaba esperando arriba de la tarima redonda, con sus Jimmy Choo nupciales y las medias blancas con volados en los tobillos que tanto ella había deseado. Anna tenía los brazos cruzados, orgullosa de su cocreación con la novia más especial que le había tocado en su corta carrera.

A Gillou se le desajustaron los tornillos y se arrodilló frente a la novia como si se tratara de la realeza o, más bien, un ángel. Eso era Emma para él. Un bendito ángel. Corría riesgo con ese vestido blanco. Todo el mundo iba a darse cuenta de que no pertenecía a la Tierra.

Emma se puso a reír al verlo arrodillado.

—No seas payaso.

—Cariño —Bianca estaba llorando demasiado—, el vestido es perfecto. Tú lo haces perfecto.

—Y aún quedan detalles por ajustar —dijo Anna.

Gillou se puso de pie, ahora estaba llorando también.

—Ya quiero ver la reacción de Colin Oschner. ¡Necesito!

Retweet —dijo Gael—. Al menos su llanto hará que el llanto de los 40 invitados pase desapercibido. Podremos llorar en paz en nuestros asientos —se secó las lágrimas que ya había dejado de echar. Si de algo estaba seguro en esta vida es que su hermana era la mujer más bella, y vestida de novia era como ver a lo celestial uniéndose a lo terrenal, era una sensación.

Ver a Emma de blanco producía lo que se supone que debe producir ver a Dios.

—Ya —dijo Emma, juntando sus manos—. Agradezco sus lindas palabras. ¡Gi! —se alteró cuando notó que este le estaba tomando fotos—, ni se te ocurra mandárselas a alguien.

—Tranquila —dijo Bianca—. El resto, incluyendo tu papá y J.J., esperarán hasta la boda.

—¡Ay! —se miró al espejo, acomodándose la vincha azul con las dos manos, como si fuese una tiara—. No puedo —vio el techo, cerrando sus puños—. ¡Quiero gritaaar! —mordió con fuerza—. ¡Es mi vestido soñado!

Corrección: era su boda soñada.

Llegó a casa cuando el sol se había puesto. Bajó, agradeciendo al chofer. Caminando por el sendero de piedras en dirección a la puerta principal, se detuvo en medio y levantó su barbilla. Había muchas estrellas en el cielo y no pudo evitar su pensamiento.

«¿Estás ahí? ¿Mirando las cosas secretas que hace mami?».

Creía fuertemente que si las personas supieran que a veces le hablaba a un no nacido la mirarían raro, le mirarían más raro si supieran que estaba convencida de que este vivía en las estrellas. Lo último era culpa de Colin, él le había metido en la cabeza que era una estrellita, su estrellita.

Se hipnotizó mirando las estrellas. Podía sentarse en su jardín para verlas toda la noche, lástima que el clima otoñal comenzaba a sentirse en la ciudad. No podía enfermarse por nada del mundo. Estaba a exactamente 7 días de su boda, una semana, un poco menos de 168 horas.

Inhaló y exhaló hondo, y siguió su camino.

Avanzó.

Abrió la puerta de la casa con su llave, ahora pensando en cuanto deseaba ir a dormir con su amorcito, pero debía ser paciente, solo un poco más. Él estaba ocupado y ella debía darle su espacio, o eso creía ella. Para compensar a su corazón que lo echaba de menos, planeó darse un baño de burbujas antes de acostarse a dormir, también pensaba dormir temprano, pues había tenido un día agitado, además, últimamente, llegaba desecha a esa hora de la noche.

—¡Ya llegué! —anunció para toda la casa—. ¡Y podría comerme un restaurante entero!

—¡O podríamos ordenar pizza! —gritó Esmeralda.

El corazón de Emma subió como cohete.

—¡Aaaah! —gritó con todas sus fuerzas, dejó caer su bolso como dejó caer su corazón al núcleo terrestre. Corrió hasta los brazos de su mejor amiga y ella la cargó, mientras la casa apreciaba la risa sinfónica de ambas.

—¡Mi mejor amiga se casa! —gritó Esmeralda, quien, para ser increíblemente tímida, no se sintió cohibida sabiendo que la familia de Emma estaba presente.

—¡Tu mejor amiga se casa! —Emma bajó al suelo y la sujetó de las manos con fuerza, mirándola fijamente solo para comprobar que realmente era ella, su Esme.

Esmeralda no había cambiado nada desde la última vez que se vieron, mantenía sus rizos cortados sobre sus hombros, en cambio, Emma, la palabra cambiada le quedaba corta. Esmeralda sabía que su mejor amiga había regresado al pilates reformer, y veía fotos de ella, pero verla en vivo y en directo fue impactante. Podía jurar que en esos bracitos había musculatura definida cuando los tensaba.

—Pero... ¡cómo! —siguió Emma.

Tenía muchas preguntas.

—Ya sabes, en avión —sonrió.

—¡Esme! —rio, agitándole los brazos.

—Ya te dije: mi mejor amiga se casa y ¡en una semana! —la abrazó, rodeándola con un abrazo—. Sin mencionar que yo soy la testigo. —Las dos sonrieron—. Si te preguntas, dejé a Sid porque le di la obligación de asistir a clases por dos. Por supuesto que no le emocionó la idea, quería venir conmigo, pero alguien debía quedarse por la uni.

—Claro, claro —asintió—. ¡Cielos! —brincó una vez frente a ella—. Es que no puedo creer que estés aquí. Eres mi sorpresa favorita. ¡Te quiero tanto! —regresó a abrazarla. Les faltaba muchos abrazos todavía—. ¡Dios! Haremos una pijamada ahora mismo, y tú me pondrás al día con las noticias londinenses.

—Emmy —la agarró de los hombros, mirándose cara a cara—, ¿qué noticias londinenses? ¡Tú debes contarme todo sobre tu boda! Igual, tenemos una semana para hablar sobre el aburrido y gris Londres. En serio, no es mi lugar favorito, no como mujer nacida en Florida.

—¡Por eso luego debes mudarte a un lugar más cálido..., tal vez como LA!

—¿Para qué? —rio—. Si en unos meses tú te mudas a Boston.

—¡Amiga, que Dios te escuche! —le apretó las manos y miró el techo.

—Vamos, el destino está trazado por Colin Oschner —la animó—, por el hombre más afortunado del planeta. Se casará con la mejor —bajó la voz, poniéndose excesivamente seria después de tantos abrazos y brincos. Emma la miró, sellando sus labios, sus ojos brillaron en lágrimas—. Yo sé que ambos son afortunados, porque ambos se aman con la misma fuerza, y ambos complementan a las cualidades del otro. Lloré bastante después de terminar esa videollamada, Emmy, y Sid es testigo. —Ambas rieron. Emma ya había liberado su llanto y Esmeralda le secó las lágrimas como siempre había hecho—. Te quiero mucho más, mi dulce y cariñosa Emmy.

Emma usó el cuello de su blusa como pañuelo de lágrimas.

—Me encuentro en un momento de mi vida en el que puedo afirmar que estoy feliz, y mucho tiene que ver con todos ustedes. ¿Sabes cuánta gente no recibe esta clase de apoyo cuando se van a casar? Ustedes son magia pura. Me hacen sentir como una versión moderna de princesa Disney.

—Pues, yo te veo más como Tinker Bell.

—¡Qué casualidad! Con Carla y Gennie nos llamamos las tres hadas mágicas luego de inspirarnos en Winx Club para nuestros atuendos de una fiesta. Yo soy Stella. ¡Ay! ¡Me muero porque se conozcan las tres! Se llevarán muy bien —la agarró de la mano, guiándola escalera arriba—. Gennie es la introvertida —empezó a contar como si Esmeralda no lo supiera. Sabía todo sobre las dos mejores amigas de su mejor amiga, también sabía perfectamente que al principio eran cuatro hadas mágicas, y le dolió enterarse porqué dejaron de serlo— y Carla es la que no le teme a nada.

—¿Y tú eres...?

—Pues..., yo soy la que se va a casar pronto.

Ambas rieron, terminando de subir las escaleras.

Al llegar al piso de arriba, Emma buscó a Estela en la habitación de Gael, donde este estaba mirando una película con Gillou, Estela se encontraba acostada a los pies de la cama como si supiera que ellos no eran sus papás.

—Gracias por hacerle compañía a Esme mientras yo llegaba —tomó a Estela entre sus brazos, y le dio besitos en la cabeza.

Esmeralda rio, apoyando su costado en el marco de la puerta de la recámara.

—Los defenderé diciendo que subieron mi maleta hasta tu cuarto —dijo ella.

—Y acabamos de subir nosotros —se defendió Gillou—. Hace menos de 5 minutos.

—Le dijimos a Esme que no tardarías en llegar —continuó Gael—, y Esme dijo que no nos preocupáramos por ella si es que teníamos cosas que hacer.

—¡Y qué grandes cosas tenían que hacer! —Emma se marchó de ahí indignada, con su Estela y su Esme. Tal vez, en el fondo, podía entenderlos. Llevaban mucho tiempo sin acostarse a mirar pelis juntos—. Bienvenida a... la mia stanza —abrió la puerta de su habitación.

—¿Eso fue italiano? —Esmeralda se impresionó.

—Ando aprendiendo en una App —habló orgullosa—. Te di la bienvenida a mi habitación.

—Lo sé —sonrió, adentrándose a la dulce habitación. Una habitación puede ser dulce si pertenece a Emma—. En el pasado tuve un amigo italiano, además, el español y el italiano tienen sus cositas.

—¿Y qué pasó de tu amigo italiano? —Emma bajó a Estela sobre su cama.

—No lo sé, regresó a Italia, fue hace mucho —miró a su alrededor—. Gael dijo que me traería una bolsa para dormir, pero ya veo que se olvidó.

—¡Ni hablar! Tú dormirás a mi lado —fue a encender la luz del baño.

Emma se bañó antes de empezar con su pijamada de soltera, así la había llamado. Ordenaron pizza de muzarella, porque se suponía que Emma debía cuidar su estómago, había hecho un gran sacrificio al no pedir de pepperoni y al pedir una sola. Sin embargo, bebió Coca, y le contó a Esme cada detalle que esta se había perdido desde la última vez que se textearon. Le habló sobre su vestido y sobre su vincha azul, sobre su ramo, sobre todo, no dejó espacio para los secretos.

—Tengo que comprarme lencería —susurró exageradamente.

Estaban sentadas en la cama, comiendo y charlando. Estela estaba al lado.

—¿Todavía no lo hiciste? —Esmeralda se sorprendió.

—Salí el otro día a hacer compras con Gi, pero me dio un poco de vergüenza pedirle pasar por una tienda. Me alegra tanto que estés aquí —le apretó la mano, poniéndose excesivamente sentimental, bueno, para otras personas podía ser excesiva, era normal viniendo de Emma—. Debes acompañarme.

—Por supuesto —sonrió, apretándole la mano también.

—¿Y Sid? ¿Cómo va la convivencia? —sentía que ya habían hablado demasiado sobre ella.

—¡Bien! —dijo alegremente.

Emma agarró una rebanada de pizza sin dejar de mirar fijamente a Esmeralda.

—¡Va! —Esmeralda miró el techo, y Emma se preguntó qué había pasado. Esmeralda pensó que Emma le había mirado como un gato de los que saben tus más oscuros secretos. Estela solía mirar de esa manera. Tal mascota tal dueña—. Sigo teniendo el mismo problema sexual, eso es todo, pero la convivencia va genial, y nos amamos.

—¿Entonces por qué temes tanto expresarle lo que está pasando?

—No lo sé, pero... lo haré.

—Debes hacerlo, Esme.

—Lo haré —aseguró. Se sentía boba por no poder expresárselo, pero prefería sentirse una boba antes que perderlo. Estaba en un grave enredo—. ¿Y tu vida sexual cómo va? Hazme sentir celosa.

Emma se echó a reír y el queso salió disparado de su boca a las sábanas.

Juntas se rieron demasiado fuerte, y, cuando se calmaron, Emma dijo:

—Mi vida sexual nunca ha estado mejor. Hasta tenemos sexo telefónico.

—¡Qué!

—Lo sé. —Con sus manos, se tapó la cara ruborizada—. Además, personalmente, tengo un... juguetito —susurró, agachándose un poco. Esmeralda se sorprendió, pero demasiado—. A decir verdad, no lo uso mucho, pero es genial. Carla me obligó a comprarlo, es un Satisfyer. ¡Lo necesitas en tu vida!

—Si tú lo dices, yo te creo, Emmy —rio.

Emma miró su celular.

23:59 P.M.

—Ay. Espero que mi amorcito esté descansando. Me dijo que iba a dormir.

—El mío debe estar como loco. Dudo bastante que haya despertado a tiempo sin mí.

Emma rio, y dijo:

—Cole en serio está feliz porque viniste. Sé que no es una persona expresiva con los demás, pero él te aprecia mucho, de verdad, por absolutamente todo.

—Emmy —puso una mano sobre su pecho—, me alivia saberlo. Casi nadie le cae bien.

Emma sacudió su cabeza en medio de una sonrisa.

—No es eso. Es un hombre cerrado, nada más.

—Pero ¿qué hiciste tú para penetrar su campo?

—El asunto es que siempre ha sido abierto conmigo —rio de felicidad.

—Siempre supo que eres tú.

Emma sonrió mucho. Entonces, en ese momento, le llegó una imagen de Escarlata.

A las 00:00 P.M.

La abrió. Era una... ¿invitación? En la resaltaba el rosa.

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¡ESTÁS CORDIALMENTE INVITADA A:

TU DESPEDIDA DE SOLTERA!

Porque tus mejores amigas quieren cerrar contigo el capítulo de tus 22 años de soltería

(aunque estamos seguras de que no la echarás de menos).

Día: viernes, 02 de octubre

Lugar: tu casa.

Hora: desde las 8:00 P.M.

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A Emma se le aguaron los ojos.

—¡Sorpresa! —dijo Esmeralda.

—¿Viniste por esto? —Emma se agitó, se puso a llorar, soplándose la cara con sus manos.

A Esmeralda le dio tanta ternura que se puso a reír.

—Escarlata me escribió —asintió.

—¡Dios! ¡Las amo! —saltó a abrazarla, haciendo un desastre con la caja de pizza sobre la cama.

Iba a tener una despedida de soltera.

No pudo parar de llorar por unos cuantos minutos.

Tenía amigas con quienes celebrar.

Tenía amigas de verdad.

Tenía amigas.


¡ESMEEE! Te echábamos de menos<3

 Quédate con esa amistad que viaja de un continente a otro solo para asistir a tu despedida de soltera<3<3 

AAAAAH! EMMY TENDRÁ UNA DESPEDIDA DE SOLTERA (AUNQUE ESO YA LO SABÍAMOS). CADA VEZ MÁS CERCA DE LA PEQUEÑA BODA<3<3 PERO, PENSANDO EN EL PRESENTE: ¿CÓMO SE IMAGINAN LA DESPEDIDA DE EMMA? ¿COLIN TENDRÁ UNA TAMBIÉN? :) lxs leo.

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