51: En nombre del amor

Su segunda prueba de vestido había sido mágica, como la hada madrina dándole un bidibi badibi bu a Cenicienta, con la diferencia de que convirtió su jogger fucsia en un vestido blanco que emocionó a Gael hasta las lágrimas. Bianca y él la miraron como un ciego curado mira los montes de Tauro. Cautivados. Cautivados por esa mujercita subida en una tarima con sus Jimmy Choo nupciales. El vestido estaba armado; cocido en ciertas partes y unido por alfileres en otras. Emma no paraba de mirarse al espejo, dándose vuelta, mirando su espalda, su falda, sus piernas, regresando a su corsé, a los detalles.

—¿Crees que usar medias cortas sería demasiado? —le preguntó a Anna, la diseñadora.

—¿Medias cortas? ¿Hasta los tobillos? —la inspeccionó, sabiamente.

—Sí. Blancas, con volados no tan pesados.

—Claro. Eres una novia demasiado jovial. El diseño del vestido es tiernísimo. Las medias no quedarán mal. Depende de ti. Puedo buscártelas y en la última prueba las miras.

—Bueno —juntó sus manos—. También decidí que quiero un accesorio en mi cabello.

—Ajá. Te escucho.

—De hecho, llevo imaginándolo desde que boceté el vestido, pero me dejé llevar por el qué dirán —confesó con un suspiro. Mejor dicho, se había dejado llevar por el qué diría su mamá.

—Grave error, Emma. —Anna cruzó sus brazos, viéndola a la cara—. Es tu boda. Si quieres usar unas plumas en tu cabeza nadie puede decirte nada y, si lo hacen, ¡pueden dejar su regalo y marcharse!

—Como si a alguien de nosotros se le ocurriera decir algo. —Gael no podía creer que se cohibiera delante de su propia familia—. Tienes que usar lo que quieras. Te verás hermosa con lo que sea.

—Bueno...—Emma pasó de mirar a Gael a mirar Anna, y se mordió el labio de abajo—. Quiero usar una vincha azul, azul estándar y puro, de terciopelo. Ya sabes, las tiaras barraco, anchas.

—Sé exactamente de qué me estás hablando.

—¿Crees que sea demasiado? —preguntó, demasiado insegura.

—Creo que es lo justo —le sonrió.

—Dios. —Bianca sacó otro pañuelo kleenex de su bolso y se secó las lágrimas. Era una tarde extremadamente emocional. No había parado de echar lágrimas desde que Emma entró en su vestido—. Te verás como una princesa, es que ya te ves como una, Dios, tu papá... No sé cómo lo contendremos.

—Él dice que tomará una pastillita...—dijo Gael, sentado al lado de Bianca.

Anna soltó una carcajada, y comentó:

—Uf. Una vez vestí a una novia que se pasó de copas.

—Pues, yo no bebo, y tampoco tomaré una pastillita. —Emma puso sus manos sobre el corsé, mirándose de frente al espejo—. Pienso vivir todas las emociones —sonrió.

Ahora estaba nerviosa, por ejemplo, y no le preocupaba vivir esas emociones. Le ansiaba que la vincha y las medias no quedaran tan bien como en sus fantasías. Tenía cientos de motivos por los que ansiarse y tenía uno solo con el que calmarse, pero ese uno bastaba para hacer polvo al resto de sus preocupaciones.

La próxima semana pasaría a llamarse Emma Oschner.

Un motivo suficiente para sonreír.


Cuando Emma salió de la casa de Anna, recibió una llamada de su wedding planner. Así pasaba sus horas últimamente. Saltando de una llamada a otra, de una visita a otra. Todo estaba perfectamente hecho, pero, con las horas pasando y el gran día casi llegando, la planeación se sentía como un cinturón ajustado hasta el tope. La agobiaba un poco. Los nervios, la ansiedad. Puede que todo estuviese hecho, pero las emociones son automáticas.

—Dave —contestó, caminando a su camioneta con Gael y Bianca.

—¡Novia mía, espero que estés camino a un spa!

Emma soltó una carcajada y subió a la camioneta cuando Gael le abrió la puerta.

—No. Acabo de terminar mi segunda prueba de vestido. ¡Está perfecto! —se acomodó en el asiento trasero, junto a la ventana, sintiendo un cúmulo de energía sobrenatural recorriendo todo su cuerpo, desde sus extremidades hasta sus cabellos.

—Cariño, ya lo creo. Más perfecto debe verse en ti. Mira, te llamo para informarte, felizmente, que todos, y cada uno, de tus invitados me confirmaron su asistencia. He notado que nadie quiere perderse tu gran día. Todos me hablaron super emocionados.

Emma esbozó una sonrisa.

Así se sentía estar rodeada de buena gente.

—Además —dijo él—, tus tíos, eh, Arthur y Vanessa...—pareció haberlo leído.

—Ah, sí... —esperó.

—Ellos dicen haber depositado dinero a la cuenta. Tu abuela me preguntó dos veces si en verdad no pedías regalos de una tienda, me dijo que no le importaba porque de todas formas te compraría un regalo de IKEA. Es una mujer bastante... peculiar.

Emma se echó a reír.

—Lo es.

Y sí le había llegado mensajes del banco. Su tío Jamie también le había transferido una suma bastante generosa de dinero, tan generosa que hasta Colin había reaccionado:

Futuro esposito: No me quiero alterar, pero

Futuro esposito: Tu tío acaba de pagarle la universidad a nuestros hijos.

Antes, Emma le había reenviado a Colin el mensaje que le escribió su tío:

Emma: Tío Jamie: Ya debió haberles llegado mi regalo. Cuando tu papá me dijo que solo querían dinero ya supe para qué era! Es mi pequeña colaboración para que construyan su primer y nuevo hogar. Bueno, qué digo, ustedes sabrán qué exactamente hacer con mi regalo. Espero que lo disfruten. Te quiero mucho, hija. Que seas feliz por siempre! Que ambos lo sean juntos.

Emma había llorado después de leerlo, y lo llamó, y le dijo que lo quería mucho más. Ahora le tocaba mandarle un mensaje de agradecimiento a Arthur y Vanessa.

—Gracias por la info, Dave.

—Por supuesto, querida. Haz esa cita en el spa o la hago por ti.

—¡Te prometo que en la próxima semana...! —rio.

Cuando Colin subió a su Benz, después de un lunes increíblemente largo, llamó a su nena.

—¡Hola!...

—Mi nena. . .

—En este momento no puedo atenderte porque estoy ocupada siendo novia. ¡Es que me voy a casar con el hombre más dulce, inteligente y guapo del mundo! —gritó la Emma atrapada en ese contestador automático. Era la primera vez, que Colin recordara, que ella grababa un contestador personalizado—. Así que tienes dos opciones: déjame un mensaje o vuelve a llamar. ¡Adiós!

Colin tomó la opción dos.

La llamó otra vez, y, justo antes de aceptar que debía contentarse con escuchar su voz en ese contestador que, por cierto, era el mejor contestador automático del mundo, Emma, de carne y hueso, en vivo y en directo, le habló alegremente:

—¡Cole!

—Debes grabarme un contestador.

—¿Te gustó? Lo hice exclusivamente para que lo escucharas —su risa consistió de tres ja, ja, ja.

Colin esbozó una sonrisa, en la oscuridad de su camioneta, el alumbrado del aparcamiento del campus no alcanzaba hasta él. «¡Es que me voy a casar con el hombre más dulce, inteligente y guapo del mundo!». Podía llamarla varias veces al día, con la esperanza de que ella no contestara, solo para escuchar ese audio.

—Me encantó, especialmente la parte donde resaltas lo guapo que es tu hombre.

—¿Mi hombre? Rawr.

Ahora Colin rio, cubriéndose la boca con la parte anterior a la palma de su mano.

—Que nena más graciosa me tocó.

—Te amo.

—Yo también te amo, corazón. Y quiero verte, por eso te llamo. ¿Puedo pasar a buscarte ahora? —acercó su muñeca hacia el parabrisas con la idea de leer la hora en su reloj con la pobre luz que alcanzaba. Eran las nueve y media de la noche.

—Eh, ando ocupada, en realidad.

Para él, se sintió como si ella le hubiese soltado una carga de arena de un camión encima.

—Ah. Quería llevarte a cenar, lo que quieras y en dónde quieras, pero está bien.

La extrañaba lo suficiente para ahogarse en ese montón de arena.

Es que no habían tenido su religioso domingo. No era el yoga lo único que le brindaba la fuerza necesaria para afrontar la semana, también era ella.

—¡Lo siento! —dijo Emma, suplicando comprensión—. Ser novia es un trabajo de tiempo completo a esta altura, amorcito. Pero se me ocurre una idea, ¿por qué no aprovechas para hacer tu maleta?

—Sí, claro. Tengo que hacer una lista.

—¡Adoro las listas! Te ayudo. Número 1: bloqueador solar. Número 2: calzoncillo especial.

Colin se tragó su sonrisa, sellando sus labios, sus hoyuelos de formaron.

—Número 3: lubricante —soltó él.

—¡Oh, cielos! —gritó escandalizada—. ¿Qué piensas hacerme en nuestra primera noche juntos? —comenzó a susurrar, y Colin se puso más duro que el cemento que tenía enfrente—: ¿Sabes que en mi coñito pueden entrar cosas grandes sin necesidad de lubricante?

—Bueno... Eso es porque eres una fuente de agua bendita.

—Además, no quiero asustarte, pero tengo una flor ahí...

—¿Ah, sí? —sintió hundirse en su asiento, recostó su cabeza en el respaldo, con sus ojos cerrados. La masturbación en público es ilegal, la masturbación en público es un delito, la masturbación en público es un hecho punible que no necesitaba en su expediente.

—¡Una flor carnívora!

Colin abrió sus ojos y Emma se puso a reír al otro lado.

—Te mereces que te muerda una nalga, Emma Miller.

—¡Rawr!

—Te amo bien —cerró sus ojos otra vez, hundiéndose en su asiento, pero esta vez por la mezcla de excitación y del más puro amor—. Esta noche me acostaré pensando en tu flor carnívora.

—Pues, mi flor carnívora se acostará con hambre.

—Emma... —se echó a reír.

—Yo te amo fuertemente bien. Te escribiré luego, ¿está bien?

—Está muy bien.


Él había planeado su lunes por la noche, ella lo canceló.

Pero qué rápido él había creado su plan B.

Compró sushi en el camino, tenía una botella de 330cc en su refri. Dio un salto fuera de la Benz en el aparcamiento del condominio, con su bolsa de comida, su mochila, etcétera. Estaba enloquecido. Podía sentir un montón de clavos hincándole los pies al caminar. Necesitaba masturbarse ya. Tal vez los clavos no estaban en sus pies, sino en sus testículos morados. O en sus pies y en sus testículos morados. Las cosas son así. Cuando más te empeñas en no pensar en una cosa, más la piensas.

El cuerpo desnudo de Emma atravesaba su galaxia como un montón de estrellas fugaces.

Gritó en su almohada en honor a Emma Miller cuando se vino.

Y un ser inoportuno llamó a su depa.

—Mierda —habló con la cara en su almohada.

No podía levantarse de ahí. Hasta podía morir ahí. Estaba hundido en su colchón y no sentía su cuerpo, sus músculos estaban extremadamente relajados y no sabía si responderían en un intento por levantarse. El asunto es que tampoco quería levantarse. En su mundo ideal, se hubiese quedado dormido ahí mismo, con las nalgas al techo y su asquerosa camiseta del día, pero, evidentemente, no vivía en su mundo ideal. El demonio volvió a llamar, y con más fuerza.

Rompió la vidriera donde se encontraba su reserva de energía para emergencias como esa, y se puso de pie, se subió el jean, y, antes de dignarse a averiguar quién carajos estaba interrumpiendo su fantasía sexual, estiró sus sábanas manchadas e hizo una bola con ellas, la colocó en el sillón de la esquina. Y en su puerta seguían insistiendo.

—Alan.

Cómo no.

Era el único ser que podía llamar a su puerta un lunes a las 10 P.M.

Alan entró al departamento con un... ¿traje? Puesto en una funda negra, lo sostenía de la percha, comenzó a hablar mientras se sacaba los tenis a un lado de la puerta.

—Acabo de comprarle un traje al hermano de Lu —su rommie— y quería que lo calificaras.

—¿Compraste un traje? —Colin siguió las acciones del otro con su mirada, le miró los calcetines de los Castores Cascarrabias. Sinceramente, le intrigaba de dónde compraba de esos, bueno, sabía que Alan pasaba más tiempo de lo normal en tiendas en línea—. Podías solo... alquilar uno.

—Pff —bufó—. Obvio no. Uno nunca sabe cuándo te invitarán a otra boda.

—Literalmente, es como la primera vez que asistes a una.

—Me lo voy a probar —lo apuntó con su índice, metiéndose al pasillo.

Colin lo siguió rápido.

—Pruébatelo en el baño —señaló el mini baño de visitas—. No, en mi habitación no —frunció su ceño.

Adiós al nirvana que alcanzó jalándose en nombre del amor.

Alan le cerró la puerta de la recámara en la cara.

—No me tardo. Espérame con emoción.

Colin puso su mano sobre el picaporte, pero al final bajó su brazo. Esa noche descubrió que su recámara era un lugar sagrado, porque era de los dos, era el lugar seguro donde hacían el amor. No quería ningún intruso, tal vez al sujeto de la limpieza, pero nadie más sin su pleno consentimiento.

—¿Ya estás? —preguntó un minuto después y abrió la puerta.

Alan tenía puesto un pantalón negro, se estaba terminando de abotonar una camisa blanca, mientras miraba el portarretrato amarillo que se encontraba sobre la cómoda.

—Cambiaron demasiado —dijo, agachándose a la altura de la foto para mirar la graduación de Colin capturada por una cámara—. Me cuesta creer que esa era Emma. Mírala, toda... pachoncita.

—Cierra la maldita boca —agarró el portarretratos.

—La había olvidado así. Perdón. —Se había imaginado cómo se vería Emma embarazada, siendo más pachoncita que nunca, pero no se atrevió a decirlo en alto.

Colin sujetó el portarretratos con fuerza y se fue a dejarlo en su mesita de noche.

—¿No sabes que no se habla sobre el cuerpo de los demás? Y mucho menos del de Emma.

—Dije que perdón —se enojó más que el propio Colin—. Emma siempre me ha parecido la rubia más hermosa del mundo. Felicidades. Te casarás con la mejor persona que alguien pueda conocer. ¿Qué se siente eso? ¿Qué se siente que una persona como ella te elija? —caminó lentamente hasta la cama desnuda, donde estaba su chaqueta negra, la agarró para ponérsela.

Colin vio un scrunchie amarillo olvidado en su mesita de noche.

—Se siente como se supone que debe sentirse la magia.

—¿Cómo van tus votos?

—Están ahí.

Alan se terminó de poner su chaqueta y se acomodó todo el traje.

—¿Y? —se apuntó a sí mismo—. Me falta una corbata.

—Tengo una. —Colin se acercó a su guardarropa, sacó de un cajón una corbata fina de color gris, después se acercó a Alan, quien extendió su brazo para tomar la corbata, pero Colin lo sorprendió poniéndosela como si fuese su hermano menor—. Quédatela.

—¿Seguro? —miró hacia abajo, tomó la corbata, atrás decía Dior.

—Seguro.

—No me ahorques —sintió la necesidad de decir eso porque Colin tratándolo como un hermano lo puso todo nervioso.

Colin terminó con el nudo y siguió con su vida sin darle importancia a lo que acababa de hacer. Alan sintió mucha pena por sí mismo. Era un necesitado de cariño fraternal. Colin agarró la bola de sábanas y la lanzó dentro de la cesta de ropa sucia.

—Te prestaría unos zapatos, pero no usamos el mismo calce.

—Lo sé, Pie grande —miró cómo sacaba sábanas limpias de la cómoda—. Gracias, Cole.

—Está bien —colocó las sábanas dobladas sobre la cama, lo miró—. Y te ves bien, Al. El traje... hiciste una buena compra —dijo con sinceridad.

Más tarde, después de cenar, cuando había regresado a la soledad de su depa, habiendo cumplido con sus tareas, se acostó bajo las sábanas que olían a rico perfume de lavandería. Emma no le había escrito más que un mensaje de buenas noches, y eso estaba bien, solo se preguntaba qué podía tenerla tan ocupada. La echaba de menos en esa cama. Estiró su brazo, pero, en lugar de apagar la lámpara, tomó el scrunchie e inhaló en él con fuerza, si se esforzaba podía imaginarla. Después, miró el portarretratos. «Pachoncita». Dios. Hubiese apretado un poco más ese nudo de corbata. Entonces, de pronto, se acordó de cuando Jordan la había llamado «culo gordo», y recordó que Amber le había dicho que le había faltado autocontrol cuando lo golpeó. Colin sabía que nunca se arrepentiría de no haber gestionado sus impulsos. Inhaló y exhaló hondo. No iba a visitar el pasado, al menos no por esa noche.

Colocó el scrunchie alrededor de su muñeca izquierda y se sentó en su mismo lugar. Sacó del cajón de su mesita una libreta y regresó a donde había dejado sus votos.

¿Ese título? Ese título es un Nobel de Literatura. JAJAJAJAJAJAJA.

Creo que entre todas las bromitas que les he hecho en títulos de capítulos esta ha sido la mejor :') ¿La verdad? No sabía qué nombre ponerle al capítulo, así que decidí hacer un chistecito JAJAJAJ. Lxs quiero<3 Una buena amistad viene con buenas bromas.

MMMM. ¿Pudieron visualizar a nuestra princesa guerrera con sus accesorios para la boda? <3 ¿Será que al final la escritora los cambia? JEJEJE.

¿SE IMAGINAN ESOS VOTOS? AAAA. SERÁ UN DUELO DE QUIÉN DE LOS DOS DIGA LOS MEJORES VOTOS. TENGO PRUEBAS Y CERO DUDAS.

¡Cuéntame cuál ha sido tu parte favorita!<3

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