39: Soluciones

Cuando sonó su despertador a la mañana siguiente, Colin lo apagó, y regresó a abrazar de cucharita a su nena. Ella observó la pared con una gran mirada que no entendía nada. Lo tomó de la mano y la acarició los nudillos con su pulgar.

—¿Qué haces? —preguntó Emma.

Él debía levantarse ya si no quería llegar tarde.

—Quiero cinco minutos más con mi nena linda —contestó con una voz ronca de recién despierto.

Ella volteó a verlo, con una media sonrisa, y él tonteó a quitarle la nariz con los dedos, hizo un sonido en la boca que sonó como «¡Puj!» cuando estiró la punta de la nariz de ella. Se dieron un largo beso en los labios. Después, ella rio, tapándose la boca con la yema de sus dedos, se dio cuenta de que Estela estaba durmiendo cerca de la cabeza de ambos. Él sonrió, en especial por la risa de ella, y con una mano agarró a la gata, colocándola en medio de ambos.

—Me parece que terminó de adaptarse a su nuevo hogar —dijo Colin, acariciándole a Estela bajo la mandíbula. La gata tenía los ojos cerrados, parecía encantada por los mimos.

Entonces, Emma le dio un beso a la cabeza de Estela, y la apartó de ellos dos. Adoraba a su gatita sagrada, pero necesitaba abrazarlo a él. Su aroma la embelesaba, además, se sentía pegada de más a él después del consuelo que le había brindado la noche anterior. Colin besó la cabeza de Emma, y la embaló con sus brazos. Claramente, no quería marcharse de ella. Soñaba despierto con su libertad. Había mentido, y bien, cuando les dijo a sus colegas que no sabía lo que iba a hacer en vacaciones. Pues, planeaba despertar cada mañana con ella, desayunar juntos en la barra de la cocina, hacerle el amor en la ducha, y pasar el resto del día sin preocuparse por nada. Eso era exactamente lo que iba a hacer.

—Te amo bien —le recordó.

—Yo te amo más —le besó el pecho.

—¿Irás al yoga más tarde? —acarició delicadamente la espalda desnuda de ella, con sus dedos trazó líneas en forma de garabatos.

—Supongo.

Emma no tenía suficiente ánimo, pero sabía que a veces necesitaba hacer sus actividades precisamente sin ánimo. Pensó que era por su propio bien y que se sentiría mejor después de una clase de estiramientos y respiración consciente.

—Gennie debe echarte de menos.

Y esa era la manera de él de animarla a asistir a la clase.

—Sí. Yo la echo de menos. A nuestro brunch —esbozó una pequeña dulce sonrisa.

—Claro. La mejor pizza del mundo —le regresó la sonrisa.

—Menos mal compré un conjunto para el yoga.

—Menos mal —se movió suavemente, deshaciéndose del abrazo de ella—. Duerme un poco más. Nos acostamos tarde anoche. —Y salió de la cama, dejándola a ella sintiéndose vacía con el consuelo de abrazar una almohada con aroma a él.

⠀⠀⠀

No podía mentir. El brunch le subió el ánimo de una manera que solo la comida podía generar en ella. Tenía un plato de seis porciones de pizza frente a ella. Su pancita estaba hinchada por tanto refresco, podían verse la hinchazón con la sudadera cropped blanca que estaba usando con unos leggins lavanda. Gen estaba comiendo un emparedado de pollo al otro lado de la mesa para dos. Hasta el momento, habían hecho uno que otro comentario sobre la boda. A Gen le había dado la impresión de que Emma no estaba emocionada o que ya no lo estaba. No lo entendía, quería saber, pero no sabía cómo preguntar.

—Usaré un tono naranja —dijo Gen.

—¿En el cumple de tu papá? —sonrió, estirando el queso de su rebanada.

—No. En tu boda, Emmy —le pareció una locura que tuviera que especificárselo.

—¡Ah! —rio dulcemente, tapándose la boca—. Me gusta. El señor otoño se pondrá celoso de tu belleza. Carla usará un Carolina Herrera.

—Lo sé. —Porque Escarlata lo había mencionado una cantidad considerable de veces en el grupo de las tres hadas fantásticas. Emma no necesitaba mencionarlo otra vez, pero lo hizo porque no estaba pensando—. ¿Pasa algo? Te noto distraída.

Y ella que había pensado que estaba dando una buena actuación frente a Gen.

—Un poco de drama en medio de los preparativos. —Emma le guiñó un ojo de forma divertida. Confundida, Gen ladeó la cabeza, entonces, al ver el gesto, poco a poco, la sonrisa de Emma se debilitó hasta que nada quedó de ella—. No pasa nada —sacudió la cabeza, actuando otra sonrisa. Era Gen, podía contarle absolutamente todo, pero no tenía ganas de andar por la vida divulgando que su papá quiso matar a Colin de forma literal hacía apenas un año atrás.

—Sabes que si necesitas hablar...

—Lo sé —asintió, sonriéndole.

—Amm...—Gen miró su emparedado—. Cada vez falta menos. Lo conté en el calendario esta mañana. Faltan exactamente ¡veinte días! ¿Sabes lo rápido que pasarán las semanas?

Emma sonrió, pegando su mejilla a su hombro derecho.

«Y yo aún no sé dónde me casaré».

—En un abrir y cerrar de ojos me llamarás señora Oschner —levantó su mano izquierda, donde estaba su anillo de compromiso y donde esperaba usar el más hermoso anillo matrimonial—. Eso me recuerda a que este fin de semana debo elegir los anillos con Cole.

—¡Oh! Qué emoción. —De pronto, sintió que Emmy la novia feliz estaba de vuelta—. ¿Y ya eligieron la invitación? Carla se puso chismosa la otra vez, me dijo que el lunes las mandarás, también dijo que dormirá junto al buzón de su departamento mientras espera. —Ambas rieron, incluso Emma, a pesar de sentirse en el más grande embrollo pre nupcial.

—Pues... —«¡No las puedo mandar porque no sé dónde me voy a casar!»—, estamos en eso. Espero mandarlas el lunes, pero no sé, tal vez martes con seguridad, pero sin falta estarán listas la próxima semana. Es tiempo. Falta demasiado poco.

—Será una boda inolvidable.

—Sí que sí —sonrió. «¡Ni siquiera sé quién oficiará mi ceremonia espiritual!».

Emma miró la pantalla de su celular.

Gloria al cielo. Tenía un mensaje de su wedding planner.

Dave: Conseguí un salón en el hotel Fiahlo. Podemos ir a verlo esta tarde? A la 1.

¿Un salón de hotel?

Diablos, no.

En sus sueños no había imaginado nada de eso.

Quería un jardín, quería florecitas y un techo de estrellas reales.

Emma: El hotel Fiahlo pertenece a la familia de los padrinos de Cole...

Dave: No puede ser!! Entonces podemos conseguirlo gratis

Dave: Nos vemos a la 1 en la entrada?

Emma: Claro

—¿Todo bien? —Gen la vio cambiar de gesto tan rápido. No era común que Emma se pusiera de malhumor. Al parecer, estaban en uno de esos momentos fuera de lo común.

—Sí... Organizar una boda tiene sus cositas —trató de reír.

Miró su pantalla nuevamente.

Gael: EMMY.

Ignoró el mensaje de su hermano.

Una vez más.

⠀⠀⠀

Colin se encontraba tumbado en un sofá de la sala de descanso de la universidad, tenía la boca llena con dos galletas de chocolate mientras leía en línea noticias del mundo. Lo típico, lo de siempre. Emma estaba ocupada con el wedding planner, así que escribirle no era una opción en ese momento. Tenía muchas ganas de escucharla y de enterarse sobre las noticias de su boda. Ella no se escuchó para nada emocionada cuando mencionó que tenía una cita parar recorrer un salón del Hotel Fiahlo. Él tenía que ser sincero, luego de los últimos y dramáticos acontecimientos, con más razón solo pensaba en casarse con ella. El lugar era un detalle. Por supuesto que deseaba una boda mágica que recordar durante el resto de su vida, pero hasta un bar de mala muerte podría ser mágico con ella. Así que, en la actualidad, pasaba los minutos pidiéndole al cielo que Emma encontrara un lugar acorde a lo que ella había soñado. Colin ya sabía que ese lugar no se hallaba en el hotel de su madrina. Y hablando de su madrina, que esta jamás se enterara de que su hotel había sido tomado en cuenta y a la vez descartado.

Sacó dos galletas más del paquete cilíndrico, que estaba sobre su pecho, y las metió a su boca, a continuación, siguió deslizándose por la web de noticias. Entonces, Mónica entró al cuarto buscando café de la máquina. Ambos se ignoraron. Lo típico, lo de siempre. Ella, siendo honesta, no podía creer que él se iba a casar. Lo había conocido hacía cinco años, hacía cinco años Colin era una celebridad en todos los departamentos de ciencias, no solo por su familia, no solo por su apellido, sino por sus campeonatos de ajedrez y de química. El asunto con él es que sabía destacarse. Todos estaban ahí porque eran buenos, porque habían sobresalido, pero él tenía algo que ella siempre había odiado, un no sé qué que les encantaba a los maestros, un no sé qué que les cautivaba al hablar, un no sé qué que no podía descifrar. Quizá solo era un hombre blanco y rico. Daba igual, porque lo odiaba, y aún no podía creer que alguien estuviera lo suficientemente cuerda para amarlo hasta el punto de querer casarse con él.

Colin sacó otra galleta, escuchando de fondo cómo Mónica recogía su taza llena y se marchó con un portazo. Miró la puerta. Era un milagro que ella siguiera sin protestar por la semana libre que le había dado Cohen. Que sus colegas se enteraran de su boda había sido el inicio de un fastidio. Brice la mencionaba cada vez que se acordaba. «Oschner, ¿estás preparado para dar el para toda la vida?»; «Oschner, ¿han pensado en tener hijos?»; blablablá. Le daba la impresión de que Brice y Kurt deseaban ser invitados, ya saben, para comer y beber.

Tomó el paquete y lo arrugó en su mano, aún le quedaban galletas para más tarde. Iba a disponerse a regresar a su lugar de trabajo cuando una llamada inesperada apareció en su pantalla.

Jake Miller.

Virgen María.

Soltó el paquete y se sentó derecho en el sofá.

Joder. ¿En qué momento se había convertido en la clase de persona que busca, por todos los medios, evitar en lo posible a su suegro? Porque él hasta evitaba respirar cerca de este.

—Hola —contestó.

—¿Puedes hablar? —Sabía que las probabilidades de escuchar de la boca de Colin que estaba ocupado eran de 99 sobre 100, pero, así mismo, sabía con certeza que ese era el único momento del día en que Emma no estaba cerca.

—Claro, sí.

Podía, pero no quería.

—Emma me bloqueó.

—Eh, sí, eso me dijo.

—Y sus hermanos temen que los termine bloqueando a ellos también.

—Eh.

—Escucha, estoy pasando un mal momento.

—Puedo imaginarlo. —En serio—. Yo nunca deseé que esto pasara. Lo siento.

—Sé que nunca lo deseaste, por eso nunca se lo contaste.

—Me duele, más me duele que todo esté sucediendo poco antes de nuestra boda. A Emma le lastimó que le hayas ocultado la verdad por tanto tiempo.

—También le lastimó que yo te haya lastimado.

Colin no supo qué decir.

—Te llamo porque necesito que me ayudes. No fui hasta tu departamento a buscarla porque la conozco. No solucionaré nada mientras ella se encuentre alterada. Emma tiene sus fases. Se altera, se calma, lo piensa. ¿Puedes decirme en qué fase se encuentra ahora?

—Eh...—Era difícil decirlo. Él añadiría una fase en medio de la alteración y de la calma y la llamaría rabia—. Sigue dolida. Un poco calmada, tal vez, pero no sé lo que piensa ahora mismo. No creo que esté con ganas de perdonarte sin antes hablar al respecto, lógicamente.

—¿Crees que me perdone?

—Sí.

—¿De verdad? ¿Antes de la boda?

Bueno. Necesitaban ser realistas.

—Eso espero.

—¿Puedes hablar con ella?

—Eh... —frotó su barba con una mano.

—Si existe alguien que pueda ayudarme a solucionar esto lo más rápido posible ese alguien eres tú. Me arrancó de su lista de invitados, no me quiere ver, y yo necesito verla de blanco, verla en vivo, no por fotos. Sé que estuvo mal haberlo ocultado, y por tanto tiempo. Sé que estuvo mal haberte lastimado desde un primer momento. Pero Colin —hizo una pausa. Colin pensó que su suegro se pondría a llorar—, lo siento.

—Ya nos perdonamos hace tiempo.

—No. Tú estabas enojado porque oculté la verdad por demasiado tiempo.

—Bueno, sí... Está bien, Jake —suspiró en silencio.

Si había algo que no soportaba era a su suegro arrepentido, era una nueva forma de fastidio, es que el hombre parecía que no creía merecer el perdón, su voz se debilitaba, y, si fuese un perro, de seguro sus orejas caerían en señal de súplica.

—¿Puedes hablar con Emma? Esta noche.

—Sí. Pero tienes que saber que hablé con ella la noche siguiente, le di mi opinión que, en pocas palabras, se basa en que debería perdonarte —contó, y de pronto recordó lo mucho que ella había llorado por la estrellita de los dos—. No es sencillo.

—Sé que no, por eso te llamé.

—Hablaré con ella esta noche.

—Gracias.

—Jake —pensó bien en sus palabras—, bajo todo su enojo, tú sabes que ella está sufriendo porque te ama, porque quiere tenerte en la boda, pero está dolida. No pienses que te odia, al contrario, te ama lo suficiente para sentirse de esa manera. Hablaré con ella esta noche, a ver si accede a reunirse contigo.

—Hijo —resopló—, yo solo quiero verla bien.

—Lo sé. Esto tiene solución. No te preocupes.

—Gracias. No sé qué más decirte.

⠀⠀⠀

Cuando de noche llegó a su depa, vio a Estela cruzar la sala en dirección a la recámara.

—Hola, cosita blanca —dijo, mientras se sacaba los Nikes junto a la puerta.

Abandonó su mochila en el suelo y se asomó a la cocina solo para comprobar que ella no estaba haciéndose cargo de la cena. No había más que un vaso turqués recién lavado. Caminó por el corto pasillo, y, a pasos de la puerta abierta, pudo escuchar cómo la ducha se acababa de cerrar. Colin entró al cuarto, donde la gata sagrada ya estaba acostada entre las almohadas de la cama, la puerta del baño se encontraba entreabierta. Había planeado toda la situación. Iban a cenar lo que sea; iban a hablar sobre la boda, sobre el lugar, todo eso que la inquietaba; y, después, él iba a sacar el tema, iba a iniciar preguntándole «¿Has hablado con tu familia?» e hilaría el resto hasta acabar en el tema central que era el perdón a su papá.

—Querida, ya llegué —le bromeó con una voz exageradamente aguda, se desabrochó el reloj, junto a su lado de la cama, y lo colocó en la mesita.

—Bien —contestó.

Colin miró el techo.

—Te mandé un mensaje preguntándote qué quieres cenar.

—No quiero cenar.

Colin tomó aire, preguntando:

—¿No tienes hambre?

—Tengo que entrar en un vestido.

Suficiente.

Él no podía fingir más, ella no estaba bien, y no iba a permitir que esta tejiera ese pensamiento en su manta de problemas. Hacía demasiado tiempo que ella no lanzaba un comentario en contra de su propio cuerpo. Odió escucharla decir eso. Iba a abrir la puerta del baño, pero Emma la abrió primero, saliendo de ahí con una toalla blanca alrededor de su cuerpo.

—¿Qué es eso de que debes entrar en un vestido?

Si no se encontraba tan enojado por eso se hubiese dado cuenta de que ella había estado llorando en la ducha. Si no se encontraba tan preocupado por eso se hubiese dado cuenta de que ella solo necesitaba una pregunta como esa para estallar.

—¡Sí-í! —Su voz subió y bajó, patinó, medio furiosa con ella misma, medio arrepentida por levantar su voz frente a él. Se miraron, entonces, él pudo darse cuenta—. ¡Todo es un desastre y lo último que me falta es no entrar en mi vestido, y, así como van las cosas, no me sorprendería que eso pasara porque el mundo me odia!

Colin la tomó de la mano y miró mejor esos ojos rojos e hinchados. Emma se había lavado el cabello, lo tenía recogido, su cara perfectamente limpia estaba roja al igual que su nariz. Y comenzó a llorar otra vez, porque eso era todo lo que había querido hacer desde que se puso a recorrer ese estúpido salón de hotel.

—Es un desastre —repitió, rindiéndose a su lamento.

Él retrocedió hasta la cama, donde se ubicó en la orilla, y la sentó de costado sobre su regazo, y le permitió volcar sus lágrimas mientras la abrazaba. Ahora él se sentía mal.

—Perdón si te hice sentir que estás sola en esto, es que, con el wedding planner, todo parecía resuelto. No sabía que te sentías tan agobiada —la sujetó de la nuca.

—Odio los malditos salones —sollozó, con la barbilla hacia abajo, llorando con los ojos cerrados—. Solo faltan veinte días y todo está patas para arriba.

—Corazón, esta semana lo tendremos resuelto. —Parecía el momento en que decía que siempre podían casarse en el jardín de la casa de ella, pero la conocía tan bien, pero no se le ocurría cómo podría reaccionar, no quería empeorarlo. Miró las rodillas de ella y se dio cuenta de que tenía un raspón en la derecha—. Mi nena se lastimó.

—Me caí en la entrada del hotel. Ya te dije que el mundo me odia —se secó las lágrimas con sus manos—. Casi quiero cancelar todo y casarnos a solas en un juzgado con un testigo que no conocemos.

—Cualquier plan que venga de ti está bien para mí, pero sé lo ilusionada que estás por tener una boda soñada, bueno, no eres la única ilusionada, sabes. No es el fin del mundo... ni el mundo te odia, es más, me encuentro seguro de que, en la historia, nunca se ha planificado una boda sin algún que otro desespero —le acarició dulcemente la nuca con un pulgar, buscando tranquilizarla con palabras y caricias—. Aquí necesitamos soluciones. No podemos sentarnos en la cama a quejarnos, bueno, sí podemos, pero solo un rato. Podemos empezar diciendo que mañana elegiremos nuestros anillos, eso ya lo teníamos planeado —entrecerró un ojo, buscando hacerla recordar la charla que tuvieron al respecto antes de dormirse anoche.

—Sí.

—Saldré media hora antes del almuerzo y nos encontramos en la joyería, después iremos a comer juntos. Y ¿sabes qué? Llamaremos a Eugene para que su tía nos case... si estás de acuerdo.

—¿En serio? —Sus ojos brillaron por... todo. Desde el hecho que él saldría temprano hasta lo de la tía de Eugene—. También quiero que su tía, que no conocemos de nada —No pudo evitar sonreír de la gracia. Colin le sonrió, acariciándole la mejilla mientras se miraban— nos case, pero no sabía cómo decírtelo. ¿Crees que a Eugene le guste la idea?

—Creo que a Eugene le gustaría que no te preocuparas más por quien oficiará nuestra boda espiritual. Hablaré con él mañana. Y, si su tía no puede, entonces, le pediremos el favor de que nos recomiende a alguien. ¿Ves? Otro problema casi solucionado —le apretó la pierna y le sonrió. Emma sonrió también, con sus mejillas absorbiendo sus lágrimas, había parado de echarlas, se estaba comenzando a calmar de a poco—. Con respecto al lugar, ¿tu familia no era socia de un club social en Los Ángeles?

—Sí. Mi tío Jamie juega golf ahí.

—¡Muy bien! Tenemos una nueva opción.

—Cole.

—Mi amor.

—Perdón si te hice sentir que das poco.

—Solo quiero que recuerdes que somos un equipo y que no debes agobiarte sola. Llámame y nos agobiamos juntos —bromeó, y ella rio, ganándose un beso sonoro en la mejilla.

—Te amo fuerte.

—Te amo bien.

—Y la verdad es que sí tengo hambre.

—Por supuesto que tienes hambre, por eso ahora me dedicaré a darte de comer, porque mi nena linda debe llegar fuerte al día de nuestra boda. Ya sé. Prepararé emparedados de lo que haya en el refri —Rieron, viéndose—, y comeremos en nuestra cama.

—Esteli no comió todavía.

—También abriré una lata para Esteli y los tres comeremos en nuestra cama.

—Como un picnic.

—Porque un picnic nocturno sobre nuestra cama es lo nuestro.


«Llámame y nos agobiamos juntos» <3 

Les diría que esa es de mis frases favoritas de Colin Oschner, pero, siendo completamente honesta, cada cosa que sale de la boca de ese hombre, y en especial cuando se dirige a Emmy, es mi frase favorita de él <3 Todo lo que dice se ajusta exactamente a la situación que a veces no puedo creer que yo lo parí <3 ORGULLOSA ORGULLOSA DE ESTE NENE HERMOSO.

Una palabra: drama. Colin no tuvo oportunidad de mencionarle el asunto a Emma, mientras tanto, mi bebé trata de seguir sonriendo</3 El brunch con Gennie me partió el corazón. Ojalá Emmy supiera que no necesita sonreír todo el tiempo. 

Por otro lado, el hotel Fiahlo fue un rotundo no.  ¿Dónde se imaginan la boda?

Y baaaam, aparece la tía de Eugene para salvarnos a todos, ¿o no? ¿Qué opinan? ¿Teorías sobre quien terminará oficiando la boda más importante de todos los tiempos?

¿Cole le hablará a Emmy sobre Jake?

No soy de dar adelantos, pero en el próximo capítulo esperen una joyería ;)<3

Antes de irme, quiero pedirles que no se olviden de votar<3 Siendo honesta, me pongo un poco mal cuando veo que no lo hacen (¿Solo un poco, Anahí?) así que gracias si lo haces<3

lxs quiero muuuuuuucho.

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