38: La Estrella
Emma cargaba a Estela en sus brazos mientras recorría el jardín del Hotel Hamilton.
—Hermoso lugar para dar el sí, ¿verdad? —Dave subió las escaleras de una romántica glorieta blanca rodeada de plantas de buen estilo.
Emma inspeccionó visualmente a la glorieta, después miró a un grupo de huéspedes que estaban tomando el té en el jardín, con un acento británico hablaban sobre negocios.
—No te preocupes que cerraremos el jardín para ese día —le dijo una mujer del hotel a Emma. Estaban recorriendo el escenario de la boda con la encargada de eventos del Hamilton—. Será una boda íntima, sin extraños alrededor.
Emma largó un suspiró, acariciando la cabecita de Estela.
—Bueno, Vilma —Dave se refirió a la mujer—. Necesito un momento a solas con mi linda novia —sacó un pañuelo blanco de su bolsillo y se lo pasó a Emma. Emma se secó las lágrimas en silencio, sin llamar la atención. Dave tomó asiento en un escalón de la glorieta y palmó con su mano, invitándola a sentarse a su lado.
Emma se sentó con Estela en su regazo.
—Odio este lugar.
—Lo sé.
—¿Crees que puedas encontrar otro?
—Por supuesto. —No sabía cómo entrar en esa conversación—. Emma, quiero ser sincero contigo, no me gusta trabajar con novias tristes. Tenía dos novias más esperando firmar contrato conmigo para la misma fecha, pero tú me hechizaste cuando entraste a mi despacho. Nunca he trabajado con una novia que no quisiera casarse, todas siempre han llegado ilusionadas hasta mí, pero tú te manifestaste un entusiasmo fuera de lo común, por eso decidí trabajar contigo. Tu alegría se contagia..., y tu tristeza también. Pero no se trata de mí, sino de ti, todo aquí se trata de ti. Necesitas recobrar esa alegría con la que llegaste a mi despacho, y solo tienes dos opciones, querida. Perdonas a tu papá o no.
»Me contaste que habías hecho con Colin, en broma, una lista de pros y contras de casarse. Este es el momento en que utilizas esa herramienta de verdad. Haz una lista de pros y contras de perdonar a tu papá. Pregúntate qué es lo peor y qué es lo mejor que podría pasar si lo perdonas o no lo perdonas. Pregúntate si puedes tolerar los posibles desenlaces. Pregúntate cómo te sentirás si en unos años abres tu álbum de boda y él no está en ninguna foto.
—Me sentiría fatal —admitió en voz alta.
Hacía menos de 24 horas no podía imaginarse un escenario donde no estuviera su papá, y ahora se suponía que debía caminar hasta Colin sin él. En medio de su furia del día anterior, se había imaginado caminar del brazo de su tío Jamie, quien definitivamente era su otro papá, pero se dio cuenta de que tener ese plan no la consolaba para nada.
—¿Y podrías tolerarlo o es algo que tu mente no soportaría?
Emma se quedó callada, pensando.
—He soportado mucho dolor en mi vida.
—Ajá...
—No puedo perdonarlo —se cerró a su idea. Rodeó a Estela con sus brazos, lamentándose con ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué tuvo que hacerlo? —. No puedo hacerlo. Me hirió, me mintió, pero no se trata de mí, perdonarlo sería traicionar a Colin.
—¿Quién lo dice? ¿Colin? —la miró.
A decir verdad, era poco usual que las novias con las que trabajaba tuvieran problemas personales en medio de los preparativos de la boda, pero, en casos extraordinarios como este, intentaba aportar algo bueno cuando creía conveniente. Para eso le pagaban, ¿cierto? Para planear una boda y para ser el pañuelo de la novia. Además, tenía un diploma de coaching.
Emma entreabrió su boca, dudó en su respuesta.
—N-no. Él..., en realidad —tomó aire—, él me pidió que perdonara a mi papá.
—Entonces, todo depende de ti. Eres tú la que debe decidir.
—¡Es que no puedo creer que lo haya mandado al hospital!
Hacía un instante atrás, Dave no tenía idea de cuál era el problema específicamente, trató de no verse sorprendido al escuchar lo siguiente:
—Si no llegaba Bia a detenerlo lo hubiese mandando al coma. Lo conozco, demonios, es una bestia, y Colin es un ángel que no hubiese contraatacado ni teniendo la oportunidad de hacerlo. Esto es imperdonable. No puedo tolerar que maltraten a Colin, ahí tienes mi respuesta. No puedo tolerarlo. No puedo tolerar la idea de Colin malherido en el hospital por culpa de él. Que me hieran a mí es una cosa, pero Colin es intocable. ¡Diablos...! —masculló, hundiendo sus dedos en su cabello, y estirándose de los mechones—. Me convierto en otra cuando lo tocan. Siento como todo mi cuerpo se calienta de rabia y solo quiero golpear a quien lo agreda.
—Vaya... —Dave no supo qué decir, pero Emma se adelantó antes de que él pudiera encontrar su respuesta más sabia.
—No quiero casarme aquí —regresó al tema que los llevó hasta el Hamilton. Se dio cuenta de que, si buscaba hablar con alguien, ese debía ser Colin, sin embargo, las palabras de Dave la sostuvieron como pilares de mármol, y estaba decidida a tenerlas en cuenta.
—Podemos encontrar un mejor lugar.
⠀⠀⠀
Colin abrió la puerta del depa, encontrándola acostada en el sofá con una camiseta gris de él, de Queen, y nada más que una braga de algodón. Él le sonrió.
—Hola —dejó sus cosas en la puerta y se acercó a ella, con una aparente caja de comida precocinada, le dio un beso en los labios—. Compré lasaña de carne para cenar.
Emma siguió mirando La teoría del Big Bang en la tableta de él.
—Bien —contestó sin darle importancia.
Colin se dirigió a la cocina, diciendo:
—Me encargo de terminar de cocinarla.
—De acuerdo. —La voz de Sheldon se escuchaba más fuerte que la de ella.
—¿Fuiste a comprar ropa? —preguntó, encendiendo el horno.
—Sí.
Con sus dos manos, él sujetó el borde de la bandeja de lasaña, mirando hacia arriba. No sabía si señalar el evidente estado descolorido de ella o si fingir que se había golpeado con un poste en el camino a casa y perdió esa parte de su memoria que la conocía de arriba abajo.
Prosiguió a meter la lasaña en el horno.
—Corazón, te doy la más grande responsabilidad de vigilar la lasaña mientras me baño —le informó, parado frente al sofá, con sus manos en sus caderas.
—No te preocupes. —Ella ni lo miró, estaba metida en la pantalla.
Entonces, él se dirigió a la recámara, donde estaba encendida la lámpara de lava y la lámpara de noche. Estela estaba acostada sobre la cama, acicalándose.
—¡Hay una niña rebelde en nuestra cama! —gritó, desabrochándose el reloj.
—¡Dice que también es su cama! —respondió Emma desde la sala.
Colin sonrió, dejando su reloj sobre la cama, y se sentó a acariciar a Estela.
—¿Cuidaste a Emmy hoy? Imagino que sí —le dio un beso.
A continuación, entró a bañarse.
Respiró hondo varias veces. Odiaba lo que estaba pasando. Incluso, por un instante, se sintió arrepentido, pero inmediatamente recobró postura; por mucho que odiara el conflicto que se había armado, estaba tranquilo al saber que iba a casarse con su nena con un buen sabor en su boca. Sin mentiras, sin engaños, sin secretos. Sin embargo, no podía imaginarse una boda en la que no estuviera presente su suegro. Por favor, eran la más pura representación de una envidiable relación padre e hija. Emma necesitaba pensarlo mejor, pensarlo en frío, porque él no quería que pasaran unos años y que ella se sintiera arrepentida de no haber caminado del brazo de su papá. Le preocupaba que ella no cambiara de opinión y pronto. Le preocupaba haber arruinado la relación que ella tenía con su papá. Luchaba contra su impulso de sentirse culpable. Lo había mandado al hospital, pero necesitaban avanzar, aunque doliera el recuerdo. No quería ser la espina del arbusto, la sequía del verano.
No quería ser la traba que le impidiera a ella perdonar.
Se vistió con su ropa de entrecasa y se regresó a la sala, entonces, lo olió.
—Emma —se apresuró a la cocina—, no controlaste el horno.
Emma reaccionó, poniéndose de pie.
—¡Lo siento! —corrió hasta él.
Colin salvó la lasaña de la incineración, colocó la bandeja sobre una tabla, y soltó una mala palabra porque casi terminó quemándose la mano por la desesperación de salvar la cena. Emma se sintió mal. No había prestado atención al olor a quemado hasta que él apareció señalándoselo, sus ojos se aguaron por el sentimiento de culpa y porque Colin no respondió.
—Cole, lo-siento —repitió.
—Está bien, corazón.
No la miró, se distrajo buscando dos platos y un par de cubiertos. Había pensado que Emma pondría la mesa, pero, aparentemente, pedírselo hubiese sido demasiado en esa noche.
—Yo los llevo. —Emma le sacó los platos y cubiertos.
—Gracias —giró a buscar qué beber del refri. Tomó dos latas de Coca light, colocándolas bajo su brazo, y agarró la lasaña con una mano en un guante de cocina. Puso la comida en la mesa mientras Emma acomodaba los cubiertos meticulosamente—. Está bien. Me gusta mi lasaña bien cocida.
—Lo siento —habló con el cabello tapándole la cara, estaba mirando hacia abajo, a los platos. Joder. Quién querría vivir con ella si ni siquiera era capaz de atender una lasaña.
—No es nada. —Colin arrastró la silla hacia atrás y la señaló—. Siéntate, mi amor.
Emma tomó asiento, estirándose la camiseta de Queen hacia abajo como si fuera la falda de un vestido. Juntó sus manos sobre la mesa mientras lo veía cortar la lasaña.
—¿Cómo te fue? —preguntó ella para romper el hielo.
—Bien. Como siempre —le sonrió, poniendo una porción en el plato de ella, después pasó a cortar otra para él—. Pero mi día no tuvo nada de interesante, mucho de lo mismo, en cambio, sé de alguien que tuvo un día bastante interesante...
—Bueno —tomó el tenedor—. Fue un día agotador.
—Es que cargar a Esteli de aquí para allá...—bromeó.
—Me preocupa no hallar un lugar para la boda —partió la lasaña con su tenedor, pero no la comió—. Me preocupa que todavía no encontramos alguien que nos case. Me preocupa que llueva o que haga frío. Me preocupa que nada salga como me imagino —soltó el tenedor, y se tomó de la frente con sus manos, apoyando sus codos sobre la mesa—. Hoy Dave me dijo que me veo triste, y no quiero verme triste, quiero verme feliz, pero todo se desmoronó de un día para el otro, y me siento atrapada entre los escombros.
—Mi amor —la tomó de la mano—, lo del lugar y quien nos case no son un problema sin solución, además, tenemos suficiente tiempo para arreglarlo. Da igual si llueve porque nuestro wedding planner lo solucionará. Y... y yo quitaré esos escombros por ti.
—Dime qué debo hacer —lo miró, derramando lágrimas que se habían tardado en aparecer.
—No puedo decirte qué hacer, pero, si buscas mi opinión, creo que él es una buena persona que ya tuvo suficiente tiempo para arrepentirse. Me pidió disculpas en su momento, y yo las acepté porque lo entiendo. Emma, siento que yo sería capaz de hacer muchas cosas para defender a nuestros hijos. Realmente no sé cómo hubiese reaccionado en el lugar de tu papá.
—Él te lastimó —sollozó—. Y evitó que hablaras conmigo.
—Cariño...
—Me duele —susurró, abrazándose a ella misma, a su abdomen, agachó su cabeza mientras lloraba. Colin se colocó de cuclillas junto a la silla de ella y trató de consolarla con caricias en los brazos, piernas, rostro—. Quiero a mi bebé —lloró desconsoladamente.
Los ojos de él se bañaron de dolor, se levantó lo suficiente para abrazarla con fuerza, escuchándola llorar por su pérdida como nunca antes la había escuchado. Ella estaba sangrando en una herida que aún no podía cicatrizar. Quizá la herida necesitaba que le llorara más antes de cerrarse o quizá ella debía aprender a vivir con su herida abierta. Él siempre había creído que ella manejaba mejor la situación hasta que la escuchó en ese momento.
—Quiero que lo devuelvan a mí. Colin —suplicó... en vano.
Nadie podía devolvérselo.
—Quisiera poder hacerlo —le susurró él.
—¡Perdón! —se lamentó.
—Perdóname tú a mí —le acarició entre el cabello.
—Te amo mucho —lo sujetó de la cara, rodeándolo con sus manos, y le dio besos desesperados en los labios—. Tendremos bebés, tendremos más bebés, y se parecerán a ti, y seremos una familia feliz, pero lo seremos de verdad. Y en algún momento esto dejará de doler —sollozó, hundiéndose en llanto otra vez.
En algún momento iba a dejar de doler, pero ese momento no era ese ni estaba cerca. Se cubrió la cara con sus manos, no entendiendo otra cosa más que su llanto. Colin regresó a abrazarla.
—Te amo mucho más —se ingenió para cargarla, y caminó hasta el sofá. El hambre de él se había cortado y podía jurar que el de ella también. Se sentó en el sofá, poniéndola sobre su regazo, y la meció buscando consolarla con su amor—. ¿Alguna vez te has puesto a pensar en dónde estará? Porque yo sí. Me gusta pensar que está en las estrellas. Eso me consuela lo suficiente. O tal vez no está en las estrellas, sino que es una estrella. A veces pienso y solo puedo pensarla como ella. Tal vez solo sea mi deseo de tener una niña o no sé. También creo que se hubiese parecido a ti. Yo hubiese sido el hombre más feliz del mundo. Hubiese sido el hombre más feliz del mundo siendo su papá. Las hubiese cuidado mucho, a las dos.
—Debía llevar nuestros anillos —estrujó la camiseta de él.
—Sí —le dio un beso en la frente. También podía imaginarla llevando sus anillos—. Te prometo que tendremos más bebés, y se parecerán a quien deban parecerse, y seremos una familia feliz de verdad, y, cuando sea el momento, ellos sabrán de esto, de cuanto nos ha dolido perder al primer integrante, y, con más razón, sabrán de cuanto son amados y de cuanto hemos anhelado tenerlos.
»Te prometo amar y cuidar a los que vengan haciéndole honor. Te prometo que amor nunca faltará en nuestra familia. Lo prometo, Emma. Intentaré ser el mejor esposo para ti, porque no te mereces menos, e intentaré ser el mejor papá cuando sea el momento. Jamás tendrás que pedir mi atención porque la tienes, me tienes. Te amo, y pasarán los años, y seguiré preguntándome si estoy en mi más lindo sueño cada vez que me acuesto a dormir contigo. Oré para que llegues hasta mí, y eres la única razón que tengo para creer que existe un Dios y que a veces me escucha. No te conocía, pero oré para que llegaras hasta mí.
Emma lo vio a los ojos, acariciándole la fina barba.
—Soy feliz porque seré tu esposita —habló con la voz raspada.
Colin esbozó una sonrisa y le dio un beso en la punta de la nariz.
—Mi nena linda...
—Me hubiese encantado llegar antes —susurró.
—Yo creo que llegaste justo a tiempo para enseñarme sobre el amor del bueno.
—Tu amor del bueno me hace bien.
—Tu amor del bueno me da calma.
—También creo que es una estrella —dijo ella.
—¿Sí?
—Sí.
—Por eso no podemos devolvértela. Su lugar se encuentra en el centro más brillante del cosmos. Tal vez era demasiado para este planeta.
—¿Dices que llevé a un ser celestial en mi vientre?
—Digo que estoy orgulloso de que seas mi nena.
Emma se limitó a darle un beso en el pecho. Ella no podría explicar el sentimiento de orgullo y felicidad que le provocaba que él fuera su Cole.
Su dulce, sensible y fuerte Cole.
—¿Eres mi princesa guerrera?
—¿De quién más sería?
∞
Hola, hola, hola.
<3<3
A que no esperaban actualización. ¡¡Feliz fin de semana!! <3
A decir verdad, escribo esto bastante cansada, creo que esta semana ha sido la más pesada desde que empecé el semestre, pero feliz porque todo va bien en ese ámbito<3 Espero que a ustedes también les esté yendo bien, y, sino, recuerden que un examen o un curso siguen siendo menos importantes que tu paz mental. Consejos random que no son random de su escritora.
EN FIN, VAYAMOS POR LO QUE VINIMOS.
Cómo le lloré a este capítulo escribiéndolo no tiene nombre ni apellido. Le sufrí, le lloré, pero al final me enorgullecí con todas las letras. Simplemente lo amo!! y espero que ustedes también lo amen al menos un poco <3 Ya Colin lo dijo, es la primera vez que leemos a Emma completamente desmoronada por ese tema. Pero nos hace tanto bien leer que tienen una visión a futuro tan bonita <3
Cuéntame cómo te has sentido con este capítulo !!!
Además, el problema con el papá Miller persiste, y Emma parece decidida a no perdonarlo. ¿Qué dicen ustedes? ¿Lo perdonará o no? ¿Encontrarán otro lugar donde casarse?
No deja de ser importante el hecho de que: EMMY ESTÁ TRISTE PORQUE SU BODA NO ESTÁ SALIENDO COMO ESPERABA. ¿Habrá luz al final del túnel?
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top