37: Verdes, blancos y rojos
Colin condujo a Beverly Hills después de la universidad.
Compró una hamburguesa en la ventanilla del AutoMac, y comió mientras conducía. Había hecho un pedido de cupcakes especiales para Emma, y la pastelería se lo había acercado amablemente hasta el campus. Brice había creído que los compró para todos ellos, como buen compañero. Grande había sido su decepción cuando Colin lo aclaró.
—Son para mi novia.
—¡Bah! —Cohen lo había escuchado desde su oficina—. Ella no es la que te soporta más de 12 horas al día.
—Es cierto —dijo Mónica—, por eso se casa con él.
Mónica no había hecho ni un solo comentario sobre la boda hasta ese entonces, al menos no frente a Colin, y Colin decidió ignorar, sobre todo porque los demás rieron al tomarlo como una broma entre colegas. Él sabía que no era una broma entre colegas, pero podía fingir que no conocía a Mónica.
Estacionó su Benz frente a la casa, hizo una bola del papel que había envuelto a su hamburguesa, y tomó la caja amarilla con cupcakes dentro. Llamó a la puerta como un visitante cualquiera, es que estaba ahí de sorpresa.
Jeffrey le abrió.
—Señor Colin —dijo.
Ya.
¿Señor? ¿En serio?
Colin entró a la casa, diciendo:
—Hola. Vengo a ver a Emma.
—Emma no se encuentra.
—¿Qué?
Ay mierda.
—¿Sabes si regresa? —sacó su celular para escribirle a ella.
Joder. Esperaba que no se encontrara en el depa. Se hundiría en frustración al saber que ella fue hasta él y él hasta ella. La amaba y demasiado, quería sorprenderla hasta el llanto, pero también le dolía la espalda del cansancio y conducir no era su actividad favorita. Debió haberle mandado un mensaje para asegurarse de que estaba en casa.
«Eres un genio, Oschner».
—No sé. . .
—Colin, ¡hijo! —Jake bajó las escaleras al oír su voz justo después del timbre de la casa.
Colin no tuvo oportunidad de enviar el mensaje, ya que Jake le dio un abrazo, volviéndolo histérico en un segundo. ¿Que no se dio cuenta de que estaba cargando una caja? ¿Que no era evidente de que se trataban de frágiles cupcakes con glaseado?
Menos mal, los cupcakes salieron ilesos.
El buen humor de Colin no corrió la misma suerte que ellos.
—Hola —dio un paso atrás después de que lo soltara—. Emma no está en casa. Ya me enteré.
—Pero no debe tardar en llegar. Siéntate —lo invitó a la sala.
—Prefiero averiguar dónde está e ir con ella —retrocedió hacia la puerta.
—Cole, hola —le saludó Gael. Había escuchado la voz de Colin desde la cocina y quería comprobar que no estaba enloqueciendo—. Cupcakes para tu prometida, ¿eh? —señaló.
Colin dijo «Gracias» en su mente porque Gael sí sabía cuidar cupcakes. Ni se acercó.
—Sí, para mi prometida —remarcó con su voz.
—Emmy está con Carla —comentó.
—Ya veo. ¿Salieron juntas?
Debió preverlo.
—La llevé al depa de Carla por la tarde.
—Está bien. Entonces me toca conducir a WeHo.
—Que te vaya bien. —Gael regresó por dónde llegó, pero no pudo evitar frenar y esconderse para escuchar lo siguiente:
—Colin, espera un segundo. —Jake lo detuvo, acercándose a la ya puerta entreabierta por la que Colin intentó escaparse—. Te conozco.
Colin frunció su ceño, diciendo:
—No. No me conoces para nada.
—Sé que tramas algo —apuntó los cupcakes.
¿En serio?
—No me conoces porque, si lo hicieras, sabrías que me está enloqueciendo el hecho de que estoy a semanas de casarme con Emma, y vengo arrastrando una estúpida mentira de mierda, durante más de un año, porque tú no has sido capaz de decirle la verdad.
—¿Y por qué no se lo dices tú?
¿Qué maldita broma era esa?
—¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que se entere por mí que quisiste matarme?
—Estás exagerando.
—¡No! —se cabreó tanto que no se midió. Pero, joder, lo último que le faltaba en esa vida era que ese hombre minimizara el daño que le hizo. No iba a permitir que alguien más lo minimizara en su vida—. Vomité sangre, arrastré dolores por al menos tres meses. Me dejaste la cara morada y tuve que decirle a Emma que otro hombre me dio esa paliza, y no termina ahí, tuve que inventarle toda una estúpida historia de cómo ocurrieron los hechos, todo para que ella no te odiara.
—No sabía que guardabas tanto rencor.
—Claro que lo guardo. Demonios. Si me permitías hablar con Emma esa noche nada de eso hubiese pasado. Si me permitías hablar con Emma esa noche ¡ella y yo seríamos padres en este momento! —De pronto, comenzó a ser consciente de cuánto le dolía la mandíbula por el estrés—. Ya... —respiró—. He dejado de buscar culpables más allá de esos animales, pero sí tengo rencor y sí te tengo rabia, porque tú actúas como si no hubieses hecho nada malo.
Ya sabía que Colin le tenía rabia. Ya sabía que guardaba rencor. No era un tonto, solo actuaba como uno, bueno, decir que actuaba como un tonto tampoco era la descripción más acertada, más bien, actuaba como una persona con demencia senil que había olvidado lo que había hecho hacía un año. Fingir demencia le había dado cierta armonía interior.
—Se lo diré —aseguró.
Emma abrió la puerta en su totalidad. Los miró.
Sus rodillas temblaron como en una gélida noche de invierno. Que alguien se apiadara y la despertara antes de que fuera demasiado tarde; antes de que la parálisis terminara por ahogar su alma en los charcos de su propia cama; antes de que la mentira personificada la agarrara de los pelos y la embistiera contra el suelo. Esperó un segundo, dos, y el agua se aclaró. La engañaron, todos lo hicieron, estaba segura de que todos lo hicieron. Le dolía respirar.
Colin reaccionó, la tomó del brazo con suavidad, sin tener idea de qué otra cosa hacer, el primer roce bastó para que Emma despertara en su totalidad.
—¡¡Cómo pudiste!! —se acercó a su papá gritando.
Gael se inmutó, respondió acercándose a ellos tres.
—Emma...—Jake sintió rabia como si Colin fuese el culpable de que él escondiera la verdad por tanto tiempo. En su vida no sabía cómo reaccionar ante dos situaciones. No sabía cómo reaccionar al ver llorar a Hol y no sabía cómo reaccionar cuando su florecita chispeaba en furia contra él cuando estaba en el derecho de hacerlo.
—¡Lo lastimaste! —recalcó y lo empujó, bueno, no lo movió, y eso le provocó mayor coraje. Comenzó a darle golpes a su papá, con sus palmas, en el pecho, en el abdomen, en los brazos, en donde podía hacerlo. Golpes y más golpes.
Lo odiaba.
La caja de cupcakes besó el suelo.
Colin la sujetó, la inmovilizó, pero Emma consiguió lanzar una patada que no llegó hasta su papá.
Gael trató de intervenir:
—¡Basta! ¡Emma, es tu papá!
—¡Es un animal! —gritó, tratando de sacarse a Colin de encima.
Emma luchó, luchó contra los brazos que la aprisionaban, pero en ese momento se hizo visible la manera en la que Colin siempre la dejaba ganar cuando jugueteaban en el sofá. Se rindió, frustrada, cansada. Sintió como su energía bajó de la misma manera en la que había subido. Lloró, sujetando los brazos que la abrazaban, mandó su cabeza hacia atrás, recostándose en el pecho de Colin. Él se dio cuenta de que ella había perdido su potencia, entonces, aflojó sus brazos.
—Está bien —le susurró al oído.
Emma se apartó de Colin, y apuntó a su papá.
—No te quiero en mi boda.
—Emma... —dijo Gael.
—¿Dónde está Estela? —se aceleró.
—Florecita... —Jake necesitaba que lo escuchara.
¿Cómo que no lo quería en su boda?
¿Cómo que dónde estaba Estela?
¿En qué más estaba pensando?
—No me llames florecita —masculló—. No me llames, y punto.
Gael recogió a Estela, y Emma se la sacó rápido.
Colin tomó su caja del suelo.
—Emma... —dijo Jake, siguiéndola por el sendero del jardín delantero hacia la Benz.
—¡No te quiero! —exclamó, girando a verlo.
Jake tuvo un flashback. Recordó a esa niña mimada de cuatro años que gritaba «¡No te quiero!» cuando su adorado pa no le daba lo que quería. Lo gritaba con el enojo inocente por no obtener una barra de helado, pero, casi 20 años después, ese grito no tenía nada de inocente. No lo quería de verdad. Lo odiaba, él lo sentía, porque esa florecita tenía la capacidad de elevarlo con su amor, pero, así también, podía sepultarlo de dolor.
—Florecita. . . —sus ojos se pusieron lacrimosos.
—¡No te quiero en mi boda! —repitió—. Cole, sube a la camioneta —le ordenó. Incluso en medio del pleito podía ver que su amor, Cole, no sabía qué hacer. Abrió la puerta del acompañante, y regresó a mirar a su papá una vez más—. No me busques. No me llames. ¡No te molestes en aparecer en mi boda porque pondré seguridad para que te eche a la calle si lo haces!
Subió a la Benz y dio un portazo frente a la mirada de él.
—Conduce, Cole —pidió con suavidad.
Colin tomó aire, mandó su caja de cupcakes al asiento de atrás, se abrochó su cinturón y condujo lejos de la calle Canon, mirando, a través del retrovisor, cómo Gael se acercaba corriendo a Jake. Su suegro se había quedado parado en la acera viéndolos marcharse. No supo qué decir, así que se quedó en silencio, y ella también, entonces, ambos pasaron cinco minutos a puro silencio hasta que Estela maulló.
—Cole —dijo Emma.
Colin no la miró, apretó fuerte el volante. Estaba pálido y tenía la boca seca. Lo mejor que podía hacer era no desconcentrarse del camino.
—No quería que esto pasara, Emma.
—Detente aquí —pidió, señalando a un lado de la calle.
Él encostó la camioneta y puso la luz intermitente. Ella lo abrazó y acogió el suspiro de él sobre su pecho, le dio un beso en la mejilla. Él se resistió para no llorar, cerró sus ojos con fuerza, escuchando los susurros de ella:
—Debiste decírmelo. Debiste decírmelo hace tiempo.
—No se me ocurrió hacerlo —confesó, y la miró a la cara con unos ojos rotos—. No se me ocurrió hacerlo porque no quería que esto pasara; no quería que odiaras a tu papá; no quería quedar como la víctima; no quería quedar como el que se esconde bajo tu falda, Emma.
—Cole —su cara se transformó en una mueca de llanto, se puso a llorar de nuevo, abrazándolo con más fuerza—, lo siento tanto —sollozó en el hombro de él, aferrándose a la camiseta blanca, a la piel de él, con sus dedos como anzuelos—. Te amo, te amo, te amo tanto. No debías pasar por eso. Cole... —se miraron, y le acarició la línea mandibular—, tu carita —recordó el morado que la había teñido hacía un año—. Lo siento tanto.
—No lo hagas —la tomó de la mano y le besó el infinito—. Si existe un culpable esa no eres tú, así que no me pidas perdón, corazón. No quisiera que pasaras tu vida lamentando esa situación, no quisiera que pasaras tu vida con rencor, con rencor hacia una persona que daría su vida por ti, Emma. No lo odies. Hizo lo que pensó que debía hacer para protegerte. Todos tomamos malas decisiones. No lo odies... Por favor.
—¡Casi te mata! —se alteró. ¿Cómo podía pedirle que no le tuviera rencor? —. Está completamente loco. ¿Cómo pudo haberte golpeado hasta mandarte el hospital? Tienes que contarme todo lo que pasó ese día. No me ocultes nada más... ¡Por favor!
—Fui a buscarte y me encontré con él, eso pasó.
—Colin.
Colin respiró hondo, con los ojos cerrados, y empezó a decir:
—Te llevé un ramo de girasoles. Esa tarde pensaba aclarártelo todo. Fue el día en el que llegaste de Hawái. Yo estaba en Jamaica cuando vi en el Instagram de Gael que estabas regresando. Pensaba contártelo todo, Emma. Tenía la esperanza de que quisieras escucharme, pero me encontré con tu papá en tu ático, y no me permitió ni saludar. Me golpeó —hundió sus dedos en su cabello y se despeinó. Sintió un nudo en su garganta. Le dolía el alma. Los flashbacks de la paliza que recibió se hicieron insoportables para su mente y cuerpo. Comenzó a sudar bajo su camiseta. No se permitió llorar, se prohibió llorar—. Me echó al suelo y me insultó, me golpeó hasta que apareció Bianca y ella lo detuvo.
—Cole... —lo agarró de la mano. Imaginó el sonido exacto de su propio corazón quebrándose en dos partes iguales.
—Caleb me llevó al hospital.
—Pero ¿cómo pudo pasar? —se lamentó.
—J.J...—Dudó..., pero ella quería la verdad.
—¡Jay te golpeó? —se exaltó en su asiento.
—¡No, no! —Dios. No quería meter a J.J. en más problemas—. Lo encontré en el vestíbulo y me empujó a la calle, pero no me golpeó. En el hospital comprobaron que no me quebré nada, pero me dejaron internado por un día. Mi familia piensa que me asaltaron. No le dije la verdad a nadie..., bueno. . .
—¿Bueno?
—Salvo a Eugene y a Al.
—¿Ellos lo saben?
De pronto, comenzó a sentirse más y más engañada.
—Sí.
—¿Y el resto de mi familia también?
Era evidente que sí.
—Emma...
—¡No puede ser! —se sentó mirando el frente y se tapó la cara con sus manos, pensando en las enormes orejas de burra que cargaba. Todos se habían puesto de acuerdo para ocultarle la verdad, hasta sus propios amigos.
—Contéstame algo —miró hacia abajo, hacia el compartimiento de la Benz. No sabía cómo consolarla. Tanto tiempo preparándose para ese momento y ahora estaba en blanco.
Emma se destapó la cara y lo miró.
—Lo que quieras —dijo.
—¿Crees que me hubieses escuchado?
—Cole... —se hundió en llanto, inclinándose a abrazarlo.
—Te amo —cerró sus ojos con fuerza, permitiéndole a sus lágrimas recorrer sus mejillas. La abrazó más fuerte de lo que ella a él—. Lamento haberme dado por vencido después de eso. Lamento haber sido tan débil, Emma.
—¡Para! —suplicó.
—Ese día compré los girasoles más amarillos para ti.
—Yo los estaba esperando —recordó, sollozando.
—¿En serio? —le acarició el cabello, cerca de la nuca.
—Si te hubiese encontrado con esas flores se me hubiese caído el vestido.
Colin se secó las lágrimas, sin dejar de abrazarla.
—La vida tenía otros planes para nosotros, planes que nunca lograré entender.
—Tal vez no necesitamos entenderlos, solo soltarlos.
Y él pensó que esas habían sido de las palabras más sabias que ella le había dicho.
⠀⠀⠀
En medio del camino, Emma reparó que debía comprar alimento para Estela, así que pararon en una tienda. Colin bajó, mientras Emma esperaba en la Benz, y se puso a llorar otra vez. No podía borrar de su mente el cuerpo de él repleto de hematomas. Colin había hecho mucho para ocultárselos, no quería que viera el lila que lo teñía como lunares gigantes, pero, en una ocasión, Emma había entrado sin tocar donde él se estaba vistiendo, en el ático de ella, de esa manera se atragantó con el dolor de verlo así. Ella no había podido evitar decir algo.
—Colin, Dios —se había horrorizado—. ¿Qué te hizo ese tipo?
—Estoy bien.
No estaba bien, ahora ella lo sabía, porque esa misma noche habían cenado con su familia, y él debió actuar, como si nada hubiese pasado, delante del hombre que lo había golpeado hasta mandarlo a urgencias. Y ella no se lo iba a perdonar jamás. Había intentado matar al amor de su vida, a su alma gemela, a su amorcito, al muchacho a quien ella se había dedicado a darle amor porque estaba sobrepasado del odio de otros. No se lo iba a perdonar, al menos no en esa vida. Su corazón se hizo añicos, se secó como una uva. Estaba enfurecida con todos, con todos los que no fueran Colin.
Apagó su celular. Desapareció de ellos.
Se había metido con la persona equivocada, se había metido con la única persona que podía pedir, después de haber sido golpeada, que no condenaran a su agresor. Pero su defensa había llegado demasiado tarde, de hecho, nunca hubiese llegado suficientemente temprano.
Emma sentía que ni siquiera lo conocía.
⠀⠀⠀
Cuando llegaron al depa, Emma hizo lo posible por mantener una llama encendida.
—Esteli, mira tu nuevo hogar. Anda, descúbrelo —la bajó al suelo.
—No le quitaste los zapatos —dijo Colin, cerrando la puerta. Estaba cargando unas bolsas del supermercado y la caja de cupcakes. Emma volteó a verlo y se sonrieron—. ¿Crees que le guste? —preguntó él, sacándose los zapatos con sus pies.
—Claro que sí —se sacó sus sandalias e intentó ayudarlo con una bolsa, pero él no se la dio, caminaron juntos a la cocina—. Mi niña sabe adaptarse a cualquier situación.
—Como su dueña —puso las bolsas y los cupcakes sobre la barra.
—Exactamente. Como su dueña —sonrió, recostando sus codos sobre la barra, delante de él, quien se puso a sacar las compras de las bolsas—. Mmm. ¡Cupcakes!
—¿Cómo sabes que no son muffins? —apiló las latas de Estela.
—Porque prefiero los cupcakes —sonrió, mordiéndose el labio inferior, acostó su pecho sobre la barra, mirándolo desde ahí—. Colin, te amo.
Colin hizo a un lado las latas de comida para gato y la miró.
—Abre la caja.
Emma se incorporó y señaló la de cupcakes.
—¿Ya? —la colocó frente a ella.
—Espera —le sacó la caja.
Necesitaba comprobar que habían sobrevivido al drama del día.
Sí lo hicieron.
—Espero que te anime un poco —volvió a ponerla frente a Emma.
Ella la abrió frente a sus ojos, hallando cupcakes con glaseados verdes, blancos y rojos. En la parte de arriba de la caja estaba dibujado con Sharpie negro la bota de Italia en la que se encontraba señalado un puntito que decía Portofino con la más linda caligrafía. Sintió como si todo el azúcar de los cupcakes hubiese subido hasta su cerebro. Cielo azul él. Lo miró con los ojos brillosos, se puso a llorar, pero con la clase de llanto que solo él podía provocar.
—Necesito que seas más específico que esto.
—¿Más específico que esto? —sonrió, rodeando la barra para llegar hasta ella—. Te dibujé un mapa, señalé el destino, ah, y los glaseados verdes, blancos y rojos, no olvides eso —rio—. Nena linda, comeremos pasta en la Riviera italiana. Me dieron 7 días libres.
—¡Cole! —saltó, abrazándolo, rodeándolo con sus piernas.
—¿Estás feliz? —le sonrió a la cara, con todos sus dientes.
—¡Soy la más feliz! —exclamó.
En ese momento, Estela trepó sobre la barra, como uniéndose a la celebración.
∞
Personas y seres extraterrestres:
AQUÍ EL MOMENTO QUE HAN ESTADO ESPERANDO DESDE EL SEGUNDO LIBRO. SON COMO 8 MESES SI LEES EN TIEMPO REAL. Oh... 8... qué casualidad —finge demencia.—
¿Valió la pena la espera? —Miéntanme y díganme que sí.—
En realidad, como escritora, sí estoy satisfecha con este producto que cuidé más que Colin cuidando sus cupcakes durante todo el capítulo.
¡¡Cuéntenme ustedes qué les ha parecido!!
Además, ¿creen que el asunto se solucione antes de la boda? </3 Esto fue una patada a la felicidad de nuestra Emmy :( ¿Teorías de lo que pueda pasar? No me ignoren. Gracias.
Por otro lado —pensemos en cosas lindas—, la sorpresita de Cole quedó medio opacada. Él no lo había imaginado de esa manera</3, pero al menos hizo feliz a su nena.
Cuéntenme qué les ha parecido este maratón<3 comenta si en un futuro quisieran más;)
Nos leemos pronto<3
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