35: A su medida
Cuando salía por la puerta de su casa con Bianca, llegó su mamá.
—¿Van saliendo?
—¡Ma! —Emma le dio un breve abrazo—. Vamos a una cita con mi vestido de novia —sonrió, dándose mucha importancia—. Mi wedding planner presionó y me consiguió la última cita del día ¡y de la semana! Debemos apurarnos. ¿Quieres acompañarnos?
Holly miró a Bianca, después a Emma.
—¿Quieres que te acompañe?
—¡Por supuesto que sí! —enganchó su brazo al de su mamá como anzuelo a un pez. Un escape imposible. Las tres caminaron a la camioneta que las esperaba en marcha—. Me alegra que llegaras justo a tiempo.
—No le dije a Emmy que te invitara porque pensé que estarías ocupada. —Bianca no tenía idea de en qué terreno estaba caminando exactamente. No quería que Holly se sintiera mal porque no la invitaron, pero estaba eligiendo la excusa incorrecta.
—Sí. —Holly subió a la camioneta, se sentaron con Emma en medio de ellas—. Mi día estuvo bastante ocupado. Trabajé en línea —le contó a Emma, poniendo su pequeño bolso blanco sobre su regazo—, y Steve se quedó en el hotel por una videoconferencia de trabajo.
—¿Cuándo regresas? —preguntó Emma.
—No sé, pero eso no importa ahora. —Porque era una mamá presente, Bianca. No necesitaban de tus servicios de madrastra—. Lo único que importa ahora mismo es hallar el vestido perfecto para mi niña. ¿A qué casa vamos exactamente?
—Emma quiere un vestido hecho para ella —explicó Bianca.
—¿Cómo? —miró a Emma, ignorando que se acababa de enterar de ello por Bianca.
—Sí...—Emma sonrió risueña, ladeando su cabeza, planchando su falda amarilla con sus manos —. Verás, ma, toda mi boda está hecha a mi medida, y mi vestido no puede quedarse fuera de ello. Vamos a la casa de una diseñadora llamada Anna que tiene un taller enorme. Bia la conoció en la semana de la moda de Nueva York hace algunos años. Es algo nueva en la moda nupcial, pero he visto su trabajo en Instagram, y me enamoré.
—Bueno. —Holly miró al frente. «Bia la conoció...». ¿Había recurrido a Bianca para que le ayudara con su vestido antes que a ella? ¿Por qué no solo le pedía el divorcio madre-hija? —. Más vale que esa Anna sepa lo que hace porque tu vestido necesita ser mágico. Serás la protagonista del día. No puedes aparecer con un vestido de porquería.
—Cole y yo, ma —le corrigió.
—¿Qué? —la miró.
—Cole y yo somos los protagonistas.
—Claro, pero a nadie le importa realmente cómo se ve el novio, con suerte a la familia del novio; por cierto ¿su familia asistirá o no? —La famosa Theresa, pensó. No asistía a eventos pequeños. Theresa siempre andaba en grandes ceremonias de la moda, de premiación, nunca en bodas de menor valor. «Qué cosa rara», pensó Holly, en medio de su intento por entender a qué familia se estaba por unir su hija. «Colin no se parece en nada a esa gente».
—Por supuesto que asistirán —contestó.
—¿Su papá también? —inquirió.
—Eh, no. Sabes que no tiene una buena relación con Cole...
—Qué bueno. Odio a ese hombre.
—¿Qué? —Era la primera vez que lo admitía—. ¿Por qué?
—Ay por favor, Emma. Es el típico hombre que se cree la gran cosa. Me casé y me divorcié, pero, por lo menos, tu papá siempre ha sido un buen hombre durante todo nuestro matrimonio, y sus chistes en el fondo sí me hacen reír, luego están las escorias como tu suegro que se creen graciosos y que tienen a sus súbditos fingiendo carcajadas como forma de lamerle el culo. Además, tu papá jamás sería infiel. —Ahora miró a Bianca—. Ese hombre tiene sus defectos, pero jamás te traicionará.
—Espera, espera. —Emma cerró sus ojos, con las manos arriba—. ¿Dices que Bradley le es infiel a Theresa? —No entendía porqué estaba tan sorprendida. Ese hombre no conocía el amor en ninguna de sus formas.
—Es lo que yo pienso —aclaró—. Aunque también pienso que si fuese infiel ya nos enteraríamos todos, pero, vamos, es una rata, si sus amigos encubren a delincuentes, entonces, él sabe cómo hacerlo. En fin, me alegra no tener que estar en la boda fingiendo que me agrada.
—¿Te agrada Theresa?
—No me desagrada Theresa.
—Bueno. Pero sí te agrada Cole...—esbozó una sonrisita insegura.
—Lo hace, Emma. Te prometo que sí —le apretó la mano una vez—. Cuéntame qué ha dicho tu suegra sobre que no habrá boda religiosa. Joder. Cada mañana esa mujer bendice mi día a través de Instagram.
—Pues... Theresa aún no lo sabe. Cole no ha tenido tiempo de hablar con ella sobre eso, pero creo que lo dejará para último momento, sabes, no cree que su mamá necesite saberlo con anticipación si es una decisión nuestra.
—Ay niña. Comenzarás tu matrimonio con tu suegra odiándote.
—No creo que la odie, Hol —dijo Bianca.
—¿Por qué tendría que odiarme? —Emma no lo había pensado de esa manera—. Es Cole quien no quiere casarse religiosamente. Yo no tengo problemas con... hacer lo que deba hacer para casarme en una iglesia, pero es Cole quien lo decidió. Además, Theresa es una buena persona, jamás me odiaría, y por esa razón.
—Bien. Tienes razón —contestó. No creía que Emma tuviera razón, pero equis—. Hablemos de tu vestido. Debe ser deslumbrante.
—Absolutamente. —Bianca quería sacarle cualquier mal sabor a Emma.
—Lo será —dijo Emma, emocionada.
Estaba emocionada, pero, cuando llegó a casa de Anna, dejó de estarlo.
Sus acompañantes se pudieron insoportables.
—Necesita un corte sirena —dijo Bianca.
—Exacto. Y un velo largo e importante. —Holly apoyó a Bianca porque ahora sí se sentía en el mismo bando que ella. Se acercó a Anna, una mujer de cabello rizado, quien no entendía qué estaba pasando. Emma estaba arrinconada, un poco más y se ponía roja de la furia—. Escucha, Anna, será una boda sencilla, pero eso no significa que el vestido deba ser sencillo. Mi hija necesita lucirse como ninguna otra novia que hayas vestido en no sé cuántos años. Ahora dinos si te comprometerás a crear el mejor vestido nupcial de tu carrera o nos vamos de aquí.
—También puede usar una falda acampanada...—pensó Bianca—. Sería muy Emmy.
—¡Basta! —dijo Emma, provocando que hasta el asistente de Anna se asomara a la puerta del despacho. Abrió su bolso y sacó una libreta amarilla con el dibujo de un solecito sonriente en la tapa—. Ya he diseñado mi vestido —le habló exclusivamente a la mujer.
Se acercó a Anna, quien estaba de pie a unos pasos de ella, y le enseñó el boceto que había hecho tiempo antes de comprometerse. Así de ilusionada estaba. Así de confiada. Había comenzado a verse de pie frente a un Colin trajeado desde el primer pro que él le había dado. La imagen de su vestido soñado apareció una tarde, cuando estaba pintando en lienzo, y acabó plasmándolo en menos de cinco minutos en la primera libreta que encontró a su alcance. Colin estuvo a punto de pillarla la vez en la que visitó el museo de Emmy por primera vez. ¡De lo que se había salvado! Se supone que el novio no debe ver el vestido de la novia antes de tiempo. En este caso, ella no creía en la mala suerte que predican, todo tenía que ver con su afán de sorprenderlo.
—¿Tú lo diseñaste? —Anna se sorprendió como nunca antes lo había hecho con otra novia. Observó a Emma con admiración cuando esta asintió con su cabeza. Anna se sacudió los pensamientos de asombro, mientras Bianca y Holly trataban de entender qué diantres estaba pasando—. Vaya, Emma. Es asombroso. ¿A qué te dedicas?
—Soy pintora —dijo con orgullo.
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Acercándose al condominio en Westwood, Holly preguntó:
—¿Ya encontraron departamento? —Mientras inspeccionaba la zona a través de la ventanilla cerrada.
—Eh, no. —Emma trepó sobre Bianca para sentarse al lado de la puerta cuando el chofer comenzó a frenar la camioneta.
Cuando se detuvieron frente al condo, Emma miró por la ventana, hacia arriba, el departamento estaba a oscuras y las cortinas estaban cerradas. De todas formas, aún no era horario de su amorcito.
—¿Su departamento es grande? —Holly era una curiosa.
—Tiene el tamaño exacto —abrió la puerta, entonces, se acordó de darle un abrazo a Bianca, se estiró sobre esta para darle uno a su mamá—. Gracias por acompañarme...—«A pesar de ponerme nerviosa»—. Jamás olvidaré esta tarde. —«Aunque trataré de olvidar cómo intentaron diseñar mi vestido»—. Me encanta que ambas puedan ser amigas.
—Te quiero, cariño. —Bianca le apretó la mano con un amor maternal. En secreto, a ella también le encantaba poder ser amiga de la ex esposa de su novio. Nadie querría tener como enemiga a Holly Balmer, cuando picaba era como una cobra.
—Ordenamos pizza —dijo Holly. Sabía que lo a su hija le gustaba. Le gustaba la pizza de peppe, y en la tarde descubrió que le gustaba diseñar vestidos nupciales. Quería estar presente, y cenar pizza con ella era una buena opción.
—Ah. —Emma bajó de la camioneta—. Es que dormiré aquí. Eh... —Quería sentirse mal por decirle no a su mamá, pero lo cierto es que no sintió ni un gramo de culpa. Quería dormir con su futuro esposito, más bien, necesitaba—, pero tal vez mañana podamos.
—Claro —se estiró sobre Bianca para alcanzar la puerta—. Diviértete —la cerró, y le ordenó al chofer que condujera rápido. Cuando se alejaron, suspiró, y dijo—: Mi niña creció.
Emma se adueñó del depa. Dejó sus sandalias aquí, su bolso allá, y se desató el pelo que se había recogido cuando la asistente de Anna le tomó las medidas sobre una plataforma redonda alrededor de los reflejos de su desnudez. Le habían dicho, en broma y en serio, que no debía engordar. Al carajo la cultura de la dieta. Abrió el refri y agarró un plato hondo de poliestireno donde había sobras de macarrones con queso comprado. Lo olió. Según ella, no parecía caducados. Los calentó en el microondas y se sentó en el sofá a comerlos. Tomó la tableta de Colin, encontrando un capítulo de La teoría del Big Bang en pausa. Decidió mirarlo.
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Colin halló a una nena linda durmiendo en su sofá, un plato vacío y un capítulo de su serie favorita reproduciéndose sobre la panza de esa nena. Sonrió. Encendería una vela amarilla para pedir vivir ese escenario cada día por el resto de su vida. Dejó su mochila en el suelo y se sacó los tenis, a continuación, dejó la bolsa vacía de Wendy's en la mesita, y se acercó a ella.
—Mi amor —se sentó al lado.
Emma se despertó y lo abrazó, eso fue lo primero que se le ocurrió, pero, no satisfecha con eso, se sentó en el regazo de Colin, quien la rodeó con sus brazos cansados, que, sin embargo, siempre tenían suficiente fuerza cuando se trataba de ella.
—¿Estoy soñando? —Emma mantuvo sus ojos cerrados.
—Tal vez —rio despacio.
Dios.
Esa risa la avivaba.
Emma lo miró y le dio un piquito en los labios.
—Espero que no hayas hecho cita con esos macarrones —le dijo.
—¿Te comiste esos macarrones?
—Ay —se lamentó, cubriéndose la cara con su mano—. No me preguntes si comí esos macarrones con ese tono de voz. Sabían bien. No tengo tiempo para enfermarme. ¿Sabes que esta tarde Bia y mi mamá colmaron mi paciencia? Sí lo sabes, porque te lo conté por mensaje. Pero no te conté la parte feliz en la que todo parece ir de acuerdo a mis planes. —Ahora sonrió, cuando él le acarició el cabello, colocándole mechones detrás de las orejas. De esa manera, ella se dio cuenta de que ese instante de malestar pasado no tenía importancia—. Te amo, te extrañé, y estoy tachando —dibujó una cruz invisible en el aire— los días para ser tu esposita.
—Yo también te amo —le besó el hombro, y confesó—: Miro la hora de forma compulsiva. Siento que todo pasa más lento desde que nos comprometimos.
—¡Me pasa lo mismo! —señaló, moviendo su índice.
Ambos rieron y sonrieron.
—Eh, Dave me preguntó si necesitamos que organice nuestra luna de miel.
—No —contestó seguro. Miró la falda amarilla de su nena y le dio una caricia en la pierna para disimular que no sabía disimular. Él estaba organizando su luna de miel, solo necesitaba un día más para darle la gran noticia—. Me encargaré de eso.
—¿Con qué tiempo? —sonrió, dándole mimos entre el cabello.
—Con el tiempo que hago para organizar nuestra luna de miel —la miró a la cara.
—Te amo —ladeó su cabeza.
—Y yo amo lo hermosa que te ves —la tomó de la barbilla.
—Gracias. No es fácil ser futura esposa y fashionista. —Pero esa vez no había elegido nada elegante para su cita con la diseñadora. Su falda amarilla y un crop top acanalado blanco—. Debo verme bien mientras organizo la boda de mis sueños.
—Tampoco es fácil ser futuro esposo.
—¿Ah, no?
—Es broma. Creo que nací para esto.
Rieron, y se besaron fuerte, despacio, disfrutándose.
—Tengo que ducharme, corazón —informó de repente.
—¿Ya cenaste? —le acarició la mejilla, la barba, con su mano.
—En el camino —contó, y se levantó cuando ella se echó a un lado en el sofá.
—¡Qué bien, amorcito! —lo celebró.
Colin le sonrió y se dirigió a la recámara.
Emma miró la tableta bloqueada, después el plato vacío, se encargó de ordenar eso, de lavar lo que ensució y de acomodar los almohadones que aplastó. Colin tenía una obsesión con el sofá. Los almohadones debían estar bien apilados y sacudidos todo el tiempo. Terminó con eso y se dirigió a la recámara. Sonrió al ver su lámpara de lava.
—Encenderé nuestra lámpara —comentó emocionada.
—Emma —dijo, desde la ducha abierta.
Emma enchufó la lámpara y sonrió satisfecha al ver cómo la cera comenzó a flotar en el interior. Colin vio, desde la ducha, cómo la luz alta de la recámara se apagó. Ella había dejado la lámpara de lava y la lámpara de noche como únicas velas encendidas.
—Emma —decidió insistir.
Emma asomó su cabeza a la puerta.
—¿Aún tienes la barra de helado en el refri? —preguntó tranquilamente.
—Emma —repitió.
—¿Sí? —esbozó una sonrisa cerrada.
—Dúchate conmigo.
La sonrisa de Emma se transformó en una mueca que estaba entre la confusión y el asombro. Hubiese creído que él necesitaba jabón antes que a ella. «Ay Dios. Pero qué lenta eres, Emmy», se dijo en su interior. Él hasta tenía una erección.
—Cole —negó con su cabeza—, sigo con la regla.
—Y eso qué.
Emma pegó su mejilla al marco de la puerta, mirándolo.
—Espera —pidió, y desapareció.
Necesitaba deshacerse de un tampón.
Pasando los minutos, Colin había pensado que ella no regresaría; por eso, la mueca confundida y asombrada ahora le pertenecía a él. Tembló cuando Emma entró desnuda al baño con una sonrisa tímida y una mirada baja. Colocó sus manos sobre el pecho de él y se puso de puntitas para buscar besos. Ducharse no formaba parte del plan bajo la ducha. La sujetó de la cintura, elevándola del suelo para besarla sin encorvarse demasiado. La besó en los labios, en el cuello, y le apretó las nalgas en el proceso. Ella gimió, y, para él, se sintió como combustible. La volteó y usó sus pies para separarle las piernas.
La estimuló con sus dedos y las lágrimas de ella comenzaron a caer.
—Oh, Cole —gimió, cerrando sus ojos con vigor. Levantó un abrazo tratando de tocarle la cara. Colin apretó su mandíbula al contacto de la mano de ella con su mejilla, acto seguido, bajó su mano libre y le tocó y pellizcó los pezones, haciéndola gritar.
Ella podía sentir cómo un espiral chispeante se hacía cada vez más grande a medida que alcanzaba su primer orgasmo.
—¿Quién te está cogiendo? ¿Hm? —la empujó con su pelvis.
Emma gimió por la embestida inesperada de la erección contra sus nalgas. Lo cierto es que no tenía idea de cómo responder porque no estaba pensando en nada más que la descarga de energía que se estaba formando en su centro, y todo pasó tan rápido, como un relámpago. Se vino fuertemente entre los brazos que la sujetaban.
—Cielo azul —llevó una mano a su frente.
El sonido de ambientación del departamento venía con sonidos como de cascadas y de respiraciones jadeantes. Una maravilla. Emma frunció su ceño, en medio del placer, mirando el techo, mientras Colin se hacía paso en su interior con dos de sus dedos. En ese momento ella tuvo una relevación. No quería que la tratara con respeto, esa noche no.
La folló con sus dedos, pensando poco en lo que no tuviera que ver con el universo localizado en ella. Gimió cuando notó que estaba completamente dentro. Era exquisita. Estaba tentando a lamerse los dedos, estuvo a punto, pero ella interrumpió el experimento.
—Llévame a la cama —cerró la ducha.
Quería que la follara.
¡Dios existe!
La giró y la cargó, haciendo que lo rodeara con sus piernas. En la recámara, con la luz azul brillando en la cómoda, iba a hacerla suya. Se besaron con pasión, ella lo abrazó del cuello con fuerza, desesperada por más, suplicando por más.
—No seas bueno —pidió, aún con las piernas alrededor de él.
Colin la miró a los ojos y le acarició la mejilla con una mano.
—Necesito que seas más específica que eso.
—Fóllame como si hubieses tenido un mal día.
—Bien.
—Sorpréndeme.
Colin miró sus dedos manchados con sangre.
—¿Usamos condón?
—No.
De inmediato, Colin la acomodó en cuatro sobre la cama. Emma abrió su boca cuando le separó las piernas, y estrujó el edredón con sus manos, mirando hacia abajo. Normalmente no la follaba en cuatro porque les gustaba el contacto visual, pero esa noche no era normal. Empezando por el hecho de que ella estaba menstruando. Colin se quedó parado al lado de la cama, la sujetó de la cintura y la movió hasta acomodarla de la mejor manera. Entonces, la penetró lento, despacio, disfrutando los sonidos que salían de ella. Dios, tenía que confesar su pecado. Le encantaba cogerla sin condón.
Cuando se acomodaron, cuando él supo que ella estaba bien, la agarró fuerte de la cintura y comenzó a embestirla como si hubiese tenido un mal día. Emma gritó, se cubrió la boca, se adueñó de una almohada para morderla, ahogando sus escándalos, mientras cerraba los ojos con fuerza. Veía estrellitas de colores, y escuchaba jadeos poderosos detrás de ella.
Colin detuvo los movimientos de pelvis y se recostó sobre la espalda de ella, acercando su boca a la oreja de Emma. Era probable que él se haya olvidado que pesaba como treinta más que ella, su hundió por completo, mientras ella seguía mordiendo la almohada, y con más razón.
—Gime mi nombre —ordenó pausadamente en la oreja de ella.
—Cole...—Él la embistió fuerte. Respuesta incorrecta—. ¡Colin! —gritó.
Colin le besó el cuello, y se lo chupó, mientras le masajeaba los pechos.
Emma abrió su boca, derramando lágrimas del más puro placer divino.
—Muéstrame cómo follarás a tu esposita.
—¿Cómo follaré a mi esposita? —le mordió, sin darle dolor, el lóbulo de la oreja.
—Sí —frunció su ceño—. Muéstrame.
Colin salió de ella y la acostó boca arriba.
—En primer lugar, quiero mirar cómo mi esposita tiembla por mí—se acomodó entre las piernas de ella y la penetró. Emma gimió al techo, arqueando su espalda. Dios. Ya no sabía ni dónde estaba—. Así es como follaré a mi esposita —le besó la mejilla mientras se movía.
—Cole —lo abrazó mientras la cama se sacudía con ella, con ellos.
—Te amo —aceleró.
—¡Te amo demasiado!
⠀⠀
Se consintieron en la ducha, con agua tibia y jabón líquido. Colin le lavó el cabello en medio de conversaciones sobre cómo estuvo el día de cada uno. Lo cierto es que Emma podía pasarse horas hablando sobre cada detalle de su tarde, mejor dicho, repitiendo cada detalle de su tarde, porque tampoco había mucho que contar si lo más importante era un secreto.
—¿No me darás ni una pista? —comenzó a retirarle el shampoo bajo la ducha mientras ella se turnaba entre mirarlo a la cara y cerrar sus ojos para evitar que la espuma le entrara.
El vestido, cielos. La imaginaba con un vestido blanco, largo y acampanado.
Muy de cuentos de hadas.
—Por supuesto que no. Y bórrate eso de la mente, Oschner.
—Está bien, señora Oschner.
Se sonrieron, y Emma se puso de puntitas para darle un besito.
—Te amo. —Lo había repetido mucho en lo que iba de noche.
—Mi nena linda sabe que yo la amo más.
—Tu nena linda quiere escucharte decirlo.
—¡Te amo... bien! —la atrapó entre sus brazos y la metió con él bajo el agua. Ella soltó un gritito en medio de carcajadas. Colin sonrió y le dio un beso en el hombro—. Necesitamos un depa con bañera.
—¿Te puedo lavar el cabello también? —se puso de puntitas para tocarle la cabeza.
—De acuerdo —le sonrió y sus ojos se entrecerraron.
Cuando completaron la hazaña de bañarse y lavarse el cabello mutuamente, se acostaron en la cama. Emma se puso una camiseta carmesí de Harvard como camisón. Colin no más que ropa interior. Se abrazaron, con la sábana blanca tapándoles hasta la cintura, ella acomodó su cabeza sobre el pecho de él. Ahora la luz azul era lo segundo más brillante en la habitación. Lo primero eran ellos dos, con su resplandor de amor.
—Cole.
—¿Hm? —se estaba quedando dormido.
—No quiero un depa con bañera.
Colin abrió sus ojos y trató de mirarla en medio de la penumbra.
—¿Por?
—Quiero vivamos aquí.
—¿Aquí? —frunció su ceño—. No podemos vivir aquí, cariño. Necesitamos un departamento más grande. ¿Dónde pondremos todas tus cosas? ¿Dónde pintarás?
—Escucha —Señorita mimada no estaba buscando un no—, lo tengo planeado en mi mente desde hace un buen. Pondré un perchero cuadrado ahí —señaló a los pies de la cama—, y pintaré en el comedor. Pondremos el castillo de Esteli en la sala, en un rincón junto al sofá.
—¿Y crees tú que un perchero cuadrado solucionará el problema?
—Será temporal.
Colin cerró sus ojos, recostando su cabeza sobre la almohada. Preguntó:
—¿Por qué quieres que vivamos aquí?
—Porque me gusta.
—No sé, Emma.
—Por favor, Colin —se acostó boca abajo, colocando su barbilla sobre el pecho de él.
Ay, Dios.
—Será temporal —accedió.
—¡Exacto! —se alegró de haberlo convencido y tan rápido—. En un año estaremos viviendo en una linda, amplia y cómoda casa ubicada en alguna parte del mapa. Me gusta este lugar, me gusta porque, al principio, fue tu depa. Además, tenemos lindos recuerdos aquí y no me siento preparada para soltar este lugar todavía. No necesito un depa grande, solo te necesito a ti viviendo en un depa conmigo. Quiero que lo aceptes bien.
—Lo acepto bien, mi amor —le acarició la espalda.
—Nuestra futura casa tendrá una bañera.
—Y unestudio para ti. Lo prometo.
∞
HOLA, HOLAA.
PERO QUÉ CAPÍTULO FUE ESTEEEE <3
UF, UF, UF.
¿Ya les dije que es de mis favoritos? Sí <3
¿Les dije la razón? No.
¿Les diré? Tampoco. Tal vez puedan adivinarlo. ;)
No, en serio, es de esas escenas de acto amoroso<3 que me dejan benditamente orgullosa de mí misma. Pero, tal vez, el after care se lleva el premio al mejor de todos los after care que he escrito. O no sé, pero ellos lavándose el cabello mutuamente me llenó el corazónnnn. ¿Qué dicen ustedes? En tres libros, hasta este capítulo, ¿cuál ha sido el acto amoroso más memorable de Emma y Colin para ti? (o cuáles. yo tengo bastantes)<3
Por otro lado, ESA EMMY NOS TENÍA BIEN ESCONDIDO EL BOCETO DE SU VESTIDO. Literalmente: una boda hecha a su medida. ¿Recuerdas este momento del capítulo 19?
—Gracias —lo miró, entonces, descubrió que él estaba abriendo una libreta amarilla que tenía un sol sonriente. Entró en una especie de pánico, todo su cuerpo se alarmó, los vellos de sus brazos se levantaron en señal de alarma—. Esa no puedes verla —se la sacó rápido, y la llevó a guardarla en una caja de cartón marrón—. Es la única que no puedes ver porque sus borradores son pésimos.
EMMY MENTIROSA. MENTIROSA, PERO TALENTOSA COMO NINGUNA OTRA.
Nuestra nena tendrá el vestido de sus sueños<3 (eso esperamos). Pregunta: ¿cómo lo imaginan?
En fin, CUÉNTENME CUÁL HA SIDO TU PARTE FAVORITA DEL CAPÍTULO.
y nos leemos en el capítulo 36:)
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