3: 8 meses u 8 años

El despertador sonó a las 8:00 a.m. Era un domingo, el único día de la semana en el que Colin podía seguir en su cama incluso después del amanecer. No despertó con una buena actitud, dudó entre levantarse o no. Apagó el despertador de su celular, estirando su brazo sin moverse demasiado del medio de su cama de dos plazas. No quería levantarse, pero tampoco quería que llegara el miércoles y tener que decirle a Amber que no fue a su clase porque la noche anterior se había quedado despierto leyendo a Daniel Goleman, y que, en medio de la madrugada, se le ocurrió escuchar una playlist de Emma, con sus auriculares, mientras leía conversaciones viejas que tenía con ella. Tampoco quería decirle que se sintió abatido cuando despertó. Así que, reunió energía y se sentó en la cama, con sus pies en el suelo, agarró su celular, pero en la pantalla no halló más que mensajes que Cathy le mandaba cada domingo, y que respondía después. Abrió la conversación que tenía con Emma. ¿Por qué esperaba encontrar algo? Actuaba como si no la conociera. Ella le había dicho que necesitaba calmarse y eso demoraba al menos un día. Abandonó su celular y se obligó a empezar su día, y ese día había empezado bajo la ducha, pensando en ella, y solo había una opción cuando su mente trataba de descodificar, por medio de su imaginación, cómo debía lucir desnuda en la actualidad. Había pasado más de un año desde la última vez que la tuvo desnuda, que había sido precisamente en una ducha, pero en Los Hamptons, y había cambiado desde entonces, ambos lo habían hecho. Él había subido de peso, por ejemplo, cosa que en algún momento catalogó como imposible, y ya no sufría de migrañas insoportables. Y ella tenía el cuerpo mucho más fino gracias al pilates. Lo calentaba como sea, eso era seguro. A veces se preguntaba si también pensaba en él de esa manera. Diría que daría todo por tenerla en su ducha en ese preciso momento, pero, en realidad, daría todo por un solo mensaje de ella en ese preciso momento, solo necesitaba eso, y un beso, y un te amo, podía seguir masturbándose solo. En serio.

Luego de la ducha, se vistió con ropa de gimnasia, como cada domingo en la mañana, que consistía en un short negro y una camiseta de algodón con las Nike running grises que su madre le había mandado en Navidad. La más fría Navidad, porque, diez días antes, Emma le había pedido un tiempo, y él pasó las fiestas en su departamento, solo, porque antes se había jurado no regresar a la asquerosa ciudad de Nueva York, y su familia no iba a volar hasta él, bueno, tal vez lo hubiesen hecho si se hubiesen enterado de lo que pasó con su relación, pero se había empeñado en ocultárselo a todos hasta que llegó el 1 de enero (sorpresa, Emma no está más conmigo), pero es que no necesitaba que su familia le insistiera con que volara a casa, y no quería a Eugene completamente preocupado, y abandonando a su familia para que no pasara solo las celebraciones, y Alan no sabía guardar un maldito secreto. Al menos sabía que ella había pasado el Año Nuevo alrededor de su familia, lo había visto en el Instagram de Gael, Gillou, J.J., hasta de Olimpia, y en las fotos sonreía, aunque fuera de mentira.

Recogió una manzana verde de su cocina y la comió mientras conducía al centro de yoga que no se encontraba lejos de su departamento. Trataba de no faltar ni un domingo del mes, y cumplía. Era lo que hacía para iniciar su semana, y le producía bienestar. En su grupo de quince personas de las nueve de la mañana, nunca hablaba con nadie, salvo con el instructor, quien le caía bien, bueno, hubiese cambiado de centro si no. Era el chico callado que no iba a hacer amigos en comparación al resto que siempre socializaba, en especial después de la clase que duraba 45 minutos. Cuando acababa, era el primero en marcharse, se sentaba en su camioneta y contestaba los mensajes de su hermana en el estacionamiento, mensajes de feliz domingo, acompañado de una foto de sus cuatro hermanos desayunando después de la misa. Él ya no asistía.

Encendió su camioneta para poner el aire acondicionado, y llamó a Eugene.

—Perro —contestó con la voz ronca.

—¿Te desperté? —miró el reloj de la camioneta. Marcaba las 09:50 a.m.

—Anoche me emborraché solo. Fue una situación lamentable —comentó.

—Ah. No pudo haber sido más lamentable que mi madrugada.

Estaba mirando al frente, a los vehículos que pasaban por la calle. Eugene sabía sobre la situación, Colin lo había llamado mientras conducía de vuelta al campus desde la casa de Gen. Lloró mientras conducía, y hablaba por el altavoz de la camioneta, había sido una escena realmente dramática. A mitad de camino se había obligado a mermar su llanto porque no podía llegar con la cara llorosa frente a sus compañeros, aunque de todas formas lo hizo. Cohen quiso mandarlo a la mierda cuando escuchó en la boca de los otros que Colin estaba llegando, pero su actitud cambió cuando vio esos ojos que se habían esforzado en calmarse, tampoco es que se le haya pasado el enojo, pero no soltó todas las groserías que había preparado. A pesar de su dolor, no se permitió rendir menos el resto del día, algo que Cohen valoraba mucho.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Eugene.

—Eh, me encuentro esperando un mensaje que sé que no llegará. Adivina cómo me siento con eso.

—Cole —suspiró tan fuerte que retumbó el parlante.

—Lo arruiné todo con lo de esa tipa. Maldita sea —apoyó su frente contra el volante—. Acabo de salir de mi clase de yoga, y ya acumulé todo el estrés de la semana en cinco minutos. ¿Cómo pude siquiera pensarlo?

—Se te subió la calentura por cinco minutos, hermano.

—Joder, no —cubrió su rostro, recordando la cara de Emma, y lo furiosa que se había puesto—. No hubiese pasado. Follé por primera vez a los veintidós años. ¿Qué les hace pensar que estoy tan desesperado solo porque llevo un año sin acostarme con Emma?

—Llevas más de un año.

—Emma nunca se olvidará de eso, diablos. —Colin masculló en contra de él mismo. Se irguió en su asiento, viendo al frente. Por el retrovisor observó a sus compañeros del yoga saliendo alegres del centro.

—No te maltrates más —suplicó—. ¿Quieres que te diga lo que pienso? No debiste haber hecho lo que hiciste, porque tú hubieses odiado que Emma hiciera algo como eso. Aunque no hayas tenido intenciones de acostarte con esa, le escribiste porque es linda, perro, y por maldito impulsivo. Pero ¡olvídalo ya! Se te va el tren mientras te culpas por un error que cualquiera puede cometer en tu situación, hasta Emma.

Colin suspiró, despeinándose con sus dos manos.

—Todo mi ser me pide estar con Emma otra vez.

—¿Y? ¿Qué te parece que ella siente? Pero dímelo de acuerdo a tu razón, Colin, no de acuerdo a tus emociones que están todas alteradas desde el viernes.

Colin tomó aire como si acabara de emerger de una piscina. Debía pensar con su razón y no con sus emociones, pero sus ojos se terminaron aguando en el proceso. ¿Qué decía Emma de forma indirecta? Con sus gestos y acciones, con su manera de hablar.

—Me ama.

—¿Estás seguro? —le jugó como el anfitrión de un programa de preguntas.

—Sí.

Se amaban, y no cabía duda.

Él lo sabía por la manera en la que ella lo tomaba de la mano mientras hablaban, lo sabía por como chocaba su rodilla con la de él cuando estaban sentados juntos y se reían. Sabía que lo amaba porque los ojos de ella brillaban cuando se veían después de días. Sabía que lo amaba porque sus abrazos jamás perdieron el calor. Y, definitivamente, sabía que lo amaba porque la hirió el viernes, y él no se aguantaba a sí mismo por eso.

—Me encanta hablar con mi mejor amigo. —Eugene sonrió al otro lado, haciendo referencia a que el Colin auténtico le estaba hablando, y no el tipo enredado en una telaraña de ansiedad que impedía que Colin Oschner respirara aire puro o viera la luz del día.

—Necesito que me escriba, que me llame. No la quiero forzar haciéndolo yo.

—No la fuerces, es más, camina despacio.

—Lo haré como si fuera la primera vez —se le ocurrió.

Eugene golpeó su colchón por tan grandiosa idea, y Colin lo oyó, pero no supo a qué golpeó.

—Cortéjala como el buen macho que eres. A Emma le encantaría.

—Sí le encantaría, por eso lo pensé.

—¿Ves? Eso lo sé porque la conozco lo necesario, pero tú la conoces más allá que eso, mucho más allá que cualquiera de nosotros, y tengo fe en que encontrarás la manera de enamorarla doblemente, aunque tengo la sospecha de que llegaste al tope con ella hace tiempo. ¿Cuándo vas a decirnos que le hiciste uno de esos amarres?

Colin sonrió un poco, y también duró poco.

—Sinceramente, no sé qué hice para merecerla.

—Pues, avísame cuando lo sepas para cuando encuentre a la correcta.

—¿Cuándo vienes? —cambió de tema.

—Me extrañas —alargó la s.

—¿Qué andas haciendo, perrito? —estiró el cinturón de seguridad y lo abrochó.

Ya debía saber que lo extrañaba, y bastante, eh. Llevaban sin verse desde junio, cuando Eugene se graduó, y Colin obtuvo su título del posgrado. Eugene estaba viviendo con sus padres en San Francisco, pero, en todo el verano hasta ahora, el único viaje que había hecho era de su cama al sofá de su sala, y viceversa.

—Hablo con chicas en Starbucks que al final resultan ser antipáticas.

—¿Estás seguro de que tú no eres el antipático?

—¿Cuándo te volviste tan caradura?

Colin soltó una carcajada, disponiéndose a salir del estacionamiento del centro.

—Y te ríes —añadió Eugene.

—Me parece que buscas de esas inconscientemente —se puso serio otra vez.

—No te me hagas del jodido Freud.

—Entonces, ¿vienes mañana? —preguntó sin más.

—¿Quieres que vaya? —fingió un tono de voz creído, de tener una vida interesante y ocupada.

—No sé. ¿Tú quieres venir? —se incorporó a la calle, prestando toda su atención al camino.

—No sé. ¿Alan estará allí? —Ahora fingió una rara variante de celos de mejor amigo.

—Probablemente sí. —Era más seguro que probablemente.

—Entonces, es probable que también vaya —hizo una pausa, dándose cuenta de lo que acababa de decir, pero continuó con la misma seriedad de un señor que usa reloj de bolsillo—. Quiero decir, no por Alan.

Colin se echó a reír demasiado.

—Ya lo dijiste, perro —contestó.

—Si te digo la verdad —Otra vez habló como Eugene—, no fui en todo el verano porque no quiero molestarte, y viajar por horas solo para tomarme una cerveza con Al, pues... sería mucho esfuerzo, ¿sabes?

—Prefieres emborracharte solo a que viajar para hacerlo.

—Sí.

—Y no me molestarías. Nunca lo haces, Eugene.

—Entonces, nos vemos mañana. ¿Crees que puedas conseguirme dónde dormir?

—Seguro. Llamaré a mi tía.

⠀⠀⠀⠀

Emma se encontraba acostada en un cómodo sofá marrón, tenía una manta suavecita encima, y en verdad no encontraba algo que le interesara en los catálogos de ninguna plataforma de suscripción, y su papá pagaba cada una de las que existían porque ¿qué otra cosa podía hacer mientras su señora novia no estaba con él aparte de llenarse de series de temporadas interminables? Última oportunidad antes soltar el mando: Disney +. Se deslizó por el catálogo sin realmente leer los títulos, entonces, alguien tocó el timbre de la casa, y no le prestó atención, hasta que escuchó esa voz. Apartó la manta y se fue corriendo a la entrada para abrazarlo con todas sus fuerzas.

—Me abrazó primero. ¿Sabes qué significa eso, chico? —Gillou le habló a Gael, rodeando a Emma con un brazo, su otra mano estaba ocupado sosteniendo hacia arriba a una caja blanca de pastelería.

Gael sacudió su cabeza, no queriendo una de esas bromas en ese momento. Emma soltó a Gillou, y abrazó a Gael con la misma fuerza. Emma siempre actuaba como si llevara seis meses sin ver a la gente cuando ésta aparecía después de cierto tiempo.

—Nos enteramos de que estás menstruando —lanzó Gillou.

Emma se apartó de Gael, diciendo:

—No puede ser.

—Y yo tenía que traerte algo para que te sientas mejor.

Entonces, tomándola por sorpresa, Gael cargó a Emma como a una bebita, llevándola hasta el sofá porque, al parecer, la pelea por Emma era una broma muy seria. Emma sonrió cuando la bajó en el sofá, se sentía una reina que llenaban de atención, es que de esa manera la trataban básicamente todo el tiempo, aunque a veces exageraban a propósito, como ahora.

Gillou los siguió, y dejó la caja en la mesa de centro.

—Saludaré al resto de las personas que habitan en esta casa.

—Tu mamá está —le advirtió Emma.

—Demonios —dijo, fastidiado. Antes de marcharse de la sala, le dio un beso en la frente que Emma acogió con los ojos cerrados. Se lo escuchó desde el mismo jardín trasero exclamar «¡Mi hermosa madre!» en francés, con un acento exagerado, el tono que daba cuando no quería que su mamá se enfadara con él, después se oyó a Jake gritándole «¡Ya te dije que en esa casa no hablamos italiano!».

Emma se estiró a agarrar un cupcake con glaseado amarillo de la caja de seis.

—Te extrañé —habló Gael, quien se sentó cerca de la otra esquina del sofá, a los pies de ella.

Emma desvistió al cupcake del papel y abrió su boca como si se tratara de una manzana, metió casi la mitad del cupcake en su boca de una sola mordida.

—Yo también te extrañé, queridito —contestó con la boca demasiado llena, mirando el glaseado que cayó sobre la manta con la que se había tapado de nuevo, y con su dedo la limpió, después se lamió.

—Pues, no se notó. ¿Perdiste tu celular o algo? Porque no me llegaron tus mensajes.

—Estabas en Las Vegas despidiéndote de tu amorcito. ¿Qué pretendías? —tragó, y no esperó para volver a llenar su boca—. Respeto el tiempo en pareja de los demás—levantó su mirada para verlo, hallándolo con cara de haber visto un fantasma—. Jo-der, hermano.

—¿Qué? —Gael desvió su mirada, viendo a la televisión.

Emma se obligó a tragar rápido, y se arrodilló para llegar hasta él.

—Pasó.

—No —siguió mirando al frente.

—Por todos los cielos. ¡Sí pasó! —le apretó el hombro, después lo agarró de la cara para obligarlo a que la viera. Emma estaba sonriendo demasiado, no sabía que tenía glaseado en su cara, y Gael no pensaba decírselo. Ahora comenzó a reír de felicidad—. Sabía que estabas raro. ¡Estoy muy feliz por ti!

—Emmy, basta —le pidió con enojo.

—¿No terminó bien? —Emma se achichó, soltándolo.

—Sí, pero no me siento cómodo —le terminó limpiando el glaseado.

—Bueno... Gi no parece incómodo —miró hacia el costado, por donde Gillou se había ido.

—Emmy, quiero decir que no me siento cómodo hablando de eso —resopló.

—Perdón —tapó su boca. En serio lo sentía, pero es que había escuchado de parte de ambos, y por separado, que nunca habían pasado a la siguiente fase en el sexo, así que estaba emocionada. Cómo no.

Entonces, se preguntarán: ¿en qué momento había sido el bendito primer beso? Ya hasta estamos hablando de algo más que eso. Bueno. Recapitulemos a la noche más oscura del verano anterior. A Emma le llegaron mensajes de Gael y Gillou, donde ambos decían que tenían algo que contarle. Esa misma, y maldita, noche, Gillou le había lanzado el balón a Gael, es decir, una insinuación clara cuando estaban juntos a solas. Ambos entraron en pánico, y le escribieron a Emma cuando se despidieron, pero ella no se había enterado de nada hasta un mes después. De pronto, Gael y Gillou ya estaban demasiado ilusionados. ¿Cómo se enteró el resto de la familia? Señalemos a Emma, quien gritó: «¡Son mi pareja favorita! Pero no me delaten frente a J.J. y Pía» cuando pensó que su papá no estaba en casa exactamente cuando él y Bianca llegaban de cenar, ya en Beverly Hills. ¿Lo tomaron mal? No realmente. ¿Fue incómodo? Para todos. Entonces, ¿Gillou resultó ser gay después de todo? Bisexual, porque se consideraba un adorador de mujeres bellas, o sea, de todas porque «Emmy, no existen mujeres feas, solo hombres hetero sin cerebro».

—¿Te sientes bien? —Gael cambió de tema.

—Sí, bien. Mis ovarios están siendo serruchados por la madre naturaleza —suspiró, y regresó a acostarse bajo la manta—, pero esa es una buena señal, ¿cierto? Al parecer, funcionan.

Gael sonrió. Para ella, fue una broma. Para él, una frase optimista.

Emma se estiró para agarrar otro cupcake exactamente cuando Gillou regresaba del jardín.

—¡Regresé! —se sentó en el suelo, frente a Emma.

—¿Se divirtieron? —Ella se ganó en su pierna un pellizco disimulado de parte de un muchacho que estaba actuando de forma más neurótica porque Emma no se había referido a eso.

¿En serio Gael la creía tan entrometida? ¿En qué momento le había dado razones?

—Sí y no. Las Vegas no es para tanto. La exageran, y mucho —comentó mientras ella metía la mitad del cupcake a su boca. Quizás Las Vegas sería más atractiva si fuese un soltero deprimido—. ¿Cómo estás?

—Bien —contestó, masticando.

—¿Algo nuevo?

—Sí y no —lo imitó con el mismo tono de voz.

—¿Nos lo contarás? —enarcó una ceja.

—Estoy menstruando. No es conveniente —miró el cupcake.

—Suéltalo. Vinimos preparados —vio a Gael de reojo.

—Es Colin. —No lo miró.

—Obviamente. Y te estás tragando tus emociones. —Gillou le sacó el resto del cupcake, y Emma se enrabió un poco, aunque en el fondo lo agradecía porque hubiese comido ese resto, y otro entero. Gillou dejó el cupcake en la caja, y preguntó—: ¿Qué pasó, Emmy?

Emma actuó un lloriqueo con los ojos cerrados, y ahora Gillou y Gael se miraron de reojo.

—¿Pasó algo malo? —preguntó Gael.

—Sí y no —cubrió su cara.

—¿Qué pasó? —insistió Gillou.

—El viernes fui a cenar a su departamento —empezó a contar sin destapar su cara— y me dijo «Que nena más graciosa me tocó».

—Carajo. —susurró Gillou.

Gael se quedó callado. No le sorprendía de nada. Llevaban demasiado tiempo separados, y Colin no sabía disimular su cara de hechizado cuando la miraba sin que ella no lo notara. En algún momento iba a dejar de contenerse. Emma bajó sus manos, enseñándole a Gillou su cara llorosa, pero no iba a llorar, ya lo había hecho, y mucho.

—Llegó una chica linda cuando estábamos bailando en su sala —se llenó de aire. A Gillou y a Gael no les gustaba para nada adónde se estaba dirigiendo— y de esa manera me enteré de que Colin le había dado clases por una ocasión. Pero resulta que la chica es una de esas que se quieren meter a su cama como sea, encima, últimamente anda más guapo de lo normal. ¿Lo vieron?

—No —dijeron al mismo tiempo.

Sabían que estaba más guapo de lo normal, pero no iban a decirlo.

Emma suspiró, sin darle importancia:

—Anda más guapo. Bueno. Esa no es la expresión correcta. Quiero decir que se ve más saludable, y lo noto más feliz, y eso se transmite, saben. No me impresionaría saber que lo miran más que siempre, pero su carita no es el punto. Sucede que Colin le había dicho a esa chica que no podría enseñarle otra vez, y pues la chica se enojó tanto que fue a arruinarnos la noche a propósito.

—De acuerdo. —Gillou esperó a que prosiguiera con la historia.

—Viernes por la noche, y ella andaba preocupada por una libreta que perdió. Le preguntó a Colin si es que no la había dejado en su depa, en su recámara. —Los dos la miraron con unos ojos enormes que la inquietaron demasiado. Emma frunció su ceño por un dolor que no tenía que ver precisamente con sus cólicos menstruales—. Sé lo que están pensando, pensé lo mismo, y me fui del departamento, incluso cuando me dijo que ella no es nada.

»Pero ayer nos vimos en la fiesta de Gen. Él abandonó a Cohen solo para verme, para explicarme de frente todo esto. Y yo le creí cuando me aseguró que no hubiese pasado nada entre él y esa chica. Fue una mala decisión acceder a su pedido de enseñanza particular. Le creo —recostó su cabeza sobre su hombro. Quería llorar. Nunca había sido celosa, pero en ese momento odiaba imaginar cómo debían mirarlo por el campus.

—Vaya —habló Gael, odiando esa mala decisión en silencio.

Gillou iba a decir algo, pero Emma continuó:

—Y también me dijo que me ama y que me extraña. Lloró mucho. Llamó Cohen en ese momento. Me iba a pedir para quedar hoy que es su único día libre, pero le dije que lo iba a llamar, que ambos necesitamos calmarnos. Se marchó —tragó hasta su última lágrima llamada extraño a Colin Oschner—. Me sentí superada. Verlo llorar por mí, por nuestro amor, casi no supe cómo reaccionar. Parece sencillo, ¿verdad? Debí decirle que lo amo también, que siento exactamente lo mismo que él cuando me ve, pero en ese instante me sentí superada. La chica, él llorando y diciendo que me ama, Cohen interrumpiendo todo. Me mareé. Sigo mareada.

—Es comprensible, mi bella Emmy —contestó Gillou, tomándola de la mano. Se enrabió por lo de la chica esa, pero Emma creía en Colin, y sabía que ella tenía sus sólidas razones para hacerlo, así que decidió dejar el asunto de la chica de lado, aunque sería mejor que Colin nunca lo pillara borracho porque a veces se ponía muy sincero, pero con suerte tendría a Gael para recordarle que no era su asunto.

—¿Y? —Gael no quería centrarse en lo malo—. ¿Qué piensas de esa confesión que no tiene nada de confesión? Es demasiado evidente que te ama y que te extraña. Se lo estaba diciendo a Gi precisamente el jueves, creo, que me produce gracia cómo siempre es el primero en comentar tus fotos de Estela —rio, hizo una pausa antes de seguir—: Estoy seguro de que escuché de su boca que no es persona de gatos, ¡pero sí que te comenta emojis de gatos y corazones! —rio con más razón.

—Amarillos —especificó Gillou, dibujando una sonrisa para Emma, quien ahora sonreía sin mostrar sus dientes—, porque su celular tiene una falla, y vino sin emojis de corazones de otros colores.

—Son cosas sencillas que lo delatan —añadió Gael.

—Como que sus únicas dos fotos de Instagram son: una donde estás sentada en su regazo durante su cumpleaños 24, Emma —subió su tono como un maestro regañón porque su alumna no entendía—. Cito descripción: lo que siempre deseé. Y me la sé de memoria porque uno quiere stalkearlo, y siempre lo mismo —bufó. Ahora Emma rio—. La otra es una con sus cuatro hermanos. ¿Eso qué quiere decir? Que eres una de sus personas favoritas, por eso estás en su Instagram. ¿Y si me sé la otra descripción? Por supuesto que no. No tengo tanto tiempo.

—La otra descripción dice: mis bebés —dijo Emma.

—Lo sé. Quería ponerte a prueba. No sube fotos desde diciembre, pero se pasa comentándote —le apretó la mano—. Mi hermosa Emmy, eres la única razón por la cual ese hombre usa Instagram. Borró el que tenía, diciéndole bye a sus megas seguidores, y ahora tiene menos de cincuenta viendo sus dos únicas fotos. Es el tipo más desconectado del mundo que conozco, es más, es evidente que le importa un rábano la vida de los demás. Jamás me da me gusta, por ejemplo.

—Qué desesperado —susurró Gael.

Emma rio más, diciendo:

—Le diré que te dé me gusta.

—Y más vale que lo haga. Mierda.

Fue entonces que se dieron cuenta de que invocaron al dios.

Al dios del emoji de corazón amarillo.

El timbre de la casa sonó, entonces, los tres oyeron a Jake dándole la bienvenida con entusiasmo, y luego oyeron a Colin respondiendo despacio.

—Sí. Tanto tiempo —musitó.

—Emma está en la sala con su hermano, y el español —avisó.

Gillou entrecerró sus ojos. No se aguantó.

—¿Sabes que se te escucha perfectamente desde aquí? —pronunció, mirando hacia arriba.

—Agradece que solo dije eso —habló Jake. Eran bromas en su rara relación suegro/casi padrastro.

Colin avanzó lentamente por detrás del sofá. Sinceramente, de forma optimista, esperaba encontrarla sola. Miró los cupcakes detrás de Gillou, después se acercó a pasarle la mano a Gael. Emma apretó la manta con disimulo. Pudo olerlo desde su lugar. Más delicioso que unos jodidos cupcakes de vainilla y glaseado. Lo observó en silencio, mientras él estrechaba la mano de Gillou también. La dejó última para saludarla, pero se sintió como un verdadero lo mejor para el final, se agachó, y le dio dos besos en la misma mejilla. Se miraron directamente a los ojos cuando se irguió, pero Gillou interrumpió esa comunicación no verbal.

—Emma está menstruando. Es noticia nacional gracias a su papá —estiró el ruedo del jean negro de Gael como señal, y se puso de pie—. ¿Dónde está lo que le compraste para que se sienta mejor?

Emma se ruborizó demasiado. ¿En serio? No era su sangrado menstrual, era la estupidez de poner a Colin en esa situación. Colin rodeó el sofá, hacia la esquina de donde Gael se había levantado.

—Eh, hoy no miré las noticas. Le hubiese comprado algo de haberlo salido —la observó de reojo. Le hubiese gustado que le escribiera para contarle que no soportaba a nadie, pero hacía tiempo que no recibía esa clase de mensajes suyos—. ¿Y se divirtieron en Las Vegas?

Gael agrandó sus fosas nasales, Emma selló sus labios, y Gillou rodeó el sofá, pero respondió antes de irse:

—Sí. Nos divertimos.

Emma sonrió. No pudo contenerse frente a Gael, en cambio, Gael suspiró, apretó el hombro de Colin una vez, y se marchó. Colin era un gran observador, pero no se percató de la sospechosa actitud del hermano de Emma, es que estaba demasiado ocupado prestándole atención a ella. Tomó asiento donde había hallado a Gael, pero se acercó un poco más a Emma, lo suficiente para agarrarla de los pies y colocarlos sobre sus piernas para darle unos silenciosos masajes que casi la desmayaron del placer. Emma tenía las uñas de sus pies pintadas en turquesa, resaltaba hermoso con su tono de piel. Colin la estudió callado. Nació en su pecho la necesidad de besarle la planta de los pies, pero no lo hizo, tal vez en otras circunstancias lo hubiese hecho. Bien. De esa manera se dio cuenta de que echaba de menos los pies de su nena. Dios. Quería decírselo para recordar la broma del fetiche que nació tiempo antes de que empezaran a salir oficialmente. En otras circunstancias, ella se hubiese reído, pero decírselo ahora la pondría demasiado incómoda, así que decidió centrarse en lo que lo había hecho conducir desde su departamento hasta The Flats sintiéndose cansado.

—Emmy.

—¿Sí? —preguntó al instante, sonrojándose por eso.

—Lo que menos quiero es presionarte —siguió mirando los pies de ella porque mirarla a los ojos lo iba a desmoronar—. Tu comodidad es lo único que me interesa. Puedo esperarte 8 meses u 8 años. En realidad, solo es un ejemplo porque tú sabes que te puedo esperar una eternidad si quieres. Sabes lo que siento, y con eso me basta. Vine porque necesitaba decirte esto. No podía sentarme a esperar tu mensaje.

Emma contempló el perfil de Colin, quien seguía viendo hacia abajo.

—Gracias.

Entonces, Colin la vio con unos ojos lacrimosos que no logró maquillar. Emma llenó sus pulmones. En ese momento, apareció Estela, trepando cerca de la cabeza de ella, quien la atrapó, acto seguido, se acercó a Colin para colocar a la gata sobre las piernas de éste, y se arrodilló pegada al cuerpo de él. Colin acarició la cabeza de la gata, a continuación, recibió de sorpresa un par de besos en la mejilla, reaccionó devolviéndole otro par a la mejilla Emma, y se miraron a los ojos, sonriendo.

Emma agarró la cabecita de Estela, y le dio besos también.

—Mi niña —arrugó su nariz, viendo los ojos azules de la gata.

—Tiene nuevo collar —observó él.

—¿Te diste cuenta? —preguntó emocionada.

Esperen. Gael tenía razón.

—Sí. El otro era rosa, y este es rojo.

—Es que faltan tres semanas para mi cumpleaños.

—Me estoy odiando por no saber qué tiene que ver eso con lo otro.

Pero amaba demasiado que ella sintiera entusiasmo por su cumpleaños.

—La canción 22 de Taylor de su álbum Red. Llevo años esperando cumplir 22. Lo sabes.

—Lo sé —hizo una pausa. Apartó su mirada de la gata para mirarla a los ojos—. Y no puedo creer que no haya podido unir esos puntos. No se me ocurrió.

—Está bien. No sabes que 22 va en el álbum Red.

—Sí sé. Tengo hermanos, y —una nena— te tengo a ti.

—Es de mis álbumes favoritos en toda la música.

—Eso ya lo sé. También lo reprodujiste mucho este mes en Spotify, y, joder —se tomó de su frente. Emma sonrió sin tener idea—, no puedo creer que no pude unir esos puntos. Bien. Pero como Estela tiene un collar nuevo por tu cumpleaños, asumo que has pensando en posibles planes.

—No realmente —sacudió su cabeza con su misma sonrisa encendida.

—Ya se te ocurrirá algo —soltó a Estela, y ésta se escapó de ellos.

—Quiero preguntarte algo —inclinó su cabeza a un lado, mirándolo.

Colin se dobló para verla mejor.

—¿Qué?

Dios.

—¿Por qué pusiste espárragos en mi plato?

Colin entreabrió su boca, después rio un poco. Subió una mano para colocarle el cabello detrás de la oreja, en tanto Emma lo miraba en silencio, no le causaba gracia, aunque todo en Colin le decía que debía aflojar ese nudo.

—¿No me presenté? Qué falta de respeto. Me llamo Colin Oschner —le pasó la mano.

Emma se la estrechó sin cambiar su expresión seria.

—Emma —se rio él. Mi amor, quería decirle—, los puse porque quería que quedaran iguales.

—Ay Dios —lo empujó despacio, poniendo sus ojos en blanco.

—Quería equilibrar los platos de la misma manera en la que tú y yo nos equilibramos.

—Si tuviera que elegir desaparecer un vegetal para siempre, no serían los espárragos solo porque te gustan a ti, pero —hizo una pausa para escuchar la hermosa risa de él— admito que no me gusta pensar que los desperdiciaste solo porque tienes problemitas.

—¿Quién dice que los desperdicié? —sonrió, recostando su cabeza en el respaldo, mirándola aún.

Por el emoji de corazón amarillo. Quería besarlo. En los labios.

Era el muchacho más hermoso del mundo. Y la amaba a ella.

—Andas guapísimo —soltó de una bendita vez.

Colin cerró su boca. El niño se ruborizó, y Emma lo abrazó para ahorrarle todo.

—Me encanta verte así. Saludable.

Colin la agarró de la nuca con una mano mientras que con la otra le acariciaba la espalda. Eso solo tenía valor cuando venía de ella. Cualquiera podía llamarlo guapísimo, pero él no se sentía bien a menos que viniera de su nena, y hacía demasiado tiempo que no la escuchaba que ahora no supo cómo más reaccionar, y ese sonrojo, Dios, su cuerpo sabía que le pertenecía.


¡Hola! ¡Hola! 

Si lees en tiempo real, y miraste el calendario, sabes que hoy es el último 8 del 2021, y como el amor de Emma y Colin vive en el 8 de cada mes..., ¡aquí estamos para despedir el último 8 de este año! Qué emoción. 

¡Cuéntenme qué les ha parecido este capítulo! Yo simplemente lo disfruté <3 porque ya aparecieron algunos de mis otros bebés. ¡Como Eugene! Hablemos de esa amistad. Eugene siempre sabiendo qué exactamente decirle a Cole en el momento justo. El perrito anda buscando chica, que alguien se apiade de ese corazón de algodón.

Y luego Gael siendo Gael, y Gillou siendo Gillou, pero juntos son como el combo que agrando en el McDonald's porque ¡siempre quiero más de mi combo favorito! 

Ahora 22 (Taylor's Version) sabe a cupcakes de vainilla y glaseado. Sí que sí. Sé lo que piensas. Te parece bien que Emma y Colin vayan a su ritmo, pero no soportas ni un segundo más sin leer un beso en los labios de los dos. Entiendo el sentimiento. Calma. La paciencia es una virtud.

¡Dios! El capítulo 4. ¡Sí les puedo confirmar que es uno de los capítulos que más ansiosa me tiene por publicar! Lo amo, pero muchísimo, y sé que ustedes lo amarán el doble<3 Así que solo puedo decir que nos leemos ahí pronto. Por favor, no se olviden de votar y dejar un comentario. Lxs amo<3

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