23: ¡Que los cumplas feliz!

Los 22 de Emmy:
Parte I

Emma atravesó el pasillo del segundo piso en dirección a su recámara, llevaba puesto un camisón amarillo claro que se extendía hasta sus rodillas. En su mano sostenía una taza rosa en forma de gato, que Colin le había regalado hacía bastante tiempo, la taza contenía té de manzanilla.

—Emmy —dijo Gael desde la puerta de su habitación que se encontraba a oscuras.

Emma se detuvo frente a la puerta con sus pies descalzos.

—¿Sí?

—Ven. Miremos una peli. No creo que vayas a dormir antes de la medianoche ¿o sí?

—Tengo que peinar a Esteli.

—¿Jeffrey no la peinó?

—Le dije que yo me encargaría.

—Puedes peinarla mientras miramos una película.

—Muy bien. —Jake terminó de subir las escaleras con energía—. ¿Cuál es el plan? Mi florecita cumple 22 en una hora, y ambos están vestidos como si fuese hora de dormir, bueno, yo también, pero mi pijama es casi mi uniforme diario. Vayamos a comprar hamburguesas y comámosla en el auto mientras esperamos que sean las 12.

Emma esbozó una media sonrisa.

Percibía cuánto se estaban esforzando para que su cumpleaños saliera bien desde literalmente el primer segundo, pero ella ya había hecho planes con su gata, además, sabía que Colin la llamaría a la medianoche, y no había otra persona con quien ella quisiera pasar los primeros minutos de su día especial. Había organizado el resto de su día con su familia. En ese momento solo quería lo que viniera de él. Había aceptado que no consiguió permiso para salir temprano, pero eso no significaba que ya le había dejado de pinchar el corazón. Tal vez estaba acostumbrada a que le dieran todo, pero ella no quería todo, ella lo quería a él.

—Sigo llena por las salchichas. Debo poner linda a Estela para mañana, y luego me pintaré las uñas.

—Ah. —Jake lo entendió. Su florecita quería su momento a solas. No le bastaba con cumplir 22, también lo quería alejar, se sintió como si lo hubiese empujado dentro del barro—. Bien. Supongo que dormiremos temprano para aprovechar el día de mañana. Está bien. Mi señora novia debe estar esperándome para que le dé masajes en los pies. Buenas noches —dio media vuelta, alejándose de ellos. No midió sus emociones, cerró la puerta con fuerza, aunque realmente se le había escapado. Encontró a Bianca acostada en la cama—. Creo que necesito adoptar.

Emma le sonrió a Gael, y siguió caminando a su recámara.

—Buenas noches —dijo.

—Buenas noches, linda —cerró su puerta también.

Lo primero que hizo fue encender una vela aromática de chocolate, después eligió el vinilo del álbum Lover de Taylor Swift, y lo colocó en el tocadiscos rosa a un volumen que no saliera de su recámara. Le dio un sorbo a su té, y buscó el peine de Estela sobre su escritorio, entonces, su mirada cayó en unas fotos que tenía con Colin, que esa tarde había dejado encima del escritorio, las agarró, y sacó un álbum de recortes de la estantería donde estaban sus libros, guardó las fotos dentro del álbum como si fuesen su mayor tesoro, y por fin se dispuso a peinar a Estela en el sofá que se hallaba junto a la ventana tapada con cortinas, bebió su té mientras lo hacía, y cantó varias de las canciones del disco antes de percatarse que estaba por ser su cumpleaños.

Había empezado a sonar Daylight cuando se levantó a buscar su celular donde había mensajes de todos menos de él. Iba a llorar si no la llamaba, sabía que iba a hacerlo, pero, en un caso hipotético, iba a llorar y mucho. Entonces, frente a la selfi de los dos, el reloj marcó las 00:00, e inmediatamente apareció la llamada entrante de Oschner.

Tuvo que sentarse.

Hubo un temblor en su interior, y el nombre de él sonaba en las sirenas de su corazón.

Contestó la llamada.

—Hola.

—¡Que los cumplas feliz! —Colin empezó a cantar a todo pulmón.

Los ojos de ella se colmaron de sentimientos, cubrió su boca con su mano, dejando que sus lágrimas conocieran la luz de la Luna, mientras lo escuchaba cantando como si él no tuviera vecinos. De eso se trata la vida. De peinar a tu mascota, de escuchar tu música favorita, y de amar bien a tu persona favorita. No se trata del pasado, ni siquiera del futuro, la vida está en la voz desafinada de tu presente.

Sonrió, buscando qué decirle antes de que terminara de cantar, sin embargo, un ruido en su ventana hizo que temblara su exterior. Apartó rápidamente las cortinas, encontrando a su amorcito en el jardín delantero, ella se derritió exactamente como se estaba derritiendo la vela en el pequeño pastel de girasol que él estaba sosteniendo. Su primera reacción fue la de bajar corriendo las escaleras para encontrarse con él bajo las estrellas. Colin alargó la canción para terminarla exactamente cuando ella se paró frente a él.

—Mi nena debe soplar la vela —dijo.

Colin estaba sosteniendo el pastel sobre sus palmas.

Emma juntó sus manos, sonriendo hasta que sus mejillas se pusieron rojas.

—¿También tengo que pedir un deseo? —preguntó sin apartar su mirada del pastel amarillo.

—Como guste mi nena. Hoy todos seguimos sus reglas —sonrió.

—Es gracioso porque mi deseo se cumplió antes de que lo pida. —Se miraron a los ojos en medio de unas sonrisas que brillaban más que la llama intensa de la velita blanca. Entonces, la apagó sin desear nada porque todo estaba donde debía estar. Él estaba ahí, y había una sonrisa en él. Necesitaba pensar mucho en qué pedir cuando apagara la velita en su fiesta porque a simple vista no había nada que deseara más que a él, y con él ya lo tenía todo.

—Feliz cumpleaños, amor de mi vida —dijo Colin, y sacó el pastel del medio de los dos para agacharse y darle un beso en los labios que Emma correspondió poniéndose de puntitas para rodearle el cuello con sus brazos mientras su corazón hacía un grand jeté en el centro de su pecho y las mariposas de su estómago aleteaban porque en su interior se vivía una eterna primavera en la que brotaban flores amarillas cada vez que sus labios se unían.

—Quiero llorar de lo feliz que me haces.

Ella no lo soltó del cuello, se elevó más para besarlo de nuevo, y él la rodeó con su brazo libre, levantándola unos centímetros sobre el suelo. Tenía sentido que fuera liviana si los ángeles no pesan nada. Segundos después, la bajó, y no porque quisiera separarse de ella, hasta podía vivir en el bolsillo de su nena, pero cargaba un pastel de vainilla y un par de palabras.

—Te amo.

—Cole —le besó el pecho una vez, y lo tomó de la mano, llevándolo rápidamente al interior de la casa.

En medio de carcajadas y tropiezos de parte de ella, subieron las escaleras de prisa. Emma pidió silencio, pero era la única entre los dos que se estaba riendo. Chocó, pisó, y tumbó la bandeja con un tazón vacío que Gael había dejado en el pasillo para que la mucama lo retirara a la mañana temprano.

—Jake. —Bianca, asustada, levantó su antifaz en medio de la habitación oscura.

—Es el chico. Tú solo finge que te empastillaste para dormir —respondió.

Gael entreabrió su puerta, pillando cómo Emma metía a Colin a su recámara.

Fingió no haber visto nada.

—¿Qué es ese olor? —Colin buscó con su mirada el origen del aroma.

—Es una vela aromática de chocolate. ¿Te gusta? —sonrió, sentándose en su cama.

—La verdad que sí —miró la vela, y se sentó frente a su nena, dejando el pastel en el medio de los dos.

—Esteli, mira quién vino a visitarnos. —Emma agarró a la gata que estaba durmiendo en la cama, y le dio besos—. La peiné. Se puso linda para ti. Yo no corrí la misma suerte —rio, poniendo su cabello detrás de sus orejas.

—¿De qué hablas? Tú siempre estás hermosa —se estiró para acariciar la cabeza de la gata—. Me encanta tu camisón. Es más, vamos a tomarnos una foto ahora —se levantó y tomó unos libros para parar su celular sobre la cama, antes colocó la cámara en manos libres. A continuación, se sentó detrás de Emma, y la abrazó de la cintura.

—Mi niña, tienes que mirar la cámara. —Ella sonrió, poniendo una de sus manos sobre los brazos que rodeaban su abdomen, y la cámara capturó varias fotos, en una él le daba un beso en la mejilla, y en todas estaba el pastel sobre la cama—. ¿Salí bien? —preguntó después, pero en realidad no le dio mucha importancia a cómo pudo haber salido, miró el pastel y de pronto se sintió como si no hubiese comido dos salchichas en la cena.

—Saliste hermosísima —dijo él, mirando las fotos, otra vez sentado frente a ella, entonces, bloqueó su celular, lo dejó sobre la cama, y frente a sus ojos halló el pastel destruido. Miró rápidamente a Emma, quien lo estaba comiendo con la mano, se empezó a reír—. Me gusta tu forma de comer pastel.

—Me dijiste que hoy todos siguen mis reglas —habló orgullosa de ser la reina del día.

—Lo dije —sonrió.

—No iba a bajar a la cocina para buscar un tenedor —colocó el pastel frente a la cara de él—. ¿Quieres?

Colin la sujetó de la muñeca, y comió de la mano de ella, ensuciándose hasta la nariz.

—Dijiste que comer Häagen-Dazs de galletitas y crema en nuestra cama será lo nuestro a la hora de celebrar un logro. Tal vez comer pastel con la mano es ahora lo nuestro cuando cumplimos años. —Colin pasó su lengua por alrededor de sus labios, pero seguía teniendo amarillo.

—¡Me encanta! Y es la primera vez que como pastel con la mano.

—Yo también.

—Y es contigo. Definitivamente es lo nuestro. Dios. ¡Qué emoción! —agarró un poco más de pastel.

Colin sonrió.

Cómo podía ver tanto en tan poco.

Cómo podía hacer de un acto tan simple algo tan especial.

Cómo pudo haber sufrido tanto con tan solo 22 años.

Cómo era posible que su alma no conociera las canas.

Era el ser más brillante, puro, divino y amarillo que conocía.

Y estaba enamorada de él.

Más que eso, había sido creada para acompañarlo a él, y él prometía ser de ella para toda la vida.

—Come más, amor —le pidió Emma.

—Estoy bien —regresó al planeta—. Me limpiaré esto —se levantó y fue al baño a lavarse la cara.

Ella lo siguió para lavarse también, ambos se pararon frente al mueble del lavabo y se limpiaron al mismo tiempo con agua del grifo. La diferencia de estatura entre los dos era notable en el espejo. Eran como la Torre Eiffel y la Torre de Pisa juntas. Él usó su cadera para empujarla de costado, ella rio y le salpicó la cara con el agua.

—Oye. —Colin dio un paso al costado, jugando, y levantó sus manos frente a ella.

Emma cerró el grifo, y dejó su mano ahí, sobre la llave, mirando a los dos en el espejo.

—Me siento muy feliz —dijo.

Colin se acercó y la abrazó por detrás.

—No sé de qué está hecho tu corazón para ser tan fuerte y tan blando al mismo tiempo, pero me siento el hombre más afortunado del mundo por vivir ahí, no, soy el hombre más afortunado del mundo por vivir ahí —le dio un beso en la mejilla, después colocó su barbilla sobre el hombro de ella y se contemplaron al espejo como si el reflejo de ambos fuese una obra maestra pintada en lienzo.

Emma puso sus manos alrededor de los brazos que la rodeaban de la cintura, y cerró sus ojos cuando sintió un cálido, y al mismo tiempo húmedo, beso en el cuello. Su corazón se encendió en llamas, formando un Sol en su centro. Colin bajó despacio una de sus manos, y levantó la parte delantera del camisón, arrugándolo, mientras tallaba su amor sobre la piel de su nena que olía a flores. Nunca había sido realmente fanático de los dulces, pero a ella la comería hasta vomitar pétalos de colores.

Quería desenvolverla y chuparla entera porque Emma Miller era una dulce adicción.

Emma se puso de puntitas, excitada, llevando su cabeza hacia atrás, y usó su mano para guiar a la de él hasta el interior de su suave braguita de algodón color crema. Gimió, abriéndose más, con los ojos cerrados, mientras él usaba sus dedos para lo que habían sido creados. Ella estaba húmeda, y él estaba duro. Ambos palpitaban en el mismo tono. Ambos deseaban exactamente lo mismo. La penetró lento con dos dedos, y las piernas de Emma temblaron, sus plantas de los pies tocaron de nuevo el frío suelo. Colin tuvo que taparle la boca, al mismo tiempo que se metía cada vez más en ella, es que Emma amenazaba con despertar a toda la casa.

—No podemos hacer ruido. —Colin le susurró al oído, y le destapó lentamente la boca.

Él parecía mucho más preocupado que ella.

Tal vez porque ella no estaba preocupada, ella estaba enfocada en sus deseos.

—¿El que gime fuerte pierde? —Emma lo miró a los ojos, en el espejo, en medio de una sonrisa pícara.

—Hecho —movió sus dedos en el interior de ella, y ahora ella sola se tapó la boca.

Colin esbozó una media sonrisa, y sacó y metió sus dedos. La estimuló sabiamente por el tiempo necesario hasta hacerla venir de la manera más loca. Emma se tapó la boca con sus dos manos, gimiendo, recostó sus codos sobre el mueble del lavabo mientras todo su cuerpo temblaba en exceso. Estaba encantada por Colin Oschner. El mundo necesita saber que la magia existe, y ésta ocurría cuando los dedos de él le daban cariñitos.

—¿No está fácil, corazón? —Colin rio.

Emma volteó, y Colin lamió sus dedos frente a ella para molestarla. Sin embargo, ella tomó la delantera al ponerse de rodillas frente a él, bajó el short deportivo y la ropa interior al mismo tiempo, en menos de un segundo, y lo hizo refunfuñar cuando lo metió a su boca. Lo sujetó de la cadera con una mano y lo estimuló con la otra.

—Mierda, no, no lo lograrás, mi amor —sonrió victorioso, pero casi se le escapó un grito obsceno cuando ella lo metió entero, por poco cumpliendo con su misión del juego—. Sí, sí... s... —selló sus labios, cuando ella movió su cabeza adelante atrás con ritmo, cerró sus ojos por un momento, después la sujetó despacio del cabello. Pero acabó interrumpiéndola para no acabar antes de pasar al nivel 2—. Corazón, ya, para, no me quiero venir ahora.

Emma lo sacó de su boca y se sentó sobre sus piernas.

—¿No te quieres venir o me hiciste trampa? —lo miró desde abajo.

Colin rio, y puso una mano frente a ella para ayudarla a levantarse.

—No te hice trampa. Este es el único juego en el que me daría gusto perder.

Emma sonrió, se puso de pie y le sacó la camiseta, seguidamente, le acarició cada parte del torso con sus suaves palmas. Se miraron directamente a los ojos y se dieron un beso que acabó en la cama de ella, pero antes dieron pasos torpes porque él aún tenía el short en sus tobillos, y se rieron, tal vez lo que despertaría a toda la casa no serían los gemidos. De pie, se deshizo hasta de sus calcetines en tanto ella, abierta, lo miraba desde la cama.

—Cierra con llave. —Emma pidió antes de que se acostara con ella.

Colin la obedeció, fue a cerrar con llave, y, cuando regresó, ya la encontró sin camisón y con los pechos al aire. Su mente se reinició con aquella imagen tan hermosa, incluso se le olvidó qué pensaba hacer a continuación. Humedeció sus labios con su lengua, y se acostó sobre ella, sobre su nena cumpleañera, vaya, era sexo de cumpleaños. Visualizó los pechos de ella que estaban frente a sus ojos, y usó sus dedos para tocarle uno de los pezones.

—Están duros —dijo, turnando su mirada entre el pezón y la cara de ella.

—¿Y qué harás con ellos? —preguntó con un tono tranquilo, pero a la vez desafiante.

Colin parpadeó dos veces, y se le ocurrió algo.

—Esto —echó saliva sobre el pezón que estaba tocando y lo estimuló con la humedad.

Emma cerró sus ojos, tirando su cabeza sobre la almohada, gimiendo despacio. La saliva de él recorriendo su piel de esa manera era un líquido vital que le daba vida. Tapó su boca cuando él chupó y mordisqueó sus pezones como todo desesperado. Sus suaves gemidos provenían del interior de su centellante alma. La estaba volviendo loca. Muchas fantasías pasaban como flash por su cabeza, y en todas terminaba llorando de placer.

—Colin —gimió.

Colin soltó su adicción, y la miró a los ojos.

—¿Estás lista? —le acarició entre el cabello.

—Quiero... —estiró su brazo y recogió de la mesita un poco de pastel con el que pintó el pecho derecho de él— quiero postre doble —sonrieron al mismo tiempo, y ella se levantó lo necesario para lamerlo vivazmente, pasó su lengua por la clavícula de él, y terminó chupándole el cuello tan descaradamente que lo hizo gemir su nombre.

—Emma —cerró sus ojos con fuerza.

—¿Me darás duro? —lo agarró de la mejilla.

Colin abrió sus ojos, y respondió, viéndola:

—Te daré exactamente como tú quieras.

—Porque es mi cumpleaños.

—No. Porque eres la reina de esta cama, y de la mía, sobre todo de la mía.

Se dieron un beso sin lengua, y Emma se apartó para buscar un condón en su mesita de noche.

—Eh, no trajiste un condón ¿o sí? —preguntó, haciendo desorden en el cajón. En ese momento sintió como si su corazón hubiese subido a su garganta de una manera poco agradable tratándose de sexo.

—No, corazón —le acarició el hombro desde atrás.

«Demonios», pensó él.

—¡Demonios! —dijo ella, y se acostó boca arriba, cubriendo su cara con frustración.

—Está bien —dijo, acariciándole el cabello—. Me frotaré en ti.

—No —se sentó, empecinada, luego se levantó de la cama, yendo a buscar su bolso en el escritorio.

Que alguien le diera inmediatamente un preservativo como regalo de cumpleaños.

Colin la vio desparramar todo el interior del bolso sobre la mesa.

—Aquí está. —Emma habló feliz, pero aún estresada por el percance, cuando halló uno solo.

Regresó a la cama, y Colin le sacó el condón, pero antes dijo:

—Tranquila. —Y le dio un beso en la mejilla.

—Me alteré —admitió.

Colin la agarró de la barbilla con una mano y le dio un par de besos en los labios.

—Te amo, Emma —dijo.

—¿Mucho? —se puso de costado, de cara a él, y con su pulgar le dio caricias en el cuello.

—Infinitamente —la agarró de la mano, deteniendo las caricias, para darle un beso en el tatuaje.

—Mi estómago se derrite cuando pienso en ti —sonrió, mostrando sus dientes.

—¿Tu estómago se derrite cuando piensas en mí? —rio, apartándole el cabello del rostro. Dios. La amaba precisamente por eso, porque nadie más diría algo como eso—. Espero que ese fenómeno sea algo positivo.

—Lo es. Y mi corazón se agita mucho —mordió su labio inferior.

—Me pasa lo mismo cuando pienso en ti. Es la única taquicardia que quiero sentir —soltó una carcajada, tomándola de la mandíbula con las dos manos, comenzó a darle besos mientras subía poco a poco sobre ella, quien se puso a reír en medio del acto—. Bien —dijo, arrodillándose en medio de las piernas abiertas de ella, y se puso el condón ante una mirada atenta—. ¿Estás lista?

Se miraron a los ojos, y ella preguntó:

—Tenemos todo el tiempo del mundo, ¿cierto?

—Eh, sí...—contestó inseguro en su respuesta, después rio—. Bueno. Tenemos hasta las 4 de la mañana.

Ella no estaba hablando de ese momento ni de esa madrugada.

—Ven aquí —lo tomó del brazo, ubicándolo entre sus piernas. Él se acomodó con los brazos a los costados, le dio un besito en la punta de la nariz, provocándole la más brillante sonrisa—. Estamos en el último nivel. El que gime fuerte pierde, Oschner. Si despiertas al resto tendrás que escaparte por la ventana, ¿sabes?

—¿Por qué supones que seré yo el que los despertará? —rio.

—Porque te conozco —le peinó hacia atrás el sudoroso flequillo.

—Me siento como en la final de algo importante.

—Estamos en la final de algo importante.

—Claro. Mil disculpas —sonrió, y le dio un último beso antes de comenzar a frotarse despacio en ella para calentar el ambiente, para calentar más. El rostro de Emma se tornó a un rojo mientras gemía despacio con los ojos parcialmente cerrados—. Con tu permiso, voy a follar el coñito de mi futura esposita.

Ella abrió sus ojos mientras él se metía delicadamente en su cuerpo.

De pronto, comenzó a dejar de emocionarle que la llamara futura esposita cuando todo parecía tan incierto. No podían seguir diciéndolo como una especie de broma. Necesitaban una fecha. Necesitaban hablar seriamente. Nece. . . Gimió fuerte cuando la penetró por completo, pero en seguida tapó su boca con sus dos manos, mirándolo con el ceño fruncido, pero él no dijo nada, no la acusó, es que ambos sintieron inmediatamente la misma calma, la misma serenidad, como si la unión de sus cuerpos fuese la clave que desactivaba el imán por el que estaban pegados sus preocupaciones, sus dolores, sus pasados. Todo lo malo que podían cargar se desprendió sobre las sábanas, y de ahí se cayó al suelo, gracias a las sacudidas de la cama que se azotaba con fuerza cuando él se movía en el interior de ella. Se taparon las bocas, él a ella, ella a él, gimiendo sin importar qué, a la par que sus cuerpos colisionaban ruidosamente, se vieron a los ojos en todo momento, ojos que brillaban con la misma intensidad que el Sol. Los choques de él repercutían en cada rincón del interior de ella, y el túnel de ella debía ser el lugar más iluminado del mundo para él.

Emma echó su cabeza para atrás, sacándose la mano de él de su boca, gimió lacrimosamente al venirse.

—Cole —arqueó su espalda.

Y Colin se vino también.

⠀⠀⠀

—Te amo fuerte, mi nena cumpleañera —dijo él, cuando ambos se terminaron de calmar.

—Yo te amo fuertemente bien —sonrió, poniéndose de costado para verlo mejor.

—Eres lo más hermoso que pudo haber nacido... En toda la vida —la besó en los labios, y sus besos sonaron en la recámara. Después, hundió sus dedos en el costado del cabello de ella, contemplándola a los ojos como la primera noche en la que durmieron juntos después de su primera vez. Dios. Ya no podía esperar. Ya no podía esperar para dormir todas las noches con ella.

—Amo estar aquí —dijo, trayéndolo de vuelta a la cama.

—¿Aquí? ¿Conmigo? —bajó su mano, acariciándole la oreja.

Emma asintió una vez, y añadió:

—En el mismo planeta que tú, y al mismo tiempo que tú.

—Eres mi princesa guerrera, ¿verdad?

—Sí —sonrió grande, y le dio un besito en los labios que estaban ligeramente abiertos en una sonrisa que lo decía todo—. También soy tu nena linda... —«Y quiero ser tu esposa», eso hubiese añadido de no haber sido por...— Esteli —rio, cuando la gata caminó en medio de los dos como si nada.

—¿Estuvo todo el tiempo aquí en la cama? —se sorprendió, observando cómo Emma la traía hacia ellos.

—No lo sé, pero no te preocupes, ella sabe guardar secretos —le dio un beso a la cabeza de Estela.

—¿Sabe guardar secretos? ¿Cómo cuáles? —bromeó, riéndose un poco.

—Ya sabes. Secretos —sonrió.

—¿Eres una agente especial o algo así?

—¿Una agente especial? ¿En serio? —rio.

—Serías buena en cualquier cosa, mi amor.

Emma esbozó una media sonrisa.

Esas palabras llenaban su corazón de forma justa.

—Mi mayor secreto ya lo sabes tú. Vengo de otro planeta.

—Dios. Baja la voz.

Emma rio, y se recostó boca abajo sobre el torso de su amorcito, con la barbilla pegada al pecho.

—Soy neptuniana, tú eres mi novio neptuniano, y Esteli es nuestra gata neptuniana.

—¿Nuestra?

—A ella le encantaría —aseguró, movió un poco su cabeza en afirmación.

Colin miró hacia arriba, sintiendo cómo Estela se acomodaba directamente sobre su cabeza.

—Parece que sí me quiere —sonrió.

—Eres su macho favorito —dijo, y rio como si acabara de contar el chiste más gracioso del mundo.

Y él rio como si ella hubiese contado el chiste más gracioso.

Estaba enamoradísimo, y evidentemente tenía poco (o nada de) control sobre ello.

—Podemos conseguirle un macho de su especie —sugirió él.

—Esteli no está buscando amor —frunció su ceño.

—Oh.

—Y está castrada —le recordó.

—¿Tú la castraste? Por eso se acostó sobre mi cabeza, en realidad me está pidiendo auxilio.

Emma rio fuerte, y lo abrazó del cuello más fuerte.

—Me está gustando cumplir 22.

Colin le acarició la espalda con las yemas de sus dedos, y cerró sus ojos, diciendo:

—Tu felicidad es mía, mi amor.


NO SÉ TÚ, PERO EMMY SE SIENTE DE (TIENE) 22!!!!!

AAAAAAH. CAPÍTULO ESPERADO, CAPÍTULO DESEADO, CAPÍTULO ANSIADO. 

EL CUMPLEAÑOS DE EMMY ES UNA CELEBRACIÓN INTERNACIONAL, INTERPLANETARIA E INTERGALÁCTICA QUE NO PUEDE RESUMIRSE EN UN SOLO CAPÍTULO, POR ESO LE DEDICAREMOS CUATRO CAPÍTULOS/CUATRO PARTES<3

Una celebración tan especial que la autora hasta puso gifs.

BUENO. QUÉ DECIRLES. ESTOY ORGULLOSÍSIMA DE ESTE CAPÍTULO (Y LOS SIGUIENTES TRES). SÉ CUÁNTO HAN ESTADO ESPERANDO EL CUMPLEAÑOS DE NUESTRA NENA LINDA, Y ME ESFORCÉ PARA PLASMAR LAS PALABRAS QUE EMMY SE MERECE<3 (NO PUEDO EVITAR ESCRIBIR EN MAYÚSCULA. ESTOY GRITANDO EN MI MENTE). 

pERO YA. Cuéntenme ustedes qué les ha parecido.

 ¿Cuál es tu top #5 de escenas favoritas? 

#1 Esteli acomodándose en la cabeza de Colin. Fin.

¿Sabías que Cole aparecería o te sorprendiste tanto como Emmy?<3

 Cole cantante de canciones de dominio público JAJAJA.

¿tEORÍAS SOBRE EL PRÓXIMO CAPÍTULO? PARTE II DEL CUMPLEAÑOS. 

Nos leemos pronto<3 LXS AMO.

GRACIAS POR AMAR TANTO MI NIÑA<3 (y a Cole).

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