20: Una verdad

Fantaseaba con su cama tanto como fantaseaba sexualmente, y eso no le parecía de lo más normal; fantaseaba con una noche en la que se acostara temprano, bajo su edredón de 200 hilos, con una temperatura idónea de 23 °C en la recámara; fantaseaba con despertar al día siguiente por cuenta propia y no por el sonido infernal de su alarma. Esa era su más grande fantasía, al menos en los últimos días donde todo con respecto a la universidad tenía un sabor amargo. Le preocupaba llegar agotado a sus 25 años porque ni siquiera se encontraba a la mitad de la vida académicamente activa que esperaba tener. No podía estar cansado ahora si se había imaginado haciendo ciencia incluso después de su jubilación. Diablos. No era momento de imaginarse achacado a los 70 años porque tenía que informarse para asistir a Cohen durante una clase de segundo año, pues el semestre de otoño ya había empezado. Oh cielos. Cómo no extrañaba estar en el lugar de los estudiantes novatos. O quizá lo que no extrañaba era lo perdido que estaba psicológicamente cuando se encontraba en el lugar de ellos. En fin, tenía mucho que hacer esa noche, pero empezaría ordenando sushi, luego iba a bañarse, e iba a abrir una botella de Stella, mientras esperaba el sushi, porque pensaba llegar a su bendita jubilación.

Metió la llave en la cerradura, y abrió la puerta en medio de su ceño fruncido porque le pareció recordar que no había cerveza. No compró el domingo. Puso un pie en su hogar, dulce hogar, y, a continuación, dejó caer su mochila de su hombro como si hubiese dejado caer su jean oscuro. Emma estaba usando un delantal corto y blanco encima de su vestido azul con florecitas rojas. Seguramente su cerebro colapsó cuando conducía a su departamento y esa era la imagen con la que lo estaban recibiendo en el cielo. Vaya. Así que sí fue al cielo después de todo. Cerró la puerta detrás de él, viendo la sonrisa iluminada de ella, quien lo esperaba parada frente a la mesa del comedor con un entusiasmo que era expresado a través de sus iris que esa noche emitían chispas en tonos verdes.

—¡Ta-rán! —Emma abrió sus brazos.

—Te compraste un delantal —observó, parado en medio de la sala.

—Me decepciona un poco que esa sea tu primera reacción —rio.

—¿Quieres conocer mi reacción? Te enseño mi bendita reacción a tu sorpresa —se sacó los zapatos usando sus pies, a la par que caminaba hacia ella, y al tenerla delante de él, la agarró de la mano para ponerla directo en su corazón que estaba latiendo a todo dar. Ella sonrió, mordiéndose el labio inferior, y lo miró a los ojos esperando por más palabras, pero él estaba observando la mesa puesta para ellos dos, donde había un soufflé recién hecho en una fuente blanca—. Perdón. Estoy tratando de procesar lo que está pasando —la miró, apretándole la mano que seguía sobre su pecho agitado por tanto de ella.

—Ya sé. Emmy cocinando es muy fin del mundo —rio.

—Pues, yo creo que Emmy cocinando solo puede traer cosas buenas —le besó la mano, mirando la mesa.

—Bien —se apartó, viendo su comida—. Estás mirando mucho mi soufflé. No le mires mucho a mi soufflé, es tímido.

—Es que —rio— estoy impresionado.

—Es un soufflé.

—Es el soufflé.

—Lo saqué de internet.

—Lo sacaste de internet.

—Dios. Mejor no digas nada —se cubrió la cara por un momento, y él soltó una risita, tomándola de la cintura con sus dos manos—. Fue soufflé lo primero que cocinaste para mí, así que quise hacer mi propia versión en esta primera vez cocinando para ti algo que no sean galletas o tortitas.

—Amo las galletas... y las tortitas.

—Debí hacerlas como postre, ¿cierto? —llevó una mano a su frente—. Si el soufflé salió mal al menos ellas me hubiesen salvado al final de la noche.

—Eh, huele a nervios, y no sé porqué.

—¡Porque dediqué mi día a esto! —se alejó en modo frustrada. Arrastró hacia atrás a la silla de la punta, y señaló el asiento como si fuese la camarera—. Caballero, tome asiento antes de que lance el soufflé por la ventana.

—Qué lugar más raro es este —se sentó, y sonrió al ver que su servilleta de tela tenía atada una cinta rosada que acababa en un moñito atado por ella. Sí creía que ella le había dedicado su día entero a todo eso. Dejó que sirviera los platos de los dos porque no se iba a meter con ese soufflé antes de tiempo.

—Antes de que lo pruebes —lo sujetó rápido de la mano que estaba a punto de agarrar el tenedor. Se miraron—. Tienes permitido decirme una verdad y una mentira —levantó su dedo índice al decir una mentira.

—Muy bien —asintió una vez.

—Pruébalo —pidió, sacándose el delantal que colocó en la silla de al lado.

Colin agarró el tenedor y fue rápido a la hora de llevar el primer bocado a su boca. Masticó ante la mirada expectante de Emma, quien tenía las manos juntas como si se encontrara presenciando la final de algo importante. Él asintió con la cabeza, dando a entender que estaba bien, pero no expresó mucho porque aún tenía que decir una verdad y una mentira. Su nena se estaba licuando en nervios.

—Cole, dime ya.

—Le falta sal, pero sigue siendo delicioso.

—Me voy a desmayar.

—Por favor, no —le sonrió, tomándola de la mano.

—Ahora dime cuál es la verdad —inclinó su cabeza sobre su hombro, tenía una expresión de incertidumbre. No debió jugar a eso. Una de dos. O su soufflé estaba delicioso o era horrible, pero al menos estaba bien de sal.

—Me diste la oportunidad de decir una mentira, y ahora me la quieres quitar así nada más —bromeó.

—Dime otra verdad —arrugó su entrecejo, ya ansiosa.

—Corazón, ya me quiero casar contigo para cenar soufflé todas las noches.

Emma dibujó una sonrisa cerrada, mirando hacia abajo.

Estaba delicioso y no le faltaba sal. Quería escribirle a su familia para decirle «¡Pueden llorar porque a Cole le encantó mi comida!». Digamos que había comentado en su chat familiar que estaba cocinando por primera vez en su vida, y para Colin, y ninguno la tomó en serio, no solo porque se trataba de ella, sino porque estaba en el mismo árbol que unos hombres que no tomaban nada en serio. Le hicieron chistes pesados.

—Pero ¿qué te hace pensar que cocinaré todas las noches? Cocinaré una vez al mes. Tómalo o déjalo.

—¡Lo tomo, lo tomo! —le sacudió la mano.

Ella sonrió, viendo cómo él le besaba la mano.

—Cole.

—¿Sí? —preguntó, dándole más besos en la mano hasta en la muñeca.

«Casémonos en serio».

—Mañana llevaré la pintura de Neptuno para que la encuadren. Hoy estuve ocupada —apartó su mano de él, tomando su tenedor para disponerse a probar su soufflé—. Fui al yoga, tuve mi brunch con Gennie. En la tarde se me ocurrió querer cocinarte algo, y me puse manos a la obra.

—La pintura, sí. No te preocupes por eso —regresó a seguir comiendo.

Emma tomó un pedazo del soufflé de verduras con el tenedor, lo llevó a su boca. Cerró sus ojos, masticándolo, saboreando algo que no podía creer que había sido hecho por ella. Y no estaba mal, pero sin dudas Colin había exagerado porque no era precisamente delicioso, solo estaba bien, era comible, punto.

—No sabe mal —dijo.

—Está delicioso —insistió.

Ella agarró una botella de vidrio azulado y sirvió el agua en una copa, les sirvió a los dos, y bebió despacio, mientras lo veía devorar el soufflé con hambre, y pudo verlo en el pasado, la primera vez que le cocinó, había cocinado exclusivamente por ella porque él no tenía mucho apetito o simplemente no tenía. Cuánto estaba sanando. Iba a lanzar su fuente con soufflé en la cabeza de quien se atreviera a dañarlo otra vez.

—¿Cómo te fue hoy? —le preguntó—. El campus debe andar lleno de nuevo.

—Bien —tragó, y agarró la copa—. Mañana asistiré a una clase de segundo de Cohen.

—¿Y? —sonrió.

—Y nada. Le demostré todas mis ganas de cooperar con él porque caí en la cuenta de que ese maldito ni si quiera habrá pensado en qué cosas pondrá en mi carta de recomendación. Me la dará recién en diciembre.

—Tienes cartas de más.

—Ya sé, pero no se trata de eso, sino de que me quemé las pestañas en los últimos 5 años por sus proyectos, así que espero que escriba la mejor carta de recomendación que ha escrito en toda su trayectoria. Le demostré entusiasmo por asistir a su clase mañana porque sabes que es capaz de borrar de su mente lo mucho que he trabajado por un solo comentario mío que tome a mal. Está susceptible por sus problemas y porque llega diciembre.

—Tú solo recuerda que siempre has hecho un buen trabajo, solo tú sabes cuánto no has dormido por sus crisis productivas que le da de madrugada. Estoy feliz porque pronto lo dejarás atrás. 2021 será un buen año —sonrió, tomándolo de la mano con fuerza. 2021 era el año en el que iba a aplicar a todas las universidades que tenía en la mira. 2021 era el año en el que iba a aplicar al bendito premed Harvard. Él se limitó a sonreír, llevando la copa a sus labios, ella supo que él seguía sin querer hablar mucho sobre todo eso, lo entendía, le producía ansiedad toda esa incertidumbre, pero ella estaba segura de que la respuesta de cada universidad vendría con una calurosa palabra positiva—. Como sea. ¡Si apenas estamos comenzando septiembre!

—El mejor mes del año —regresó a su soufflé.

—Los últimos cuatro meses del año son los mejores del año —abrió sus brazos con entusiasmo.

—Estoy de acuerdo —asintió con su cabeza, poniendo el soufflé en su boca. Joder. Ella estaba demasiado feliz como para darle la mala noticia, y ya se encontraban a mitad de semana, cada minuto más cerca del lunes, del cumpleaños 22 de su nena linda. Se sentía colgado de tobillos desde un péndulo arriba del vacío.

—Come. No debe sobrar nada —lo animó, apuntando la fuente redonda.

—Si sobra lo comeré mañana —respondió.

Pero sobró menos de la mitad porque ambos estaban con hambre.

Después de comer, hicieron un brindis con agua.

—Por mi nena y el descubrimiento de su talento culinario.

—No le llames talento a un soufflé regular.

—Pues yo creo que podrías cocinar cosas realmente ricas si sigues practicando.

—¿Puedo contarte un secreto? —susurró, tapándose un poco la boca.

—¿Qué le pusiste, Emma Miller? —miró su plato vacío.

Emma soltó una carcajada, y aplaudió una vez, mirando el techo. Colin sonrió, podía rebuscar los comentarios más tontos en los archivos de su mente solo para escuchar esa risa tan sonora, tan única, tan bella, tan ella.

—No le puse nada que no dijera en la receta. Ese no es mi secreto, Colin —pronunció el nombre de él de forma marcada, después mordió la punta de su lengua.

—¿Cuál es tu secreto entonces?

Emma rodeó sus labios con sus dos manos, haciendo un huequito.

—Mi secreto es que no quiero seguir practicando —susurró—, pero no le digas a Cole porque le hice creer cosas como que quiero cocinarle, así como él cocina para mí. Intenté ser romántica, pero no me salió bien porque me corté el dedito picando vegetales —puso sus manos sobre la mesa.

—No puede ser —trató de no reír en su papel serio.

—Sí —le enseñó su dedo anular izquierdo donde tenía una pequeña cortadura.

Colin la tomó de la mano herida y le dio un beso.

—Me aseguraré de que mi nena no vuelva a pasar por eso nunca más.

Levantaron juntos los cubiertos sucios hasta que la mesa quedó vacía.

—¿Pongo el soufflé en un plato o no? —preguntó ella, parada frente a la mesada de la cocina donde tenía la fuente transparente con comida.

No respondió.

Iba a llamarlo por su nombre, pero él se adelantó a la boca de ella, parándose detrás. La sujetó de su estrecha y delicada cintura con sus dos grandes manos de hombre, y le entregó un delicado beso en el cuello. Entonces, Emma sintió a la suave tela de su vestido subir por sus piernas, tan solo un poco, el roce con los hilos le erizó la piel, y la respiración de él en su cuello la hizo estremecer. Él sabía lo que estaba haciendo con ella, sabía todo lo que estaba provocando en su nena, porque solo había algo en lo que era mejor que en el ajedrez, y ese algo era adorar a su reina. Acercó su entrepierna a las nalgas de Emma, y de esa manera terminó de robarle el aire a la atmósfera de ella, quien soltó el soufflé y pasó a tomar con fuerza el borde de la mesada, sintiendo el bulto rozándola.

—¿Está bien? ¿Me das permiso? —Colin le susurró al oído, dándole besos algo mojados en el lóbulo de su oreja donde estaba su arete de perlita blanca. Le dio caricias debajo del vestido, desde el costado de su pierna hasta llegar a su cadera.

Siempre sabía dónde tocar, dónde besar, donde chupar.

Emma apretó tan fuerte el borde de la mesada que sus dedos se pusieron rojos. Por ella, podía bajarle la braga inmediatamente y follara en esa posición. Se terminó de derretir cuando él empezó a dibujar un camino con los labios sobre su hombro derecho. Dios mío. Se había olvidado de cómo responder, de cómo respirar, de cómo existir. Asintió con la cabeza. Todo estaba bien. Tenía todo su permiso para hacer de su cuerpo una excitante obra maestra con el rojo más intenso. Inclinó su cabeza hacia atrás, sobre el pecho de él, con sus ojos cerrados, y le permitió explorar el mapa que traía bajo el vestido. Colin la acarició con sus dos manos, con todos sus dedos, y ella sintió cada huella que dejaba en su cadera, en sus piernas, y en su vientre que era el campo donde él quería extraviarse para siempre. Jadeó una vez, despacio, cuando se detuvo cerca de su braguita. No. Eso debía estar penado. Le palpitaba entre las piernas como si su corazón hubiese bajado en ascensor. Poético.

Fue entonces que Colin la sorprendió, manejando su cuerpo como el gran experto que era en Emma Miller. La sentó en la mesada, y se paró en medio de sus piernas abiertas. La besó en los labios, sujetándola del cuello con sus manos. Estaba obsesionado con la idea de tenerla como esposa. Ella nunca debió decir tales cosas durante el sexo por teléfono. La quería como su compañera de vida, con quien compartiría cada trozo amargo y cada trozo dulce de su existencia humana, quería cocinar para ella y escucharla cantar en la ducha, pero también quería subir el volumen de la música para que los vecinos no se quejaran.

La cargó, haciendo que lo rodeara con sus piernas. Emma le devoró el cuello con humedad, pero dejó de hacerlo para observar, con una gran mirada confusa, cómo se desviaron del camino que iba a la recámara. Su cerebro se reinició cuando sus nalgas tocaron el frío de la mesa de vidrio del comedor. Tardó un segundo en darse cuenta de lo que estaba pasando. Era una escena benditamente excitante para su corazón, pero su cerebro no dejaba de preguntarse cuántos kilos soportaba esa mesa.

—¿Qué haces? —optó por interrogar.

Colin puso una mano en medio del pecho de Emma, empujándola lentamente para acostarla en la mesa.

—Comí un delicioso soufflé, ahora quiero comer el postre más dulce que conozco —explicó, metiendo sus manos bajo el vestido, y las volvió a sacar con las braguitas de encajes.

Todo un mago haciendo aparecer cosas.

La dejó sin palabras. Cómo no. Su vagina acababa de darle el galardón al momento más excitante en la historia de la humanidad. Miró el ventanal que ahora estaba cerrado con cortinas. Cielo azul Colin. Había planeado de antemano acostarla en esa mesa. ¿Lo había planeado durante la cena o cuando estaban juntando los platos sucios o es que el ventanal siempre estuvo tapado y ella no lo recordaba porque estaba pensando con el clítoris? Cualquier incógnita dejó de existir cuando escuchó cómo él arrastró la silla de la punta y se sentó frente las piernas cerradas.

—Emma. —Colin quiso escucharla antes de hacer cualquier otro movimiento.

—Estoy nerviosa —admitió, acostada, mirando las luces que colgaban arriba de ella.

—Dime si no quieres —la sujetó de la pantorrilla.

—Dios —inspiró—. Sí quiero. Es que no me depilé.

—Y eso qué.

—No sé. No sé qué digo. Estoy nerviosa porque estoy acostada en una mesa de vidrio.

—¿Quieres bajarte?

—¡No! —se exaltó de manera inconsciente—. Rompamos todo, señor —levantó su cabeza para verlo, encontrándola con una sonrisita medio diabólica.

No era normal que un ser celeste tuviera una sonrisa tan retorcida, en serio que no, pero se trataba de uno de los detalles que más le gustaba de él. Nadie jamás se imaginaría lo bueno que era en absolutamente todo lo que hacía. Podía hacerle el amor delicadamente, pero también podía demostrarle su lado más salvaje, y ella se derretía por ambas caras de la misma monera, decidirse por una la terminaría volviendo loca. Mucho, o todo, dependía del estado de ánimo de ambos. Esa noche eran el fuego más intenso.

—Rompamos todo, corazón.

—Rompamos todo lo que no sea nosotros —añadió.

—No te rompería sin intenciones de volver a armarte.

—En ese caso, rómpeme en 8 partes iguales. Gracias.

Colin rio, acercando su silla. A continuación, le abrió las piernas, y la sujetó de la cadera, arrastrándola por la mesa hasta hacerla caer en su boca, probándola y venerándola, después de tantos sufrimientos por no tenerla en su regazo. Emma sintió un subidón de adrenalina al contacto de su vulva con los labios y lengua de él, gimió instantáneamente, arqueando su espalda, cubrió su rostro con sus dos manos, sintiendo cómo la estimulaba exactamente donde debía, exactamente cómo ella quería. Mordió su mano, con sus ojos cerrados, trató de cerrar sus piernas por el deseo de quererlo como prisionero, pero él la sujetó con dureza, la dureza perfecta para endurecerle los pezones.

—Cole —pronunció entre gemidos.

Él permaneció con sus ojos cerrados, concentrado en los movimientos de su lengua. La corona de su nena era un manjar, el más delicioso manjar del planeta. La estimuló, la chupó, hizo que se viniera en su boca una y otra y otra vez, de seguido, sin él detenerse a suspirar.

No tenía nombre cuánto habían extrañado esa escena, pero el nombre de él sonaba en el comedor como si un disco se hubiese rayado en el interior de ella. La hizo llorar, la hizo temblar, todo al mismo tiempo. En lugar de beberla hasta secarla, la humedecía más, su bendito coño solo pedía más.

—Colin, aguarda —habló agitada, como si acabara de emerger del océano después de su tercer orgasmo.

Colin se despegó de la entrepierna de ella, la sujetó de la cintura y la sentó lentamente.

—¿Fue suficiente? ¿Estuvo bien? —pasó su lengua por sus labios.

Emma tardó un par de segundos en ubicarse, ahí sentada, con las piernas colgado.

—Sí, estuvo bien —sonrió, inclinándose para besarlo en los labios. Se besaron con pasión, con lengua, haciéndose uno a partir de los besos más ardientes, más profundos, más sinceros. Entonces, ella se apartó, pues lo había detenido en primer lugar porque tenía ganas de algo más, y esas ganas se intensificaron con esos labios—. Llévame al sofá. Quiero que me muestres eso que me dijiste por teléfono. Enséñame todo eso que fantaseas cuando no estás conmigo. Enséñame cuánto te gusta mi cuerpo.

—¿Cuánto me gusta tu cuerpo? —inhaló y exhaló.

El cuerpo de ella era su adoración, su delirio, su lugar de calma en el mundo.

—Muéstrame —pidió.

Follaron un largo rato. Dejaron que sus cuerpos se comunicaran entre ellos, y sus almas a través de éstos. Sabían que les gustaba porque gemían como si hubiesen perdido el control de sus propias mentes. Sabían que les gustaba porque al final terminaron estremecidos, sudados y cansados, pero, sobre todo, benditamente satisfechos.

Ella recostó su cabeza sobre el pecho traspirado de él, y le dio besos en ese preciso lugar, mientras recibía delicadas caricias en su hombro, brazo y cintura. Ese era el sitio exacto donde deseaban reírse de ambos en primavera, sudar de placer en verano, suspirar de amor en otoño y arroparse con ternura en invierno.

—Te amo —dijo Emma de repente.

Colin la miró a los ojos, la tomó de la barbilla, y la besó en los labios.

—Te amo —respondió.

Ella suspiró encantada, y volvió a poner su mejilla en el pecho de él.

—Menos mal que no hice galletas ni tortitas —bromeó—. Me gusta cuando el postre sabe a ti.

—Emmy —dijo.

Emma lo miró a la cara rápidamente.

No, no, no. Ese Emmy sonó a desastre.

—¿Qué? —frunció su ceño.

Y él no la miró al decir:

—No conseguí permiso para salir temprano el lunes.

—En mi cumpleaños.

—Sí, en tu cumpleaños. Eso quise decir.

Ay, mierda.

Que lo llevara el diablo.

—Ah. —Emma sintió una fuerte presión en su pecho, una completa desilusión. Sin dudas, la peor noticia que le habían dado en los últimos tiempos. Pero lo disimuló todo—. Está bien. Tampoco esperaba que te lo dieran.

—Lo siento —la tomó del brazo, presionándolo despacio.

Entonces, Emma se sentó, buscando con su mirada donde demonios se había ido a parar su brasier.

—Está bien —repitió.

«Está bien» no era lo mismo que «No te disculpes» en el idioma de su nena.

«No te disculpes» podía significar «No me pidas perdón porque no tiene cabida. No es tu culpa».

En cambio, «Está bien» esa noche significaba «Te perdono por herirme, pero ¡también es mi cumpleaños!».

—¿Qué haces? Acuéstate —la estiró delicadamente.

—Busco mi ropa —respondió, agachándose para recoger su brasier.

—Estás... huyendo —se sentó, agarrándola de la mano y trayéndola hacia él.

—No ——. Es tarde. ¿No dijiste que tenías cosas que hacer?

—¿Te enfadaste conmigo? —tomó aire.

—No, ¡no! —se sacudió cuando lo oyó respirar de esa manera, lo agarró del mentón con sus dos manos y le dio un dulce beso en los labios—. Jamás me enfadaría contigo por eso. De verdad. No te estreses por nada, Colin.

—Lo intenté.

—Lo sé —regresó a su brasier, a su ropa.

—No me gusta decepcionarte.

—Pero no lo hiciste. No dependía de ti —habló mientras se vestía de pie.

—No sabía cómo decírtelo —continuó, mirándola sentado en el sofá.

—No te angusties. Por favor. —Fue a buscar su braguita en el comedor.

—Pero sé que estás desilusionada.

—No te angusties —juntó sus manos en señal de súplica, acercándose a él.

Colin le subió la cremallera del costado del vestido, y dijo:

—Te prometo que lo compensaré.

—No tienes que compensar nada.

Se quedaron callados por un par de segundos.

—Quiero llevarte a tu casa —dijo, viéndole el abdomen.

—No. Tienes cosas que hacer, tienes cosas que hacer —levantó sus manos indicando calma.

—Te amo —la miró a los ojos.

Odiaba lo que estaba pasando. Cómo se le ocurrió decirlo en ese momento.

—Te amo más —se agachó para presionar sus labios entre sí. Seguidamente, recogió su bolso de un sillón, y caminó hasta la puerta donde rápidamente se puso sus sandalias—. Te aviso cuando llegue a mi casa. No te preocupes por nada. —Quería decir que no se preocupara por no estar en su fiesta de cumpleaños, pero lo resumió así.

—Llámame —pidió, detestándose por esa noche.

—Sí —asintió, yéndose del departamento.

Cerró la puerta, caminó al ascensor, presionó el botón dos veces, y resopló fuerte.

Lloró.

∞ 

HOLAAAAA

FELIZ DOMINGO<3 Espero que ya le hayan encendido una velita a Santo Oschner, y, si no lo hicieron, aún estás a tiempo, aún no acaba el domingo, a no ser que me estén leyendo desde Australia; en ese caso, no sé qué decirte, habla con Colin.

Alexa play Paper Rings de Taylor Swift.<3

A este paso Emmy le termina pidiendo matrimonio a Cole antes que él a ella. ¿Les sorprendería? Yo sé que no. O SEA CASI SE LO DIJO EN ESTE CAPÍTULO. ¿Dónde está la Emma impulsiva cuando se la necesita? DURMIENDO SOBRE PÉTALOS. Pregunta seria: ¿habrá alguillo interesante por ahí o la autora como siempre ilusionando con anillos de papel? 💍

Punto dos, pero importante: NUESTRA EMMY SE FUE LLORANDO.<'3 Nosotrxs hablando sobre una inexistente boda y ellos en un drama. ¿Qué les ha parecido? ¿Alguien predijo la reacción de Emma? Bueno. Al menos sabemos que no está enfadada con Cole... Ejem. ¿Pueden adivinar el desenlace final del drama?

Por otro lado, UYUYUY. Dejé el fuego para el final. No fue intencional. De mis escenas de acto amoroso favoritas <3 De hecho, amo a cada una de las escenas, pero tengo que admitir que algunas de ellas se quedan grabadas en mi mente como tatuajes permanentes, y esta es una de ellas, y ni siquiera tiene que ver con el acto en sí, ya en el pasado les he confesado que amo DEMASIADO los diálogos que surgen en medio o después <3 (Bueno, en este caso, el diálogo post no fue color de cosas JAJAJA). Amo demasiado la confianza que se tienen. No tienen motivos para acomplejarse frente al otro. Aaah.

Casi lo olvido, y ahora no sé dónde meterlo, pero EMMA COCINANDO PARA COLIN ES LA COSA MÁS ADORABLE DEL MUNDO<3. TRATA DE CAMBIAR MI PENSAMIENTO. ¿Mi momento favorito de esa escena? Una verdad y una mentira<3 Por cierto, el capítulo se llama: Una verdad, haciendo referencia a las palabras de Colin:

«—Corazón, ya me quiero casar contigo para cenar soufflé todas las noches.»

Bueno, bueno, bueno. Como diría Emma: menos ñam ñam, más acción.

Cuéntame cuál es tu escena favorita del capítulo!!

LXS AMO.


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