2: 8 meses
Emma se encontraba en su pijama rosa, sentada frente a la barra en medio de la cocina, comiendo uvas verdes de un tazón amarillo. Jake frenó totalmente bajo el marco cuando la vio ahí solitaria. Bianca se embistió contra la espalda de él, provocando un ruido que despertó a Emma de su viaje intergaláctico, aunque hizo como si no los hubiese escuchado. Sucedió que, en la noche, Bianca había llegado de Nueva York, y ese par había tenido su noche especial. Por alguna razón, no querían darle esa imagen de Emma. Eran las siete de la mañana, y bajaron a desayunar juntos, recién resucitados, asumiendo que para esa hora Emma estaría corriendo por el vecindario.
Estela, la gata birmana de Emma, subió a la barra, y ella le acarició la cabeza.
Jake rebobinó hasta la parte en que la encontraban, y esta vez reaccionó de forma distinta.
—Florecita —aplaudió una vez, adentrándose a la cocina con la energía de un coach de vida—, ¿hoy no se te apeteció salir a correr? Mira quién llegó anoche.
Bianca ajustó el cinturón de su bata, y sonrió, acercándose a Emma para darle un breve abrazo.
—¿Cómo estás, mi linda Emmy? Te extrañé —le acarició el cabello y se alejó hacia la otra punta de la barra mientras Jake buscaba agua en el refrigerador. El desayuno estaba puesto en la barra gracias a los empleados. Bianca se permitió alcanzar la jarra de jugo de naranja fresco.
—Será mejor que al menos saludes a la mujer que trajo al mundo a tu mejor amigo, Emma. —Jake puso la jarra de agua sobre la barra, mirándola fijamente. Al parecer, no quedaba bien decirle al menos saluda a Bianca o al menos saluda a mi señora novia. Emma continuó acariciando bajo la mandíbula de su gata—. Y baja a Estela. Por eso no soporto a los gatos. Es la barra del desayuno.
—No dices lo mismo cuando la sacas a pasear contigo por Rodeo Drive —le dio un beso en la nariz a la gata y la bajó al suelo. Estela tenía la cara gris y los ojos azules intensos. Emma la amaba, era su gata, se la había regalado su familia a mitades de diciembre. Le gustaba que los ojos de Estela les recordasen a los azules celestiales que ella conocía y adoraba—. Hola, mujer que trajo al mundo a mi mejor amigo.
Bianca sonrió, diciendo:
—Tu mejor amigo anda distraído, y París no espera a nadie.
—Aún está a tiempo de enfocarse.
—Lleva un año desenfocado.
—Pero es feliz —miró a su papá, esperando que dijera algo al respecto porque Emma odiaba cuando a veces Bianca sacaba a relucir que la relación de Gillou lo distraía de su trabajo.
—El chico tiene 22, y está saliendo con mi hijo. Lo entiendo. Es la sangre. Desenfoca hasta al más enfocado. ¿Sí o no, florecita? —se estiró para robarle la uva de su mano. Bianca puso sus ojos en blanco de forma bromista—. Tú deberías saberlo mejor que nadie —le habló a Bianca, lanzando la uva frente a ella.
Emma tomó aire, llenando sus pulmones de paciencia, omitiendo el cortejo que estaba ocurriendo frente a su cara de la misma manera que omitía la intro de una serie, y no es que no le gustara la relación de su papá, se había acostumbrado con el tiempo, Bianca le caía bien, y, a ese paso, terminaría siendo la hermanastra de su mejor amigo, y Gael terminaría siendo el hermanastro de su novio, rarísimo, pero el punto es que no había tenido una buena noche.
—Es el cumpleaños de Gen —comentó para hacerles saber que seguía ahí.
—Pues, muchas felicidades. —Jake se sentó en una butaca alta al lado de Bianca, enfrente tenía un plato de huevos revueltos con tocino que pensaba devorar entero—. Oye, anoche cenaste con Colin, ¿cierto?
Emma se quedó callada, recordando cómo lo había dejado atrás. No lloró en el camino de regreso a casa, sino que lloró desconsoladamente en su cama mientras Estela dormía tranquila a su lado. El corazón se le terminó de quebrar esa mañana, cuando no encontró más que mensajes de Escarlata en su grupo de amigas, anunciando que había llegado el día de la fiesta. Deseaba saber qué estaba pensando él a esa hora, si el nombre de ella sonaba en su cabeza como distractor mientras el profesor le daba indicaciones.
—Sí, cenamos —deslizó el tazón hacia delante.
—¿Y? ¿Cómo anda? ¿Siempre guapo? —preguntó mientras llevaba el tocino a su boca.
—Está bien —bajó del asiento, delatándose por su tono, por su evasión. Verla después de escuchar el nombre de Colin fue como ver un apagón de la ciudad desde el letrero de Hollywood—. Saldré a correr.
—Oh, Emmy —habló Bianca—. Felicidades por completar el curso de defensa personal. Me enteré.
Emma movió su boca sin completar una sonrisa, se marchó a su recámara para cambiarse de ropa. Tenía un guardarropa tan grande como en su ático de Manhattan. La ropa era distinta, nueva. De ninguna manera quería traer consigo cualquier recuerdo de la ciudad, ni siquiera unos pendientes. Se miró al espejo con sus leggins negras, volteó para verse el trasero. Tenía una pequeña cintura gracias a las clases de pilates y yoga. Había aprendido a darle la mano al ejercicio físico como antes. Acomodó sus senos con el último top deportivo de la temporada que terminó cubierto con una camiseta sin tirantes blanca.
Salió por la puerta de enfrente con sus auriculares inalámbricos puestos, llevando un brazalete para celular en su brazo. Atravesó su jardín delantero corriendo, incorporándose rápidamente sobre la acera en la calle Canon Drive en la ciudad de Beverly Hills. Había palmeras en cada lado del asfalto de dos sentidos. Era el lugar donde empezaba cada mañana. Subió el volumen de la música con ganas de ya no escucharse. Se derrumbaría al repetir una vez más lo que había dicho esa chica, pero ni siquiera se trataba de eso, sino de toda su alma extrañándolo con cada una de sus cicatrices. Sangraba intentando mantenerse al margen de amigos. No quería ser su amiga. Ya había tenido suficiente de eso. Últimamente se había estado llenando de ocupaciones para no pensarlo demasiado, para no quedarse esperando mensajes que no llegaban con la misma frecuencia que en el pasado. Quería pensar que amarlo con más fuerza que ayer, que tenerlo presente de la misma manera en la que Dios está en la mente del que cree, quería pensar que todo eso era una buena señal, que había valido la pena la decisión que tomaron hace 8 meses, en el más frío diciembre, porque cada uno había cumplido con su palabra, se habían levantado por cuenta propia, y ella lo seguía amando por cuenta de los dos, porque no sabía lo que él sentía, no hablaban al respecto, los amigos no hablan sobre eso, pero ella lo amaba bien, de nuevo lo amaba bien, y no es que en algún momento lo haya amado mal, es como cuando alguien se está ahogando y no puede pensar en otra cosa más que en su dolor y la muerte. No quería amarlo a medias, ninguno quería, por eso se habían dado el tiempo necesario para repararse, pero ahora ella sentía, más fuerte que nunca, cómo su corazón completo latía de nuevo por el amor de su vida.
Regresó a casa 40 minutos después, se bañó, comió algo, y pasó su mañana en su estudio de arte que tenía en su propia casa. Había comenzado una colección de pinturas con la técnica acrílica, inspirada en la música que le gustaba. Básicamente cada pintura estaba relacionada con una canción o un álbum de su playlist, pintaba lo que le provocaba cada verso, cada melodía. El día anterior había comenzado un corazón púrpura monocromático mientras escuchaba el álbum Speak Now de Taylor Swift. Estaba sentada en el suelo, el lienzo estaba en el suelo también, y lo estaba pintando, alrededor de un montón de pinturas y bocetos de todas las técnicas que conocía, algunas eran obras por las que se sentía orgullosa, otras no tanto, pero todas tenían en común que jamás verían la luz de un extraño. Hacía arte con compulsión, en serio, por eso el estudio rebosaba de colores.
Iba a mojar su pincel en agua cuando vio a su celular encenderse. Pausó la música.
Carla: Emma Miller, dime que no soy la única que aún no le ha comprado su regalo a Gen
Emma recogió su celular del suelo.
Emma: Lamento decirte que sí. Lo compré hace 3 semanas
Carla: Qué?? Acompáñame a Rodeo. Te pago el almuerzo si me acompañas
Emma: Ahora?
Carla: SÍ.
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—¿Tú qué le compraste?
—Un pañuelo. Un pañuelo de Louis Vuitton.
—Entonces, me toca superar ese pañuelo. Ayúdame a encontrar algo.
Emma miró los bolsos de la tienda cara en la que estaban paradas en Rodeo Drive. Llevó su cabello detrás de su oreja, después tocó la etiqueta de un bolso. Entonces, Escarlata giró y la agarró de la barbilla con una mano, acariciándole la punta con su pulgar.
—A ti te pasa algo —aseguró.
Emma levantó su mirada hasta los ojos grises azulados. Escarlata era quien Emma consideraba una de las chicas más hermosa que había conocido en su vida, también era la primera chica que parecía una reina de belleza que nunca la había tratado mal. Tenía el cabello castaño oscuro y casi siempre traía volumen. Tenía una sonrisa de revista y sus labios con ácido hialurónico la hacían ver demasiado atractiva. Escarlata era modelo en Instagram. En algún momento había estado arriba de las pasarelas más importantes del mundo, pero toda su vida cambió después de que un estilista la abusara sexualmente.
—Me pasan muchas cosas —bajó su barbilla, mirando las sandalias que estaba usando con un jean azul.
—Y me lo vas a tener que contar, chiquita —la agarró del brazo para sentarse juntas en unos asientos bajos de terciopelo de la tienda—. Dime en qué te puede ayudar la doctora Carla el día de hoy.
—Es Colin. —Sus ojos se pusieron vidriosos, pero no pensaba llorar en medio de una tienda.
—Eso ya lo sé, porque anoche cenaron juntos, y tú no mencionaste absolutamente nada al respecto. —Escarlata colocó su pierna derecha sobre su izquierda. Estaba usando un short de tela color beige. Siempre se vestía con las prendas más estilosas. Cuidaba mucho su imagen.
Emma apretó su mandíbula, se encontraba mordiendo y estirando hacia su interior a sus ganas de llorar que deseaban salir y montar un drama en medio de la tienda. Entonces, Escalarta la tomó de la mano, haciéndole saber que podía decir lo que quisiera y cuánto quisiera, incluso si acabase llorando en el proceso.
—Primero, estábamos hablando normalmente, y le hice una broma que me dio mucha risa porque no le agradó saber que le estaba diciendo la verdad, y su reaccionó fue todo lo que no esperaba. Me llamó como solía llamarme cuando estábamos juntos. No sé qué planeó al soltarlo, pero, si quería descolocarme, lo logró.
»Entonces, sin pensarlo detenidamente, es más, no lo pensé de nada, decidí mandarle una especie de indirecta. Le pedí que bailara conmigo. Puse una canción de Andrea Bocelli que había escuchado en el día y que me hizo sentir identificada —las lágrimas se juntaron en sus ojos—. Nos abrazamos, y nos movimos despacio para disimular el hecho de que solo queríamos estar abrazados por tres minutos seguidos, al menos yo quería estar en su abrazo por tres minutos seguidos.
—La cagó —asumió Escarlata.
Sonaba a eso.
—No, no sé, bueno, no —sus lágrimas dibujaron un trayecto sobre su cara—. Tocaron la puerta en medio de la canción, y era una chica de la que nunca he escuchado hablar. Al principio, me incomodé, pero, vamos, conoce y trabaja con mucha gente, me calmé con eso hasta que escuché que le había estado dando clases. Colin nunca le daría clases a nadie porque apenas tiene tiempo para él mismo, pero ese no es el punto de quiebre. La chica apareció porque perdió su libreta y le preguntó a Colin si es que no la había dejado en la recámara del departamento.
—Demonios —resopló.
—La chica le dijo que sabía que en ese momento estaba con su otra amiga —cubrió su rostro por un segundo. Exhaló como si se encontrara sacando todo su mal—. Él se puso furioso cuando ella mencionó la recámara, la mandó a largarse y le cerró la puerta en la cara. Mi primera reacción fue irme. No podía seguir en su presencia. Me hubiese desmoronado frente a él. Quiso detenerme —hizo una pausa, tragando su llanto—, le dije que no necesitaba darme explicaciones porque él y yo no somos nada, entonces, me dijo que la chica no es nada. Me fui en ese momento.
—¿Le crees? —le acarició las manos.
Emma cubrió su cara otra vez, asintiendo con su cabeza.
—El jueves me escribió para decirme que me esperaba el viernes para cenar porque llevábamos dos semanas seguidas sin vernos —bajó sus manos, sollozando—. Ese jueves en la noche soñé que hacíamos el amor en su recámara, que me lo hacía.
—Eso está bien, ¿no? —le secó las lágrimas.
El sexo era un tema increíblemente sensible para Emma, lo evitaba incluso más que Gen. El último orgasmo que había tenido había sido sobre Milo, y, desde entonces, no se había reconciliado con su cuerpo, como si fuese indigna. En el cumpleaños número 22 de Escarlata, habían hecho una reunión de chicas en su departamento ubicado en West Hollywood, era la primera vez que Emma dormía en otra casa en mucho tiempo. No bebió ni un sorbo de alcohol, pero, a la mañana siguiente, llegaron a la puerta del departamento de Escarlata unos Satisfyer que hicieron que Emma se preguntara qué demonios había hecho anoche. Escalarta les había convencido a Emma y a Alicia que debían comprar unos. Emma llegó a su casa abrazando su mochila, se puso rojísima cuando su papá la saludó, corrió escalera arriba, y escondió el aparato en la profundidad de un cajón en su guardarropa.
El Satisfyer llevaba tres meses esperado un saludo.
Emma negó con su cabeza. ¿No estaba bien?
—Porque se supone que somos amigos.
—Amas a tu amigo, asúmelo.
—Y ese es el problema —terminó de secar sus lágrimas con su muñeca—, porque quiero estar con él, pero no sé si él quiere estar conmigo. No sé si todavía me ama o si solo me quiere porque tenemos una historia. Hace como dos meses que esto se ha vuelto insoportable para mí. Quiero ser su nena otra vez.
—Ha pasado 8 meses, y él no se ha visto con otra, bueno, omitiendo lo que sea que esa chica signifique, pero en verdad creo que ya estarías enterada si hubiese conocido a alguien más. En mi opinión, ese hombre sí te debía una explicación porque ustedes no terminaron, Emmy, no de esa manera, se dieron un tiempo para sanar con la esperanza de que iban a volver para amarse mejor que siempre.
»Deben hablar. Debes decirle que tú estás lista para regresar si él también lo está. O al menos debes actualizarlo con respecto a tus sentimientos, dile que lo amas todavía, porque, aunque todo parece indicar que él también lo hace, no confirmarlo te está enloqueciendo, y no queremos que enloquezcas.
—Tengo miedo —susurró como si no quisiera que su miedo la escuchara exponiéndolo.
—¿De qué, chiquita? —le tocó el cabello.
—De que no me ame fuerte —se miraron a los ojos.
Le aterraba imaginar que el amor de él no había sobrevivido al distanciamiento de sus corazones. Le aterraba pensar que le había caído lluvia encima, apagándolo, porque ella ya había confirmado que no lo necesitaba para curar sus heridas, no lo necesitaba para respirar, ni como inspiración para pintar, pero lo quería a su lado mientras aún respiraban, mientras aún sanaban una herida demasiado profunda, lo quería a su lado mientras ambos hacían lo que más les gustaba hacer.
—Pues, sabes lo que tienes que hacer.
Emma se quedó callada, asintiendo con su silencio.
—¿Estás mejor? —le preguntó Escalarta. Abrió sus brazos, y Emma se inclinó como la torre de Pisa, siendo atrapada por una de las personas más honestas que conocía. Escarlata le dio su momento para recuperarse en el abrazo, después la soltó—. De verdad quiero superar a tu regalo.
—Podrás superar mi regalo, pero nunca el lugar que ocupo en su corazón.
Escarlata rio, y le dio un empujón.
Emma y Gen hacían yoga juntas, eran fieles compañeras, lo que a veces provocaba comentarios bromistas de parte de Escarlata porque Emma y Gen eran las mejores amigas, y luego estaba ella. Emma, Gen, Escarlata, y también Alicia, se conocieron a principios de enero en un grupo de apoyo entre supervivientes de violencia de género, de aquellas reuniones donde mujeres se acomodan en círculo y hablan sobre sus experiencias de abuso, guiadas por una psicoterapeuta. Era un grupo nuevo de chicas jóvenes en una clínica de salud mental en West Hollywood. Emma asistió la primera vez sabiendo que no iba a regresar porque, si había accedido en un principio, había sido por una obligación que se hizo ella misma. Su psiquiatra le había asegurado que escuchar las experiencias de otras mujeres podía ayudarla a su recuperación, y ella, en ese momento, ya se encontraba dispuesta a hacer todo lo que necesario para sanar, pero no le agradaba mucho la idea de hablar frente a desconocidas, aunque no estaba obligada a hacerlo. No habló esa primera vez, de hecho, había hablado una sola vez durante los dos meses que asistió una vez por semana, pero Escalarta era una maestra a la hora de hacer amistades, o al menos eso era lo que Emma pensaba y admiraba de su amiga, le hizo un comentario sobre su lindo vestido después de la primera reunión, y, en la siguiente, ya se sentó al lado de Emma. Al final de esa reunión, intercambiaron Instagram, lo que, por cierto, cabe resaltar que Emma había borrado el suyo el año anterior para abrir uno privado donde solo la seguía su familia, en serio, no llegaba ni a los cincuenta seguidores, y la mayoría de las fotos eran de su gata birmana. Esa misma vez, Escarlata unió a Gen, más o menos la estiró, porque Gen podía ser incluso más reservada que Emma. Entonces, de pronto, un día del mismo enero, estaban las tres juntas en la marcha de mujeres de Los Ángeles porque Escarlata deseaba que sus dos nuevas amigas tuvieran su primera experiencia elevando la voz de esa manera. En la siguiente semana se les había unido Alicia, quien era la extrovertida del grupo, sin embargo, la mayor parte del tiempo actuaba como si las otras tres tuviesen algo especial de lo que ella no formaba parte.
—Mira este bolso —le enseñó Emma.
—Amiga, quiero a Gen, pero no tanto —bromeó, refiriéndose al precio que sabía que tendría.
—En realidad, lo quiero para mí —levantó el bolso marrón y posó con él como una modelo.
—Me gusta, y mucho. Adelante. Yo no pago tu tarjeta, querida —alzó sus manos como un gesto del que no se hacía cargo de los actos locos de Emma—. Sabía que terminarías comprándote algo. No se puede salir contigo sin que termines comprándote algo.
—Necesito distraer a mi corazón roto. —Una broma que no era broma. Tal vez el término correcto no era corazón roto, porque no estaba roto, al menos no por Colin Oschner, pero sí le dolía por no pertenecerle.
—Lo mejor es que siempre creas una buena excusa —dejó salir una risita.
En ese momento, el celular de Emma comenzó a sonar dentro de su bolso. Abandonó el que pretendía comprar innecesariamente. A continuación, el celular de funda amarilla casi cae de sus manos al ver la foto de un Colin sonriendo en la pantalla. Escalarta la sacudió para que reaccionara antes de que su hombre se le escapara, pero ninguna tenía idea de lo bien amarrado que estaba. Pasó al buzón, él colgó, y llamó otra vez.
—¡Emma Miller! —chilló Escarlata con unos ojos enormemente amenazadores.
Emma deslizó su dedo en la pantalla, y llevó el celular a su oreja de forma acelerada.
—Hola —habló con plena naturalidad. Debía abandonar su hogar para mudarse a Hollywood porque era excelente fingiendo que no pasaba nada cuando pasaba todo.
Colin tocó con sus dedos el borde de su plato de almuerzo a medio terminar, se hallaba comiendo solo en un restaurante inmediato al campus. En esa escena habitual interpretaba al chico solitario del lugar.
—Hola. ¿Cómo estás? —Él estaba mirando hacia abajo.
—Bien, bien —había dudado, pero sonó convincente. Escarlata levantó su dedo índice como acusándola de mentirosa. Emma volteó, alejándose unos pasos de ella—. ¿Y tú?
—No muy bien. —Ahora tocó la pantalla apagada de su tablet.
Emma giró a ver a Escarlata con unos ojos gigantes, la otra murmuró un «¿Qué?» súper intenso.
—¿Pasó algo hoy? —Emma sujetó el estante que tenía al lado.
—Pasó algo anoche. —Hubo un silencio de parte de ambos. Él mandó el mensaje y ella lo recibió exitosamente—. Quiero verte hoy si es posible.
—Hoy es el cumpleaños de Gen —recordó. Escarlata agarró un bolso y fingió querer lanzárselo en la cabeza—. No puedo —añadió, mirando a Escarlata a los ojos, quien ahora agarró un pañuelo y se lo colocó alrededor de su cuello para fingir un estrangulamiento.
Colin cerró sus ojos, frotando su frente suavemente.
—¿Crees que le moleste si voy por unos minutos?
—Pues. . . —mordió su pulgar.
—Necesitamos hablar, Emma. De frente.
Emma bajó el celular, tapando el micrófono.
—Quiere verme en la fiesta de Gen —susurró.
—Santa mierda. —Escarlata llevó una mano a su pecho emocionado.
—Pregunta si es que a Gen le molestará que vaya por unos minutos. —Sus ojos volvieron a cristalizarse porque su amorcito quería verla.
—Puedo decirte de una forma muy grosera lo que pienso sobre la opinión de Gen. —Escarlata cruzó sus brazos bajo sus pechos, después lo pensó mejor—. Pero no le molestará, Emma, es más, estaría furiosa ahora mismo si supiera que lo estás dejando en espera —apuntó el celular.
Emma regresó al planeta mientras Colin pronunciaba muchos holas al otro lado.
—No le molestará. Puedes ir si quieres —respondió al celular.
—De acuerdo. Genial. —Colin esbozó una media sonrisa—. Mándame la ubicación. Por favor.
—Lo haré. Ah, comenzará a la tarde —tocó su cabello mientras sonreía también.
—Está bien. Veré qué le invento a Cohen.
Era sábado, pero estaban a mitades de agosto, y el profesor Cohen se iba a arrancar las pestañas si no enseñaba su investigación a la comunidad científica ese año, su meta estaba puesta en diciembre, y esa era una de las razones por las cuales Colin seguía remando como su asistente. Sinceramente, no sabía cómo había acabado el posgrado en dos semestres, teniendo en cuenta de que había en una depresión hace un año, y toda aquella batalla que vivieron por meses antes de que encerraran a Milo Walton por cinco años en una correccional de Nueva York. Obtener el posgrado en medio de sus luchas internas le hizo darse cuenta de que siempre podía más, encima, pausar era algo que ni siquiera Amber le aconsejó, le había dado todas las herramientas necesarias para que tomara el posgrado con calma mientras trabajaba en sí mismo, pausar esa parte de su vida hasta podía haber sido contraproducente. Además, el posgrado le había ayudado en los primeros dos meses del tiempo que se dio con Emma, enfocó su mente en la universidad, aunque el dolor de extrañarla era, en muchas noches, insoportable. Hasta ahora.
—Está bien —lo imitó. Iba a engañar al profesor para verla. Sonrió. Ella seguía siendo importante para él.
—Nos vemos entonces. No te olvides de mandarme la ubicación —le reiteró.
—Nos vemos, Cole —se tomó de su frente, demasiado feliz para decir algo más.
—Emmy —dijo, y colgó.
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Colin aparcó su Benz EQC blanca frente a una mansión de cristales en Beverly Hills. Miró la entrada, sabiendo que probablemente nadie le abriría con toda la música sonando en la parte trasera, así que decidió entrar sin permiso. Destrancó un portón bajo que dirigía al jardín. El cumpleaños era al estilo boho. No había mucha gente, exactamente como Emma le había contado. Probablemente unas veinte personas dispersas en grupos. Emma se encontraba de pie, hablando con Escarlata y Alicia, cuando las otras dos se percataron de que Colin había llegado. Joder. ¿De qué agujero bendito Emma lo había sacado? Escarlata, y Gen, lo habían conocido luego de la marcha de mujeres de Los Ángeles, pues era el tiempo en que el corazón de Colin todavía no se acostumbraba a estar lejos de su nena, y se había escapado de Cohen por unos minutos para ir a verla. Colin les había tomado una foto que se encontraba en el Instagram de las tres. Por otra parte, Alicia lo había conocido cuando, en una ocasión, Colin había pasado a buscar a Emma del departamento de Escarlata no hacía tanto tiempo. Las tres sabían toda la historia de Emma y Colin. Las tres estaban de acuerdo en que era el hombre más sexi que habían conocido. Las tres estaban de acuerdo en que ambos hubiesen tenido un bebé precioso.
—Llegó Colin —avisó Alicia, quien era una chica de 21 años. Era de tez morena y de cuerpo robusto, tenía un lunar pequeño arriba de su ceja derecha. Estaba usando un atuendo boho, las tres estaban lo usando.
Emma volteó de inmediato. Colin estaba parado a unos metros, mirando hacia ella. Hicieron contacto visual que por alguna razón la ruborizó demasiado. Ella avanzó primero, después él terminó de acortar la distancia entre los dos, encontrándose en el medio. No se dijeron nada al inicio. Emma lo abrazó, poniéndose de puntitas con sus sandalias con flecos, mirando hacia arriba, y recibió un beso en la mejilla. Después, Colin sonrió al ver los dos mechones falsos de cabello que Emma tenía en color rosa, agarró uno, y por fin habló.
—Me gusta.
—Es de mentira.
—Y me gusta tu short.
Emma miró hacia abajo. Estaba usando un short con estampado de girasoles, y una blusa blanca con bolados en las mangas. Tenía el cabello peinado con ondas. Los mechones falsos no estaban planeados, los había visto en una tienda cuando estaba comprando accesorios como anillos boho, y se dio cuenta de que nunca usaba nada fuera de lo común.
—Y a mí me gusta tu camiseta —sonrió.
—¿Sí? —se miró el estampado en su camiseta gris de Einstein sacando la lengua—. Me la regaló alguien que me considera lo suficientemente nerd para usarla.
—Ese alguien debe conocerte bien —mordió su labio en medio de una sonrisa.
—Me conoce mejor que nadie —regresó a mirarla a los ojos.
Emma apartó su mirada rápidamente. Corría el riesgo de ruborizarse penosamente. Colin hubiese dicho que su rubor no era penoso, especialmente cuando ocurría por él, pero, en la mente de Emma, sí lo era, así que decidió dejar atrás lo que sea que esas palabras significaban. Iba a cambiar de tema, pero él se le adelantó, porque sabía que ella acababa de incomodarse por alguna razón que no comprendía porque había creído que estaban en la misma sintonía.
—¿Dónde está Gen?
Emma giró hacia la piscina, y lo agarró de la muñeca para guiarlo. Entonces, Colin hizo que lo soltara, y entrelazó los dedos de sus manos. Ella cerró sus ojos por un instante, mientras seguía caminando, pidiéndole al cielo que esa acción significara eso que deseaba con todo su corazón. Él la contempló en la marcha, estudiándola en cada centímetro, le rogó a Dios que ella entendiera que su corazón no quería estar más sin su amor. Llegaron hasta donde Gen estaba de pie, bebiendo gaseosa enlatada con un grupo de cinco personas, ya estaba enterada de que Colin aparecería autoinvitado, y Escarlata tuvo razón, no le molestaba, es más, le emocionaba que viniera por Emma. Emma tocó con su dedo el hombro de Gen, acercándose más a Colin, también se dio cuenta de que unas chicas lo estaban mirando demasiado. Colin le soltó la mano para agarrarla de la nuca, no se dio cuenta de que lo estaban mirando, probablemente porque estaba perdido en Emma Miller Balmer.
Gen se dio la vuelta, esbozó una sonrisa nerviosa al verlo.
—Hola. Hola, Colin. —Era naturalmente tímida. En realidad, no. Tenía ansiedad social, y su fiesta de cumpleaños había sido un bum. Estaba rodeada de personas con las que se sentía cómoda, no lo hubiese hecho de otra forma, pero Colin era de aquellos chicos que ella consideraba que la hacían sentir incómoda por su belleza. Ya ven, Emma era la amiga del novio lindo. Además, lo conocía muy poco.
—Feliz cumpleaños, Gen —le apretó el brazo por un segundo.
—Gracias —sonrió. Gen tenía el cabello negro por encima de sus hombros. Sucedió que una vez, un hombre, quien era un empresario rico, oriundo de Japón, se enamoró de una chica de California, y así nació la fiel compañera de yoga de Emma. Casualmente, Gen había nacido en el mismo hospital que Emma.
—Te hubiese traído un regalo, pero no salí de la universidad hasta ahora.
—No te preocupes.
Emma abrazó el brazo de Colin, diciendo:
—No queremos interrumpirte, cumpleañera.
En realidad, quería decir que quería disfrutar de su amorcito.
—Coman algo. Diviértanse. —Gen sonrió más nerviosa que hace rato, después regresó a donde sus amigos, preguntándose si lo que había dicho sonó bien frente a Colin.
Emma ya había comido, pero podía beber algo. Caminaron hasta una mesa, de donde sacó dos latas de gaseosa de una hielera. En la fiesta de Gen no había alcohol.
—¿Quieres comer algo? —le preguntó a Colin.
—No —abrió la lata, y le dio un sorbo antes de contar su situación—. Le dije a Cohen que saldría a buscar la cena porque pienso quedarme en el edificio hasta que me echen. ¿Podemos hablar a solas?
Tenía que irse pronto. Emma se desilusionó mucho.
—Claro, sí —dejó su bebida sin tomar, y caminó hasta la casa.
Colin la siguió, entendiendo perfectamente que la había desilusionado.
La sala estaba ocupada por dos chicas cotorreando. Emma miró a su alrededor, y se decidió por las escaleras de barandas de vidrio, se sentó en uno de los escalones arriba, estaban cerca de la puerta principal. Colin se sentó a su lado, colocando la lata entre sus pies, miró al frente al principio, después giró un poco para verla a la cara. Emma se obligó a mirarlo también, tenía demasiado atorado en su garganta, quería decirle un montón de cosas que terminaban convirtiéndose en nada porque se superaba al tratar de procesarlas.
—La chica se llama Georgia. La conocí ahora, en la escuela de verano, en un seminario que dictó Cohen a estudiantes de primer año —explicó. A Emma se le escapó un suspiro, y miró al frente, situación que lo desesperó totalmente—. Me dio su número porque necesitaba ayuda en su clase. Y no sé, sinceramente no sé porqué decidí ayudarla. Estaba aburrido.
—Wow.
—Emma.
—Mientras tanto, debo esperar horas para que me respondas con un emoji, pero tienes tiempo para sentirte aburrido. Sé lo que significa estar aburrido para los chicos, y también sé cómo planeabas desaburrirte. —Estaba muy furiosa y con una herida de bala en el corazón. Quería ocupar la cama de Gen para hacerse bolita bajo las sábanas—. Está bien. No somos nada. Da igual lo que hiciste o no.
—Deja de decir que no somos nada —habló enojado, cubrió su rostro con frustración. Emma regresó a mirarlo, dándose cuenta de que lo había hecho llorar—. Y no digas que da igual.
—Pues, tú actuaste como si no fuésemos nada en el momento en el que la llamaste.
Colin destapó su cara, enseñando sus lágrimas.
—Eso no iba a pasar. Tú lo sabes perfectamente.
—¿Entonces para qué la llamaste? ¿Querías hacer tu acto de filantropía con la chica linda?
—No. Porque me asusta pensar que ya no me amas.
Emma lo miró con el ceño fruncido.
—Porque soy un estúpido tratando de distraerse con cualquier cosa, incluso con una imbécil que va a mi departamento para joderme la noche contigo porque le dije que se busque otra persona que la ayude. No pasó, y no hubiese pasado, porque te amo más que hace un año, porque te amo más que hace cinco minutos atrás. Estoy completamente enamorado de la chica que conocí hace dos años, pero la mujer en la que se está convirtiendo me está volviendo loco.
»Y tengo miedo de que ya no me ames fuerte, tengo miedo de que solo me quieras porque en algún momento me amaste bien, de que solo me aprecies porque hubiésemos tenido un hijo juntos de no haber sido por esas personas —secó sus lágrimas con su muñeca, mirando hacia abajo—. Te extraño demasiado.
Emma miró hacia abajo, tomándose de la frente mientras sus cachetes ardían.
—Cole. —«Dile que también lo amas. Dile que acaba de describir tu propio miedo».
—¿Qué? —la miró.
En ese momento, una llamada de Cohen los interrumpió.
—Atiende —pidió, viéndolo con ojos llorosos.
—No —negó con su cabeza. Tenía mocos y lágrimas—. Dime lo que tengas que decir.
Emma le sacó el celular de su bolsillo, y atendió, poniéndolo frente a él.
—Habla. —Porque en ese instante se creía menos importante que esa llamada.
Colin agarró el celular y se tomó de su puente nasal, cerrando sus ojos.
—Hola —trató de sonar normal. Emma escuchó regaños al otro lado, le preguntaba dónde demonios estaba, si es que había ido a matar una vaca para hacer una hamburguesa—. Tuve que hacer un desvío.
Emma se bajó de las escaleras, y Colin abrió su boca, queriendo decirle que se sentara otra vez con él, pero guardó silencio mientras escuchaba órdenes de su profesor neuróticamente malhumorado.
—Sí, señor —se levantó también.
Ella miró hacia la fiesta de cumpleaños, hacia sus amigas. Entonces, él colgó la llamada después de que el profesor la colgara primero, y sin despedirse, la tomó de la mano, odiándose profundamente por lo que iba a decir a continuación.
—Debo irme ahora mismo.
—Lo entiendo.
—Mañana es mi día libre, y . . .
—Te llamaré.
—No hagas eso —le suplicó, negando con su cabeza.
—Necesito calmarme primero. —Porque era una bola gigante de ansiedad—. Y tú también.
Colin la miró una vez más, quebró la unión de sus manos, y se dirigió a la puerta.
—Yo le esperaría toda la eternidad a mi nena —le recordó, y se marchó.
∞
¡Hola! ¡Hola!
Antes que nada, he decidido que, por el momento, los domingos serán de actualización <3 siempre y cuando no tenga alguna ocupación de por medio, en ese caso, pasaríamos a lunes, pero ya saben que siempre aviso esas cosas a través de mi cuenta de Instagram, ¡así que síganme por ahí!
Ahora vayamos a la verdad. ¡Qué capítulo que amo! Hace 8 meses que Emma y Colin están separados. Omg. ¿Qué piensas al respecto? ¿Buena decisión? ¿Mala? ¿Quieres llorar?
Y Colin también nos terminó de aclarar la duda sobre Georgia. Una muy mala decisión de su parte, pero *quienes somos nosotrxs para juzgarlo* (chiste). ¡Júzgalo todo lo que quieras! Cuéntame qué piensas sobre eso.
Otro punto, no menos importante, ¡las nuevas amigas de nuestra bebita! Desde ya, vengo a declarar, no me importa que sea el segundo capítulo, que Escarlata es otra de mis bebitas. Por supuesto, aún queda mucho por conocerlas, pero ¿quién les ha caído mejor hasta ahora?
Y luego está lo secundario, pero shippeable, Gael y Gillou son el mayor plot twist no plot twist, o sea, era tan obvio, pero al inicio no, ya saben. GiGa es la ley. A alguien debemos shippear aquí, ya que Emma y Colin andan por su lado. (Broma pesada a mí misma), pero, en ese caso, yo también shippeo, y mucho, a Jakey y Bianca. Jianca(?
En fin, sin nada más que agregar. ¡Cuéntenme qué les ha parecido el capítulo!
Y nos leemos en el capítulo 3.
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