18: Comprometida

—¿Qué opinan? —Emma terminó de ajustarse las correas hasta las rodillas de sus tacones plateados, muy al estilo fantasía, se apuntó a sí misma, mientras las otras tres la miraban impresionadas. No era una Barbie porque esa noche su atuendo estaba inspirado en Stella del Club Winx. Tenía puesto un vestido ajustado color naranja, con tirantes, y se había maquillado ella misma en tonos amarillos y naranjas, se había puesto piedrecitas en el maquillaje, y se había ondulado el cabello que esa noche le brillaba más que siempre.

Carla levantó su celular lentamente, y le tomó una foto.

Ahí estaba la respuesta a lo que opinaban.

—¡Qué mujeres! —La rommie de Carla, Milena, quien era una chica esbelta de cabello negro hasta la cintura, se asomó a la puerta del cuarto de Escarlata—. ¡Son los ángeles más lindos que he visto en mi vida!

—Lena —Carla soltó su celular en la cama—, ya te dije que somos las hadas del Club Winx.

—Me refiero a que son unos benditos ángeles. Por favor, pónganle un cartel a Emma que diga que está en una relación porque se cansarán de escucharla rechazar toda la noche —gesticuló exageradamente con sus manos. Emma se sonrojó, pensando en su relación—. Y bueno, Gen y Ali tampoco se quedan atrás. ¡Son unas diosas!

—¿Y yo qué? —preguntó Carla.

—Tú no bebes nada esta noche —respondió.

—Sí, señora —hizo un gesto militar, llevando una mano a su frente.

—Explíquenme quién es quién antes de irme. Mi cita me está esperando abajo.

—Bueno —dijo Emma—. Yo soy Stella, Carla es Flora, Gen es Musa, y Ali es Aisha.

—Tú pudiste haber sido Bloom o Tecna —le dijo Alicia a Milena.

—Más me hubiese gustado ser una de las villanas sexis. Bueno. Pórtense bien y cuídense mucho —las apuntó a todas, y se marchó. Carla le gritó que regresaría muy tarde—. ¡Está bien! ¡Llámame si me necesitas!

Las cuatro escucharon cómo la puerta principal del departamento se cerró fuerte.

—Me siento... extraña —habló Gen, tirando hacia abajo de las piernas de su short fucsia. Tenía dos colitas en el cabello hechas por Emma, y también estaba maquillada por ella en tonos rosados brillosos.

—¡Por favor, no! —Escarlata se puso de pie desde la cama, con su vestido corto en color rosa. A ella la diferenciaba un collar con un dije enorme de flor porque se había tomado muy en serio su papel de Flora—. Te ves de lo más hermosa, Gen. Todas nos vemos hermosas. —Hasta ella se sentía hermosa. Esa noche no estaba mirando sus inseguridades, aunque al final siempre terminaban apareciendo porque era una guerra continua.

—Bueno. Yo me siento más linda que ridícula. —Alicia al principio no estaba convencida de nada. Estaba usando un vestido suelto en color verde. Carla la había maquillado con los tonos de Aisha. Cuando niña, Alicia se creía la más grande fan de Winx, pero la idea de usar un atuendo inspirado en ellas no le terminó de gustar, pues no era delgada como las hadas de la caricatura, no era delgada como sus amigas. Sin embargo, los comentarios de Lena le habían llegado justo a tiempo. Lo bueno de ir al departamento de Carla es que Milena era una auténtica porrista.

—¡Pero, Ali, te ves fantástica! —Emma dio un brinquito acelerado—. Dios. Estoy emocionada. Es la primera vez que hago esto. ¿Podemos irnos ya? ¿Podemos hacer un pacto de que no nos separaremos en la fiesta? —giró a buscar su pequeño bolso transparente de correa larga donde iba a guardar su celular y una de sus tarjetas.

—Hicimos un pacto ayer —les recordó Alicia. El mismo pacto que hicieron el sábado, pero lo repitieron la noche del domingo con mucha seriedad—. No alcohol. No chicos... ni chicas. Solos nosotras cuatro.

—¡Amén, hermana! —gritó Carla, mirando el techo—. Vámonos, vámonos. Alquilé una camioneta.

—¿Alquilaste qué? —preguntó Gen.

—No se preocupen. Son mis invitadas —contestó.

La camioneta negra de cuatro asientos traseros que se ubicaban frente a frente era conducida por un chofer camino a nada menos que Bel Air. En la tarde, Emma y Gen habían mirado el Instagram de la influencer de quien sutilmente se habían metido a su lista de invitados. La señorita cumplía 25 años, y se dedicaba a los cosméticos, era jodidamente rica, vivía con su novia y con su caniche miniatura. Era amiga de medio mundo, así que habría mucha gente en su mansión.

—Debí haber traído otros zapatos —dijo Gen, por encima de la música del coche.

Las otras tres le miraron las botas con plataforma.

—¿De qué hablas? Serán los zapatos más fantásticos de la noche. —Emma sonrió, tomándola de la mano antes de que su celular brillara en su bolso. Escarlata bajó el volumen para que pudiera contestar—. Hola —sonrió.

—Hola. ¿Ya estás en la fiesta? —le preguntó Colin al otro lado.

—En camino. ¿Tú ya estás en tu depa? —usó su índice para liar su cabello como un cable de teléfono.

—Llegué hace rato. Acabo de salir de la ducha. Solo quería saber cómo estás, y todo eso, y decirte que espero que te diviertas, corazón. Ah, ¡y baila mucho! —exclamó en un tono animado, y pudo escuchar la risa de ella, y un cielo se formó justo arriba de su cama, donde estaba sentado en toalla. Estaba tan benditamente feliz por todo lo que implicaba que ella saliera a una fiesta con amigas.

—Lo haré, pero siempre guardo mis mejores pasos para nuestra sala —rio.

Colin sonrió.

—Nuestra. Me gusta eso.

Emma entreabrió su boca, y reaccionó.

—Quise decir, ¡tu sala! Guardo mis mejores pasos para tu sala, con tu sofá blanco, y tu desastre, en tu departamento, donde está tu cama, y tu refri —mordió su pulgar mientras sus tres amigas la miraban con unas sonrisitas que la hicieron sonrojar.

Colin rio al otro lado.

—Qué nena más graciosa me tocó.

—Te amo —pronunció, y las otras gritaron un «¡Aauu!» que hasta Colin pudo escuchar.

—Ellas no conocen a mi nena si creen que así define su dulzura.

Emma cubrió su cara con una mano mientras sus amigas seguían gritando como si se encontraran yendo a una fiesta en la prepa y al otro lado de la línea estaba el guapo de último año. Se inclinó hacia delante, cubriéndose parcialmente la boca, tratando de que no la escucharan decir:

—Eso es porque nadie conoce a tu nena como tú lo haces.

—Afortunado yo. También te amo, mi amor.

—Te enviaré fotos más tarde —se sentó derecha de nuevo.

—De acuerdo.

—De acuerdo.

—Cuídate. Cuídense.

Emma observó a sus amigas, y dijo:

—No te preocupes. Estaremos juntas.

—Genial.

—¿Chau? —sonrió.

—Chau, mi nena.

Emma regresó su celular a su bolso mientras Escarlata hablaba:

—Escuchen. ¿Se acuerdan de Valerie? La de cabello multicolor. Esta en la fiesta, y me mandó una foto. Miren —puso su celular en el medio. Gen fue la primera en acercarse a mirar la foto, se preocupó por la cantidad de personas aglomeradas que parecía haber, luego, Alicia se adueñó del celular, vio la misma foto, y se ansió al imaginar la cantidad de piel y hueso que vería esa noche, tampoco esperaba ver otra cosa en el maldito y enfermo Bel Air.

—Está bien. Nos divertiremos. —Emma no miró la foto, solo le sonrió a cada una.

No sabían cuántas veces habían repetido la misma frase «Nos divertiremos». Cada una estaba ansiosa a su manera, hasta Carla lo estaba, pues quería que sus mejores amigas la pasaran bien. ¡Era la primera vez que salían a una maldita fiesta juntas! Era la primera vez que Gen salía a una. Alicia recordó que la última vez que bailó en una fiesta fue en la boda de su prima hacía tres años, y Emma prefería arrancarse cada uno de sus recuerdos porque antes la palabra fiesta venía con alguien a quien alguna vez llamó mejor amiga, y ya, ya, ya, no pensaría en ello. ¡No!

—Las quiero —dijo Emma—. Nunca he tenido amigas con quienes hacer esto.

—¿Esto? ¿Colarte a una fiesta? —preguntó Alicia.

—Y estar emocionada por hacerlo —rio, frotando sus manos entre sí.

—No se colarán. Están en la lista, señoras. Valerie me lo confirmó —dijo Escarlata—. Bueno. Ya que están poniéndose sentimentales quiero decirles: gracias por hacerme caso, chiquitas.

—¿De nada? —Gen frunció su ceño.

—Sé que cada una estaría haciendo lo suyo a esta hora, pero eligieron estar aquí conmigo. Nunca antes me he sentido tan conectada con otras personas. Es desagradable pensar que nos unió un pasado, pero ¡a la mierda eso! Estamos juntas en el condenado presente, y las quiero en mi futuro —llevó una mano a su pecho, agarrando el dije de flor de su collar blanco.

—Escarlata... —dijo Gen.

—Son las que me inspiran día a día —añadió.

—No sé qué hubiese sido de mí sin ustedes —dijo Emma.

—Por favor. —Alicia tapó su cara con sus dos manos, por un instante—. Yo también las quiero mucho, pero no se pongan en ese modo ahora mismo. Seamos normales. Nos divertiremos.

—Repetirnos que nos divertiremos, cada 3 minutos, no puede ser normal —pensó Gen.

—¡Eso es porque no somos normales! ¡Somos cuatro hadas fantásticas! —Carla sacudió sus brazos como si quisiera sacarse los sentimental de su cuerpo, y se las ingenió para tomar la mano de cada una—. ¡A-divertirnos!

Se trataba de una mansión de fachada blanca. Enorme, por supuesto. Lograron entrar después de que una mujer comprobara sus nombres en una lista desde un IPad. Había una DJ de cabello fucsia, había gente bailando, bebiendo, comiendo, y, sobre todo, había mucho brillo. La gente vestía sus atuendos más coloridos, brillosos y mágicos, y la mayoría estaba obsesionada con postearlos en sus redes sociales.

—Wow. Parece una fiesta virtual. —Alicia las miró mientras caminaban, adentrándose a la mansión.

—Nadie está mirando porque todos están ocupados con sus mundos —se tranquilizó Gen, quien sostenía con fuerza la mano de Emma al caminar. No todo el mundo estaba en su mundo virtual, pero la cantidad resaltaba.

—Nos divertiremos —dijo Escarlata, poniéndose delante de las tres.

—Si alguna repite esa frase otra vez empezaré a aburrirme —advirtió Alicia.

—¿Emma? —dijo Gen.

Las tres la miraron.

Emma les sonrió, y las abrazó, diciendo:

—¡Estamos juntas!

—Señoritas —les habló un camarero que sostenía una bandeja con copas con alguna clase de alcohol.

Emma soltó a sus amigas, y Escarlata le dijo al hombre:

—¿Puedes conseguirnos 4 latas de Coca Light?

—De inmediato —respondió, alejándose de ellas.

—¿Están bien? —preguntó Carla—. ¿Gen? ¿Ali?

—Aún no me quiero ir —bromeó Gen.

—La música me gusta —habló Alicia.

Escarlata miró a Emma, quien dijo:

—Me siento linda...

—¡Oh, Dios! —dijeron las tres, empujándola despacio de forma bromista.

Emma soltó una carcajada exagerada, y acogió el abrazo que le dio Escarlata. Era verdad. Se sentía linda, y no de la forma presumida, sin embargo, tenía la barbilla hacia arriba y se sentía extrañamente poderosa. No estaba escondiéndose entre sus hombros, su postura estaba correcta, y no le importaba que un desconocido la mirara por reírse demasiado. Le encantaba cómo le quedaban sus tacones de correas largas, y nunca se había sentido tan cómoda con un vestido ajustado o de tirantes. Podía sentir algo en medio de su pecho, un cúmulo de admiración hacia ella misma que nunca pensó que podría llegar a sentir en su vida.

El camarero les trajo 4 latas de Coca light, y las cuatro las abrieron al mismo tiempo.

—¡Por nosotras! —gritó Emma, alzando su lata.

—¡Las cuatro hadas fantásticas! —añadió Escarlata.

—¡Y por una noche sin conquistas! —dijo Alicia, viendo a Escarlata.

—Amigas, mi conquista está en mi bolsillo —confesó Escarlata.

—¿Qué? —inquirió Gen.

—La conocí en Tinder —comentó casualmente.

—¿Qué? —Emma abrió su boca, sorprendida.

—La vez que te dije que me iba a descargar Tinder... —le recordó.

—Entonces, ¡brindo por Tinder también! —exclamó Gen.

Y las cuatro chocaron sus latas.

Se encontraban sentadas en el interior, en unos sofás blancos, charlando, frente a la pista de baile repleta de personas moviéndose al ritmo de la música. El piso de mármol claro brillaba con las luces LED multicolores, y el techo estaba cubierto de globos transparentes con lucecitas dentro. Había una pantalla gigante que mostraba colores y animaciones en ultra definición. La DJ estaba en su momento de gloria con Blinding Lights de The Weeknd.

—¡Ugh! Vamos a bailar. —Emma se cansó de mover sus piernas sentada en el sofá.

—Paso por ahora —dijo Gen.

—¡No! —Escarlata se puso de pie y Emma la imitó de forma inmediata, como si llevara mucho tiempo esperando a que se pusiera de pie primero para poder seguirla—. No vinimos a hablar sobre la vida y a beber Coca-Cola. Nos hubiésemos quedado en mi departamento si ese era el plan. ¡Vamos!

Emma tomó las manos de Alicia, levantándola del sofá sin mucho esfuerzo, pues no se estaba resistiendo, a diferencia de Gen, quien era la más liviana entre las cuatro, pero necesitaron unir fuerzas para llevarla a la pista de baile. Emma la sacudió al ritmo de The Weeknd, la hizo bailar, Gen se movió de forma incómoda, observando mucho a su alrededor, vigilando que nadie la estuviera vigilando.

—¡Gennie! —gritó Emma.

Gen sonrió un poco, y se rio de Emma porque nunca antes la había visto tan eufórica. Entonces, la DJ pasó al clásico Where Them Girls At de David Guetta, y Emma se transformó en otra persona.

—¡Es mi canción! —les dijo.

Alicia pensó que toda canción era la canción de Emma. Escuchaban esa frase con frecuencia. Escarlata tomó la mano de Emma, y comenzaron a bailar juntas sin dejar de lado a las otras. Sin embargo, Emma se adueñó del protagonismo durante el rap de Nicki, poniéndose en medio de sus amigas para bailar como si fuese la única persona en esa pista. Bajó hasta que sus nalgas estuvieron a centímetros de tocar el suelo. Las tres le gritaron, silbaron, y se rieron cuando ella tuvo un ataque de risa al erguirse. A Gen le fue difícil no soltarse más después de esa escena.

Bailaron mucho antes de detenerse a descansar. Lo cierto es que Emma no sabía de descansar, no sabía de quedarse quieta. Movía su cabeza, sus piernas, sus manos, mientras cantaba la canción que viniera. Estaba tan llena de pilas como la DJ energética en la cabina.

—Ey —dijo un tipo de cabello rizado, parándose frente a los asientos donde estaban las cuatro.

—No, gracias —respondió Escarlata, moviendo su mano como forma de ahuyentarlo.

—En realidad, venía por tu amiga la rubia. —El hombre miró a Emma, apuntándola con su barbilla.

Emma no fue consciente de la situación hasta que sus amigas la miraron con unos ojos enormes. Se sacudió de la cabeza la canción de Lady Gaga que estaba sonando, y vio al tipo con una cara avergonzada. No supo cómo reaccionar a continuación. Desde su primer semestre en la universidad que alguien intentaba coquetearle.

—¿Qué? ¡No! —llevó una mano a su pecho.

En un segundo, el tipo borró su sonrisa de ganador.

—Está comprometida. Lo siento. —Escarlata movió su mano otra vez para finalmente ahuyentarlo. El tipo se regresó con sus amigos, quienes lo molestaron y se rieron, mirando hacia su rechazo de la noche. Emma prefirió no volver a mirar hacia esa dirección—. Tu amiga la rubia dice. ¿Qué les pasa a los hombres? Demonios.

—¿Podemos tomarnos otras fotos? —Emma ignoró por completo todo lo que acababa de pasar.

—Sí. —Alicia prefería eso antes que regresar a la pista. Gen no era la de los zapatos equivocados, era ella.

—¡Amigo! —Emma le llamó a un camarero.

¿Amigo?

—¿Puedes tomarnos unas fotos? —le pidió cuando llegó hasta ella.

—Por supuesto, señorita —contestó.

—Gracias —le pasó su celular.

Las cuatro se levantaron. Posaron de diez formas distintas, pero el camarero era increíblemente paciente, en serio. Al final, Emma le agradeció por su amabilidad, y se sentó en el sofá para ver las fotos mientras Alicia se quejaba de dolores de pies. Emma sonrió cuando su celular vibró en sus manos.

—Cole dice que nos vemos hermosas.

—Gracias —dijo Gen—. Dile que un muchacho pensó lo mismo sobre ti.

—¡Se pondrá celoso! —pensó Alicia.

Emma esbozó una sonrisa, viendo su pantalla, no las estaba escuchando para nada.

—Eh, ¿saben dónde queda el baño? —bloqueó su celular, haciendo una vista panorámica de su alrededor.

—Creo que es por allá —señaló Carla con su dedo—. Vamos.

—No se preocupen —se puso de pie.

—Amiga, hicimos un pacto —le recordó.

—Es cierto —asintió.

Encontraron un baño de invitados en el mismo piso.

—No me tardo —les dijo, entrando al cuarto.

Lo cerró bajo llave, y se acercó al lavabo donde se acomodó el cabello, sacó el gloss que había traído en su bolso, y se pintó los labios frente al espejo, a continuación, sacó su celular y entró a la conversación que tenía con él. Activó la cámara en modo selfi, y se miró, arreglándose el cabello por segunda vez, seguidamente, bajó el escote lo más que pudo, dejando que se viera su brasier color nude. Se tocó el labio inferior con un dedo, no de una manera necesariamente sexi, y tomó la selfi. Se la mandó.

La respuesta fue inmediata.

Colin le mandó un emoji acalorado.

Emma sonrió un poco, viéndose al espejo, después regresó a la pantalla.

Oschner: Me estoy tocando.

Su corazón se aceleró como si acabara de subir a la montaña rusa más rápida del mundo. Tragó saliva. Las manos le temblaban, sus huesos vibraban tanto que apenas pudo responder.

Emma: En serio?

Oschner: Sí.

Oschner: Por ti.

Sus ojos brillaron. Regresó a mirar su foto, en la que sus senos tenían todo el protagonismo. Su maquillaje estilo mágico le daba vida a la fotografía. No sabía de muchas cosas, pero sabía que esa era una de esas fotos sexis de las que uno no espera recibir sin aviso, pero que siempre es bien recibida. Entonces, apareció una llamada entrante de Oschner en la pantalla junto con la carita sonriente de su amorcito.

Emma se estremeció, sus rodillas temblaron, se puso completamente débil de pies a cabeza sabiendo que, al otro lado, él se encontraba acostado, tocándose por ella, y quería hablar con ella.

¿Por qué quería hablar con ella?

—Hola —respondió, y se tapó la boca con su mano.

—¿Estás sola? —preguntó con el tono de voz que le salía cuando ya estaba excitado.

—Sí... Estoy —miró el reflejo de la puerta en el espejo— en el baño.

—Bien —suspiró entrecortado.

Emma verificó su reloj analógico.

Eran la 1 de la mañana.

—¿Qué estabas haciendo?

—¿Por qué me mandaste esa foto?

Se ruborizó. Mucho.

—No lo sé.

—Quieres mi atención.

—Sí. Quiero tu atención.

—Pues, ya la tienes.

Emma vio el techo, apretando sus piernas inconscientemente.

—Quiero estar sobre ti —soltó.

—Yo quiero que estés sobre mí. Es todo lo que quiero ahora —respiró fuerte en el micrófono cuando encontró el punto exacto en su erección.

Emma sintió humedecerse, su braga comenzó a absorberla, estaba en problemas. Su libido le estaba dando soplidos a lo largo de su columna, desde su espalda baja hasta su nuca, como un alma en pena, no la iba a abandonar por el resto de la noche hasta que le resolviera un conflicto terrenal.

Pero gracias al Rey del cielo tenía un novio más caliente que el infierno.

—Quiero que mi nena se toque conmigo.

Emma abrió su boca, sintiendo una bola de hilos en medio de su cuello.

Cada hilo era una palabra inofensiva que formaba la idea más sucia.

—¿Ahora? —tomó aire.

Escuchó el fuerte gemido de él.

No era una jodida broma.

En serio estaba pasando.

—Cole —subió el vestido lentamente y trazó una línea con su dedo por encima de la braga mojada. Iluso de su cuerpo, estaba reaccionando de la misma manera que reaccionaba preparándose para él, cómo explicarle que esa noche tenían que contentarse con su voz y la imaginación.

—Debes estar muy mojada —pensó.

Emma metió sus dedos en su braga, y dijo:

—S-sí, sí —cerró sus ojos, levantando su barbilla.

—Mierda —gimió.

Los ojos de Emma se abrieron y brillaron al escucharlo maldecir, sintió cosquilleos, su energía estaba tan concentrada que comenzó a buscar medios por donde salir.

—Quisiera comer ese coñito —dijo él.

—Yo quiero que me lo comas. Todas las noches —introdujo dos dedos en su interior, gimiendo fuerte.

Colin se deslumbró al otro lado, masturbándose más rápido.

—¿Todas las noches?

—Sí —gimió entre dientes, lagrimeando del más puro placer—. Pro de casarte conmigo: te esperaré desnuda en nuestra cama, abierta y lista solo para ti, para que folles a tu esposita después de un largo día.

—El bendito coño de mi esposita —gruñó.

—Sí, sí, ¡de tu esposita! —jadeó, recostándose en el lavabo porque su imaginación la había hecho aterrizar en la cama de él, donde se encontraba completamente abierta de piernas frente a la boca de éste.

—Emma —tartamudeó, a punto de venirse.

—Quiero toques mi coñito —levantó la barbilla, con los ojos cerrados, y tuvo el clímax más corto de su vida, pero uno de los más poderosos. Gimió, gimió alto. Sacó sus dos dedos de su hueco cuando su interior aún seguía rogándole por más, más de él, más de ella, más de ambos. Se inclinó hacia delante, recostó su frente sobre su brazo, en el lavabo, todo eso mientras Colin se venía muy fuerte al otro lado.

—Emma —resopló, al final.

—El sexo telefónico está bien, pero ahora quiero un abrazo, y eso no está bien, porque tú estás en tu departamento en Westwood, y yo estoy en la fiesta de una desconocida en Bel Air, y quiero ponerme a llorar porque te amo, y eso es todo lo que sé —se lamentó, soltando un lloriqueo actuado, en su misma posición encorvada.

—Corazón —rio un poco.

—En serio. Lagrimeé —se paró derecha, secándose las mejillas con su mano.

—Te amo por eso —dijo, en un tono de voz mucho más relajado.

—No pretendía que esa foto acabara en esto —se acomodó la braga.

—¿No? —soltó una carcajada.

Emma sonrió con los ojos brillosos.

Esa risa.

—No —afirmó.

—Me prendes con tu voz, y ¿en verdad esperabas que no hacerlo con esa foto?

—¿Te prendo con mi voz? —sonrió mucho más.

—Me prendes cuando respiras a mi lado —bromeó.

—A mí me prenden tus manos —jugueteó.

—¿En serio? —sonrió al otro lado.

—Y tus pies —chisteó.

—Ah, sí, sí... La próxima mándame una foto donde se vean tus pies. ¿De dónde sacas que quiero ver tus tetitas? —preguntó seriamente, y ella se no aguantó la risa, se cubrió la boca mientras sonreía porque, Dios, no podía ser real. Era un tonto. Era su tonto—. Eh, ¿de qué te ríes?

—De ti —se vio al espejo, sonriendo.

—Pero hablo en serio. La próxima quiero ver tus deditos —siguió.

—No. La próxima yo quiero ver algo tuyo.

—Bueno, pero quiero mostrártelo en directo.

—¡Emma! —exclamó Alicia, al otro lado de la puerta.

—Mierda. Sucede que de pronto me acordé que ando en una fiesta. —Emma acomodó su vestido, tanto la falda como el escote—. Me están esperando. Cole, dulces sueños, mi amor.

—No, no te despidas. Llámame cuando estés en el departamento de Carla. No importa la hora.

—No te preocupes por mí.

—Emmy, estaré mucho más tranquilo si haces eso por mí.

—Bien. Te mandaré un mensaje cuando esté en el depa de Carla.

—No. Llámame.

—Te llamaré cuando esté en el depa de Carla.

—Gracias. ¡Te amo muy fuerte!

—Te amo bien —sonrió, colgando la llamada.

—¿Emma? —Alicia insistió, iba a golpear la puerta con su puño exactamente cuándo Emma la abrió, la segunda soltó una carcajada porque casi la golpeó a ella. Emma salió del baño con el aura más brillante que hace rato, las tres lo notaron, pero no dijeron nada—. Queremos hacer pipí también.

—Yo primero —dijo Carla, entrando al mismo tiempo que Alicia.

—Escarlata, espera tu turno —pidió Alicia, pero cerraron la puerta con ambas dentro.

Emma fijó su mirada en Gen, ambas estaban junto a la puerta, y le sonrió.

—Me puse a hablar con Colin —explicó.

Gen se agachó un poco, acomodándole el vestido medio doblado en las piernas. Emma se sonrojó como si Gen hubiese pensado exactamente que se había levantado el vestido para meterse los dedos y no para hacer pipí.

—¿Crees que te casarás con él, Emmy? —la miró a los ojos.

Emma entreabrió su boca, y sus ojos titilaron en medio.

—¿Por qué lo preguntas? —reaccionó riendo.

—No sé. Carla le dijo a ese tipo que estás comprometida. Sé que no lo dijo en serio, pero, ¿qué dices?

Brotaron florecitas en su centro por solo decirlo:

—Sí —asintió con la cabeza, cerrando sus ojos por un segundo—. Me casaré con él.

—Tengo hambre. —Escarlata se lanzó en el asiento de la camioneta negra. Las tres la miraron con un impacto bastante disimulado. Carla tenía hambre todos los días, a cada rato, en todo momento, la novedad era que le hiciera caso a su hambre—. Vayamos a comer pizza. Conozco un lugar que abre las 24 horas.

—¡Mm! Jamás me negaría a la palabra pizza, ni a esta hora. —Emma se abrazó su abdomen.

Y fueron a comer a una pizzería llamada Carlos. Eran las 3:38 de la mañana, y eran las únicas clientas. Se sentaron alrededor de una mesa circular, y el dueño les trajo dos pizzas tamaño familiar, con agua, y gaseosas light.

—¡Oh Dios! ¡Esto es demasiado rico, Carlos! —gritó Escarlata, con su primer bocado en la boca.

—Disculpa. ¿Estás saboreando o estás teniendo un orgasmo? —le preguntó Alicia.

—Las dos cosas —contestó, mientras masticaba hasta desintegrar la pizza en su boca.

Emma rio un poco, mirando el pepperoni en su rebanada recién mordida por ella.

Quería contarles que había vuelto a tener sexo con Colin, sin embargo, esta vez quería que todo fuera distinto. En realidad, todo era distinto, todo era mejor, y quería que continuara de esa manera. No quería que nadie más supiera cuánto se amaban. No quería que nadie más supiera que se hacían el amor. Estaba siendo completamente celosa de su intimidad. Tal vez esa era su nueva forma de cuidar su amor. No es que no confiara en sus amigas, no se trataba de eso, es solo que todo se trataba de ellos dos, y nadie más que ellos dos, siendo uno.

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