16: Papi feliz, papi óptimo

Emma entró al restaurante con una mochila sobre sus hombros y un bolso colgando en su brazo.

—¡Hola! —saludó a lo grande.

Las tres la miraron y la saludaron con el mismo entusiasmo.

—¡Estela! —Gen tomó la mochila transparente de Emma, liberando a la gata entre sus brazos.

—¿Por qué la trajiste? —Alicia no entendía cómo funciona el cerebro de las personas con mascotas.

—Porque es un día de chicas. Dah. —Emma bromeó, acomodándose al lado de Gen, frente a Carla—. No es cierto. La traje conmigo porque mi papá no está, Gael tampoco, y, aunque la mucama la cuida bien, no la quise dejar solita, sin mí. Estaba por marcharme cuando me miró con esos ojazos azules, y no me pude resistir.

—Tu cerebro se habrá confundido con otros ojazos azules, chiquita —dijo Escarlata.

Emma soltó una carcajada, probablemente exagerada, es que: no hagas bromas sobre Colin a menos que la quieras riendo como tonta. Tomó el menú mientras Gen y Carla le daban atención a Estela, y Alicia veía su pantalla.

—Anoche...—Quería contárselo a las tres, pero no quería ser esa amiga que se reúne para hablar sobre su chico. Las tres la miraron, atentas. Tarde para arrepentirse— me llevó al observatorio Griffith, fuera del horario, y comimos pizza, y hablamos tanto que cuando llegamos a su depa tuve que beber 3 vasos. —La sed, en definitiva, no tenía que ver con lo que hicieron en el asiento delantero, ¿cierto? —. Estoy... muy feliz —esbozó una media sonrisa.

—Amiga —dijo Carla, tomándola de la mano—, llama a tu psiquiatra y dile que tus químicos se equilibraron naturalmente. —Emma rio, mirando la mesa, entonces, alzó su muñeca, enseñándoles el tatuaje—. ¡Qué demonios, chica! ¡No me digas que se tatuaron lo mismo! —la agarró del brazo, trayéndola hacia ella para apreciarlo.

—Emmy, esto se puso muy serio —pensó Gen, viendo a Emma con una mirada asombrada.

—Siempre fue serio —rio por la reacción de las dos.

—Ya sé —dijo Gen—, pero me refiero a que. . .

—¿Ahora tienen que hacer mucho más para no terminar? —la interrumpió Alicia. Las tres la miraron con atención, y ella soltó una carcajada divertida—. Por favor. Fue una broma. Sabemos que jamás terminarán otra vez.

Emma sonrió un poco, entendiendo la broma, mientras Carla desaprobaba mentalmente a Alicia.

—Está bien —dijo Emma—. No tenemos planeado separarnos otra vez, Ali.

Porque estaban demasiado ocupados haciendo una lista de pros de casarse.

—El universo los quiere juntos —habló Gen, acariciando bajo la mandíbula de la gata.

Emma giró la cabeza, viéndola con unos ojos risueños.

—Eso creo —respondió.

—Señoritas —interrumpió un mesero.

Ordenaron, y luego, de inmediato, salió a relucir el tema.

—Cada vez falta menos para tu cumpleaños, Emmy —dijo Gen.

—¡Ya sé! —sonrió—. Por cierto, le escribí a Hol...

—¿A la reina del norte? Wow. —Escarlata bebió su jugo de zanahoria con manzana. Y ese no había sido un comentario pesado. Bromeaban con que la mamá de Emma era la reina de esas tierras porque «tiene pinta de haber salido del universo de villanos de Disney.», y, repito, no era un comentario pesado. ¿Quién no ama la peli de Maléfica?

—Lo sé —rio, verificando su smartwatch. Tenía un mensaje de Colin, pero no la había llamado—. La invité a mi cumpleaños, pero no podrá venir porque. . .

—¿Tiene que arruinar el cuento de alguien? —preguntó Carla.

—No, esta vez no —rio más, sacudiendo su cabeza—. Tiene una boda ese día, de los amigos de su novio, y ya confirmó su presencia hace más de un mes, pensó que yo no le daría importancia a mi cumpleaños como siempre, y saben, está haciendo mucho para integrarse al círculo de Steve. Por mí está bien.

Emma sacó su celular de su bolso para responder el mensaje de Colin.

Oschner: Ocupado.

—¡Buuu! Queríamos ver a la reina —dijo Carla.

Emma: Oh, bueno

Emma: Oye, es sábado...

Oschner: Sí. Te aviso a qué hora salgo

—Emmy —repitió Gen.

—¿Pasa algo? —le preguntó Alicia.

Emma parpadeó dos veces, bloqueando su celular.

—No. Para nada —les sonrió.

A ella no le pasaba nada.

—Bueno —dijo Carla, dándole un golpecito a la mesa—. Quería invitarlas a un cumpleaños este lunes.

—¿Lunes? No puedo lunes. —Alicia tenía que hacerse cargo de su hogar porque su madre estaba demasiado ocupada saliendo con señores que le doblaban la edad—. 7 días después tenemos el cumpleaños de Emma, y ya reservé ese lunes para salir de casa. Lo siento. No cuenten conmigo.

—Ali —Carla la agarró de las manos—, ¿qué tengo que haces para que digas que sí? Pídeme lo que sea.

—Contrata a una enfermera que cuide a mi abuela —bufó, no lo dijo en serio.

—De acuerdo —levantó su pulgar.

Emma sonrió, preguntando:

—¿De quién es el cumpleaños?

—El cumpleaños al que no iré —añadió Alicia.

—El cumpleaños al que no iremos —habló Gen. Ella no tenía que hacerse cargo de nada ni de nadie, su razón era mucho más sencilla, no salía a fiestas—. Tampoco cuenten conmigo.

—¡Aah! —Escarlata se frustró tanto que un mesero la miró para comprobar que todo estaba en orden—. Por fis, por fis, por fis. El cumpleaños es de una influencer, da igual quien sea, da igual si no la conocen, el punto es que las cuatro salgamos a divertirnos juntas. Vamos, por favor, les prometo que me agradecerán luego. ¡¡Por favor!!

—Yo me uno. —Emma no lo pensó dos veces más. No tenía mucho que hacer un lunes por la noche, y Carla nunca las llevaría a una fiesta del diablo, tampoco las llevaría a una fiesta aburrida, así que... Miró a Gen con una sonrisa. Gen sacudió su cabeza, rechazando cualquier cosa que viniera a continuación—. ¡Gennie! —pronunció en un tono cantor, a continuación, empezó a cantar—. Gennie, Gennie, Gennie, Genniiiie —alargó la nota hasta hacerla más grave de forma graciosa en tanto Gen se cubría la cara con sus dos manos. Escarlata y Alicia rieron de ellas dos.

—De seguro habrá mucha gente —pensó Gen.

—¡Lo estás considerando! —dijo Emma, feliz.

—Habrá gente —afirmó Escarlata—, pero estaremos las cuatro juntas.

—¿Las cuatro? —preguntó Alicia.

—¡Ali, no me hagas cantarte también! —Emma a veces hablaba fuerte, esa era la verdad.

—Emma, estás gritando —le avisó Alicia.

—Vamos, chicas. Será divertido. Les prometo que no habrá alcohol para nosotras —Carla levantó un dedo como enumerando los ítems— ni chicos —levantó otro.

—Ni chicas. —Alicia levantó un tercer dedo de Escarlata.

Escarlata rio, diciendo:

—Ni chicas que no seas mis tres chicas.

—No te creemos —dijo Gen.

—¿Es en serio? ¿Es porque soy bi? Cuidado con los estereotipos.

—No —habló Alicia—. Es porque Gen y yo no coqueteamos con nadie, y Emma tiene novio.

—Entonces, ¿eso significa que irán? —preguntó Emma, rebosada de entusiasmo.

—Les avisaremos —respondió Gen, casi le tembló la voz al pronunciarlo.

—Tienen hasta mañana por la mañana. Debo meterlas a una lista, chiquitas —informó Carla.

—¿Dónde será la fiesta? —Emma comenzó a interesarse mucho.

—En Bel Air. El tema es fantasía.

—¿Fantasía? ¿Qué clase de fantasía? —inquirió.

—Ya sabes. Sirenas, hadas, polvito mágico —explicó.

—Por favor, no me disfraces, Carla —pidió Alicia.

—No te disfrazaré, pero te pintaré. Nos prepararemos en mi depa.

Ese fue un aviso, una afirmación de que así iba a ser.

—Estoy emocionada —les dijo Emma.

—¡Gracias, Emmy! Tú siempre le pones espíritu. Chicas, no aceptaré un no. Y sí, las obligaré, joder.

Gen suspiró, y se fijó en Estela.

Quería ser un gato en ese momento.

Supo poco sobre él en el día, y poco era mucho para saber que le pasaba algo, pero no quiso preguntárselo por mensaje, y él no atendió sus llamadas excusándose con que estaba en reuniones, y era cierto, ella sabía que era cierto, como también sabía que estaba usando ese pretexto para ignorar lo que tenía dentro. Tal vez era ansiedad, y ella lo entendía. Se hallaban subiendo la colina progresivamente, pero, sin previo aviso, un día te cansas de subir, y eso está bien, es parte del proceso de escalar una colina, en algún momento te detienes para tomar aire e impulso para seguir subiendo hasta la cima. Al parecer, a él le había tocado detenerse, así que ella debía ofrecerle una palabra de aliento o una botella de agua o tenis nuevos, lo que necesitara para seguir subiendo con ella.

Compró sándwiches de helado, y fue al departamento a las 10.

—¡Sorpresa! —abrió sus brazos.

Colin recostó su sien en el borde de la puerta. Tenía puestas sus gafas de marco cuadrado y transparente, las usaba para estudiar y trabajar, especialmente cuando se trataba de hacerlo frente a una pantalla. No supo qué cara poner. No se suponía que ella estaría ahí esa noche, por supuesto, por eso era una sorpresa, Oschner.

—Hola. Pasa —se hizo a un lado.

Emma atravesó la puerta, diciendo:

—Tenía muchas ganas de verte.

—Los zapatos.

—Eh —Emma miró sus sandalias y se agachó para quitárselas—, sí. —Cuando se irguió otra vez, notó que había todo un despliegue de trabajo en la sala. La computadora estaba abierta sobre la mesita, había papeles, muchos papeles, un cigarrillo recién consumido en un cenicero, y una almohada en el suelo, donde él se había estado sentando—. Entiendo que mi sorpresa no llegó en un buen momento.

—Brice peleó con Cohen, y renunció.

—¿Qué? —lo miró.

Eso explicaba muchas cosas.

—Fue un mal día —soltó.

—¿Para ti también? —se acercó.

—Estoy metido en esa mierda —masticó sus palabras, y se dirigió a la cocina a beber agua—. Brice volverá, le pedirá perdón y se arrodillará de ser necesario, por un montón de razones que se resumen en: nadie que está empezando en el mundo de la física teórica quiere estar mal con el doctor Maximiliano Cohen, pero, mientras no le pida disculpas, doble trabajo para mí. Lo siento si no te llamé hoy. Lo siento si no te invité a cenar.

—No me pidas perdón por eso. En realidad, pasaba para asegurarme de que estás bien.

—No quería preocuparte. No pensé que lo harías.

—Sé leerte entre líneas.

—¡Lo siento! —masculló desde la cocina, lo hizo de forma chistosa.

—¡Tus disculpas no tienen cabida! —contestó con el mismo tono bobo que salió del fondo de su garganta.

Emma se sentó en el sillón con sus sándwiches, y miró cada centímetro de la mesita de enfrente, era como un mantel de papeles, hasta el tablero de ajedrez perdió su lugar esa noche, se hallaba tirado sobre un mueble, bajo la televisión apagada, y en su lugar estaba la laptop abierta en bandeja de entrada. Movió los papeles, curiosa, siendo consciente de que podía ganarse el regaño de su vida, pero le ganó el impulso. No entendía nada, nada de nada, y tampoco es que haya esperado algo distinto, eran jeroglíficos. Fue entonces que una sola palabra de una hoja llamó su atención, su corazón se detuvo un momento, agarrándola.

Colin regresó de la cocina, encontrando a Emma de pie.

—¿Estás considerando Yale? —levantó la hoja junto con otras.

—Eh, sabes que no me gusta que toquen mi desastre...

—¿Yale? ¿Desde cuándo Yale? Demonios —miró el techo, frustrada hasta la corona, su mandíbula se tensó en un segundo, Dios, se transformó en otra. Él se acercó en silencio, queriendo sacarle los papeles, pero ella alejó su mano más rápido que Bradley Oschner diciéndole a cualquiera: «Soy de Yale»—. ¿Desde cuándo crees que Yale es tan buena opción como Harvard o Stanford? ¿Desde cuándo crees que es una opción? ¡Lo estás haciendo por él!

—No tiene que ver con él —habló, calmado.

—Sí, quieres que te apruebe —lo acusó.

Salió del carril de la razón. Estaba enojadísima.

—¡No! —Y Colin alzó un poco su voz.

—¿Entonces? —miró el papel, y los demás.

Eran requisitos y planes académicos de distintas universidades.

—Emma, dame eso —pidió de forma pacífica.

No iba a pelear con ella por eso ni por cualquier otra cosa.

—¿Johns Hopkins? —lo vio a los ojos.

—No entiendo porqué estás enfadada —suspiró.

—¿Desde cuándo Georgetown? Según Cole, toda su fe estaba puesta en Harvard, Brown o Stanford, pero wow, mira cuántas opciones se metieron a tu lista este año, y no le interesó contárselo a su nena, es más, su nena se siente perdida ahora mismo porque él ni siquiera le está contando donde están parados.

—Eso no es cierto. Y sabías que Johns Hopkins me interesa.

—¿No es cierto? —bufó—. Tú nunca me hablas sobre lo que realmente harás después de diciembre. Dices que no quieres un año sabático, pero es la primera vez que te veo mirando planes de estudio. Hace más de un año me contaste que ibas a buscar un asesor de Harvard, esa fue la última vez que hablamos sobre medicina, y es obvio que no lo has hecho porque estás muy ocupado navegando en el sitio web de Yale.

—No puedo creerlo —le dio la espalda, caminando lejos.

—¿Qué? —lo siguió hasta el comedor.

—No puedo creer que te molestes conmigo por algo tan estúpido —se acercó al ventanal para ver la calle.

—¿Estúpido? —cerró sus ojos por un segundo, sacudiendo su cabeza. Ahora era ella la que no podía creer lo que estaba pasando—. Es una decisión importante. Es una decisión importante para los dos.

Colin la vio reflejada en el vidrio.

Emma tenía sus brazos a los costados, ya no estaba tensa.

Se veía... dolida.

—Llevamos una semana bromeando sobre casarnos, y queremos hacerlo. No es una broma. Queremos ese futuro juntos, y esta es una decisión que influye en ese futuro —soltó los papeles sobre la mesa del comedor—. No espero que consideres una universidad de acuerdo a mis opiniones, pero... yo no veo los nombres: Harvard, Brown o Yale. Veo Boston, Rhode Island, New Haven, ¡y yo estoy parada en Los Ángeles! Como no estoy estudiando o trabajando, ¿crees que puedo ir a donde sea? Se supone que somos un equipo.

Colin volteó a verla. Tenía una presión agobiante en el pecho.

—No es como piensas. No estoy tratando de decidir por el equipo.

—¿Entonces por qué no me hablas sobre todo esto?

—Porque no quiero.

Emma dio un paso atrás, y dijo:

Vaya.

—Tengo... Me aprieta el pecho —caminó de regreso a la sala.

Emma cerró sus ojos, suspirando profundamente. Él no quería herirla, repitió eso mentalmente. Era obvio que estaba ocultando algo importante. Ahora debía ser paciente de la misma manera que él lo era con ella. De eso se trataba su equipo. Lo miró, tragando un tranquilizante, y eso no pasaba con frecuencia porque no le gustaba cómo lo hacía sentir y porque le impedía trabajar, lo tenía prescripto para casos necesarios.

—Cole.

—Tengo dudas —confesó, sentándose en el sofá.

Inesperado.

—¿Quieres hablar sobre eso? Perdón por ponerme... así. —Emma rodeó la mesita para sentarse al lado de él, en el sofá, lo agarró de la nuca, mirándolo con unos ojos dulces, pero él estaba mirando al frente—. Nunca pensé que habría algo como... dudas, porque toda tu vida has estado seguro de una sola cosa que es estudiar medicina, y en Harvard. Es de lo que hablas desde que nos conocimos.

—Ese es el problema. Toda mi vida he estado seguro de una sola cosa, hasta ahora.

Dudar lo estaba enloqueciendo. Ahora ella entendía porque él prefirió nunca mencionar las universidades porque de esa manera sus dudas permanecían escondidas, le pareció más fácil enterrarlas que hablarlas.

—¿Has encontrado la razón de tus dudas? —le preguntó, acariciándole el cabello de la nuca.

—Sí —colocó sus codos sobre sus rodillas, y sujetó su cabeza entre sus manos.

—Eso es bueno —le tocó la espalda.

—Quiero ser papá antes que médico —soltó.

Emma entreabrió su boca.

La había dejado sin palabras.

—Cuando conocí a Chen —su psiquiatra— hablamos sobre la escuela, él se graduó en Princeton, y fue una buena charla, hasta que empezó a recordarme lo obvio, sobre el camino y el trabajo duro, de más de una década, para poder ejercer la medicina, y ese no es el problema, estoy condenadamente acostumbrado a no tener vida, el asunto es que ahora sí quiero una vida. Cualquier profesión demanda tiempo, pero no quiero ser el papá que no va a la obra escolar de su hijo porque está ocupado siendo residente antes que papá.

—Te entiendo, mi amor.

—Siento que he nacido para ser el papá de alguien.

—Pues —Su corazón iba a salir por la ventana.

—Tal vez por eso siempre quise hacerme pediatra. Siempre sentí el deseo de cuidar de los niños, pero, en realidad, tal vez, se trata de querer cuidar a unos en específico. He pensado demasiado antes de llegar a esa conclusión, meses de noches en vela para darme cuenta de eso. Y sé que casi no hablamos sobre tener más hijos, pero. . .

—Los tendremos. Cuando sea el momento los tendremos.

Las miradas de ambos brillaron.

Se contemplaron en silencio, dos segundos.

—Lo sé. No pienso en presente cuando hablo de hijos.

—No quiero que pienses que serás un mal papá por estudiar lo que te gusta. No eres como él.

Al final, ¿dónde se originaban cada uno de sus pensamientos? En sus traumas de la infancia.

—Lo sé —se tomó de su frente, y se despeinó con sus dedos.

—Todo lo que te gusta necesita tiempo. Medicina, física, química. No quiero que busques una profesión de acuerdo a la disponibilidad de tiempo. Tienes que hacer lo que te apasiona, mi amor. Recuerda que papi feliz es un papi óptimo —sonrió, codeándole, provocando que él riera despacito—. Hablo en serio. Has trabajado demasiado para ser un buen candidato para cualquier universidad. Es tu sueño. Siempre puedes detenerte a respirar cuando lo necesites. La vida no es una carrera, Cole. Serás bueno en todo lo que te propongas, mi amor.

—¿Eso crees? —la miró fijamente.

—¡Por supuesto! Pero aquí solo importa lo que crees.

Colin cerró sus ojos por un instante, y dijo:

—No consideré Yale por él. No sé porqué lo hice.

¿Tal vez no era consciente de que lo consideró por él?

—Puedes aplicar a la universidad que quieras. Yo iré contigo.

—¿En serio? —sonrió.

—Sí, pero, si se te ocurre aplicar a una de Reino Unido, al menos avísame 5 minutos antes.

—Tranquila. Eso no pasará.

—Te amo bien.

—Te amo fuerte.

Se miraron a los ojos, y él se tumbó sobre las piernas de ella.

—Alguien dormirá como un bebé —le acarició la frente.

—Me cargas a mi cama —cerró sus ojos.

Emma le quitó las gafas.

 ∞

HOLAA, HOLA! 

Si les digo la verdad... Amé escribir toda la segunda parte de este capítulo<3 El conflicto, la charla . YO VIVO POR EL DRAMA. ¿Ustedes no? Apuesto a que no tanto cuando se trata de estos dos. Suficiente drama acumulado desde el libro pasado, ¿sí o no?

Ahora bien, cuéntenme cómo están esas emociones después de que Cole le confesara a Emmy que está algo confundido, perdido, con respecto a su futuro. 

A decir verdad, yo creo que no está ni tan confundido ni tan perdido, sabe lo que quiere, QUIERE TENER UNA FAMILIA (y las mayúsculas no me alcanzan para expresar lo que siento). Emmy definitivamente acertó con sus palabras, y ahora nuestro Cole está mucho más tranquilo<3

 ¿Alguien se atreve a tratar de adivinar lo que le depara el futuro a Cole? (Y a Emmy) Prometo regresar a los comentarios cuando dicho futuro sea revelado, así vemos quiénes acertaron o quiénes estuvieron cerca o lejos. Anímense a comentar ;)

Por último, fuimos invitadxs a una FIESTA. ¿Toca leer a Emmy saliendo con sus nuevas amigas a nada menos que una fiesta? ¡Y por primera vez! ¿Qué dicen? ¿Emma irá a la fiesta o la escritora arruinará los planes? MUAJAJA.

Ya. Nos leemos en el capítulo 17<3 que me tiene muy emocionada.

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