Capítulo 2
Mi cama es la que me ha estado haciendo compañía, y bueno, una que otra canción de Queen. Los días no han sido los más bonitos y menos el estrés y la ansiedad que me ha dejado cierta noticia. Con respecto al ataque de pánico no ha habido más ninguno, por suerte.
―Samantha ¿puedo pasar? ―mi madre golpea la puerta, cuando recibe el si entra a mi habitación, se sienta en la esquina de mi cama y me hace señas para que me siente a su lado― ¿Qué es lo que pasa?
― ¿Qué pasa de qué? ―me hago la desentendida
―Sam―me mira de forma obvia y yo solo le huyo a sus ojos―No quiero mentiras―me sostiene mi cara para que la mire― ¿Estas embarazada? ―mis ojos se abren y rápidamente niego― ¿Entonces? Y no me digas que nada porque llevas días sin ir a la universidad encerrada en estas cuatro paredes, te he escuchado llorar todo el tiempo y te dio un ataque de pánico.
―Mamá estoy bien, ya no soy una niña―me levanto de la cama―No te tienes que preocupar.
―Eres mi hija―se acerca a mí y me abraza―Puedes confiar en mí, no te juzgare por nada.
Mi mirada se enfoca en la de ella y sé que está a punto de ponerse a llorar, abro el closet y saco un abrigo azul. Desvió mi mirada de ella y me concentro en vestirme ante su mirada.
―Me voy a la universidad―le sonrío―Estoy bien no te preocupes.
―Cuando quieras contarme estaré dispuesta a escucharte―suspira y antes de salir por la puerta me dice―Arregla el cuarto.
Después de casi una semana me encuentro de nuevo caminando por los pasillos de la universidad, busco el turno de clase al que tengo que ir, pero para mí mala suerte me tropiezo con el director en el camino.
―Señorita Rolo―me mira de arriba a abajo―Ya le he dicho que están prohibidos los pantalones rotos―me hace un gesto raro con la mano―Sígueme a la dirección.
―Señor vera, tengo un turno de clase, ya he faltado mucho…
―De eso quiero hablar con usted―me interrumpe y sigue su camino.
Ir a dirección apesta mucho, porque literal está al lado de los baños y no es que sea el lugar más limpio del mundo. Observo al director y este me mira con cara de “Hey dame una excusa convincente a porque has faltado tanto”
― ¿Quieres un caramelo? ―me señala al pequeño recipiente lleno de caramelos, yo niego y el desenvuelve uno y se lo introduce en la boca―Me gusta la fresa.
―Es rica―el asiente y entrelaza sus manos sobre el escritorio, sus ojos azules resplandecen detrás de sus lentes, he de decir que luce bastante joven, bueno es joven, pero luce aún más joven de lo que es.
― ¿Me va a explicar porque ha faltado o se quedara mirándome?
―He estado enferma.
―Certificado―saco de mi mochila con mucha vergüenza los papeles del médico, que no debería sentir vergüenza por eso, y se los entrego.
El señor lo coge en sus manos y comienza a ojearlos, sus ojos viajan por las letras y mientras más lee más se agrandan. Se me queda mirando fijamente y suspira mientras se quita los espejuelos y se pasa la mano por el pelo
―No tienes que avergonzarte por tener VIH―me explica, pero con tan mala suerte la mía que nos interrumpen.
―Señor aquí otra vez Daniel molestando a los alumnos de primero―la secretaria pasa sujetando a Daniel y este me mira mal y sus ojos rápidamente viajan hacia los papeles, ya sé que lo que quería evitar va a pasar―Perdón no sabía que estaba ocupado con Sam.
―Ya ella se va―me sonríe el señor volviendo a colocarse los lentes―Toma―rebusca en sus gavetas y saca un papel―Te va a ayudar ir a este lugar.
Salgo de la dirección sintiendo la mirada de Daniel en mi espalda y leyendo la tarjeta “Asociación de ayuda contra el VIH/Sida” está escrito en negro.
El turno ya se me fue, no me van a dejar entrar porque está la ley de “10 minutos tardes no entras al aula”. Me cuelgo bien la mochila en el hombro y subo las escaleras hasta llegar al salón de música. Los chicos se encuentran discutiendo―como siempre.
―Miren a quien tenemos la dicha de ver―Claudio me mira―Hasta que te acuerdas que tienes compromisos Samantha―juguetea con un aro que tiene en el labio inferior.
―Hoy no Claudio―suelto mi mochila en un asiento y los pines que tiene colgado suenan entre ellos, mis ganas de discutir son nulas.
―Hoy no Claudio―se carcajea―Aquí uno trabajando por conseguir algún lugar para tocar y tú de vacaciones―su rostro vuelve a adquirir la expresión normal de “Soy mejor que tu”
―Chicos, chicos―Alvin se acerca a mí y me pasa su brazo por mis hombros―Me gusta escuchar sus discusiones de niños pequeños porque tienen voces sexys saben, a mi oído musical le encanta eso―se acerca a Claudio arreglándose la capucha de su abrigo rosa pastel―pero ya paren, que hay una fina línea entre el placer y el dolor.
Todos se quedan en silencio hasta que Paulo entra con su andar silencioso y su pelo largo, conecta su bajo al amplificador, se sienta en una de las sillas y se pone a practicar acordes. Pasando de todos, viviendo su vida a su extraña e inigualable manera
―Vamos a tocar en un bar―me cuenta Alvin―Nos van a pagar obviamente
―Tiene que salir todo bien―Claudio se acerca a mí―Ya que estuvimos sin guitarrista y vocalista en estos días―me vuelve a recriminar y yo solo ruedo los ojos―Vamos a ensayar ahora y espero que por lo menos estés afinada.
Después de dos horas estamos agotados, Alvin está casi quedándose dormido, las baquetas ya se le han caído dos veces, yo estoy cansada de cantar y Claudio solo está quejándose mientras Paulo solo mira sin prestar mucha atención.
―A ver Samantha, tu solo con la guitarra fatal―hace un gesto de asco―Un niño de 9 años toca mejor que tú, somos una banda nadie puede sobresalir ¿Qué te crees? ¿Slash? ―se carcajea―Por favor relájate con eso que no te queda bien.
―No me jodas Claudio, ¿Qué te crees para estar diciéndome como tocar? ¿Beethoven? ―me rio―Por favor aprende a tocar primero tu piano antes de venirme a decir como tocar la guitarra.
―Ya paren―se queja Paulo―Se pasan el día en eso, estoy harto. Solo concentrémonos en tocar bien―suspira y se masajea el puente de la nariz―Y Claudio, ella no es Slash, pero su solo de guitarra es necesario para la canción y lo hace genial.
―Yo ya me voy―Alvin pasa por mi lado y se dirige a la puerta―Los quiero―lanza besos con su mano―Menos a ti Claudio.
Nos quedamos mirando cómo sale por la puerta, otro ensayo en el que se va por su novia, últimamente es muy frecuente que pase eso.
―Yo también me voy―les aviso enganchándome mi mochila en el hombro.
―A las 8pm en el bar―me recuerda Claudio―No llegues tarde.
Pd:Claudio🎹 en mutlimedia
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