¿Y si me duermo en público?
Hace unos momentos tuve una discusión bastante profunda, atrevida y adrenalínica con mi madre: poder dormir en público.
Para ella, la imagen que tienes ante la sociedad y lo que piensen de ti es tan vital como el aire; dar una buena impresión y tener un excelente porte ante el mundo es primordial para ser aceptada. No hay margen de errores, ni de imperfecciones, tienes que ser lo más cercano a una hermosa muñeca de porcelana hecha persona.
Para ella, el simple y mundano acto de dormirse en público es una aberración, una blasfemia, un cataclismo porque, como todo y para todo, siempre hay un puesto y un lugar para cada cosa. Una duerme siempre en la cama, acostada y, preferiblemente, en pijama. Nada de sillas en el transporte público, ni en clase cuando estás desocupada, ni mucho menos en la sala de espera de un consultorio médico porque, ¿qué dirá la gente que pase por tu lado? Creerán que eres una floja, desgarbada y sin modales.
Ahora, veamos lo que pienso yo.
Si yo sé que soy una persona hecha y derecha, educada y con valores, ¿por qué tengo que rebajarme a vivir del "qué dirán"? Me amargo más la vida dependiendo de esa angustia y ese miedo a lo que puedan estar pensando de mí, nadie sabe lo que me puede estar pasando para hacerlo, pude no haber dormido por tener que hacer un trabajo demasiado largo, o viendo películas, o leyendo. ¿A esas personas qué les va a importar mi vida? Lo mismo que a mí me van a importar las de ellas. Déspota, egoísta e incluso irreverente, como dice mi mamá, pero es la verdad. Vivimos en un mundo individualista, y hay que aceptar esa realidad.
Ahora, en el momento en el que fui a refutarle a mi mamá planteé lo siguiente: en el libro "Ética para Amador" del señor Fernando Savater, hay un capítulo llamado "Haz lo que Quieras" en el cual habla sobre tus decisiones, ¿las haces por obligación, costumbre o capricho? Si es una obligación, es algo que no tienes que pensar, es una orden, dictada por la sociedad, y tienes que cumplirla, sin importar el por qué; Savater te enseña a pensar dos veces antes de obedecer: la primera, es autómata, obedece porque es una orden; la segunda, te obliga a pensar "¿por qué obedezco lo que me están ordenando? ¿va esto en contra o a favor de mi moral?". En este punto el hombre se pone a dar una corta pero explícita explicación acerca de qué es ética y qué es moral y cómo estos dos conceptos influyen en la toma de decisiones, pero no hablaré de eso.
Si es una costumbre, es porque está arraigado a una moral colectiva, por así decirlo. Una costumbre es eso, una moral colectiva, por lo que si haces algo por costumbre, puedes estar ignorando tu propia moral, es decir, ignorando lo que tú piensas o crees que está "bien", porque ya existe un patrón que te lo indica.
Un capricho es una moral egoísta, haces lo que quieres sólo porque te nace hacerlo y no piensas en lo que tus actos puedan generar en consecuencia.
Por lo tanto, ¿dormir en público es mal visto porque es una costumbre en la sociedad? Sí. ¿No puedo dormir en público porque esas costumbres sociales me obligan a no hacerlo? Por supuesto que sí. ¿Duermo en público sólo por el capricho y el placer de ir en contra de lo que dicta la sociedad y pensar por mí misma? Infinitamente, ¡SÍ!
Aunque, como dice el dicho, "loro viejo no aprende a hablar" es bastante complicado que una mujer, de casi 60 años, que ha sido criada bajo otros parámetros y sin los mismos horizontes que nosotras estamos viendo, pueda entender que no toda tradición es correcta y que no siempre debes ser perfecta.
Sin más que decir, nos leemos en la próxima.
Emma
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