Cuestión de fe.

Hoy, después de una ardua lucha interna y un soborno por parte de mi madre, terminé sentada en una banca de la iglesia de mi zona atendiendo a la misa semanal, normalmente me niego rotundamente a asistir puesto que me siento hipócrita escuchando el sermón sobre el Evangelio por parte de un hombre que bien pudo haberse embriagado, tenido pensamientos impuros sobre alguna mujer y leyó literatura erótica en su juventud. No lo juzgo por hacerlo, ni lo juzgo en general, solamente me descoloca un poco creer que este hombre en cuestión ha sido iluminado por Dios y que por ese argumento tan subjetivo tenga que creerle todo lo que dice, sólo por el simple hecho de ser sacerdote.

Sin embargo, la gente les cree y acata lo que dicen, me ponía un poco nerviosa ver los rostros de todas las personas que asistieron esta tarde al lugar, escuchaban embelesados al Padre y yo no entendía el por qué sienten tanta conexión con lo que les estaba diciendo, ¿será porque durante toda su vida han sido influenciados por el mundo? ¿Realmente creen en Él y tienen fe en lo que este supuesto iluminado dice? Para mí, no puede haber verdad divina siendo canalizada a través de un hombre, porque el hombre está sucio de pecado por más bautizo y demás sacramentos que existan, incluso la confesión; ¡porque todos somos unos hipócritas! Nadie es capaz de contarle sus más sucios y retorcidos secretos a otra persona bajo la excusa de ser redimido por Dios.

Contrario a lo que probablemente les he dado a entender, creo en Dios, en los santos y en los ángeles, mas me rehúso a aceptar la religión como parte de mi creencia, no me importa que Jesús se haya hecho hombre, simplemente me cuesta aceptarlo. 

No hablo con rencor, ni con odio, hablo con frustración, porque me siento excluida y juzgada, por mi familia, por la sociedad, por el mundo creyente en general. Hoy, precisamente, el sacerdote decía que para él no rechazaba a quienes no creyeran, pero por mi mente se cruzó la respuesta a eso: claro, no los rechaza, pero sí los juzga por no compartir afinidades.

Pero hubo algo que me dejó bastante contrariada, y fue ver a mi madre llorando mientras el Padre hablaba, sé que ella tiene sus razones para creer y querer, como yo tengo las mías para no querer pero sí para creer y ahí fue cuando volví a comprender que todo va de la mano con la percepción, no puedo enfadarme por su ingenuidad si no deseo que me hagan sentir inferior sólo por parecer escéptica.

Emma.

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