Capítulo Veintiocho

Capítulo 28

—Colin…—volvió a nombrar su nombre, estupefacta. Rosa sabía muy bien que Colin le gustaba ir a fiestas todo el tiempo, pero por qué de todas las discotecas de la avenida, tenía que encontrarse con él, el mismo día, la misma hora y el mismo lugar.

Por otro lado Jules, observando a esos mirándose sin decir nada, intentó jalar de la mano a su acompañante a otro lugar, sin embargo; ella inmediatamente la escondió. Al parecer después del shock de encontrarlo antes del tiempo estimado, necesitaba enfrentarlo ya.  ¿Le mostraría lo que habría aprendido en estos dos meses separados u otra vez se dejaría llevar por el amor?

—¿Acaso no sabes qué día es hoy?—le preguntó procurando lucir tranquila a sus ojos.

—¿Hoy? ¿Qué día estamosss?—se preguntaba el mismo sobándose las sienes mientras se acercaba a su amiga—¡Oh! Ya recuerdo…—giró a ver al “rubio bonito” que estaba a su lado, y mostrándose ostentoso se acercó más a Rosa, y la abrazó—Feliz cumpleaños, Ross—se pegaba más a ella—No sabes cuánto te he extrañado. Vivamos juntos otra vez. ¿Qué dices?

«¿Ross? ¿Vivir juntos? ¡¿Otra vez?!» Jules no sabía cómo reaccionar luego de escuchar a ese joven ebrio. Él, pensando que ese tal Colin era el novio de Rosa y que le pedía a ella que todo vuelva a la “normalidad” después de ser ampayado con desconocidas mujeres en el cumpleaños de su novia, debía ser un cínico. Enojado volteó a ver a Rosa. Esperaba que ella fuera la persona que lo colocara en su lugar, sin embargo; se quedó desconcertado al verla ruborizada. «¿Qué te pasa? ¡Di algo!»

—¿Qué le pasó a tus cejas? Están más delgadas—señalaba Colin mientras se tambaleaba en su sitio—¿Llevas un vestido puesto? ¡Woau! Sí que ahora eres toda una mujer, Ross… ¡Diablos! ¿Por qué tuve que rechazar a mi atractiva mejor amiga?

Rosa seguía en estado de shock, no parpadeaba, ni movía ninguna de sus extremidades. Observando esto, Colin intentó tomar provecho de la situación—Estás hermosa esta noche…—le susurraba en la oreja con dulzura—¿Qué te parece si salimos de este lugar?

—¡¿Qué te parece si te alejas de ella?!—intervino Jules empujándolo hacia un lado.

Al parecer tenía bien claro que esos dos nunca fueron novios.

Fue un gran alivio para él.

—¿Y tú eres…? ¿Su novio?—reía Colin mientras se acomodaba su camiseta.

Jules giró a ver Rosa por un segundo y sin importar cómo reaccionaría su acompañante de esto, exclamó—¡Sí, soy su novio! ¡¿Algún problema con eso?!

Rosa escuchando eso, salió inmediatamente del trance que la poseía.

—No, no lo tengo—respondió Colin al “novio” de su amiga—Pero te digo una cosa—agregó aproximándose a él con mirada desafiante—ella solo tiene ojos para mí. Tal vez en el pasado habré rechazado a Ross para estar, sin embargo ahora… pueda que la recupere.

—¡Tú no estás enamorado de ella!—volvió a empujarlo, pero esta vez con más fuerza haciendo que cayera el otro al suelo—¡Solo quieres cogértela y no lo voy a permitir!

—¡Jules, basta!—exhortó Rosa tomándolo de los brazos, giró a ver a Colin tirado en el piso y se acercó ayudarlo a levantarse.

—¡¿Qué estás haciendo, Rosa?!—Preguntaba Jules enojado—¡Ese hombre es un imbécil! ¡¿Acaso eres tonta?!

—¿Llamando tonta a tu novia? ¡Y en especial a Ross! Qué agallas, o mejor diría idiota—terció Colin mientras se dejaba ayudar por “la novia”—¿En serio estás saliendo con este?—le preguntó a ella.

Rosa giró a ver el rostro desconcertado de Jules y con vergüenza respondió—No, él es solo un amigo.

Jules no sabía cómo reaccionar a eso. No sabía si retractarse por la estupidez que dijo que era, o solamente guardarse el dolor y esperar a que eso lo consumiera.

—Aaah, con que el gringuito es solo un amigo. ¡Patético!—reía el otro acariciando el mentón de Rosa—Entonces no habrá nada que te impida darme otra oportunidad. ¿Verdad?

—¿Eh?

—Vayamos a casa y continuemos con la celebración por tu cumpleaños—invitó cortésmente dándole un corto beso en la mejilla—¿Qué dices?

—Yo…

—¡Ahora sí te parto la-

—¡Jules!—gritó Rosa sorprendida, al ser testigo del golpe que Jules le había dado en el rostro a su mejor amigo. —¡¿Qué haces?! ¡Basta!

Colin enojado por el golpe, le devolvió también, pero con más intensidad.

—¡Basta los dos! ¡La gente los está observando!—seguía la cumpleañera gritando—¡Nos van a botar del local!

Cansada de ver a ambos peleoneros tirándose golpes, se colocó en medio de ellos estirando sus brazos para que ninguno alcanzara el otro. Sin embargo, antes de que eso ocurriera, Jules sin percatarse que Rosa se metería en el camino de su puño; la golpeó en el rostro con fuerza.

Ambos chicos más la gente quedaron atónitos. ¿Qué haría ahora, Rosa?

Por otro lado; Rosa encorvada y tocándose el futuro chinchazo que tendría en la cara, empezó a reírse como si le hubieran contado el mejor chiste de la historia, haciendo que los demás sintieran escalofríos al verla.

—¡¿Qué hiciste, idiota?!—Gritó Colin a Jules tomándolo del cuello—¡A una mujer no se le pega!

—¡Yo-Yo no sabía que se metería!

 La gente no le creía que empezaron a abuchearlo y a tirarle vasos descartables o lo que tenían en la mano.

—Rosa…Rosa…—No sabía si acercarse a ella, era buena idea—Rosa…—pero igual lo hizo.

Ella giró con una gran sonrisa y lo tomó de los hombros delicadamente.

—¿Te encuentras bien?—preguntó Jules con miedo al ver su nariz sangrando.

—¿Yo? Pues…—acercó sus manos suavemente hasta su cuello y sin que el otro se lo espere, empezó a estrangularlo con todas sus fuerzas—¡Nooo! ¡Ahora vas a pagar!

—Per-Per-dón—titubeaba el pobre sin poder respirar.

—¡¿Por qué no me escuchaste cuando te dije que pararan, ah?!—Gritaba con toda la rabia acumulada—¡Y tú!—volteó a ver Colin—¡También es tu culpa, idiota!

Limpió la sangre que chorreaba del rostro y sacándose conejos a sus nudillos empezó a acercarse al otro.

—¡Pero yo no te golpeé, Ross!—intentaba alejarse lo más posible de ella. Ya que la conocía muy bien, y sabía perfectamente que cuando la hacías enojar así, debías temer por tu vida.

—¡Pero tampoco me hiciste caso, cuando dije que pararan!

—¡No, por favor! ¡Ayúdenme!

¿Habría alguien que lo salve? ¿Habría alguien valiente en el público que se enfrente a la temible bestia?

Mientras Rosa lo estrangulaba a Colin con su cadena en el suelo. Una persona con un vaso de agua, se acercó a la multitud. La gente no podía identificar a la persona, ya que tenía el rostro completamente cubierto con una chalina, sin embargo; uno de ellos sí.

—¿Qué hace el acá?—se preguntó Jules mientras lo seguía.

—¡No res-pi-ro! ¡A-yu-da!—seguía Colin intentando pedir auxilio.

—¡Rosa, basta!—exhortó alguien entre la multitud.

La “bestia” oyendo a un valiente llamándole la atención, giró a ver a su nueva presa.

En eso, inmediatamente pudo sentir como le derrababan agua en la cabeza, dejándola estupefacta.

—Levántate, pide disculpas a la gente por tu comportamiento y volvamos a casa.

Rosa al reconocer al hombre desafiante, sin poder quitar su rostro de asombro, limpió la sangre que le chorreaba y se levantó del suelo de inmediato.

La gente no podía creer que unas simples palabras, el caballero “enchalinado” haya derrotado a la fiera, que empezaron a ovacionarlo entre aplausos y silbidos.

Por otra parte, Colin que ya se había levantado al ver a Rosa distraída, se acercó al “caballero” y le agradeció.

—¡Te pasaste, hombre! ¡Eres mi héroe!

El “enchalinado” giró a ver al  herido y con frialdad lo miró con desprecio.

—No vuelvas a acercarte a Rosa. ¿Entendido?

—Sí, sí, sí—asentía el otro con terror al ver sus profundos ojos azules fulminándolo con odio.

—Y tú, Jules—giró a ver al causante de la furia de la bestia—Te llevaré a casa.

Jules, observando como el “héroe del día” llevaba a Rosa hacia la entrada de la discoteca, sentía que después de lo sucedido, sus posibilidades de conquistar a su rosquita eran mínimas. Una era por el gran golpe que le dio, y la segunda era que la única persona que ella hacia caso era a…

—Liam Gilmour…—susurraba Jules siguiéndolos desde atrás—¡No ganarás esta vez!

***

Ambos jóvenes habían entrado al auto de Liam, Rosa adelante y Jules atrás.

A pesar de que dentro del coche, Jules podía aprovechar en pedirle disculpas a Rosa, prefería guardar silencio. Pensaba que tal vez si decía una sola palabra más, lo botarían del auto. Por otro lado, mientras el “enchalinado” conducía, Rosa no dejaba de mirarlo por el retrovisor.

«¿Por qué no dice nada? ¿Estará furioso conmigo?» No sabía que pensar.  Antes de que ella saliera de la mansión, esperaba que Liam la llamara la atención  por hacer lo quisiera por su cumpleaños, sin embargo él actuó como si nada. Y ahora que hubo ese escándalo en la discoteca, y que de la nada apareciera, la aliviaba por una parte; pero por otra, ¿qué castigo le esperaría en casa?

Sin decir a donde iban, Liam estacionó cerca de un grifo. ¿Qué pretendía hacer? Bajó del carro y  mientras él se dirigía a la pequeña tienda. Jules y Rosa pensaban lo peor.

«¡Definitivamente nos va a matar!»

Rosa giró a ver su puerta y notó que Miss Liam la había colocado llave, al igual que al resto de las puertas. Inquieta, empezó a golpear la puerta con fuerza. Una, dos, tres veces hasta que nuevamente Liam apareció con una bolsa negra.

«¡Tiene un revólver!» pensaron los jóvenes asustados.

—¿Qué tienes allí, ah?—preguntó Jules a su archienemigo.

—Ya sabrán. Primero necesito ir a un lugar tranquilo.

Diciendo esto, el “mono” y el “mocoso” se desesperaban más.

«¡Nos va a matar!»

Luego de una corta espera, llegaron hacia un parque deshabitado. Estacionó el carro y ordenó a que bajaran todos del carro.

—Colócate esto, hace frio—indicó Liam a Rosa colocándole su abrigo alrededor de su espalda.

Rosa alarmada agradeció con la cabeza y continuó caminando detrás de los chicos, hasta que llegaron hacia unos bancos. Jules y ella tomaron asiento y Liam, agachándose en el suelo para poder sacar todas las cosas de la bolsa, les dijo —Esto no dolerá. Rosa-

«¡Oh, no! ¡Me va a disparar a mi primero!»

—Acércate un poco más—indicó Liam mientras sacaba una pequeña botella de alcohol yodado de la bolsa—Solo voy a limpiarte la herida de tu nariz—colocó un poco de alcohol en un pedazo de algodón y con delicadeza limpiaba poco a poco las manchas de sangre del rostro.

Rosa se encontraba muy aturdida, ¿acaso no la iban a asesinar?  Mientras Liam la curaba, su mente daba vueltas y vueltas tratando de descifrar por qué no le gritaba.

Al cabo de un par de minutos, había llegado a la conclusión:

«Al parecer se preocupó por mi…»

Después de auxiliar a la pequeña Rosa, Liam le indicó a Miss Jules lo mismo. Él, al principio se negaba, pero observando a Rosa fulminándolo con la mirada, cedió.

—¡Auch, cuidado!—reclamaba Jules mientras Liam le limpiaba la pequeña herida en la sien—¿No me dejará ninguna marca, verdad?

—Si te sigues moviendo, tal vez sí quede—le respondió el “Dr. Gilmour”.

—Ok…—asintió resignado.

Jules se había puesto como una estatua, sin embargo sus ojos, los tenía en dirección a su derecha, observando a la pequeña Rosa.

«No deja de mirarme mal. ¿Qué debería hacer?» se cuestionaba Jules mentalmente «¡Oh, cierto!»

—Oye, Liam. Todavía no termina el cumpleaños de Rosa. ¿No crees que deberíamos hacer algo?—preguntó él mientras el otro se levantaba del suelo.

—Claro—asintió sacando algo de la bolsa negra—Coge esto.

—¿Ah? ¿Un muffin?—preguntó Rosa desilusionada—¿Se supone que eso reemplazaría mi pastel de cumpleaños?

—Así es—respondió Miss Liam mientras colocaba una pequeña vela dentro del “mini pastel”—Solo falta el encendedor. ¿Tienes uno?—preguntó a Jules.

—Sí, coge de mi bolsillo—señaló el otro, su pantalón.

Liam sacó el aparato de su lugar y encendió la pequeña velita.

—¿Qué esperas?—preguntó nuevamente a Jules— Acércate a Rosa—apuntó colocándose él hacia un lado para hacerle espacio.

—¡Cierto!—se levantó de su asiento e intentando no lucir avergonzado, extendió sus manos mostrándole el muffin y exclamó con su voz varonil—¡Feliz Cumpleaños!

Rosa y Miss Liam se quedaron abismados.

—¿Eh? ¿Por qué no soplas?—preguntó Jules incómodo.

—Debemos cantarle primero, Jules—respondió Liam, mientras Rosa con los brazos cruzados le daba la razón.

—Oh, claro.

Miss Liam y Miss Jules carraspearon un poco sus gargantas y colocándose de acuerdo con la mirada, empezaron a cantarle a Rosa, el “Happy Birthday”.

Rosa, por otro lado observándolos haciendo el ridículo, no paraba de burlarse de ellos mentalmente.

«¡Definitivamente, este es el peor cumpleaños que he tenido!» reía recordando todo lo que le había pasado en el trascurso del día. Si después de conocer a Miss Liam y a Miss Jules, sus “dulces” dieciochos fueron una pesadilla. ¿Qué le esperaría el próximo año?

—¿Por qué te ríes?—preguntó Liam a la cumpleañera.

—¡Por nada!—seguía ella sonriendo.

—Pi-pi-de un deseo, ya va a ter-terminar el día—terció Jules titubeando por el frio.

Rosa observó a los dos por un instante, y cerrando los ojos sopló la pequeña vela del muffin.

¿Qué habría deseado?

—¡No me miren así!—exhortaba la pequeña Rosa al verlos esperar a que les contara su deseo—¡No les voy a decir!

Liam soltó una pequeña risa al ver su rostro colorado.

—Ya, vayamos a casa—les indicó regresando al coche.

Rosa se levantó de la banca y estirándose lo siguió por detrás, pero antes de que diera otro paso más, Jules la detiene. Ella viendo su brazo inmovilizado por la mano de su “agresor”, le preguntó que quería.

—Yo…Yo…—Jules no sabía cómo… ¿disculparse?

Él nunca de los nunca tuvo la necesidad de decir “Lo siento” o “Perdón” a alguien, ya que siempre se salía con la suya o él debía tener siempre la razón en cualquier situación, al igual que “cierta personita” en el pasado.

—¿Quieres comerte el muffin? Adelante, no lo quiero.

—¿Ah? No, no, no. Eso no es lo que quería decirte. La verdad yo…yo…

Rosa leyendo a través de sus ojos lo que intentaba decir Jules, tomó su hombro y con tono burlón le dijo—¿Tan difícil te es decir “lo siento”? ¿Acaso Miss Jules, es la princesa de las tinieblas?

—¿Ah? ¡Ya te he dicho que no soy mujer!

—¡Lo sé! —reía Rosa mientras retomaba su camino.

—¡Hey! Entonces… ¿me perdonas?

La cumpleañera sin dejar de reírse, levantó su dedo pulgar como signo de aceptar las paces.

—¡Bien!—exclamó Jules aliviado—¡Hey! ¡Espérame!

***

Luego de haber dejado a Miss Jules en su casa, en el auto; Liam viendo a Rosa muy callada observando la calle por la ventana, le preguntó si todo estaba bien.

—La verdad no…—suspiró entristecida—Estoy preocupada por Colin.

—¿Por cómo lleva su vida?

—Sí…Quisiera ayudarlo a recuperarse, al igual como tú lo hiciste conmigo. Tal vez vaya a su casa uno de estos días…¡Eso sí, yo no usaré tu librecito ese con él!

—Me alegra que quieras ayudar a tu amigo, ¿quieres que te acompañe?

—No, quiero ir yo sola.

Estacionando el carro frente a la casa de su madre, volvió a preguntarle, pero esta vez mostrándose preocupado—¿Segura que sería una buena idea?

—¡Claro! ¿Por qué no? ¿Acaso tienes miedo a que regresé con él? —preguntó en tono burlón mientras se sacaba el cinturón de seguridad—No te preocupes. ¡Después de todo lo que pasó esta noche, definitivamente me dejó de gustar!

Liam oyéndola tan decidida, soltó una pequeña risa y le acarició la cabeza que aún seguía algo húmeda por el vaso de agua que le tiró.

—Al parecer cumplir dieciocho, te ha sentado bien.

Rosa sintiendo su cálida mano acariciando su cabeza como si fuera un cachorro buscando hogar, le era inevitable sentirse nuevamente incomoda y eso no era todo…

—Rosa, estás roja. Espero que no te resfríes por mi culpa—manifestó algo responsable—Déjame ver—colocó una de sus manos en la frente de Rosa y la otra en la suya para intentar medir su temperatura. Por otro lado, la pequeña Rosa…

«Otra vez volvieron esos fuertes latidos en el pecho… ¿Qué me sucede?... ¡Odio esta extraña gripe!»

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¿Qué tal mis roses? Lo sé, lo sé me he demorado publicando este capítulo. :'(

Pero estoy de vuelta y con muchas ganas de escribir, ya que el lunes al fin saldré de vacaciones :) 

Gracias a todas por leer, votar y comentar esta historia ♥

Pronto llegaremos a los 100mil :’D  

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